Archivos de la categoría ‘Etica’

A favor de la ética y el compromiso social. Doctor René Favaloro

noviembre 3, 2012

Leyendo el periódico de mi barrio, me entero de una iniciativa para declarar Día Nacional de la Ética y del Compromiso Social el 9 de Mayo, día en que el Dr. René Favaloro realizó la primer cirugía de bypass y fue elegida, junto con el nombre del día, por votación del grupo de homenaje en Facebook, teniéndo como ejemplo. 

Doctor-favaloro-cita

Doctor René Favaloro:
http://es.wikipedia.org/wiki/René_Favaloro

Leído en: VillaCrespoDigital

Sitio-homenaje: http://homenajeafavaloro.com.ar/ (Las firmas serán usadas para presentar un petitorio al gobierno para la sanción de la respectiva ley)

Antes:  Reglas de oro. Dr. Favaloro

PD: A favor de la ética y el compromiso social… intentando no ejercer la hipocrecía…

Tags:

Recordar los juramentos con humor

mayo 18, 2012

…y responsabilidad.

“… si así no lo hiciereis, que Dios y la Patria os lo demanden.”

Juramento-autoridades

Visto en: PeriódicoLatitud

Humanizar la mundialización (via Unesco Courier)

abril 4, 2012

Si andan con tiempo para leer…

Entrevista de MIREILLE DELMAS-MARTY* con Jasmina Šopova**

“Aprovechar la “fuerza imaginativa” del derecho para forjar un humanismo jurídico, pluralista y abierto en ámbitos tan diversos como la promoción de una paz duradera, la lucha contra el calentamiento del planeta o la regulación de las nuevas tecnologías digitales y biomédicas, esa es la idea que guía a la jurista francesa Mireille Delmas-Marty.

“-¿La humanización de los sistemas jurídicos progresa o se estanca en esta era de la mundialización?

A primera vista, se diría que el humanismo jurídico se está reforzando con la multiplicación de instrumentos jurídicos y de organismos internacionales encargados de supervisar el respeto de los derechos humanos, y también con la aparición de un derecho humanitario y de una justicia penal con miras universales. Por otra parte, en el plano económico, el mercado mundial ambiciona crear empleos e incrementar la prosperidad.  Aparentemente, todo va a las mil maravillas en el mejor mundo posible. Ahora bien, la mundialización, que funciona como una lupa de aumento, pone de manifiesto una serie de contradicciones y suscita múltiples interrogantes.

-¿Cómo hacer compatible la noción de seguridad con el principio de libertad, los derechos económicos con la protección del medio ambiente?

La mundialización agrava incluso algunas situaciones, por ejemplo cuando disocia los derechos económicos, ya mundializados, de los derechos sociales que dependen de los estados nacionales, debilitados por los imperativos de los mercados financieros.

Cabe preguntarse también si no se da una contradicción entre el universalismo proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y la Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de 2005, que define la diversidad cultural como un patrimonio común de la humanidad.

-¿Cómo se manifiestan en la realidad esas contradicciones?

Una de las mayores contradicciones concierne las migraciones. Las fronteras están abiertas a la circulación de mercancías y capitales, pero no a la de los seres humanos. En muchos países se propende incluso a reforzar el control y la represión de la inmigración, hasta el punto de hacer una amalgama entre ésta y la delincuencia. Ahora bien, esos mismos países, al imponer la apertura de las fronteras al mercado mundial, desequilibran los mercados locales y obligan a las poblaciones a emigrar. En definitiva, son los mismos quienes provocan la emigración y la reprimen.

Además, la disociación entre derechos económicos y sociales limita el crecimiento a los beneficios económicos y financieros, y no impide la agravación de la precariedad y la exclusión social, ya se trate del desempleo o de la pobreza extrema. La diferencia entre los ingresos más altos y los más modestos aumenta al mismo ritmo de progresión que la prosperidad.

Por último, la explotación de los recursos naturales, ámbito en que las empresas multinacionales desempeñan un papel determinante, origina un número de conflictos armados cada vez mayor, en particular en África y América Latina. De ahí que se sigan perpetrando crímenes de guerra y contra la humanidad, genocidios y actos de agresión, pese a la creación de la Corte Penal Internacional (CPI). 1

Si bien la entrada en vigor de esta Corte es reciente (2002), la impunidad de esos crímenes obedece también a motivos de orden estructural: el Estatuto de la CPI no contempla la responsabilidad de las personas morales 2 y por eso no se castiga a las empresas en caso de infracción. Esto merma la función disuasoria de la Corte, prevista sin embargo en su propio estatuto (a diferencia de los tribunales internacionales específicos 3 que juzgan crímenes anteriores a 2002, la CPI es un tribunal permanente). 

-¿Qué contradicciones se dan entre los derechos económicos y los relativos al medio ambiente?

Los imperativos del desarrollo económico y la competitividad disuaden a los estados de proteger el medio ambiente. Cabe preguntarse entonces cómo proteger a nuestro planeta contra los efectos del cambio climático, el deterioro de la diversidad biológica o la contaminación del agua (ver páginas  34-35).

Mientras que los países industrializados subordinan su compromiso en favor de la protección del medio ambiente a un compromiso idéntico por parte de los países en desarrollo o emergentes, estos últimos esgrimen el argumento de la equidad histórica: los países desarrollados, por ser los iniciadores de la contaminación del planeta, tienen que participar ahora en el esfuerzo general de salvaguardia del medio ambiente, permitiendo al mismo tiempo que los demás países se desarrollen.

Se supone que el “desarrollo sostenible” está llamado a crear una sinergia entre los derechos económicos y los relativos al medio ambiente, pero esa sinergia será engañosa mientras no incorpore el concepto de desarrollo equitativo.

-¿Se puede decir que las nuevas tecnologías, al modificar la condición humana, aumentan las situaciones paradójicas?

Las tecnologías siempre fueron “nuevas”. Lo que ha cambiado es la velocidad con que se producen. En lo referente a las tecnologías digitales, la legislación francesa no consigue ir al unísono con ellas. Cuando el Consejo Constitucional sanciona una ley, las prácticas ya han cambiado y escapan a la legislación.

Las tecnologías de la información pueden contribuir a reforzar la democracia, como hemos visto recientemente en algunos países árabes, pero al mismo tiempo propician la instauración de una sociedad de vigilancia

Se da también una gran ambivalencia en el ámbito de las biotecnologías que contrarrestan la esterilidad gracias a la asistencia médica a la procreación y facilitan la selección de embriones mediante el diagnóstico preimplantatorio, con lo cual se acercan a la eugenesia, que se considera un crimen.

Una generalización de ese tipo de prácticas restringiría el papel del azar en la reproducción y, por ende, la diversidad biológica humana.

Así, en nombre de la libertad individual de ser dueño de su cuerpo y regular su descendencia, nuestras sociedades corren el riesgo de provocar una especie de formateo de la especie humana (ver páginas 39-40).

Otra paradoja: cuanto más dependemos de las tecnologías digitales, menor es nuestra autonomía, al tiempo que fabricamos robots cada vez más autónomos. Estos robots pueden ayudar a las personas de edad avanzada o enfermas y contribuir al bienestar social. Pero en los Estados Unidos y en Francia se lanzan programas para crear robots que reemplacen a los soldados de carne y hueso, lleven a cabo guerras “limpias” y alcancen objetivos militares sin afectar a   la población civil. Sería necesario que el programa de esos robots comprendiese reglas éticas, con todos los riesgos de error que conlleva la interpretación de un programa de este tipo.

Las opciones éticas más importantes son tan sutiles que es muy difícil preverlas de antemano con rigor matemático.  Estos ejemplos ponen de manifiesto un proceso de deshumanización. 

-¿Qué puede hacer el derecho?

Leer el resto de esta entrada »

Bioética: desafíos inesperados (via Unesco Courier)

marzo 12, 2012

Si andan con tiempo para leer…

“La bioética está llamada a intervenir para establecer un justo equilibrio entre el progreso de la investigación médica y el respeto de la vida humana.”

Por Salvador Bergel*

“Ante los grandes dilemas que plantean los avances de las biociencias y las biotecnologías, le corresponde a la bioética buscar respuestas éticas inéditas con una actitud que concilie la apertura hacia esos nuevos conocimientos y poderes  con la vigilancia y la responsabilidad, a fin de preservar en toda circunstancia los valores del humanismo.

El nacimiento de la bioética no fue resultado ni del azar ni de la iluminación súbita de un pensador clarividente. 1 Su aparición se explica por factores históricos, científicos y sociales. Desde mediados del siglo pasado los espectaculares avances de las ciencias médicas abrieron a la investigación científica campos inéditos y aportaron indudables mejoras a la salud de los pueblos, al tiempo que planteaban inesperados desafíos a la ética y la moral. 

Cada nueva conquista de la biología y las ciencias médicas, como el trasplante de órganos, que ha permitido salvar numerosas vidas, o las técnicas de fecundación médica asistida, que soluciona los problemas de esterilidad de la pareja, se ha enfrentado a bloqueos psicológicos y sociales y  suscitado cuestionamientos fundados en concepciones religiosas o éticas.

Lo mismo puede decirse de la investigación con embriones humanos, tema sumamente sensible por tratarse de los orígenes de la vida, en el que entran en juego concepciones morales e intereses científicos e incluso financieros; del diagnóstico preimplantatorio, que ha contribuido a evitar problemas generados por una herencia mórbida, o de la utilización de células madre (células multipotentes capaces de autorrenovarse y de generar uno o más tipos de  células diferenciadas), de capital importancia para el futuro de la medicina regenerativa.

No se trata de hallazgos puntuales o aislados. Estamos en presencia de una auténtica revolución biológica.

En unas pocas décadas ha sido posible definir las bases químicas de la herencia, el código genético común a todos los seres vivos, y establecer los fundamentos de la biología molecular y de una nueva genética. Se sentaron así los cimientos de la ingeniería genética, es decir de una tecnociencia que permite la manipulación y el intercambio de genes en y entre las especies.

El ser humano posee, pues, la capacidad de manipular y transformar el material genético con propósitos prácticos e intervenir incluso en su naturaleza biológica como especie, sin duda el aspecto más inquietante desde una perspectiva bioética.  

Resulta evidente entonces que estos progresos de las ciencias de la vida tienen repercusiones en la concepción misma de lo humano y plantean problemas trascendentales de índole ética, social y legal, en los que la bioética está llamada a intervenir para establecer un justo y difícil equilibrio entre el progreso de la investigación médica y el respeto de la vida humana.

Corresponde a la bioética, pues, reconocer los aportes benéficos de estos avances científicos y permanecer en estado de alerta permanente frente a los riesgos y amenazas que pueden entrañar. Pues si bien dichos avances abren caminos para terminar con flagelos que desde antiguo afectan a la salud de los seres humanos, suscitan también justificados temores ante sus posibles extravíos y efectos indeseables, en particular cuando se trata de la manipulación genética con sus diversas aplicaciones, del resurgimiento de doctrinas eugenésicas –que cuentan ahora con instrumentos perfeccionados-, o de experiencias realizadas sobre seres vulnerables.

En este sentido, no es ajena al surgimiento de la bioética la reacción de repudio generalizado frente a los horrores cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, 2 reacción que culminó con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Es en este legado humanista que la bioética basa el objetivo primordial de su acción: frente al panorama cambiante y en constante evolución de las ciencias de la vida, reafirmar la primacía de la persona humana y salvaguardar la dignidad y la libertad que le son inherentes por el solo hecho de pertenecer a la especie. 

Diálogo, consenso y tolerancia

La bioética es, pues, un baluarte del humanismo por su propósito final pero también lo es por la naturaleza de su problemática multidisciplinaria.

Para encontrar respuestas adecuadas a los nuevos desafíos de la ciencia, frente a los cuales la ética tradicional se reveló insuficiente, fue necesario el diálogo y la interacción entre ciencias de naturaleza y ciencias humanas y sociales con sus metodologías y perspectivas particulares, recurriendo a todos los campos del conocimiento, de la filosofía a la medicina y la biología, del derecho a la sociología y la antropología. 

Leer el resto de esta entrada »

Un viraje decisivo: “viraje cultural” de las ciencias humanas y sociales (via Unesco Courier)

marzo 7, 2012

Si andan con tiempo para leer…

Por OLIVER KOZLAREK*

“Dejando de lado la idea de una cultura humanista universal que sería necesario inventar e imponer a otras culturas, las ciencias humanas y sociales empiezan a convencerse de que los valores universales están ya presentes en todas las culturas y también de que en todo el mundo los hombres están padeciendo las mismas experiencias deshumanizantes. Esto debería inducirnos a meditar qué es una vida digna y humana. 

En el decenio de 1960, los movimientos sociales empezaron a cambiar progresivamente de rumbo en todo el mundo. Dejando de lado la búsqueda de soluciones universales, cada vez más asimiladas a apetencias totalitarias, esos movimientos se han ido interesando por el reconocimiento de las diferencias e identidades culturales, étnicas y sexuales.

Las revueltas estudiantiles fueron sin duda alguna la expresión más emblemática de esa profunda reevaluación del papel de la cultura en la vida de los hombres, de la que se hicieron también eco los debates teóricos y los programas políticos a lo largo de los años sesenta y setenta. Al mismo tiempo, los debates intelectuales y científicos se fueron centrando más en la cultura, y así se produjo lo que hoy en día se reconoce ampliamente como un “viraje cultural” de las ciencias humanas y sociales. 1

Ese“viraje cultural” ha consolidado y propagado una serie de valores, como el pluralismo por ejemplo. Asimismo, ha contribuido a reforzar y ampliar la toma de conciencia de la importancia que reviste en el mundo moderno la reflexión sobre la coexistencia de diferentes culturas y modos de vida, evitando la tentación de reducir esa pluralidad a una unidad artificial y abstracta dominada por un solo tipo de intereses. Esto permite vislumbrar el potencial decisivo del “viraje cultural”.

A diferencia de la idea de que todas las culturas humanas están abocadas a una misma finalidad evolutiva –una noción defendida en los primeros decenios de la posguerra por las influyentes teorías de la modernización–, el “viraje cultural” restablece la idea de que los procesos de civilización y cultura, así como sus resultados, no siguen una trayectoria lógica y predeterminada.  Pese a la importancia que haya podido tener ese“viraje cultural”, el culturalismo ha creado un clima de relativismo cultural, peligroso y falaz a la vez. Los errores que se le pueden imputar se han ignorado durante mucho tiempo, a pesar de que son evidentes.

Uno de los más flagrantes es la afirmación de que las distintas culturas son esencialmente inconmensurables e irreconciliables, cuando en realidad comparten numerosas afinidades y similitudes.   La obra del antropólogo alemán Christoph Antweiler 2 nos ofrece una enumeración pasmosa del gran número de “normas, valores e ideales” compartidos por diferentes culturas. Según este investigador, el hecho de que no veamos esas similitudes suele obedecer a que nos negamos a verlas, cuando basta simplemente buscarlas para encontrarlas. Si adoptamos una postura correcta a este respecto –agrega Antweiler– podremos comprobar que la afirmación de los derechos humanos no se da tan sólo en “Occidente”, sino que la encontramos también en el confucianismo, el budismo y el islam. Antweiler sostiene fundamentalmente la idea de que es falso el “choque de las civilizaciones” tal y como lo formuló Samuel Huntington a finales del siglo pasado, esto es, afirmando que ya no son las naciones las que se oponen entre sí, sino las culturas y las religiones. Las ideas de Antweiler parecen haber tocado un punto sensible.

Existen ya algunos síntomas de que el culturalismo pierde su pujanza. Muchos estudiosos están experimentando la necesidad de buscar tendencias normativas comunes a las distintas culturas, no para negar la realidad de las diferencias culturales, sino para oponerse al relativismo cultural.

Lo que cabe preguntarse entonces es con qué identificarnos, en cuanto seres humanos, por encima de las diferencias culturales y nacionales que nos separan.

Muchos tratan de buscar una nueva orientación de carácter más o menos humanista porque, al parecer, consideran que el mero hecho de pertenecer a la especie humana genera una nueva forma de solidaridad mundial. Personalmente no creo que esta humanidad común sea suficiente. Me parece demasiado abstracta.  Por eso, lo que deberíamos hacer es entablar un diálogo entre las culturas y discutir qué significa el hecho de vivir con dignidad la vida humana.

En la cultura y por su intermedio aprendemos a percibirnos en cuanto seres humanos. Estudiando y comparando las distintas culturas podemos captar lo que tienen realmente en común. El “viraje humanista” y el “viraje cultural” deben completarse mutuamente. Esto significa que el humanismo ha de ser intercultural y pasar forzosamente por el diálogo entre las culturas. 

Sacar lecciones de los humanismos tradicionales

Todas las culturas y civilizaciones cuentan con un acervo de tradiciones humanistas. Sin embargo, el “viraje humanista” no implica un retorno a las formas tradicionales del humanismo.

Uno de los problemas planteados por éstas es que se inspiran en experiencias históricas que ya no son las nuestras. El humanismo del Renacimiento europeo, por ejemplo, no se puede disociar de las aspiraciones a desafiar la autoridad de la Iglesia. 

Un segundo problema es la vinculación excesiva que se da entre muchas formas tradicionales del humanismo y el naturalismo. A este respecto, se puede mencionar de nuevo el ejemplo del humanismo del Renacimiento, cuya finalidad era revelar la “naturaleza del hombre” de conformidad con la “naturaleza del universo”. Esta tradición humanista sigue siendo extremadamente vigorosa en diversos cenáculos científicos, en los que se tiende a reducir la condición humana a meros mecanismos biológicos. El nuevo humanismo tendrá que volver la espalda al naturalismo y comprender que es en la cultura y por su intermedio como llegamos a ser hombres. 

No obstante, sería igualmente erróneo suprimir de un revés las formas tradicionales de humanismo que pueden descubrirse en los numerosos legados de las diversas culturas. En ellos se halla la prueba irrefutable de que los seres humanos siempre han compartido, y siguen compartiendo, ideas esenciales sobre el significado mismo de humanidad.

Sin embargo, sacar lecciones de otras tradiciones humanistas no consiste tan sólo en reafirmar lo que ya sabemos.

En su obra dedicada al humanismo en el confucianismo del Asia Oriental, 3 el profesor Chun-chieh Huang explica con vehemencia que el confucianismo del Extremo Oriente busca ante todo una relación armoniosa entre los seres humanos y el mundo sociocultural del que forman parte. Uno no puede dejar de pensar que un sentimiento tan fuerte de la “armonía del mundo” podría ayudarnos a superar las catástrofes ecológicas y sociales que llevan aparejadas la destrucción actual del mundo natural y de nuestros entornos sociales. Todas estas cuestiones han de examinarse con una perspectiva intercultural.

Tengo la convicción de que las ciencias humanas y sociales ofrecen excelentes espacios para cultivar el diálogo intercultural entre las diferentes tradiciones humanistas. 

Una misma experiencia de deshumanización

Una idea, formulada en particular por Erich Fromm, 4 es que podemos llegar a una comprensión humanista a pesar de nuestras diferencias. El humanismo es siempre una consecuencia de experiencias de alienación. Es el grito de ira de quienes creen que las condiciones para una vida digna y humana están desapareciendo.  En un mundo como el nuestro, las experiencias individuales pueden ser sumamente variables. El reparto de oportunidades es muy desigual, como lo es también la concentración de los poderes económico, político y militar.

Sin embargo, en nuestro mundo también hay algunas experiencias de alienación que parecen trascender esas diferencias.

Leer el resto de esta entrada »

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 527 seguidores

%d bloggers like this: