Necesidades básicas de los bebés: Una visión diferente

El tema de las cunas me llevó a este texto que me recordó otros de concepción similar que hace tiempo yo leía…

Por Carolina Lissarrague y Laura Gutman*

Bebe“Al inicio de este trabajo tenía algunas preguntas para responderme. (Qué cosas se seguían haciendo igual y cuales habían cambiado desde 1909 hasta ahora, en lo que respecta al cuidado de nuestros bebés?)  Con el transcurrir de la investigación, fueron surgiendo otras. La más relevante es:

¿Cuánto influye el Cómo-tratamos-a-nuestra-cría en la sociedad que somos?  

Me encontré con muchísimos textos, y páginas web que nos explicaban cómo bañar, cómo vestir, o cómo encontrar la mejor cuna para un bebé.

Pero una de las preguntas que surgió a partir de la búsqueda de información es:

¿Existe algo que nos de una visión de “Quién-es” un bebe, en vez de “cómo-se-usa”?

En ese sentido, me gustaría compartir este texto, que nos da una visión diferente de cuáles son las necesidades básicas de nuestros cachorros.

Creo firmemente que si estas necesidades básicas de las que habla el artículo a continuación pudieran ser satisfechas con naturalidad, tendríamos una mejor calidad de vida.”  Carolina Lissarrague

 

LAS NECESIDADES BÁSICAS DEL BEBE DE 0 A 9 MESES
(De: Laura Gutman, “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”*)

“Para acercarnos al universo del bebé, es necesario utilizar el conocimiento intuitivo en lugar del conocimiento racional, ya que se trata de un ser regido por necesidades y leyes que escapan a las previsiones mentales de los adultos. Este acercamiento intuitivo que aflora en las madres está muy desvalorizado socialmente; en consecuencia, las mujeres no respetan los sentimientos generados por las manifestaciones de su bebé.

El bebé humano nace prematuramente con respecto a los demás mamíferos. Podemos considerar que tiene nueve meses de gestación intrauterina y luego nueve meses de gestación extrauterina. Es decir, recién a los nueve meses de edad tiene un desarrollo similar al de otros mamíferos a pocos días de haber nacido (posibilidad de desplazamiento, por ejemplo).

Durante los primeros nueve meses de vida extrauterina, las necesidades básicas de los bebés son en esencia parecidas a las que eran satisfechas con comodidad en el vientre de sus madres, a saber: comunicación, contacto y alimentación permanente (en ese orden).

Comunicación:  se refiere a comunicación permanente con la persona maternante (madre o persona sustituta)  a través de la mirada, las palabras, el sentido de su presencia y el amor. Un bebé se constituye en ser humano en la medida en que está en total comunicación con el otro, preferentemente su mamá.  Permanente significa “todo el tiempo” de brazos, calor, cobijo, movimiento, ritmo.

Contacto: el bebé debería estar en brazos de su madre o de algún sustituto  la mayor parte del tiempo “sostenido”, tocado, incluso “apretado” como de hecho lo estaba en el útero de la madre. Esto le permite estar en contacto permanente, con otro cuerpo que delimita su propio cuerpo, que lo balancea, lo acuna, le canta y lo contiene.

Esto resulta en apariencia, sencillo; sin embargo, la mayoría de las madres no cuentan con suficiente sostén externo para poder permanecer con el bebé “a upa” la mayor parte del día.

Inconscientemente mantienen una lucha interna entre la necesidad primaria y filogenética que les dicta el corazón y lo que la sociedad, la familia o la cultura esperan de ellas y tildan de normal o saludable.

De hecho, en nuestra sociedad occidental rara vez tenemos ocasión de encontrarnos con madres que porten a sus bebés colgados al cuerpo; al contrario, abundan los cochecitos para bebés, cunitas, sillitas o cualquier otro objeto que mantiene al bebe alejadísimo del cuerpo de la mamá.

Quiero recalcar que dentro del útero materno el bebé tenía todas las partes de su cuerpo en contacto con otro cuerpo, apretado y con límites muy precisos. Esa sensación es la que el bebé necesita reproducir. El espacio aéreo es infinito. Si no hay contacto completo, la sensación es la de caer en un precipicio. 

 

Alimentación permanente significa que, al igual que en el útero, la necesidad de alimento es casi constante, y no me refiero sólo al alimento material que denominamos “leche”. La posibilidad de succionar, ingerir y satisfacer el hambre debería estar disponible cada vez que el bebé lo requiera.

Prestemos atención a la facilidad con que las madres retaceamos el pecho a los niños porque “ya comió”. Deberíamos reflexionar sobre el poder que ejercemos sobre ellos desde la posición de adultos, decidiendo arbitrariamente cuándo es “justo” ofrecer alimento y cuando no es adecuado o merecido.

Estas apreciaciones van en contra de la mayoría de los prejuicios con los que se maneja la sociedad industrial. Justamente, los pre-juicios son ideas preconcebidas que sirven en ciertas circunstancias y que luego utilizamos de manera indiscriminada. Es lo inverso a tener una mirada amplia, abierta y dispuesta a cada situación en particular.

Para criar bebés atendiendo a sus necesidades básicas, es indispensable reconocer la naturaleza del bebé humano. Para ellos necesitamos observarlos,  y partir de una confianza genuina en su comportamiento. Y también fundirnos en la fusión, donde viviremos como propias las sensaciones primitivas de nuestros bebés, permitiéndonos regresiones, que tienen muy mala prensa pero que son indispensables durante el puerperio.

Debemos autorizarnos, incluso, a que surja con claridad (lo) que una misma ha sido. Puede parecer aterrador que estas vivencias aparezcan si no han sido agradables, pero, como hemos dicho antes, en el cuerpo del bebé aparece indefectiblemente el alma de la mamá, y el alma no registra el tiempo. Puede manifestarse alguna situación del presente, como  así  una vivencia muy antigua.

Criar un bebé real es también revivir el bebé que hemos sido.

¿Qué sucede cuando las madres crían a sus bebés guiadas por los consejos y recetas recibidas, desatendiendo sus sensaciones viscerales? Sencillamente, la sombra aparece en manifestaciones molestas, llantos desmedidos, y protestas dignas de bebés que decidieron hacerse notar.

Somos una sociedad en extremo violenta con nuestra cría. Insistimos en desatender los reclamos naturales de los bebés que dependen en forma exclusiva del cuidado de los adultos. Un bebé humano no tiene ninguna autonomía con su cuerpo. Al nacer ni siquiera sostiene la cabeza; logra el desplazamiento recién a los nueve meses… Por lo tanto están a merced de nuestras caprichosas ideas modernas.

Las madres suelen ser acusadas de “sobreprotectoras” y son desprestigiadas en el rol maternante cuando tienen el coraje de mantener al bebé sobre el cuerpo.

El temor familiar y social supone que el bebé acostumbrado a permanecer en contacto corporal con la madre no podrá en el futuro “acostumbrarse” a prescindir del contacto físico. Es un pensamiento lineal y sumamente infantil.

Si un bebé padece la ausencia de una necesidad básica, crecerá reclamando eternamente eso que no obtuvo. Como les ocurre a las personas que han atravesado la guerra y el hambre cuando, al modificarse su situación real, e incluso convirtiéndose en individuos ricos y poderosos, experimentan siempre una sensación primaria de hambre y pérdida.   Un señor de 92 años, que pasó la guerra en Europa del Este, sigue comiendo las miguitas que todos dejamos en nuestros platos.

Un niño no sostenido en lo corporal buscará eternamente el contacto compulsivo. Un niño no amado reclamará amor por doquier y siempre se sentirá poco satisfecho.

Por el contrario, cuando un bebé es respetado en sus necesidades, luego traspasa y evoluciona. En la medida en que su seguridad sea más fuerte, más coraje y ansias tendrá de explorar el mundo externo.

Recordemos que nadie pide lo que no necesita.”

De: *Laura Gutman, “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, Editorial  Del nuevo extremo. (Año 2003)

Leído en: PadresMúltiples-GrupodeApoyo

PD:  Al margen de otras lecturas sobre el tema “bebés”, ésta me recordó aquel libro “El grito primal” de Arthur Janov.  Con tiempo, veré de compartir algunos de sus conceptos. ¿Algun@ lo leyó? Saludos!

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