Archive for the ‘Mujeres y varones’ Category

Predicciones: ¿Cómo será la sociedad occidental en 2030?

mayo 27, 2014

Si tienen tiempo para leer…

“Pronósticos improbables, pero interesantes.

¿Cómo será el mundo dentro de dos décadas? Dos expertos ofrecen su visión. El pronóstico no tiene por qué cumplirse, pero vamos a imaginar, por unos instantes, cómo será nuestra vida. ¡Bienvenidos al 2030!

Piergiorgio M. Sandri / Mayte Rius / Periodistas*

1. Familia: La mujer será el eje de la familia

PrediccionesHablar de familia como núcleo homogéneo será cada vez más difícil. Según Jean-Claude Kauffman, “lo que estará en el corazón del modelo familiar será el individuo. De hecho, el número de solteros no deja de aumentar desde hace medio siglo”, recuerda. En cuanto a las relaciones de pareja, también se fundamentarán, de alguna manera, en este concepto: los cónyuges vivirán juntos, pero ninguno estará dispuesto a renunciar a su autonomía. Con todo, Kauffman cree que la gente seguirá queriendo compartir su vida con alguien. “Es contradictorio, pero junto a este impulso de libertad, al mismo tiempo se aspirará a tener a cierta estabilidad y a contar con un apoyo psicológico, aunque no para toda la vida. La regla de oro de la pareja será la confianza y el reconocimiento mutuo. Este será el nuevo contrato. Más allá de visiones muy idealizadas o románticas, la convivencia y el matrimonio se concebirán como un lugar de caricias y de consuelo ante las dificultades de la vida”. Este sociólogo francés, autor de libros de gran éxito como Irritaciones o La primera mañana (Ed. Gedisa), opina que no habrá más divorcios.”Han tocado techo. La gente ahora se casa más tarde, en coincidencia con un aumento de la esperanza de vida”. En su opinión, la relación de pareja será el anillo débil de la familia. “En cambio, el anillo más fuerte será la relación mujer-hijo. La mujer será el eje central del hogar, la locomotora. El hombre, un mero vagón. La sociedad será más matriarcal“.

2. Informática y tecnología: “Conectados a todas horas”

Dentro de 20 años Internet formará parte de nuestra vida y de nuestro paisaje, gracias a una conectividad permanente. “La palabra que resumirá todo será mobiquity: movilidad y ubicuidad. Estaremos siempre en movimiento y siempre en línea, entre nosotros y con lugares y objetos. Y cada objeto tendrá una forma de inteligencia”, asegura Francis Pisani, uno de los máximos expertos de tecnología. Por ejemplo, el móvil entenderá a través de su GPS que entramos en un concierto y se apagará solo. Los dispositivos nos comunicarán información y recibiremos mensajes constantemente. “La clave será que todo el mundo pueda participar y aprovecharse de ello, lo que supone un desafío para la educación y la formación. En el futuro, la cuestión será la calidad y el uso de la conexión, no la conexión en sí”. Pero aparte del riesgo de generar una clase de excluidos de esta revolución digital, queda mucha incógnita sobre qué va a hacer el consumidor con esta tecnología y el uso social que se le va a dar. “Pocos imaginaban que Twitter fomentaría la llamada comunicación horizontal. Creo que aumentará la influencia de aquellos movimientos formados por personas que ni siquiera se conocen directamente, como asociaciones de consumidores o redes sociales. La última campaña electoral de Estados Unidos ya ha demostrado la importancia de este colectivo”. Para Pisani, “el saber, que era monopolio de unos pocos, desde maestros hasta medios de comunicación, pasará a ser compartido y difundido con gente local o expertos de la materia”. Con toda probabilidad, los internautas seguirán produciendo cada vez más contenidos y lucharán para que siga aumentando la calidad. “Hay que advertir que esta evolución puede no ser lineal. Existen amenazas sobre la interoperabilidad de los distintos sistemas informáticos y la propiedad de las redes. Con toda seguridad aparecerán nuevas problemáticas sociales y culturales”.

3. Formas de trabajar: “Movilidad y flexibilidad” 

En 20 años, las formas de trabajar cambiarán radicalmente. Según el profesor del Iese José Ramón Pin, “el sistema económico se basará en tres ejes. El primero será la fábrica industrial clásica, que producirá los instrumentos de nuestra vida diaria. Aquí se mantendrán las costumbres del siglo XX: horarios fijos, contratación de plantilla, lugar de trabajo. Pero dentro de 20 años esta rama tendrá menor importancia y menos efectivos, debido a la fuerte automatización de los procesos.

El segundo será la economía del conocimiento. Será el eje dominante, donde se podrán alcanzar remuneraciones más altas. Los horarios serán totalmente flexibles y serán esencialmente llevadas a cabo por autónomos o free lance. El concepto de oficina desaparecerá y será una estructura residual para aquellas tareas burocráticas. Este colectivo trabajará un poco en casa y el resto en el lugar dónde tendrá lugar el proyecto. Se premiará la flexibilidad y la adaptabilidad. La retribución pasará a ser totalmente variable.

La tercera rama de la economía será la de las relaciones personales: el cuidado de la tercera edad, la salud, la educación. Aquí, gran parte de la remuneración será fija y una parte variable. El lugar será el de la persona objeto del cuidado: donde reside el enfermo, el mayor o los niños. En este sector, la inteligencia emocional será muy valorada”. Según Pin, “en 20 años tendrán éxito las personas que sepan aportar capital intelectual a su profesión”: los emprendedores, los artistas, los inventores, los creativos, mientras que el simple trabajo administrativo estará condenado al declive. Pin destaca otra novedad relevante: la incorporación de la mujer al mundo laboral gracias también a que se exigirá menor carga física. “Vamos hacia la feminización de la sociedad. Y esto hará que el trabajo no será la prioridad, sino que se valorará más la calidad de vida y las relaciones personales. Porque ellas, más que nadie, saben que el hombre es un ser humano que se relaciona”.

4. Salud y sanidad. “Tratamientos personalizados y no invasivos”

Tendremos buena salud y sobre todo sabremos tratar nuestras dolencias mejor. El catedrático Miquel Vilardell cree que las enfermedades genéticas van a disminuir debido a que se avanzará en el estudio del genoma. “Nuestras mutaciones genéticas podrán conocerse. Se podrán prevenir haciendo manipulaciones”, asegura. En cuanto a las enfermedades del entorno relativas al medio ambiente, como las pulmonares, podrán disminuir si tomamos cartas en el asunto de la contaminación (y siempre que un ataque de bioterrorismo no estropee los planes). Las enfermedades relativas a la alimentación disminuirán, porque mejoraremos la calidad microbiológica de los productos vegetales, su conservación, también con la ayuda de los transgénicos. Esto hará que disminuyan también las alergias.

En el frente negativo, “aumentarán las patologías relativas a la globalización. Es decir, que aparecerán nuevas infecciones –como la gripe A– e incluso podrán reaparecer las antiguas. También aumentarán las relativas a la salud mental y las psíquicas, debido al aumento del estrés y de la competitividad. Seremos más depresivos y más hipocondríacos”. Buenas noticias para el cáncer: “Con el cáncer pasará un poco lo que ha pasado con el sida: se podrá tener una calidad de vida aceptable gracias al avance en tratamiento específicos. Se transformarán en enfermedades crónicas”, asegura Vilardell. Avanzará la investigación molecular y no será imprescindible operar. “La cirugía como la hemos conocido cambiará, gracias a la robótica. Será menos invasiva, más precisa, con menos efectos adversos. A través de un pequeño agujero corporal se intervendrá con menos impacto”, dice Vilardell. Gastaremos más en salud, pero viviremos más años y dispondremos de más ingresos para pagar.

5. Educación: “El profesor será un moderador”

Andreas Schleicher es uno de los responsables del conocido informe Pisa sobre la calidad de la educación. “Hace años el profesor tenía el monopolio del conocimiento. Dentro de 20 años no será así. El profesor será un moderador, un guía que orientará los diferentes contenidos que los mismos alumnos habrán encontrado. La enseñanza será cada vez más individualizada”. Schleicher cree que se mantendrá el modelo escuela, profesor, clase, alumno, pero todo será distinto. “Antes te preparaban para convertirte en alguien que haría un trabajo toda la vida. En 20 años, los alumnos saldrán preparados para elegir lo que quieren ser y para ser muchas cosas a la vez“. El entorno escolar cambiará profundamente con la aportación de las nuevas tecnologías. Las aulas serán tecnológicas. Los libros serán digitales. Pero ya no habrá el mismo libro para todos, sino que los profesores ofrecerán a los alumnos una batería de fuentes con las que informarse”, afirma.

La escuela se convertirá en un ámbito de formación y aprendizaje: “El colegio tendrá competidores: la familia, los amigos, pero también la web y las redes sociales”, según este experto. En cuanto a los problemas de autoridad, Schleicher es optimista. “No es verdad que habrá más problemas de disciplina. Si la enseñanza va a estar centrada cada vez más en el individuo, todas las personas se sentirán más motivadas. Para ello, el profesor tendrá que tener más libertad y la posibilidad de aplicar pedagogías distintas. Sólo así será capaz de sacar lo mejor de sus alumnos”.

Habrá más inmigrantes, pero esto no supondrá problemas si la enseñanza es capaz de adaptarse a las exigencias de cada persona. “Antes la escuela era el único lugar donde encontrar un libro. Ahora un libro solo no va a bastar. Ahora los chicos son del siglo XXI, pero los profesores son del XX y las escuelas, del XIX. El sistema está obligado a cambiar”, concluye.

6. Ocio y tiempo libre: “Llegará la era del ocio digital”

En el siglo XX se relacionaba el ocio con el tiempo libre. Pero en el siglo XXI se va a desvincular totalmente del tiempo. “El ocio ha pasado a ocupar el espacio que antiguamente ocupaban las ideologías y la práctica religiosa”, dice Manuel Cuenca, director del Instituto de Estudios de Ocio de la Universidad de Deusto. En su opinión, las personas no querrán reducir el ocio a un espacio apartado y reservado de la jornada, sino que lo repartirán en píldoras distribuidas en varios momentos del día. De hecho, es algo que ya hacemos cuando viajamos en el metro y leemos el periódico al mismo tiempo. Esto irá a más. Los niños ya miran películas en el coche; ya hay pequeñas burbujas de ocio en la vida laboral, como chatear desde el ordenador de la oficina. De alguna manera, tendremos en el futuro menos tiempo libre, pero esto no será un problema para el ocio, porque gracias a la evolución tecnológica, lo incrustaremos. “El tiempo digital será diferente del tiempo real. Se podrán disfrutar cosas de noche y de día y compartirlas en la web. Todo se vivirá como si fuera presente”, sostiene Cuenca.

A nivel cualitativo, se experimentarán cambios. “Todo estará menos centrado en el producto y más en la experiencia, lo que supone también una organización y preparación previa (del viaje o de la actividad)”. Por mucho que se disparen los precios, la gente seguirá viajando, porque lo tiene totalmente asumido en su estilo de vida.

En cuanto al cine, el teatro o los conciertos, esta oferta seguirá existiendo como residuo de ocio de masas para compartir. “Habrá una mayor conexión entre la audiencia y la programación, la trama y los temas, que podrán elegirse a la carta”. Último apunte: el ocio no tendrá edad. “Los que entrarán en la tercera edad en el 2030 estarán más en forma y disfrutarán de las posibilidades de ocio que en la actualidad tienen las personas de 40 años”. El ocio total.

7. Ciudades y urbanismo: “Las ciudades expulsarán el automóvil”

“El elevado impacto actual de la movilidad privada en el cambio climático y en el medio ambiente habrá convencido a los ciudadanos y a las administraciones de la necesidad del cambio en la movilidad”, asegura Antonio Font, catedrático de Urbanismo de la UPC. “Habrán debido disminuir significativamente los desplazamientos en automóvil en las ciudades, para ser sustituidos por eficientes sistemas de transporte de alta capacidad (cercanías, metro, tranvía, etcétera.). El automóvil deberá ser utilizado en todo caso fuera de las ciudades, donde existirán unos aparcamientos disuasorios exteriores, bien ligados a las líneas de transporte colectivo. Ambas modalidades utilizarán energías limpias (electricidad, hidrógeno, etcétera.) menos contaminantes. Por el interior de la ciudad, el transporte público, los peatones, las bicicletas y otros vehículos de transporte individual serán la cara visible de una movilidad más amable, que reclamará la existencia de espacios adaptados para su desarrollo (carriles bici, paseos y boulevards, etcétera)”.

Asimismo, indica Font, “los parques y jardines urbanos formarán parte de un sistema de espacios abiertos, en los que la recuperación de la producción agrícola y la explotación forestal será compatible con las actividades de ocio y esparcimiento ciudadano, garantizando un equilibrio entre los asentamientos urbanos”. En cuanto a los arquitectos estrella que han protagonizado el urbanismo en las últimas décadas, Font cree que “seguramente ya se habrá superado la epidemia municipal de confiar la modernización y mejora del paisaje urbano sólo a la aparición de edificios de arquitectos del star-system, cambiando el orden de prioridades en las intervenciones, anteponiendo la rehabilitación urbana a los nuevos crecimientos y planteando la vivienda y los servicios como tema central”.

8. Márketing y consumo: “Descuento a toda costa”

Fruto de las tendencias demográficas, aumentará el peso de los séniors, de los inmigrantes y de los ciudadanos que viven solos. “Todas estas categorías tienen algo en común: tienen rentas menores, consumen menos, tienen más tiempo, necesitan comprar en proximidad y están solicitados por muchas otras cosas. En resumen: necesitan el canal del descuento”, sostiene el profesor del Iese José Luis Nueno. La edad de lo barato o de lowcost, en su opinión, se extenderá a muchos ámbitos. Gracias al boca-oreja y las redes sociales, el consumidor tendrá mucha más información y poder.

También cambiará la composición de la cesta de la compra. “Después del alimento y del vestido necesitaremos cirugía plástica, conexión a Internet, cursos de relajación, tutores para niños, cursos de idiomas, televisión de pago….”.

9. Demografía: “La era de la diversidad étnica”

No. Las ciudades occidentales no se van a colapsar bajo una ola incontrolada de inmigrantes. “No creo que las migraciones vayan a aumentar de forma destacable. Sí lo harán en términos absolutos, pero no en los relativos. No es probable que este porcentaje supere el 3% del total de la población mundial”, afirma Joaquín Arango, catedrático de la Universidad Complutense experto en migraciones. “Y esto ocurrirá por dos motivos: primero, los países receptores del primer mundo endurecerán sus políticas de control. Segundo, es de esperar que el nivel de vida en los países emisores mejore, con lo que la gente optará por quedarse”.

En todos los países, y en particular en los occidentales, el aumento de los matrimonios mixtos producirá sus frutos. “Va a aumentar la diversidad humana, en el sentido de que tendrá lugar una mezcla de etnias y de culturas que puede llegar hasta el 30% del total. No porque aumente la inmigración, sino porque la que ya ha habido (entre reagrupamientos y la irregular) empezará a reproducirse. De la primera generación de inmigrantes en algunos países se pasará a la segunda”, sostiene Arango. “Esta segunda generación estará mas integrada en términos de lengua y cultura, pero al mismo tiempo habrá mas tensiones sociales porque sus expectativas, ante el trabajo precario, podrán quedar frustradas”, advierte.

El escenario en Europa será una incógnita. “Será interesante saber dónde se encontrarán sus fronteras. Tal vez Georgia, Armenia, Cáucaso, con lo que la diversidad étnica irá aumentando”.

Viviremos más años. La esperanza de vida aumentará hasta los 85-86 años. En Europa la natalidad repuntará, aunque no alcanzará la tasa de reemplazo. En EE.UU. se mantendrá una sociedad joven. España superará los 50 millones de habitantes, pero ya no habrá la ola inmigratoria de la última década.”

*Fuente La Vanguardia, España
Leído en: “Revista El Arca Digital”

Sobre el término “género” en Psicoanálisis

mayo 6, 2014

Lecturas…

Tal como advierte este artículo, en el afán de defender derechos -de género, de identidad sexual, etc.– venimos escuchando una ensalada de palabras…

Como ocurre con toda teoría, las palabras dentro del marco teórico del Psicoanálisis tienen un significado preciso, que no es el mismo que el “lenguaje de la calle” o el marco teórico de otras disciplinas, afines algunas, pero que no son Psicoanálisis.

Y otra cosa importante sería que cada uno reflexione -y se sincere– acerca del significado que da -cuando habla, cuando escucha– a palabras como: hombre, varón, mujer, macho, hembra, masculino, femenino, homo, hétero, trans, bi, género, sexo, identidad sexual, orientación sexual… y algunas combinaciones posibles.

Identidadorientacionsexual

(via Página 12–Psicología)

Crítica a la introducción del término “género” en Psicoanálisis.

Por Norberto Ferreyra*

“A veces se pretende asociar el psicoanálisis con términos de otros discursos, de modo tal que su estructura teórica y discursiva se afecta al punto de transformar el psicoanálisis en algo que ya no lo es. Es lo que sucede hoy con un movimiento que, desde Estados Unidos y también en otros países, tiende a sustituir el sexo por el género.

Me refiero exclusivamente a cuando esto ocurre en relación con el psicoanálisis: con su teoría, su práctica y el lazo social que su discurso determina. Otras prácticas discursivas tienen todo el derecho, según sus criterios biopolíticos y/o sociales, de realizar esa sustitución de sexo por género, sin que ello afecte la estructura de su discurso.

Pero, en psicoanálisis, pretender sustituir la diferencia sexual por una diferencia de género es casi prefreudiano, y se torna una importante resistencia al psicoanálisis, en tanto distorsiona la relación lógica discursiva que mantienen lo inconsciente, el sexo y el deseo. Muchas veces esa sustitución pretende operarse en nombre de la no discriminación, la no segregación, pero a mi entender se obtiene el efecto contrario: un nuevo modo de segregación y de discriminación.

La especie humana, en tanto hablante –y tal es su rasgo diferencial con todas las otras especies vivientes–, habita este mundo en relación con tres órdenes de existencia: un orden simbólico, un orden del deseo y un orden sexual. Es la única especie en la cual estos tres órdenes coexisten en todo momento de la evolución de cualquier individuo, de cualquiera de nosotros.

El orden simbólico, por la acción del significante, subvierte lo que sería un “orden natural”, al establecer un orden del deseo que no deja de sostener y de estar sostenido en y por un orden sexual. El deseo y el sexo no son naturales para la especie humana.

Nada de lo que concierne al sexo es independiente del deseo en tanto inconsciente. “Inconsciente” no es aquí una propiedad o atributo del deseo, sino una función. Inconsciente es lo que está en la base de la posibilidad de hablar para cada uno de no-sotros. Lo inconsciente está en lo que decimos, tal como lo advirtió Jacques Lacan.

El campo de la palabra y el lenguaje no es ajeno a la estructura de lo inconsciente. Es por el significante, en el orden simbólico, como la relación de cada uno con el deseo se sexualiza y se hace inconsciente. El deseo, entonces, se orienta hacia el sexo. El deseo es sexual: en el amor, y con el amor, puede tomar su significación.

Al pretender sustituir sexo por género, se lleva a cabo una acción distorsionante de la estructura teórico-discursiva del psicoanálisis. Si se sustituye sexo por género, ¿qué hacer con la sexualidad infantil? No creamos definitivamente superado el abucheo que Freud sufrió cuando dio a conocer sus teorías acerca de la sexualidad infantil en la Sociedad Médica de Viena.

Si se sustituye sexo por género, ¿cómo se entendería la satisfacción del síntoma, en el sentido analítico del término, cuando está absolutamente comprobado que la satisfacción, en el síntoma, también es sexual? Siendo que lo sexual se distingue, en nuestra especie, por su relación con el deseo, ¿qué haríamos? ¿Dejaríamos el sexo para los animales no hablantes?

El uso de la categoría de género en psicoanálisis es un eufemismo y entraña consecuencias. Como Freud escribió, y lo hemos constatado, siempre se comienza por ceder en las palabras. Recuerdo una anécdota que me sucedió con unos chicos neoyorquinos, alumnos de una de las escuelas más importantes de esa ciudad: “¿Sabés? Lo que pasa es que preferimos decir género antes que sexo. Si decís sexo se asocia más directamente con coger. Y, ¿sabés?, suena mal”.

Ese “suena mal” es lo que resuena en el psicoanálisis. He ahí la cuestión sintomática: en la presentación de un sonido del significante sancionado moralmente como malo.

En psicoanálisis, la segregación, la discriminación, hacen al síntoma y forman parte de él: por eso la política del síntoma, en psicoanálisis, da la posibilidad de descifrar, en cada momento histórico, cómo se ha construido el síntoma, para poder cernirlo, encerrarlo, acotarlo en el goce que como tal conlleva.”

*Norberto Ferreyra, miembro del Consejo de la Escuela Freudiana de la Argentina.

Texto extractado del artículo “El deseo, el sexo y lo inconsciente”, publicado en la revista Lapsus Calami, Nº 1, “El cuerpo y lo sexual”.

Leído en: Página12, 22 de julio de 2010.

Historia de Maruja. Eduardo Galeano

marzo 29, 2014

30 de Marzo. Día Internacional de la Trabajadora del Hogar.

“Hoy, 30 de marzo, Día del Servicio Doméstico, no viene mal contar la breve historia de una trabajadora de uno de los oficios más ninguneados del mundo.

Maruja no tenía edad.
De sus años de antes, nada decía. De sus años de después, nada esperaba.
No era linda, ni fea, ni más o menos.
Caminaba arrastrando los pies, empuñando el plumero, o la escoba, o el cucharón.
Despierta, hundía la cabeza entre los hombros.
Dormida, hundía la cabeza entre las rodillas.
Cuando le hablaban, miraba el suelo, como quien cuenta hormigas.
Había trabajado en casas ajenas desde que tenía memoria.
Nunca había salido de la ciudad de Lima.
Mucho trajinó, de casa en casa, y en ninguna se hallaba. Por fin, encontró un lugar donde fue tratada como si fuera persona.
A los pocos días, se fue.
Se estaba encariñando.”

De: El Libro de los Abrazos.
Leído en… muchos sitios, por ejemplo: RevistaSíncope/5 textos de El libro de los abrazos, por Eduardo Galeano 

Relacionados: Trabajo y Mujer (Elisabet Contrera/2010)   Mujer y Trabajo: Situación laboral de las mujeres (Luciana Peker/2010) 

La historia de mi aborto. Florence Thomas

marzo 9, 2014

En el mes de las mujeres: Lecturas… 

“Quizás evito desde hace años encontrarme de frente con este evento de mi vida, mi propio aborto, a pesar de mi feminismo ya casi endémico, a pesar de pertenecer a La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, a pesar de haber escrito más de una docena de columnas periodísticas sobre el tema y a pesar de haber mencionado mi propio aborto hace doce años en un libro muy mío, llamado Conversación con un hombre ausente. No obstante, he evitado hablar del tema como lo hubiera debido hacer desde hace años. Y cuando digo “como lo hubiera debido hacer” quiero decir desde adentro, desde lo más profundo de mi piel, de mis entrañas, de las palabras y de los silencios sellados en mi cuerpo desde ese final de verano francés de 1965. Diez años antes de la legalización total del aborto en Francia con la Ley Veil de 1975.

Aún no sabía mucho de anticoncepción. Del amor, sí. Nadie me había contado que el sexo era capaz de proporcionar goces intensos y estragos infernales. Iba a ser psicóloga y sin embargo puedo afirmar que no hubo una sola clase de Psicología que me hubiera preparado para lo que iba a vivir. Veintidós años, enamorada, con ciclos menstruales irregulares y sin calendario bajo el sol de España. De una España aún franquista que me miraba de manera inquisitoria por compartir la misma carpa con el hombre que amaba sin estar casados… Me acuerdo de las noches cálidas y del amor. El amor cada noche, el amor a mediodía y la euforia de tener el mundo en nuestras manos. Y sí, tomamos riesgos. El amor lo ameritaba. El amor siempre lo amerita. Tomamos riesgos y creo recordar que éramos conscientes de esto. El método Ogino no pudo con nosotros en España.

Llegamos a París al final de agosto después de tres semanas de sol en la árida Castilla y de embriaguez amorosa, yo dispuesta a buscar trabajo y él a preparar su retorno a Colombia, donde le esperaba un puesto de psicólogo organizacional. Nuestra separación de un año estaba prevista y significaba una prueba para los dos antes de cualquier decisión de viaje mío a esa lejana tierra de Colombia. Y es entonces cuando me alisto a vivir uno de los periodos más oscuros de mi vida. No; debo ser precisa. No uno de los periodos, sino el periodo más oscuro de mi vida. Yo ya intuía que el retraso de mi menstruación no era debido a mis ciclos irregulares.

Con los hombres, no quería hablar. Su género —término no socializado aún en Francia para nombrar a este sexo social— me inspiraba rabia. ¿Con qué derecho los hombres nos sometían a esto? ¿Cómo podían seguir caminando tan tranquilamente mientras yo sentía un peso inusual en los senos y me la pasaba buscando los baños de los cafés para descubrir una vez más que no encontraba ninguna mancha roja en mi ropa interior? Y sin embargo seguía sin querer saber más. Pensando que tal vez, un milagro… yo que nunca había creído en milagros. ¿Y él? Ya sabía que yo tenía un retraso pero evitaba hablar de esto y de alguna manera huía y me evadía. Me acuerdo de que, antes de que fuese tarde, decidí irme un fin de semana a Rouen donde mis padres, como lo hacía a menudo. Un fin de semana normal para ellos, un infierno para mí. Fingir que todo andaba como siempre. Responder a preguntas de trabajo, explicarles que parecía que me iba a salir un empleo en el Conservatorio de las Artes y Oficios de París. Un fin de semana de dos días que me parecieron siete.

Regresé a París. Ya eran casi tres semanas de retraso. Tenía que confirmar lo que ya sabía. Dolorcitos en los senos, inapetencia total y un mal genio que se manifestaba ante la menor provocación. Le pedí una cita al ginecólogo del barrio donde vivía. Todavía no existían las pruebas de embarazo que hoy en día se consiguen en todas las droguerías. Varias mujeres estaban en la sala de espera, algunas acompañadas de un hombre, otras solas. Algunas con un vientre prominente… quería insultarlas y preguntarles por qué tenían esta cara de madre feliz cuando yo no quería ni siquiera pronunciar la palabra embarazo. Finalmente me llamaron. Me auscultó este ginecólogo y por fin me miró y me dijo: “No hay duda, tiene un embarazo de aproximadamente dos meses”. Me vestí, pagué la consulta y salí casi corriendo.

Entré en el primer café que encontré y pedí un café serré, es decir, un café oscuro y fuerte. Rompí la fórmula médica que me acababa de dar el ginecólogo. Fue en este café donde, por primera vez, empecé a pensar en el aborto. Del aborto, nunca habíamos hablado. Y sin embargo, uno de mis hermanos, el mayor, ya había terminado derecho y el otro estaba terminando medicina. Yo, psicología. Pedí otro café. A él no sabía si llamarlo. No sabía si quería su compañía. Lo amaba. Y al mismo tiempo le tenía rabia. Lo amaba y al mismo tiempo hubiera querido no haberlo encontrado nunca.

Ninguno de los dos estaba preparado para semejante cambio de vida. Ninguno de los dos estaba preparado para volverse padre o madre sin deseo de serlo. Era demasiado delicado. Demasiado grave para un hijo, para una hija. Padre y madre a la fuerza. Dar a luz a hijos huérfanos de padres simbólicos. Sí, por esto, ante mi segundo café oscuro, ya había tomado una decisión. Abortaría. Abortaría porque yo era una mujer responsable. Abortaría, y a pesar de que iba a recurrir a un acto de voluntad y de autonomía, no podía interrumpir voluntariamente mi embarazo; no había nacido aún esta expresión. La construiríamos algunos años más adelante. Hoy cuando estoy escribiendo esto, la estamos construyendo en Colombia y, sobre todo, le estamos dando su profundo significado ético. Después del tercer café lo llamé. Le dije que lo esperaba. A la media hora llegó y, claro, ya sabía lo que le iba a decir. El silencio se instaló entre los dos. Sin embargo, tenía que decirle que yo ya estaba decidida. Le dije. No respondió nada. No dijo nada.

No obstante, sus tres años de posgrado en París y su inmenso amor por lo que había vivido en esta ciudad de la cual se había enamorado profundamente le permitieron asimilar mi decisión y solidarizarse por medio del silencio. No podía pedirle más. Quiero recordar que todavía no era feminista. Le dije entonces que no había cambiado nada. Que nuestros proyectos seguían iguales. Que no se preocupara, que me las arreglaría.

La palabra anticoncepción y los debates relacionados con la libre opción a la maternidad eran muy recientes y las píldoras anticonceptivas no se encontraban aún en las farmacias. No existía tampoco la píldora de emergencia. Sólo dos años después se socializaría la anticoncepción y especialmente las píldoras anticonceptivas. Habría que esperar mucho más para la píldora de anticoncepción de emergencia.

Con mi madre no existía la más mínima posibilidad de poder tocar el tema.

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Soy mujer. Soy feminista.

marzo 8, 2014

Desde el blog de Disparatada*…

Florencethomas“Nunca he declarado la guerra a los hombres; no declaro la guerra a nadie, cambio la vida: soy mujer.

No soy ni amargada ni insatisfecha: me gusta el humor, la risa, pero sé también compartir los duelos de las miles de mujeres víctimas de violencia: soy mujer.

Me gusta con locura la libertad más no el libertinaje: soy mujer.

No soy pro-abortista, soy pro-opción porque conozco a las mujeres y creo en su enorme responsabilidad: soy mujer.
No soy lesbiana, y si lo fuera ¿cuál sería el problema? Soy mujer.

Sí, soy mujer** porque no quiero morir indignada.
Soy mujer y defenderé hasta donde puedo hacerlo a las mujeres, a su derecho a una vida libre de violencias.

Soy mujer porque creo que hoy día serlo representa uno de los últimos humanismos en esta tierra desolada y porque he apostado a un mundo mixto hecho de hombres y mujeres que no tienen la misma manera de habitar el mundo, de interpretarlo y de actuar sobre él.

Soy mujer porque me gusta provocar debates desde donde puedo hacerlo.

Soy mujer para mover ideas y poner a circular conceptos; para reconstruir viejos discursos y narrativas, para desmontar mitos y estereotipos, derrumbar roles prescritos e imaginarios prestados.

Soy mujer para defender también a los sujetos inesperados y su reconocimiento como sujetos de derecho, para gays, lesbianas y transgeneristas, para ancianos y ancianas, para niños y niñas, para indígenas y afrodescendientes y para todas las mujeres que no quieren parir un solo hijo más para la guerra.

Soy mujer y escribo para las mujeres que no tienen voces, para todas las mujeres, desde sus incontestables semejanzas y sus evidentes diferencias.

Soy mujer porque serlo me permite pensar también en nuestras hermanas afganas, ruandesas, croatas, iraníes, que me permite pensar en las niñas africanas cuyo clítoris ha sido extirpado, en todas las mujeres que son obligadas a cubrirse de velos, en todas las mujeres del mundo maltratadas, víctimas de abusos, violadas y en todas las que han pagado con su vida esta peste mundial llamada misoginia.

Sí, soy mujer para que podamos oír otras voces, para aprender a escribir el guión humano desde la complejidad, la diversidad y la pluralidad.

Soy mujer para mover la razón e impedir que se fosilice en un discurso estéril al amor. Soy mujer para reconciliar razón y emoción y participar humildemente en la construcción de sujetos sentipensantes como los llama Eduardo Galeano.

Soy mujer y defiendo una epistemología que acepte la complejidad, las ambigüedades, las incertidumbres y la sospecha. Sé hoy que no existe verdad única, Historia con H mayúscula, ni Sujeto universal. Existen verdades, relatos y contingencias; existen, al lado de la historia oficial tradicionalmente escrita por los hombres, historias no oficiales, historias de las vidas privadas, historias de vida que nos enseñan tanto sobre la otra cara del mundo, tal vez su cara más humana.

En fin soy mujer tratando de atravesar críticamente una moral patriarcal de las exclusiones, de los exilios, de las orfandades y de las guerras, una moral que nos gobierna desde hace siglos.

Trato de ser mujer en el contexto de una modernidad que cumple por fin sus promesas para todos y todas. Como dice Gilles Deleuze ’siempre se escribe para dar vida, para liberarla cuando se encuentra prisionera, para trazar líneas de huida’. Sí, trato de trazar para las mujeres de este país líneas de huida que pasen por la utopía. Porque creo que un día existirá en el mundo entero un lugar para las mujeres, para sus palabras, sus voces, sus reivindicaciones, sus desequilibrios, sus desórdenes, sus afirmaciones en cuanto seres equivalentes políticamente a los hombres y diferentes existencialmente.

Un día, no muy lejano, espero, dejaremos de atraer e inquietar a los hombres; dejaremos de escindirnos en madres o putas, en Marías o Evas, imágenes que alimentaron durante siglos los imaginarios patriarcales; habremos aprendido a realizar alianzas entre lo que representa María y lo que significa Eva.

Habremos aprendido a ser mujeres, simplemente mujeres. Ni santas, ni brujas; ni putas, ni vírgenes; ni sumisas, ni histéricas, sino mujeres, resignificando ese concepto, llenándolo de múltiples contenidos capaces de reflejar novedosas prácticas de sí que nuestra revolución nos entregó; mujeres que no necesiten más ni amos, ni maridos, sino nuevos compañeros dispuestos a intentar reconciliarse con ellas desde el reconocimiento imprescindible de la soledad y la necesidad imperiosa del amor.

Por esto repito tantas veces que ser mujer hoy es romper con los viejos modelos esperados para nosotras, es no reconocerse en lo ya pensado para nosotras, es extraviarse como lo expresaba tan bellamente esta mujer italiana Alessandra Bocchetti. Sí, no reconocerse en lo ya pensado para nosotras. Por esto soy una extraviada, soy mujer.

Y lo soy con el derecho también a equivocarme.”

Florence Thomas.

Leído en: * VivianaDisparatada

Info sobre la autora: Autores/EditorialSantillana)

**Nota: Donde dice “soy mujer”, en el texto original que circula por la red dice “soy feminista”. No me consta la fuente original. Si alguien sabe, ¿me dice? Gracias!

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