Qué es un fanático. Erich Fromm

“¿Qué es un fanático? ¿Cómo podemos reconocerlo?

Cuando la convicción genuina ha llegado a ser rara, como ocurre hoy, hay la tendencia a llamar “fanático” a todo el que tenga una fe profunda en una convicción espiritual o científica que difiera radicalmente de las opiniones de los otros y que todavía no haya sido probada. Si así fuese en verdad, entonces los más grandes y valientes entre los hombres -Buda, Isaías, Sócrates, Jesús, Galileo, Darwin, Marx, Freud, Einstein- habrían sido todos fanáticos.

El interrogante de quién es fanático a menudo no puede responderse con sólo juzgar los contenidos de una aserción. Por ejemplo, la fe en el hombre y en sus potencialidades no puede ser probada intelectualmente, aunque ella puede estar hondamente enraizada en la auténtica experiencia, en el modo de sentir del creyente.

Asimismo, en el pensamiento científico hay a menudo una gran distancia desde el estadio de formación de la hipótesis hasta el de la prueba válida, y el científico necesita tener fe en su pensar hasta que pueda llegar al estadio de la prueba.

A decir verdad, hay muchas aserciones que están claramente en contraste con las leyes del pensamiento racional, y quienquiera sustente una inquebrantable creencia en ellas puede ser llamado correctamente un fanático. Pero a menudo no es fácil decidir qué es irracional y qué no lo es, y ni la “prueba” ni el consenso general son criterios suficientes.

Prácticamente, es más fácil reconocer al fanático por algunas cualidades de su personalidad antes que por el contenido de sus convicciones.

La más importante cualidad personal del fanático -habitualmente observable- es una especie de “fuego frío”, una pasión que al mismo tiempo carece de calor.

El fanático no se siente ligado al mundo que está a su alrededor; no se preocupa por nadie ni por nada – aunque pueda proclamar su preocupación como parte importante de su “fe”. El frío resplandor de sus ojos a menudo nos dice más acerca de la calidad fanática de sus ideas que la evidente irrazonabilidad de sus ideas mismas.

Hablando en un plano más teórico, el fanático puede ser definido como una persona altamente narcisista, que está desvinculada del mundo exterior. En realidad, no siente nada, puesto que el sentimiento auténtico es siempre el resultado de la interrelación entre uno mismo y el mundo.

La patología del fanático es similar a la del deprimido, que sufre no de su tristeza ( lo que sería un alivio) sino de su incapacidad de sentir nada. El fanático es diferente del deprimido ( y en ciertos aspectos similar al maníaco) en cuanto ha encontrado un escape a la depresíón aguda.

Se ha construido para sí mismo un ídolo, un absoluto, al cual se entrega completamente, pero del cual él mismo constituye una parte. En consecuencia, actúa, piensa y siente en nombre del ídolo, tiene la “ilusión de sentir”, de la excitación interior, aunque no tiene sentimiento auténtico. Vive en un estado de excitación narcisista, desde que ha ahogado el sentimiento de su aislamiento y de su vaciedad en una total sumisión al ídolo y en la simultánea deificación de su propio yo, que él ha erigido en parte del ídolo.

Es un apasionado en su sumisión idolátrica y en su grandiosidad, pero frío en su incapacidad para la vinculación y el sentimiento genuinos. Su actitud podría definirse simbólicamente como “hielo que quema”. 

Será particularmente engañoso para los demás si el contenido del ídolo es el amor, la fraternidad, Dios, la salvación, el país, la raza, el honor, etcétera, antes que la destructividad u hostilidad francas, o el desembozado deseo de conquista. Pero en lo que a la realidad humana concierne, poco importa la naturaleza del ídolo.

El fanatismo es siempre el resultado de la incapacidad para mantener vinculaciones humanas auténticas. Él fanático es tan seductor, y por ello políticamente tan peligroso, ¡porque parece sentir tan intensamente y estar tan convencido! Desde que todos anhelamos la certidumbre la experiencia apasionada ¿ha de sorprendernos que el fanático logre atraer a tantos con su remedo de fe y sentimientos?

El pensamiento político paranoide, proyectivo y fanático son formas genuinamente patológicas de los procesos del pensamiento, que difieren de la patología en el sentido corriente sólo por el hecho de que los pensamientos políticos son compartidos por un grupo más amplio de personas y no restringidos a uno o dos individuos.

Esas formas patológicas de pensar no son, sin embargo, las únicas que obstruyen el camino a la comprensión apropiada de la realidad política.

Hay otras formas de pensar, que quizá no debieran llamarse patológicas, pero que son igualmente peligrosas, sólo porque son más comunes. Me refiero especialmente al pensar inauténtico, de autómata.

El proceso es simple: creo que algo es verdad no porque yo haya llegado a ese pensamiento, por mi propio pensar, basado en mi observación y experiencia propias, sino porque él me ha sido “sugerido”.

En el pensar de  autómata yo puedo tener la ilusión de que mis pensamientos me son propios, cuando en realidad los he adoptado porque me han sido propuestos por fuentes que llevan consigo el peso de la autoridad, en una u otra forma.”

Tomado del libro de Erich Fromm:  ¿Podrá sobrevivir el hombre?”
Leído en: Congregación unitaria de México

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