Archivos de la categoría ‘Autoconocimiento’

Sobre la memoria y los recuerdos

abril 21, 2014

Me encantó esta metáfora…

“La memoria, la azada

Por Walter Benjamín*

Así como la tierra es el medio en el que yacen enterradas las viejas ciudades, la memoria es el medio de lo vivido. Quien intenta acercarse a su propio pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre que excava.

Ante todo, no debe temer volver una y otra vez a la misma circunstancia, esparcirla como se esparce la tierra, revolverla como se revuelve la tierra. Porque las “circunstancias” no son más que capas que sólo después de una investigación minuciosa dan a luz aquello que hace que la excavación valga la pena, es decir, las imágenes que, arrancadas de todos sus contextos anteriores, aparecen como objetos de valor en los aposentos sobrios de nuestra comprensión tardía, como torsos en la galería del coleccionista.

Sin lugar a dudas, es útil usar planos en las excavaciones. Pero también es indispensable la incursión de la azada, cautelosa y a tientas, en la tierra oscura.

Quien sólo haga el inventario de sus hallazgos sin poder señalar en qué lugar del suelo actual conserva sus recuerdos, se perderá lo mejor. Por eso los auténticos recuerdos no deberán exponerse en forma de relato, sino señalando con exactitud el lugar en que el investigador logró atraparlos.

Epico y rapsódico en sentido estricto, el recuerdo verdadero deberá proporcionar, por lo tanto, al mismo tiempo una imagen de quien recuerda, así como un buen informe arqueológico debe indicar no sólo de qué capa provienen los hallazgos sino, ante todo, qué capas hubo que atravesar para encontrarlos.”

* Fragmentos de Denkbilder, epifanías en viajes (ed. El Cuenco de Plata).

Leído en: Pagina12/Psicología. La experiencia del viajero/Jueves, 10 de febrero de 2011.

Atención y concentración III

abril 12, 2014

Concentración implica limitar nuestra energía.

“Ya saben lo que es la concentración, desde pequeños nos educan a concentrarnos. La concentración implica limitar toda nuestra energía hacia un punto concreto, y mantenerse en ese punto. Un niño en la escuela que mira por la ventana a los pájaros y a los árboles, al movimiento de las hojas o a una ardilla que trepa por un árbol, el profesor le dice: ‘No prestas atención, concéntrate en el libro’ o ‘escucha lo que estoy diciendo’.

Así, se da más importancia a la concentración que a la atención.

Si yo fuera profesor, les ayudaría a observar; les ayudaría a que miraran totalmente a la ardilla, que observaran el movimiento de su cola, cómo funcionan sus garras, todo. Entonces, si el niño aprende a observar atentamente, prestará atención al libro.”

En: Fundacion Krishnamurti

Atención y concentración II

abril 10, 2014

La atención no es concentración.

“La atención no es concentración. Cuando se concentra, como hacen la mayoría, ¿qué sucede cuando se concentra? Se reprime a sí mismo, resiste, rechaza cualquier pensamiento excepto ese en concreto, una acción determinada. Pero esa concentración produce resistencia, por tanto no trae libertad. Por favor, obsérvelo en sí mismo, es algo muy simple.

Sin embargo, si está atento, atento a todo lo que sucede en usted, atento a la suciedad, a la inmundicia de la calle, atento a la suciedad en el autobús, atento a sus palabras, a sus gestos, a cómo le habla a su jefe, su sirviente, un superior, un subordinado, atento al respeto y a la insensibilidad hacia los subordinados, a las palabras, a las ideas, si está atento a todo esto, sin intención de corregir, entonces de esa atención surge una forma de concentración diferente.

En ese momento, estará atento al entorno, al ruido de la gente, a la gente discutiendo a gritos, a usted deseando que se callen, que dejen de hablar, mirando a otra parte; estará atento a los colores, a las costumbres y, aun así, la concentración seguirá. Esa concentración no es exclusiva, no requiere ningún esfuerzo. Mientras que la simple concentración exige esfuerzo.”  

Obras completas, tomo XV.

En: Fundación Krishnamurti

Psicología. Coraje y práctica de decir la verdad

marzo 16, 2014

Si tienen un rato para leer…

Psicología.  LA PARRHESIA COMO FORMA DEL DECIR VERAZ

Coraje de la verdad

La parrhesía, tal como la estudió Michel Foucault, era, en la Antigüedad, la práctica de decir la verdad “sin esconderla con nada”, bajo el riesgo del rechazo o la ira del interlocutor. Esta práctica se sitúa en “la prehistoria de algunas parejas célebres: el penitente y su confesor, el enfermo y el psiquiatra, el paciente y el psicoanalista”.

Por Michel Foucault *

Este año querría continuar el estudio del hablar franco, de la parrhesía como modalidad del decir veraz. Llegué a la noción y la práctica de la parrhesía a partir de la cuestión, tradicional en la filosofía occidental, de las relaciones entre sujeto y verdad. Grande fue la importancia en la moral antigua, en toda la cultura griega y romana, del principio “hay que decir la verdad sobre uno mismo”. Pueden mencionarse prácticas como el examen de conciencia prescrito entre los pitagóricos o los estoicos, del que Séneca dio ejemplos tan elaborados y que volvemos a encontrar en Marco Aurelio. También esas correspondencias, esos intercambios de epístolas morales, espirituales, cuyo ejemplo también puede hallarse en Séneca. Han dejado menos huellas otras prácticas como las libretas de notas, especies de diarios que se aconsejaba llevar, ya fuera para el registro y la meditación sobre las experiencias vividas o las lecturas hechas, ya fuera para contarse uno mismo, al despertar, los propios sueños.

Hay cierta tendencia a analizar esas prácticas del decir veraz sobre uno mismo en relación con el principio socrático del “conócete a ti mismo”: en ellas se ve la plasmación de ese principio. Pero me parece interesante resituar esas prácticas, esa incitación a decir la verdad sobre uno mismo, en un contexto más amplio definido por un principio, el del cuidado de sí. Este precepto tan antiguo en la cultura griega y romana –y que encontramos, en los textos platónicos, asociado al “conócete a ti mismo”– dio lugar al desarrollo de lo que podríamos llamar un cultivo de sí, en el cual vemos la transmisión de todo un juego de prácticas de sí. Al estudiar estas prácticas, vi perfilarse un personaje, presentado como el socio indispensable de la obligación de decir la verdad sobre uno mismo. No hace falta esperar al cristianismo, la institucionalización a comienzos del siglo XIII de la confesión, para que la práctica del decir veraz sobre uno mismo se apoye en la presencia del otro que escucha, que exhorta a hablar y habla. En la cultura antigua, el decir veraz sobre uno mismo fue una actividad con los otros, y más precisamente aun una actividad con otro, una práctica de a dos.

Conocemos relativamente bien a ese otro en la cultura cristiana, en la que adopta la forma institucional del confesor o el director de conciencia; también en la cultura moderna se puede señalar a ese otro indispensable para que yo pueda decir la verdad sobre mí mismo, sea el médico, el psiquiatra, el psicólogo o el psicoanalista. En la cultura antigua su estatus es más variable, más vago, está institucionalizado con menos claridad: puede ser un filósofo de profesión, pero también una persona cualquiera.

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Amor y Belleza

diciembre 28, 2013

Jiddu Krishnamurti

Medit11“El amor es algo extraordinario, ¿verdad? No puede amar si está pensando en sí mismo, lo cual no significa que deba pensar en otro. El amor simplemente ‘es’, no tiene objeto. La mente que ama es de hecho una mente religiosa porque está en el movimiento de la realidad, la verdad, Dios, y tan sólo una mente así puede conocer la belleza. Una mente que no está atrapada en ninguna filosofía, que no está encerrada en ningún sistema o creencia, que no está impulsada por su propia ambición y, en consecuencia, es sensible, está atenta, observa, esa mente tiene belleza.”

El propósito de la educación
jkrishnamuerti.org

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