Archive for the ‘Psicoanalisis’ Category

Psicología. La adicción virtual

mayo 20, 2014

Si tienen un rato para leer…

“TEORIA Y CLINICA DE UNA NUEVA CAUSA DE CONSULTA.

La adicción virtual.

El autor examina “una suerte de adicción virtual que encierra a los jóvenes frente a las computadoras”, y postula que el espacio virtual “se ubica en la posición del líder que seduce a la masa”. Sostiene que el camino para salir de ese encierro no podrá recorrerse si los padres insisten en prohibirle al adolescente que use la compu.

Por Daniel Paola*

AdictovirtualHa comenzado a ser causa de consulta una suerte de adicción virtual que encierra a los jóvenes frente a las computadoras, distorsionando, en el discurso corriente, los rangos de normalidad de las generaciones precedentes en cuanto al lazo social. La llamada “adicción a Internet” no figura como diagnóstico en el DSM IV (manual de amplio uso en psiquiatría) ya que, de acuerdo con sus parámetros, siempre se precisa una sustancia química para definir una adicción.

Sin embargo, se podría asociar esta “adicción” con un trastorno compulsivo que oculta un comportamiento depresivo y hostil frente a lo social. En todo caso, para el psicoanalista, la adicción se define en otros términos: aquella sustancia bien podría estar excluida y ser reemplazada por la computadora, ubicada en la posición del líder que seduce a la masa.

El saber otorgado por el sustituto de la sustancia es excluyente de todo partenaire que no declare una identidad de percepción vivencial: en terapias grupales cuyos referentes son líderes que transitaron por idénticos trastornos, éstos son los únicos que podrían tener palabra autorizada en el tiempo en que se plantea una abstinencia.

A diferencia del toxicómano, que sí podría tener una conducta social, el adicto virtual realiza su lazo fundamentalmente a través de los juegos en red, y es imposible que detecte por sí mismo algún tipo de inconveniente en su proceder, ya que no hay sustancia prohibida ni ley que lo juzgue.

Tal vez los efectos generados en la escolaridad sean los más llamativos para los padres, que entonces comienzan a tomar conciencia de un supuesto problema. El psicoanalista en la consulta se encuentra habitualmente con un inocente, o mejor dicho con una mente virginal, que ni sueña con dejar su adorado entretenimiento. La abstinencia entonces es el primer obstáculo, por la angustia súbita que genera la falta del elemento que se juzga imprescindible, falta que borra esa inocencia inefable.

Por su parte, los padres creen que la suspensión del juego es una tarea inmediata que se resuelve con prohibiciones o impedimentos en el uso de la computadora. De la misma manera, cualquier familiar de un paciente psicótico cree que el analista tiene el poder de prohibir el delirio. Es común entre familiares de pacientes psicóticos la disconformidad con el psicoanalista que no plantea la falsedad de los argumentos delirantes o alucinatorios, en una suposición mágica como la que se otorga al encantador de serpientes o al que sopla y hace botellas.

Plantear que no habría que prohibir el uso de la computadora es el primer paso para lograr que el adicto virtual finalmente pueda entrar en discurso, en tanto su juego determina un goce. Para definir goce, me parece una buena manera plantearlo como un soporte mental de actos destinados a producir su propio fracaso. Porque no habría goce que, a fin de cuentas, no tienda a su extinción, en la medida en que cualquier actividad humana tiene un tope a la satisfacción con la que se puede alimentar.

Supongamos ahora una adicción cualquiera, por ejemplo un postre que decidamos degustar por siempre. En un primer tiempo, la satisfacción va a ser obvia. En un segundo tiempo, la satisfacción pertenece a la elección, ya que, siendo el postre que a uno más le apetece, pasa a ser el significante que lo representa en tanto goce. En un tercer tiempo, después de una suerte de declaración de impotencia, ese goce fracasa porque produce rechazo. En este último tiempo ya nos encontramos en contacto con la punta de lo real: el individuo tiende a preguntarse qué sentido tiene estar enfrascado en algo que le provoca aversión. En el trato de la aversión se encuentra la posibilidad de un nuevo sentido a través de una identificación rechazada.

En la adicción virtual, mientras no haya discurso estamos en tiempos preliminares, pero no por ello tendría que haber renuncia a iniciar una escucha que, tarde o temprano, impondrá las consecuencias de una culpabilidad por el acto en cuestión. Estos tiempos habrá que saberlos esperar en el contacto con el adicto virtual, y no se podrían producir si los padres del joven o la joven no acordaran con la necesaria imposibilidad de una abstinencia al juego virtual que consume la vida de sus hijos.

Esto implica dos hechos: el primero es hacer de contención a la hostilidad de los padres, que esperan eficiencia y rapidez; el segundo es disponer de una ubicación teórica del momento en el que se encuentra quien se satisface o ya goza del juego, para, por fin, crear el vacío necesario en el sujeto, al crear un corte primero entre verdad y palabra.

Leer el resto de esta entrada »

Sobre contar, relatar, narrar

mayo 13, 2014

“El olvido feliz

Por Walter Benjamin *

Contar02“El niño está enfermo. La madre lo acuesta y se sienta a su lado. Y después comienza a contarle cuentos. ¿Cómo se explica esto?

Lo presentí cuando N. me contó de la extraordinaria virtud curativa que habían tenido las manos de su mujer. De esas manos decía: “Sus movimientos eran muy expresivos. Pero no habría sido posible describir su expresión. Era como si estuvieran contando un cuento”.

Los Conjuros de Merseburg ya nos hablan de la curación mediante la narración. No es que sólo repitan la fórmula de Odin, sino que narran el contexto en el cual éste usó la fórmula por primera vez.

También se sabe que el relato que el enfermo hace al médico al iniciar el tratamiento puede convertirse en el comienzo de un proceso de curación.

Contar03Se plantea entonces la pregunta si no será la narración la atmósfera propicia y la condición más favorable para muchas curaciones.

Sí, ¿no podría curarse incluso cualquier enfermedad si se la dejara fluir lo suficiente hasta la desembocadura sobre la corriente de la narración?

Si se considera que el dolor es un dique que se opone a esta corriente, se ve claramente que este dique será desbordado cuando la corriente sea lo suficientemente fuerte como para conducir al mar del olvido feliz todo lo que encuentre en su camino. Las caricias le dibujan un lecho a esa corriente.”

* Fragmentos de Denkbilder, epifanías en viajes (ed. El Cuenco de Plata).

Leído en: Pagina12/Psicología. La experiencia del viajero/Jueves, 10 de febrero de 2011.

Sobre el término “género” en Psicoanálisis

mayo 6, 2014

Lecturas…

Tal como advierte este artículo, en el afán de defender derechos -de género, de identidad sexual, etc.– venimos escuchando una ensalada de palabras…

Como ocurre con toda teoría, las palabras dentro del marco teórico del Psicoanálisis tienen un significado preciso, que no es el mismo que el “lenguaje de la calle” o el marco teórico de otras disciplinas, afines algunas, pero que no son Psicoanálisis.

Y otra cosa importante sería que cada uno reflexione -y se sincere– acerca del significado que da -cuando habla, cuando escucha– a palabras como: hombre, varón, mujer, macho, hembra, masculino, femenino, homo, hétero, trans, bi, género, sexo, identidad sexual, orientación sexual… y algunas combinaciones posibles.

Identidadorientacionsexual

(via Página 12–Psicología)

Crítica a la introducción del término “género” en Psicoanálisis.

Por Norberto Ferreyra*

“A veces se pretende asociar el psicoanálisis con términos de otros discursos, de modo tal que su estructura teórica y discursiva se afecta al punto de transformar el psicoanálisis en algo que ya no lo es. Es lo que sucede hoy con un movimiento que, desde Estados Unidos y también en otros países, tiende a sustituir el sexo por el género.

Me refiero exclusivamente a cuando esto ocurre en relación con el psicoanálisis: con su teoría, su práctica y el lazo social que su discurso determina. Otras prácticas discursivas tienen todo el derecho, según sus criterios biopolíticos y/o sociales, de realizar esa sustitución de sexo por género, sin que ello afecte la estructura de su discurso.

Pero, en psicoanálisis, pretender sustituir la diferencia sexual por una diferencia de género es casi prefreudiano, y se torna una importante resistencia al psicoanálisis, en tanto distorsiona la relación lógica discursiva que mantienen lo inconsciente, el sexo y el deseo. Muchas veces esa sustitución pretende operarse en nombre de la no discriminación, la no segregación, pero a mi entender se obtiene el efecto contrario: un nuevo modo de segregación y de discriminación.

La especie humana, en tanto hablante –y tal es su rasgo diferencial con todas las otras especies vivientes–, habita este mundo en relación con tres órdenes de existencia: un orden simbólico, un orden del deseo y un orden sexual. Es la única especie en la cual estos tres órdenes coexisten en todo momento de la evolución de cualquier individuo, de cualquiera de nosotros.

El orden simbólico, por la acción del significante, subvierte lo que sería un “orden natural”, al establecer un orden del deseo que no deja de sostener y de estar sostenido en y por un orden sexual. El deseo y el sexo no son naturales para la especie humana.

Nada de lo que concierne al sexo es independiente del deseo en tanto inconsciente. “Inconsciente” no es aquí una propiedad o atributo del deseo, sino una función. Inconsciente es lo que está en la base de la posibilidad de hablar para cada uno de no-sotros. Lo inconsciente está en lo que decimos, tal como lo advirtió Jacques Lacan.

El campo de la palabra y el lenguaje no es ajeno a la estructura de lo inconsciente. Es por el significante, en el orden simbólico, como la relación de cada uno con el deseo se sexualiza y se hace inconsciente. El deseo, entonces, se orienta hacia el sexo. El deseo es sexual: en el amor, y con el amor, puede tomar su significación.

Al pretender sustituir sexo por género, se lleva a cabo una acción distorsionante de la estructura teórico-discursiva del psicoanálisis. Si se sustituye sexo por género, ¿qué hacer con la sexualidad infantil? No creamos definitivamente superado el abucheo que Freud sufrió cuando dio a conocer sus teorías acerca de la sexualidad infantil en la Sociedad Médica de Viena.

Si se sustituye sexo por género, ¿cómo se entendería la satisfacción del síntoma, en el sentido analítico del término, cuando está absolutamente comprobado que la satisfacción, en el síntoma, también es sexual? Siendo que lo sexual se distingue, en nuestra especie, por su relación con el deseo, ¿qué haríamos? ¿Dejaríamos el sexo para los animales no hablantes?

El uso de la categoría de género en psicoanálisis es un eufemismo y entraña consecuencias. Como Freud escribió, y lo hemos constatado, siempre se comienza por ceder en las palabras. Recuerdo una anécdota que me sucedió con unos chicos neoyorquinos, alumnos de una de las escuelas más importantes de esa ciudad: “¿Sabés? Lo que pasa es que preferimos decir género antes que sexo. Si decís sexo se asocia más directamente con coger. Y, ¿sabés?, suena mal”.

Ese “suena mal” es lo que resuena en el psicoanálisis. He ahí la cuestión sintomática: en la presentación de un sonido del significante sancionado moralmente como malo.

En psicoanálisis, la segregación, la discriminación, hacen al síntoma y forman parte de él: por eso la política del síntoma, en psicoanálisis, da la posibilidad de descifrar, en cada momento histórico, cómo se ha construido el síntoma, para poder cernirlo, encerrarlo, acotarlo en el goce que como tal conlleva.”

*Norberto Ferreyra, miembro del Consejo de la Escuela Freudiana de la Argentina.

Texto extractado del artículo “El deseo, el sexo y lo inconsciente”, publicado en la revista Lapsus Calami, Nº 1, “El cuerpo y lo sexual”.

Leído en: Página12, 22 de julio de 2010.

Singularidades

diciembre 14, 2013

Paseando por Facebook…

Psi-singular-masa

Visto en: CausaFreudiana/Facebook

La dimensión del semblante: “hacer de” y “dar signos a”

septiembre 6, 2013

Lecturas…

Lacan-semblante“…para el muchacho, se trata en la adultez de hacer de hombre…

A la luz de esto, que constituye una relación fundamental, debe interrogarse todo lo que en el comportamiento del niño puede interpretarse como orientándose hacia ese hacer de hombre.

Uno de los correlatos esenciales de este hacer de hombre es dar signos a la muchacha de que se lo es.

Para decirlo todo, estamos ubicados de entrada en la dimensión del semblante…”

Jacques Lacan, El Seminario, libro 18.  
Vía: La Causa Freudiana/Facebook

Tags:
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 858 seguidores

%d personas les gusta esto: