Efectúo, luego soy. Sobre la necesidad humana de efectuar (en un texto de Fromm)

Compartiendo lecturas…

“… La conciencia que tiene el hombre de estar en un mundo extraño y anonadador y el consiguiente sentimiento de impotencia podrían abrumarlo fácilmente.

Si él se sintiera totalmente pasivo, mero objeto, no tendría sentido de su propia voluntad, de su identidad. Para compensar esto debe adquirir un sentido de ser capaz de hacer algo, de impulsar a alguien, de “hacer mella o efecto” o, para usar una expresión más inglesa, ser “efectivo”.

Actualmente se dice de un orador o un vendedor que es “efectivo” cuando logra resultados. Pero es un deterioro del sentido original de “efectuar” (del latín exfacere, hacer).  Efectuar significa “poner por obra, ejecutar una cosa, cumplir”; la persona efectiva es la capaz de hacer efectivo, de efectuar, cumplir, poner por obra o hacer alguna cosa.

Ser capaz de efectuar algo es afirmar que uno no es impotente, que uno está vivo y funcionando, que es un ser humano. Ser capaz de efectuar significa ser activo y no sólo afectado: ser activo, no pasivo solamente. En definitiva, es la prueba de que uno es. El principio puede formularse así: efectúo, luego soy.

Cierto número de investigaciones han puesto de relieve este punto.

Al empezar el siglo, K. Groos, el clásico intérprete del juego, escribía que un motivo esencial en el juego infantil era la “alegría de ser causa de algo“; ésta era su explicación del placer que tiene el niño en matraquear, mover cosas, jugar en el lodo y actividades semejantes.  Su conclusión era: “Exigimos el conocimiento de los efectos y ser nosotros los productores de esos efectos.” (K. Groos, 1901.)

Una idea semejante expresó cincuenta años después J. Piaget, quien observó el especial interés del niño en objetos que hace efectivos con sus propios movimientos. (J. Piaget, 1952.)

R. W. White empleó un concepto semejante para describir una de las motivaciones fundamentales del hombre, la “motivación de competencia“; y proponía la palabra “efectuancia” para el aspecto motivacional de la competencia. (R. W. White, 1959.) …

La necesidad de “efectuar” se expresa en las relaciones interpersonales tanto como en la relación con los animales, con la naturaleza inanimada y con las ideas. En las relaciones con los demás, la alternativa fundamental es sentir sea la capacidad de provocar amor, sea la de causar dolor y sufrimiento. En la relación con las cosas, el dilema es construir o destruir. Aunque contrarias, se trata de reacciones a la misma necesidad existencial: la de efectuar.

Estudiando las depresiones y el aburrimiento podemos hallar un material abundante para hacer ver que la sensación de estar condenado a la inefectividad o ineficacia -es decir, a la impotencia vital completa (de la que la impotencia sexual es sólo una pequeña parte) es una de las sensaciones más dolorosas, casi intolerable, y el hombre hará casi cualquier cosa para sobreponerse a ella, desde la adicción a las drogas o el trabajo hasta la crueldad y el asesinato. …”  

Leído en: Antomía de la destructividad humana, Cap. 10, por E. Fromm, 1974. 

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