Archivos de la categoría ‘Thomas Merton’

Mantras cristianos (via Amigos de Thomas Merton)

abril 17, 2014

Me gustó, dado que nunca pude incorporar, en mis “búsquedas espirituales”, eso de andar repitiendo palabras sin significado para mí…

Ermita-merton“Entre las prácticas de algunas religiones orientales y en la llamada “meditación trascendental” está la repetición de los mantras. Consiste en colocarse en una postura que facilite la concentración y en repetir alguna palabra que provoca un estado de concentración y relajación. Se cree que así se produce una especial armonía con el universo.

Los cristianos, al tener la riqueza del Evangelio, podemos tomar frases de éste que tengan algo que ver con lo que estamos viviendo.

Por ejemplo, si estoy en un estado de nerviosismo o de inquietud, sin saber por qué, puedo repetir la frase de Cristo “Yo te doy mi paz, yo te doy mi paz”, y descubrir cómo poco a poco la paz de Cristo va llenando mi interior.

Si estoy inseguro y me siento débil, desprotegido, puedo repetir las palabras de Cristo: “Yo estoy contigo hasta el fin del mundo” o simplemente “Yo estoy contigo”.

Cuando sienta la vida rutinaria y poco atractiva puedo evocar la frase: “Yo vine para que tengan vida”.

Y para cualquier ocasión nos servirán estas: “Yo te amo con un amor eterno”, “Yo nunca te olvidaré”.

Es importante advertir que, poco a poco, por medio de mi propia voz, Dios me dice esas palabras a mi mismo.”

Leído en: en el blog Amigos de Thomas Merton (Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton* y otros maestros contemporaneos del espíritu).

*Nota: “Thomas Merton (1915-1968), monje trapense, escritor y poeta religioso. Nació en Prades, Francia, de padres artistas , y murió en Tailandia, mientras asistía a una conferencia de abades benedictinos. En 1941, luego de convertirse al catolicismo, y experimentar una creciente conversión, ingresó en el monasterio trapense de Getsemaní, en Kentucky. Se ordenó sacerdote en 1949, y adoptó el nombre de padre Luis. Sus libros, especialmente su autobiografía, le hicieron famoso. Merton simpatizó con fenómenos modernos como el movimiento pacifista, el movimiento de los derechos civiles y el renacimiento litúrgico, y estuvo abierto a otras experiencias religiosas. Murió a causa de un absurdo accidente en Bangkok. Muy cercano siempre a la espiritualidad del Carmelo. Sus escritos todos conforman un valioso testimonio espiritual para estos tiempos.”

Relacionados:
Meditación, por Shivapremananda (en uno de los pasos, propone un mantra)  
Mantra o Himno Gayatri  
Mudra de luz 

La perla perdida. Merton (via Ecomultiversidad)

abril 5, 2013

Tener, perder, buscar, no encontrar… encontrar!

“El Emperador Amarillo fue paseando
al norte de Agua Roja, a la montaña de Kwan Lun.
Miró a su alrededor desde el borde del mundo.
Camino a casa, perdió su perla del color de la noche.
Mandó a la Ciencia a buscar su perla, y no consiguió nada.
Mandó al Análisis a buscar su perla, no consiguió nada.
Mandó a la Lógica a buscar su perla, y no consiguió nada.
Entonces preguntó a la Nada, ¡y la Nada la tenía!
El emperador Amarillo dijo:
“¡Es en verdad extraño: la Nada,
que no fue mandada,
que no trabajó para encontrarla,
tenía la perla del color de la noche!”
 

(Thomas Merton, El camino de Chuang Tzu)
Publicada por ecomultiversidad

Otros textos del autor, en este blog: Thomas Merton

Enero 31. Natalicio de Thomas Merton

enero 30, 2012

Merton“Un 31 de enero, de 1915, nació Thomas Merton … sus padres, Ruth y Owen, eran artistas, personas sensibles y de amplia cultura, elementos que serán básicos en el desarrollo de la personalidad del hijo que acaba de nacer. Tom, crecerá en un …”  Leer más   

La alegría de vivir. Anselm Grün

diciembre 17, 2011

“El arte de la vida es sentir la alegría indestructible dentro de las dificultades de la vida”

“La alegría es una emoción elevada y una emoción elevada hace que la persona sea amplia y sana”.

“En cada uno de nosotros hay una fuente de alegría”.

“El arte consiste en desarrollar la alegría indestructible en uno, de modo que aun en el fracaso, en el colapso, esa alegría no se pierda del todo”

… “  Leer más  

Anselm Grün, n. 1945, monje y sacerdote benedictino alemán.

Los hombres no son islas. Thomas Merton

marzo 14, 2011

Pensadores que me han hecho pensar…

Thomasmerton“El hombre está dividido contra sí y contra Dios por su egoísmo que lo divide de sus hermanos.

Esta división no puede ser sanada por un amor que se coloca solitario en uno de los dos lados de la hendidura; el amor debe alcanzar ambos lados para poder juntarlos. No podemos amarnos a nosotros mismos si no amamos a los otros; y no podemos amar a otros si no nos amamos a nosotros mismos. Mas un amor egoísta de nosotros mismos nos vuelve incapaces de amar a otros. La dificultad de este mandamiento (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”) radica en la paradoja de que tendríamos que amarnos inegoístamente porque aun el amor a nosotros mismos es algo que debemos a otros.

Esta verdad nunca es clara mientras presumimos que cada uno de nosotros, individualmente considerado, es el centro del universo. No existimos sólo para nosotros, y únicamente cuando estamos plenamente convencidos de esta verdad comenzamos a amarnos adecuadamente y así también amamos a otros.

¿Qué quiere decir amarnos adecuadamente?

Lo primero, desear vivir, aceptar la vida como un inmenso don y un gran bien, no por lo que ella nos da, sino porque nos capacita para dar a otros. El mundo moderno empieza a descubrir cada vez más que la calidad y la vitalidad de la existencia del hombre dependen de su voluntad secreta de vivir.

Existe dentro de nosotros una fuerza oscura de destrucción, que alguien ha llamado el “instinto de la muerte“. Es algo terriblemente poderoso esta fuerza engendrada por el amor propio frustrado que lucha consigo mismo. Es la fuerza del amor de sí mismo que se ha vuelto aborrecimiento de sí mismo, y que, al adorarse, adora el monstruo en que se consuma.

Es, pues, de importancia suprema que consintamos en vivir para otros y no para nosotros mismos. Cuando hagamos esto, podremos enfrentarnos a nuestras limitaciones y aceptarlas.

Mientras nos adoremos en secreto, nuestras deficiencias seguirán torturándonos con una profanación ostensible. Pero si vivimos para otros, poco a poco descubriremos que nadie cree que somos “dioses”. Comprenderemos que somos humanos, iguales a cualquiera, que tenemos las mismas debilidades y deficiencias, y que estas limitaciones nuestras desempeñan el papel más importante en nuestras vidas, pues por ellas tenemos necesidad de otros y los otros nos necesitan. No todos somos débiles en los mismos puntos; y por eso nos complementamos y nos suplementamos mutuamente, cada uno rellenando el vacío del otro.

Sólo cuando nos vemos en nuestro contenido humano verdadero, como miembros de una raza que está planeada para ser un organismo y un “cuerpo“, empezamos a comprender la importancia positiva, tanto de los éxitos como de los fracasos y de los accidentes de nuestra vida. Mis éxitos no son míos: El camino para ellos fue preparado por otros. El fruto de mis trabajos no es mío: Porque yo estoy preparando el camino para las realizaciones de otros. Ni mis fracasos son míos: Pueden dimanar del fracaso de otros, mas también están compensados por las realizaciones de otros.

Por consiguiente, el significado de mi vida no debe buscarse solamente en la suma total de mis realizaciones. Unicamente puede verse en la integración total de mis éxitos y mis fracasos, junto con los éxitos y fracasos de mi generación, mi sociedad y mi época. Pueden verse, sobre todo, en mi integración dentro del misterio de Cristo.

Eso fue lo que el poeta John Donne comprendió durante una grave enfermedad, al oir que las campanas doblaban por otro. “La Iglesia es Católica, universal -dijo-; luego todos sus actos, todo lo que ella hace, pertenece a todos… ¿Quién no inclina el oído a la campana que en alguna ocasión tañe? Y, ¿quién puede suprimir de ese tañido la verdad de que un pedazo de uno mismo está saliendo de este mundo?”

Todo hombre es un pedazo de mí mismo, porque yo soy parte y miembro de la humanidad. Todo cristiano es parte de mi cuerpo, porque somos miembros de Cristo. Lo que hago, para ellos y con ellos y por ellos lo hago también. Lo que hacen, en mí y por mí y para mí lo hacen. Con todo, cada uno de nosotros permanece responsable de su participación en la vida de todo el cuerpo.

La caridad no puede ser lo que se pretende que sea, si yo no comprendo que mi vida representa mi participación en la vida de un organismo totalmente sobrenatural al que pertenezco.

Unicamente cuando esta verdad ocupa el primer sitio, encajan las otras doctrinas en su contexto adecuado.

La soledad, la humildad, la negación a uno mismo, la acción y la contemplación, los sacramentos, la vida monástica, la familia, la guerra y la paz: Nada de esto tiene sentido sino en relación con la realidad central que es el amor de Dios viviendo y actuando en aquellos a quienes Él ha incorporado en Su Cristo.

Nada, absolutamente nada tiene sentido, si no admitimos, con John Donne, que “los hombres no son islas, independientes entre sí; todo hombre es un pedazo del continente, una parte del todo”.”

Extracto de “Los hombres no son islas”, Thomas Merton.

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