Archivos de la categoría ‘Amor’

El invento del teléfono: historia de un hombre enamorado

marzo 10, 2014

Marzo 10 Telefononegro

“…Bell conoció a una muchachita de 17 años, sorda desde hacía trece, llamada Mabel Hubbart… La enfermedad de Mabel, a quien haría su esposa dos años más tarde, se convirtió entonces en una obsesión para el catedrático. … Bell empezó a practicar investigaciones en busca de lograr construir un aparato que pudiera, en alguna medida, aliviar la enfermedad de su esposa. Trabajando con la desesperación del enamorado y la profundidad del sabio, Bell se sumió en un mundo de diapasones, manipuladores y electroimanes. El 10 de marzo de 1876, un año después de contraer matrimonio con la hermosa y desvalida Mabel, Graham Bell inventaba el teléfono...”

Leído en: Libros Maravillosos-Historia de los Inventos-Cap.9   (Allí mismo encontrarán otras historias:  La Lucha por la Sobrevivencia  La Asombrosa Historia del Genio Humano  La Revolución Industrial  La Imprenta  La Electricidad  El Vapor  El Motor a Explosión  El Telégrafo y el Teléfono El Genio Creador  Instrumentos de la Ciencia  La Radiotelefonía  La Epopeya del Confort  La Aeronáutica  La Electrónica  El Atomo).

La historia de mi aborto. Florence Thomas

marzo 9, 2014

En el mes de las mujeres: Lecturas… 

“Quizás evito desde hace años encontrarme de frente con este evento de mi vida, mi propio aborto, a pesar de mi feminismo ya casi endémico, a pesar de pertenecer a La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, a pesar de haber escrito más de una docena de columnas periodísticas sobre el tema y a pesar de haber mencionado mi propio aborto hace doce años en un libro muy mío, llamado Conversación con un hombre ausente. No obstante, he evitado hablar del tema como lo hubiera debido hacer desde hace años. Y cuando digo “como lo hubiera debido hacer” quiero decir desde adentro, desde lo más profundo de mi piel, de mis entrañas, de las palabras y de los silencios sellados en mi cuerpo desde ese final de verano francés de 1965. Diez años antes de la legalización total del aborto en Francia con la Ley Veil de 1975.

Aún no sabía mucho de anticoncepción. Del amor, sí. Nadie me había contado que el sexo era capaz de proporcionar goces intensos y estragos infernales. Iba a ser psicóloga y sin embargo puedo afirmar que no hubo una sola clase de Psicología que me hubiera preparado para lo que iba a vivir. Veintidós años, enamorada, con ciclos menstruales irregulares y sin calendario bajo el sol de España. De una España aún franquista que me miraba de manera inquisitoria por compartir la misma carpa con el hombre que amaba sin estar casados… Me acuerdo de las noches cálidas y del amor. El amor cada noche, el amor a mediodía y la euforia de tener el mundo en nuestras manos. Y sí, tomamos riesgos. El amor lo ameritaba. El amor siempre lo amerita. Tomamos riesgos y creo recordar que éramos conscientes de esto. El método Ogino no pudo con nosotros en España.

Llegamos a París al final de agosto después de tres semanas de sol en la árida Castilla y de embriaguez amorosa, yo dispuesta a buscar trabajo y él a preparar su retorno a Colombia, donde le esperaba un puesto de psicólogo organizacional. Nuestra separación de un año estaba prevista y significaba una prueba para los dos antes de cualquier decisión de viaje mío a esa lejana tierra de Colombia. Y es entonces cuando me alisto a vivir uno de los periodos más oscuros de mi vida. No; debo ser precisa. No uno de los periodos, sino el periodo más oscuro de mi vida. Yo ya intuía que el retraso de mi menstruación no era debido a mis ciclos irregulares.

Con los hombres, no quería hablar. Su género —término no socializado aún en Francia para nombrar a este sexo social— me inspiraba rabia. ¿Con qué derecho los hombres nos sometían a esto? ¿Cómo podían seguir caminando tan tranquilamente mientras yo sentía un peso inusual en los senos y me la pasaba buscando los baños de los cafés para descubrir una vez más que no encontraba ninguna mancha roja en mi ropa interior? Y sin embargo seguía sin querer saber más. Pensando que tal vez, un milagro… yo que nunca había creído en milagros. ¿Y él? Ya sabía que yo tenía un retraso pero evitaba hablar de esto y de alguna manera huía y me evadía. Me acuerdo de que, antes de que fuese tarde, decidí irme un fin de semana a Rouen donde mis padres, como lo hacía a menudo. Un fin de semana normal para ellos, un infierno para mí. Fingir que todo andaba como siempre. Responder a preguntas de trabajo, explicarles que parecía que me iba a salir un empleo en el Conservatorio de las Artes y Oficios de París. Un fin de semana de dos días que me parecieron siete.

Regresé a París. Ya eran casi tres semanas de retraso. Tenía que confirmar lo que ya sabía. Dolorcitos en los senos, inapetencia total y un mal genio que se manifestaba ante la menor provocación. Le pedí una cita al ginecólogo del barrio donde vivía. Todavía no existían las pruebas de embarazo que hoy en día se consiguen en todas las droguerías. Varias mujeres estaban en la sala de espera, algunas acompañadas de un hombre, otras solas. Algunas con un vientre prominente… quería insultarlas y preguntarles por qué tenían esta cara de madre feliz cuando yo no quería ni siquiera pronunciar la palabra embarazo. Finalmente me llamaron. Me auscultó este ginecólogo y por fin me miró y me dijo: “No hay duda, tiene un embarazo de aproximadamente dos meses”. Me vestí, pagué la consulta y salí casi corriendo.

Entré en el primer café que encontré y pedí un café serré, es decir, un café oscuro y fuerte. Rompí la fórmula médica que me acababa de dar el ginecólogo. Fue en este café donde, por primera vez, empecé a pensar en el aborto. Del aborto, nunca habíamos hablado. Y sin embargo, uno de mis hermanos, el mayor, ya había terminado derecho y el otro estaba terminando medicina. Yo, psicología. Pedí otro café. A él no sabía si llamarlo. No sabía si quería su compañía. Lo amaba. Y al mismo tiempo le tenía rabia. Lo amaba y al mismo tiempo hubiera querido no haberlo encontrado nunca.

Ninguno de los dos estaba preparado para semejante cambio de vida. Ninguno de los dos estaba preparado para volverse padre o madre sin deseo de serlo. Era demasiado delicado. Demasiado grave para un hijo, para una hija. Padre y madre a la fuerza. Dar a luz a hijos huérfanos de padres simbólicos. Sí, por esto, ante mi segundo café oscuro, ya había tomado una decisión. Abortaría. Abortaría porque yo era una mujer responsable. Abortaría, y a pesar de que iba a recurrir a un acto de voluntad y de autonomía, no podía interrumpir voluntariamente mi embarazo; no había nacido aún esta expresión. La construiríamos algunos años más adelante. Hoy cuando estoy escribiendo esto, la estamos construyendo en Colombia y, sobre todo, le estamos dando su profundo significado ético. Después del tercer café lo llamé. Le dije que lo esperaba. A la media hora llegó y, claro, ya sabía lo que le iba a decir. El silencio se instaló entre los dos. Sin embargo, tenía que decirle que yo ya estaba decidida. Le dije. No respondió nada. No dijo nada.

No obstante, sus tres años de posgrado en París y su inmenso amor por lo que había vivido en esta ciudad de la cual se había enamorado profundamente le permitieron asimilar mi decisión y solidarizarse por medio del silencio. No podía pedirle más. Quiero recordar que todavía no era feminista. Le dije entonces que no había cambiado nada. Que nuestros proyectos seguían iguales. Que no se preocupara, que me las arreglaría.

La palabra anticoncepción y los debates relacionados con la libre opción a la maternidad eran muy recientes y las píldoras anticonceptivas no se encontraban aún en las farmacias. No existía tampoco la píldora de emergencia. Sólo dos años después se socializaría la anticoncepción y especialmente las píldoras anticonceptivas. Habría que esperar mucho más para la píldora de anticoncepción de emergencia.

Con mi madre no existía la más mínima posibilidad de poder tocar el tema.

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Autocompasión. Swami Shivapremananda

febrero 17, 2014

Lecturas…

Shivapremananda“La autocompasión habitual conduce a la depresión. Al pensar en los demás, la mente puede desviarse de nuestros problemas y al distanciarnos de ellos podremos tener una perspectiva más clara. Es como estar pegados a un espejo, en cuyo caso no podemos vernos bien, mientras que si nos distanciamos de él, nos podremos ver mejor. Si nos alejamos demasiado, tampoco nos veremos bien. Es como evitar un problema para no tener que abordarlo. Deberíamos cultivar el sentido de la proporción.

El resentimiento, que deriva de la autocompasión, no daña a la persona con la que se está resentido, sino únicamente a uno mismo. Es una onda de energía negativa que debería neutralizarse con una positiva.

Cuando percibamos en nuestra mente una ola de resentimiento hacia alguien que nos ha herido, recordemos de inmediato una buena acción que hizo por nosotros en el pasado y sintámonos agradecidos. Luego tratemos de pensar en alguien a quien amamos.

No creo en el amor hacia el enemigo sino en la necesidad de no sentir resentimiento. El amor no es producto de la imaginación. No podemos obligar a alguien a que ame a otra persona, y menos un enemigo. El amor comprende acercamiento, comunicación y comprensión. El amor sólo será posible si el enemigo lo consiente y aprecia nuestra buena disposición, en cuyo caso ya no será un enemigo.

Repitamos mentalmente:

“Debería practicar el desapego y superar el resentimiento”.

“La comprensión es mi naturaleza real, no el resentimiento”.

Naturalmente, por sí solas las afirmaciones no purificarán nuestro corazón, pero ayudarán a desarraigar ese hábito para motivarnos a amar las personas con las que nos podemos comunicar y compartir nuestros valores. Con el tiempo, la práctica del amor altruista nos llevará a alcanzar la plenitud espiritual. Esto se puede comparar a una prenda que necesita ser lavada antes de poderla teñir bien.

Lo contrario del conflicto es la paz que proviene del amor. La persona sin amor es más resentida que alguien que fue amado y que aprendió a amar a los demás. Repitamos mentalmente:

“La paz es mi naturaleza real, no el conflicto.”

“El amor es mi naturaleza no el odio.”

Leído en: Sitio de Swami en Facebook (Los numerosos aspectos del ego, por Swami Shivapremananda. Extractado de Cuadernos de Yoga Vedanta Año 3/Nº 3. Autocompasión (Segunda parte).

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http://acuarela.wordpress.com/2007/10/17/palabras-sabias-de-shivapremananda/

Te amaré. Silvio Rodríguez

febrero 14, 2014

En el Día de los Enamorados…

2corazonesTe amaré, te amaré como al mundo
Te amaré aunque tenga final

Te amaré, te amaré en lo profundo
Te amaré como tengo que amar.

Te amaré, te amaré como pueda
Te amaré aunque no sea a la par.*

Te amaré, te amaré lo que queda
Te amaré cuando acabe de amar.

Te amaré, te amaré si estoy muerto
Te amaré al día siguiente además.

Te amaré, Te amaré como siento
Te amaré con adiós, con jamás.

Te amaré, Te amaré junto al viento
Te amaré como único sé.

Te amaré hasta el fin de los tiempos
Te amaré y después te amaré.

De Rabo de Nube, 1980. Letra: Silvio Rodríguez

URL del audio: http://www.goear.com/listen/986a539/te-amare-silvio-rodriguez 

Blogs del trovador: Zurrón del Aprediz  Segunda Cita

*En la mayoría de los sitios web de letras dice: “te amaré aunque no sea la paz”.

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Día de los enamorados

febrero 12, 2014

Febrero 14

Buscando tarjetas postales antiguas…

Tpostalamor

La imagen: MercadoLibre

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