Para escritores: El decálogo – Juan Carlos Onetti

13 de Junio – Día del Escritor (en Argentina, en homenaje al nacimiento de Leopoldo Lugones)

I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Este solo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII. No olviden la frase, justamente famosa: dos más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X. Mientan siempre.

XI. No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer”.

Juan Carlos Onetti (1909-1994) es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Onetti

Leído en: el muro-Facebook de ElArteDeEscribir – Grafomaniacos – ConsejosParaEscritores.

Lecturas de budismo IV: Ajahn Chah

Meditación (vía bosquetheravada.org)

“Sobre la meditación”, es una compilación de extractos de las pláticas de Ajahn Chah, cuya témática se centra en las instrucciones sobre la práctica de la meditación.

Por Ajahn Chah

Para hacer la meditación sentada y la mente pacífica, no necesitas pensar demasiado. Ahora mismo, sólo céntrate en la mente y nada más. No dejes que la mente salga disparando a la izquierda o a la derecha, adelante o atrás, arriba o abajo. Nuestra única tarea ahora mismo es la práctica de la atención consciente en la respiración. Pero primero, fija tu atención en la cabeza y direcciónala hacia abajo a lo largo de todo el cuerpo hasta las puntas de los pies y luego, retórnala hasta la coronilla. Pasa tu conciencia a través del cuerpo, observándolo con sabiduría. Nosotros lo hacemos para obtener la comprensión inicial sobre la forma en que el cuerpo está aquí presente. Entonces, empieza la meditación notando que, en este momento, tu única tarea consiste en observar las inhalaciones y exhalaciones. No fuerces la respiración para que sea más larga o más corta de lo normal, simplemente permite que fluya con facilidad. No pongas presión alguna en la respiración, en vez de eso, más bien permite que fluya de manera pareja, dejándola ir en cada inhalación y exhalación.

Tienes que entender que, mientras la estés dejando ir, así como lo haces, aún debería permanecer la consciencia. Tienes que mantener esta consciencia, permitiendo que la respiración entre y salga confortablemente. No hay necesidad de forzar la respiración: simplemente permite que fluya fácil y naturalmente. Mantén la resolución de no tener otra tarea ni responsabilidad durante este tiempo. Los pensamientos acerca de lo que va a pasar, lo que vas a conocer o ver durante la meditación, pueden surgir de tanto en tanto, pero una vez que aparezcan, simplemente deja que cesen por sí mismos, no te ocupes de ellos en exceso.

Durante la meditación no hay necesidad de prestar atención a nada de lo que surja en la mente. Siempre que la mente esté afectada por algún pensamiento o disposición anímica, dondequiera que surja el sentimiento o la sensación en la mente, simplemente déjala ir. Que estos pensamientos sean buenos o malos, no es importante. No es necesario hacer algo con ellos: sólo déjalos desaparecer y retorna tu atención a la respiración. Mantén la consciencia de la respiración entrando y saliendo, de una manera relajada. No te preocupes si la respiración es demasiado larga o corta. Simplemente obsérvala, sin tratar de controlar o suprimirla de manera alguna. En otras palabras, no te apegues a nada. Permite que la respiración continúe tal cual, y la mente llegará a calmarse. A medida que continúes, la mente gradualmente echará los pensamientos y vendrá a descansar; la respiración se volverá cada vez más liviana, hasta que llegará a ser tan débil que hasta parecerá que no hay más respiración alguna. Tanto el cuerpo como la mente se sentirán livianos y enérgicos. Todo lo que permanezca, será el conocimiento de un sólo punto. Podrás decir, entonces, que la mente había cambiado y alcanzado el estado de calma.

Cuando la mente se agita, re-establece la atención consciente e inhala profundamente hasta no haya espacio para almacenar más aire y, entonces, libéralo todo por completo hasta que no quede nada. Continúa así con otra respiración profunda hasta que tus pulmones se llenen y, entonces, libera el aire otra vez. Hazlo dos o tres veces, después de lo cual, re-establece la concentración. La mente debería estar más calmada. Si algún otro sentido de impresión causase la agitación de la mente, repite el proceso cada vez que sea necesario. Lo mismo pasa con la meditación caminando. Si, mientras caminas, la mente llegue a agitarse, detenla aún, calma la mente, re-establece la consciencia del objeto de la meditación y, luego, continúa caminando. La meditación sentada o caminando, en esencia, son la misma cosa y sólo difieren en términos de la postura corporal que se utiliza.

Algunas veces pueden surgir dudas, por lo cual necesitas tener la atención consciente de ser uno que conoce [1], siguiendo continuamente y examinando la agitada mente en cualquiera de las formas que tome. Esto es lo que significa tener atención consciente. La atención consciente vigila y cuida de la mente. Tienes que sostener este conocimiento y no ser descuidado o tomar el mal camino, sin importar cuál sea el estado que la mente tome.

El truco consiste en tener la consciencia que supervisa la mente. Una vez que la mente esté unificada con la atención consciente, emerge una nueva clase de consciencia. La mente que ha desarrollado la calma se mantiene bajo control por medio de aquella calma, al igual que la gallina se mantiene dentro del gallinero… La gallina es incapaz de vagar afuera, pero sí, puede moverse de un lugar a otro dentro de gallinero. No importa si su caminar es así o asado, porque está dentro de gallinero. De la misma manera, la consciencia que aparece cuando la mente tiene la atención consciente y la calma, no produce molestias. Ningún pensamiento ni sensación que surge dentro de una mente calmada causa daño o alboroto.

Algunas personas no quieren experimentar pensamientos o sensaciones algunos, pero esto no es lo correcto. Las sensaciones surgen dentro del estado de calma. La mente experimenta ambas cosas: las sensaciones y la calma al mismo tiempo, sin que esto la alborote. Cuando hay calma como ésta, no hay consecuencias dañinas. El problema surge cuando “la gallina” sale del “gallinero”. Por el momento puedes estar observando la respiración entrando y saliendo, y entonces, olvidarte de ti mismo, permitiendo que la mente se aleje de la respiración: vuelve a casa, desde las tiendas o desde las diferentes clases de lugares. Quizá, hasta podría pasar una media hora antes de que te percatases repentinamente que estabas suponiendo hacer la meditación y pensases: “oh, pero ¿qué es lo que estoy haciendo?”. Es allí donde tienes que estar especialmente cuidadoso, porque es ahí donde la gallina se sale del gallinero: la mente deja su fundamento de la calma.

Tienes que tener cuidado de mantener la consciencia con la atención y tratar de empujar la mente de vuelta. Aunque usé la expresión “empujar la mente de vuelta”, en realidad la mente no se va a ningún lado. Solamente cambia el objeto de la consciencia. Tienes que hacer que la mente esté justo aquí y ahora. Todo el tiempo que esto sucede, la atención consciente va a estar presente en la mente. Esto se parece a empujar la mente de vuelta pero, en realidad, la misma no se va a ninguna parte, simplemente cambia un poco. Parece como si la mente caminase de ahí para allá, pero de hecho el cambio ocurre en el mismo lugar. Entonces, cuando la atención consciente se re-establece, vuelve instantáneamente. No es que viene de algún lugar; entiende esto: está justo aquí.

Cuando el conocimiento es total y la consciencia es continua e interrumpida en cada momento, esto se llama la presencia de la mente. Si tu atención se desvía de la respiración hacia otros lugares, entonces el conocimiento se interrumpe. Mientras esté la consciencia de la respiración, también está la mente allí. Tan sólo con la respiración y esta constante y continua consciencia, tienes la presencia de la mente.

Tienen que estar ambas: la atención consciente (sati) y la clara comprensión (sampajanna). La atención consciente es el recordamiento y la clara compresión, la auto-consciencia. Inmediatamente, estás consciente de la respiración. Este ejercicio de observar la respiración ayuda a la atención consciente y la clara comprensión a desarrollarse en conjunto. Ellas comparten el mismo trabajo. Tener tanto la atención consciente como la clara comprensión, es como tener a dos obreros para levantar un pesado tronco de un árbol. Imagina a dos hombres que tratan de levantar algún tronco, cuyo peso, sin embargo, es para ellos excesivo. Entonces, otra persona de buena voluntad les mira y se da prisa para ayudarles. De la misma manera, cuando hay la atención consciente y la clara comprensión, surge la sabiduría en este mismo lugar, para ayudar a ambas. Entonces, las tres en conjunto se apoyan mutuamente.

Con la sabiduría habrá la comprensión de los objetos sensoriales. Por el momento, durante la meditación los objetos sensoriales se experimentan dando lugar a sensaciones y estados de ánimo. Podrías empezar a pensar sobre un amigo, pero entonces la sabiduría inmediatamente te estaría diciendo: “esto no importa”, “detente” u “olvídalo”. O, si por ahí aparecen pensamientos sobre dónde vas a ir mañana, la respuesta hubiese sido: “esto no me interesa, no quiero ocuparme en semejantes cosas”. Quizá, empiezas a pensar acerca de las otras personas, entonces, deberías pensar: “no, no quiero involucrarme con esto”. “Salgamos de aquí” o “esto es algo incierto, una cosa insegura”. Ésta es la manera, en la cual deberías lidiar con las cosas durante la meditación: reconociéndolas como “no seguro, incierto” y manteniendo esta clase de consciencia.

Tienes que abandonar todos los pensamientos, el diálogo interior y la incertidumbre. No dejes cautivarte por esas cosas durante la meditación. Al final, todo lo que queda en la mente en su forma más pura, son la atención consciente, la clara comprensión y la sabiduría. Cuando estas cosas flaquean, surgen las dudas, pero trata de abandonar estas dudas inmediatamente, dejando sólo la atención consciente, la clara comprensión y la sabiduría. Trata de desarrollar la atención consciente de esta manera hasta que puedas mantenerla todo el tiempo. Entonces, comprenderás la atención consciente, la clara comprensión y la meditación, completamente.

Enfocando tu atención hacia este punto, vas a ver la atención consciente, la clara comprensión, la mente concentrada y la sabiduría todas juntas. Seas atraído o repelido por los objetos sensoriales externos, vas a ser capaz de decirte a ti mismo: “esto no es seguro”. De cualquier manera, estos sólo son impedimentos que deben ser barridos afuera, hasta que la mente quede pura. Todo lo que debe quedar es la atención consciente y el recordamiento, la clara comprensión y la consciencia, la concentración -una mente firme e inamovible, y la completa sabiduría. Por el momento, voy a decir sólo esto acerca del objeto de la meditación.

NOTA:

[1] Es la traducción literal de una expresión común dentro de la Tradición Tailandesa del Bosque “Poo Roo”, que se refiere a la cualidad de la consciencia de uno mismo.

FUENTE:

AJAHN CHAH (2010) On Meditation: Instructions from talks by Ajahn Chah. Ubon Rachatani, The Sangha of Wat Pah Nanachat.

Traducido y publicado por Isidatta para el Bosque Theravada © 2010

Edición de Bosque Theravada © 2010

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Leído en: bosquetheravada.org/component/k2/item/1982-meditación

Lecturas de Budismo III: Ajahn Chah 

Nuestro Verdadero Hogar (vía bosquetheravada.org)
 
Una plática ofrecida a una discípula laica, ya mayor que se acercaba a su muerte tomada del libro publicado en inglés con el título “Living Dhamma”.
 
Por Ven. Ajahn Chah
 
Ahora determina en tu mente escuchar con respeto el Dhamma. Mientras estoy hablando, estate tan atenta a mis palabras como si fuera el Señor Buddha el que está sentado frente a ti. Cierra tus ojos y ponte cómoda, calmando tu mente y concentrándola. Permite humildemente a la Triple Gema de la sabiduría, verdad y pureza que habite en tu corazón como una forma de mostrar respeto al Completamente Iluminado.
 
Hoy no te he traído nada de sustancia material para ofrecerte, sólo Dhamma, las enseñanzas del Señor Buddha. Deberás entender que incluso el mismo Buddha, con su gran abundancia de virtud acumulada, no pudo evitar la muerte física. Cuando alcanzó una edad avanzada cedió su cuerpo y abandonó la pesada carga. Ahora tú también debes aprender a estar satisfecha con todos los años que has dependido de tu cuerpo. Deberías sentir que es suficiente.
 
Como utensilios de la casa que has tenido por largo tiempo – tazas, platillos, platos, etc. – cuando recién los tenías estaban limpios y brillantes, pero ahora, después de haberlos usados por tanto tiempo, están empezando a desgastarse. Algunos están rotos ya, algunos han desaparecido, y aquellos que han quedado están desgastándose, no tienen forma estable. Y es su naturaleza ser así. Tu cuerpo es igual… ha estado cambiando continuamente desde el día que has nacido, a través de la niñez y la juventud, hasta ahora que has alcanzado la vejez. Debes aceptar eso. El Buddha dijo que las condiciones, ya sean condiciones internas, corporales o condiciones externas, no son uno mismo, su naturaleza es cambiar. Contempla esta verdad claramente.
 
Este trozo de carne acostado aquí en decadencia es realidad[1]. Los hechos de este cuerpo son realidad, son la enseñanza atemporal del Señor Buddha. El Buddha nos enseñó a contemplar esto y hacer las paces con la naturaleza. Tenemos que ser capaces de estar en paz con el cuerpo, no importa en que estado esté. El Buddha enseñó que deberíamos asegurarnos de que sólo el cuerpo es él que está encerrado en la prisión y de no dejar que la mente sea encerrada junto con él. Ahora bien, mientras tu cuerpo comienza a quebrantarse y a desgarrarse con la edad, no te resistas, pero no dejes que tu mente se deteriore junto con él. Mantén separada a la mente. Da energía a la mente dándote cuenta de la verdad de cómo son las cosas. El Señor Buddha enseñó que ésta es la naturaleza del cuerpo, no puede ser de otra manera. Habiendo nacido envejece y enferma y luego muere. Esta es una gran verdad que estás atestiguando ahora mismo. Mira al cuerpo con sabiduría y date cuenta de eso.
 
Si tu casa se inunda y se incendia hasta la base, cualquiera que sea la amenaza, deja que concierna sólo a la casa. Si hay una inundación, no dejes que inunde tu mente. Si hay fuego, no dejes que queme tu corazón. Deja que sea sólo la casa, aquello que está fuera de ti, lo que se inunda o incendia. Ahora es tiempo de permitir a la mente abandonar los apegos.
 
Has estado viva por un tiempo largo. Tus ojos han visto cualquier cantidad de formas y colores, tus oídos han escuchado tantos sonidos, has tenido cualquier cantidad de experiencias. Y eso es todo lo que han sido – experiencias. Has comido deliciosas comidas, y todos aquellos sabores deliciosos han sido sólo deliciosos sabores, nada más. Los sabores feos han sido sabores feos, eso es todo. Si los ojos ven una forma bella, eso es todo lo que es… una forma bella. Una forma fea es sólo una forma fea. Los oídos escuchan un sonido hechizante, melodioso, y no es nada más que eso. Un sonido chirriante, discordante es simplemente eso.
 
El Buddha dijo que rico o pobre, joven o viejo, humano o animal, ningún ser en este mundo puede mantenerse en un estado único por mucho tiempo. Todo experimenta cambio y privación. Este es un hecho de la vida que no podemos remediar. Pero el Buddha dijo que lo que podemos hacer es contemplar el cuerpo y la mente para ver su impersonalidad, que ninguno de ellos son ‘yo’ o ‘mío’. Sólo tienen una realidad pasajera. Es como esta casa, es sólo nominalmente tuya. No podrás llevártela contigo a ningún lado. Lo mismo se aplica a tu riqueza, tus posesiones y tu familia – son tuyos sólo de nombre. No te pertenecen realmente, pertenecen a la naturaleza.
 
Esta verdad no se aplica a ti sola, todos están en el mismo bote – hasta el Señor Buddha y sus discípulos iluminados. Se diferenciaron de nosotros en un aspecto, y es en su aceptación de las formas en que las cosas son. Vieron que no podría haber otra manera.
 
Así que el Buddha nos enseñó a probar y examinar el cuerpo, desde las plantas de los pies hasta la corona, y luego hasta los pies de nuevo. Sólo mira el cuerpo. ¿Qué clase de cosas ves? ¿Hay algo intrínsecamente limpio allí? ¿Puedes encontrar alguna esencia constante? Todo este cuerpo está degenerándose constantemente. El Buddha nos enseñó a ver que no nos pertenece. Es natural para el cuerpo ser de esa manera, porque todos los fenómenos condicionados están sujetos al cambio. ¿De qué forma quieres que sea? En realidad no hay nada de malo en la forma en que el cuerpo es. No es el cuerpo él que causa sufrimiento, es el pensar errado. Cuando ves las cosas en forma errada, es seguro que habrá confusión.
 
Es como el agua de un río. Naturalmente fluye cuesta abajo, nunca fluye cuesta arriba. Esa es su naturaleza. Si una persona fuera y se parara en la orilla del río y querría que el agua fluyera costa arriba, sería tonto. Dondequiera que fuese su pensar tonto no le permitiría tener paz en la mente. Sufriría debido a su visión errada, a su pensar contra la corriente. Si tuviera la visión correcta vería que el agua debe, inevitablemente, fluir cuesta abajo, y hasta que se diera cuenta y aceptara ese hecho estaría aturdido y frustrado.
 
El río que debe fluir cuesta abajo es como tu cuerpo. Habiendo sido joven tu cuerpo se vuelve viejo y está serpenteando hacia su muerte. No andes deseando que sea de otra forma, no es algo que tienes el poder de remediar. El Buddha nos enseñó a ver la forma en que las cosas son y entonces abandonar nuestro apego a ellas. Toma este sentimiento de abandonar como tu refugio. Continúa meditando aún si te sientes cansada y extenuada. Que tu mente esté con la respiración. Haz unas respiraciones profundas y luego asienta la atención en la respiración, usando la palabra-mantra Bud-dho. Haz continua esta práctica. Cuando más extenuada te sientas, tanto más sutil y enfocada debe ser tu concentración, para que puedas con cualquier sensación dolorosa que surja. Cuando empieces a sentirte fatigada entonces lleva todo tu pensar a un alto, deja que la mente se concentre y luego vuelve a reconocer la respiración. Sólo mantén la recitación interna, Bud-dho, Bud-dho.
 
Abandona todo lo externo. No andes aferrándote a pensamientos de tus hijos y parientes, no te aferres a nada. Abandona. Deja que la mente se una en un solo punto y deja que esa mente sosegada permanezca con la respiración. Deja que la respiración sea tu único objeto de conocimiento. Concéntrate hasta que la mente se vuelve cada vez más sutil, hasta que los sentimientos sean insignificantes y haya gran claridad interna y vigilancia. Entonces, cualquier sensación dolorosa que surja cesará gradualmente por su propia cuenta.
 
Finalmente considerarás a la respiración como si fueran algunos parientes que vienen a visitarte. Cuando los parientes se van los sigues afuera pare despedirlos. Miras hasta que han salido del camino de entrada y están fuera de la vista, y entonces vuelves adentro. Miramos a la respiración de la misma forma. Si la respiración es tosca sabemos que es tosca, si es sutil sabemos que es sutil. A medida que se vuelve cada vez más tenue continuamos siguiéndola, al mismo tiempo despertando a la mente. Por último la respiración desaparece completamente y todo lo que queda es la sensación de alerta. Esto se llama encontrar a Buddha. Tenemos la consciencia clara y despierta llamada Bud-dho, él que sabe, él que despertó, él radiante. Esto es encontrar y habitar con Buddha, con conocimiento y claridad. Fue sólo el Buddha histórico él que falleció. El verdadero Buddha, el Buddha que es saber claro y radiante, aún puede ser vivido y alcanzado hoy. Y si lo alcanzamos, el corazón es uno.
 
Entonces abandona, suelta todo, todo excepto el saber. No te engañes si surgen visiones o sonidos en tu mente durante la meditación. Déjalos todos. No te aferres a nada en absoluto, sólo quédate con esta cautela. No te preocupes por el pasado o el futuro, sólo estate quieta y alcanzarás el lugar donde no hay avance, no hay retirada y no hay parada, donde no hay nada a que aferrarse o que asir. ¿Por qué? Porque no hay ‘yo’, no hay ‘yo’ o ‘mío’. Todo eso se ha ido. El Buddha enseñó a vaciarte a ti misma de todo de esta manera, no de llevar algo contigo… saber, y habiendo sabido, soltar.
 
Comprender Dhamma, el camino a la libertad del ciclo de nacimiento y muerte, es una tarea que todos debemos realizar solos. Así que continúa intentando abandonar y comprende las enseñanzas. Esfuérzate en tu contemplación. No te preocupes por tu familia. Ahora son como son, en el futuro serán como tú. No hay nadie en el mundo que pueda escapar este destino. El Buddha enseñó a dejar aquellas cosas que no tienen una esencia realmente constante. Si dejas todo verás la verdad, si no lo haces, no la verás. Así es como es. Y es igual para todos en el mundo. Entonces, no te aferres a nada.
 
Aún si te encontraras pensando, bueno, eso también está bien, mientras pienses sabiamente. No pienses tontamente. Si piensas en tus hijos, piensa en ellos con sabiduría, no con estupidez. A lo que la mente se dirige, piensa en ello con sabiduría, sé consciente de su naturaleza. Saber algo con sabiduría es abandonarlo y no tener sufrimiento por ello. La mente es brillante, alegre, y está en paz. Se aleja de distracciones y está indivisa. Con lo que puedes contar ahora mismo como ayuda y apoyo es tu respiración.
 
Este es tu propio trabajo, y de nadie más. Deja a otros hacer sus propios trabajos. Tienes tu propio deber y responsabilidad, no necesitas asumir los de tu familia. No asumas nada más, deja ir todo. Este dejar todo hará calma a tu mente. Tu única responsabilidad ahora mismo es enfocar tu mente y llevarla a la paz. Deja todo lo demás a los otros. Formas, sonidos, olores y gustos… deja que los otros los observen. Deja todo atrás y haz tu propia labor, cumple tu propia responsabilidad. Lo que surja en tu mente, sea miedo al dolor, miedo a la muerte, ansiedad por otros, o lo que sea, dile: “No me estorbes. Ya no me conciernes más”. Continúa diciendo esto a ti misma cuando ves surgir estos dhammas.
 
¿A qué se refiera la palabra dhamma? Todo es dhamma, no hay nada que no sea dhamma. ¿Y qué del ‘mundo’? El mundo es el mismo estado mental que te está agobiando en este momento. “¿Qué harán? Cuando me haya ido, ¿quién cuidará de ellos? ¿Cómo se las arreglarán?” Esto es todo solamente el ‘mundo’. Incluso el simple surgir de un pensamiento temiendo la muerte o el dolor es el mundo. ¡Tira al mundo! El mundo es como es. Si le permites que domine tu mente, ésta se vuelve turbia y no puede ver por sí misma. Así que sea lo que sea que aparezca en la mente, sólo dile: “No es mi asunto. Es impermanente, insatisfactorio y no-yo.”
 
Pensar que quisieras seguir viviendo por mucho tiempo te hará sufrir. Pero pensar que quisieras morir enseguida o rápidamente no es correcto tampoco. Es sufrimiento, ¿no es cierto? Las condiciones no nos pertenecen, siguen sus propias leyes naturales. No puedes hacer nada respecto a la forma en que el cuerpo es. Puedes embellecerlo un poco, hacerlo atractivo y limpio por un momento, como las jovencitas que pintan sus labios y dejan crecer sus uñas, pero cuando la vejez llega, todos están en el mismo predicamento. Así es como es el cuerpo, no puedes hacerlo de otra forma. Lo que puedes mejorar y embellecer es la mente.
 
Cualquiera puede construir una casa de madera y ladrillos, pero el Buddha enseñó que esa clase de hogar no es nuestro verdadero hogar, sólo es nominalmente nuestro. Es un hogar en el mundo y sigue las maneras del mundo. Nuestro hogar real es la paz interior. Un hogar externo, material, bien puede ser bonito pero no es muy tranquilo. Existe esta preocupación y luego aquella, esta ansiedad y luego aquella. Así que decimos que no es nuestro verdadero hogar, está fuera de nosotros. Más tarde o más temprano tendremos que abandonarlo. No es un lugar donde podemos vivir permanentemente porque no nos pertenece realmente, pertenece al mundo. Nuestro cuerpo es igual. Lo tomamos como un yo, como ‘yo’ o ‘mío’, pero en realidad no es así en absoluto, es otro hogar mundano. Tu cuerpo ha seguido su curso natural desde el nacimiento, hasta ahora que está viejo y enfermo, y no puedes prohibirle que lo haga. Es así como es. Desear que sea diferente sería tan tonto como querer que un pato sea como un pollo. Cuando ves que eso es imposible – que un pato tiene que ser un pato y un pollo tiene que ser un pollo, y que los cuerpos tienen que envejecer y morir – encontrarás coraje y energía. No importa cuanto desees que el cuerpo siga durando, no lo hará.
 

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EL PASTOR

Este relato evocó en mí viejas historias de mis familiares que emigraron de la campiña gallega hacia la ciudad de Buenos Aires… Me conmueve que aún existan en algunas tierras españolas pastores y, seguramente, pastoras. Mi madrina, Esperanza, me hacía reír cuando me contaba que, de vez en cuando, se le escapaba alguna oveja y tenía que chiflar para pedir ayuda a alguno de su casa y poder correr a recuperarla. Gracias Julie!

PERCEPCIONES

Hoy pasó por mi puerta con su rebaño, con su zurrón, su vara o cayado, sus dos perros y casi dos centenas de ovejas todavía sin esquilar y otras tantas cabras. Ahora el cerro y el prado están verdes, hay hierba y pasto suficiente para el ganado. Jesús, el pastor de mi pueblo,  es un hombre joven,  amable, sonriente, sabio.  Me habla de los corderos, de los precios de la carne, de la leche, de lo difícil que es sobrevivir en estos tiempos donde los impuestos y los gastos no armonizan con sus esfuerzos. La burocracia establecida es demasiado exigente y apenas tiene ganancias para sobrevivir. El pastor es la persona que más sabe del tiempo, de sus ovejas y de la naturaleza. Desde niño aprendió a salir al campo, aprendió esas tareas duras de dirigir al rebaño por las cañadas y respetar las normas agrícolas. Las nuevas tecnologías lo…

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La conversación: algunas reglas

Desde el Archivo/2010…

“Para ser agradable en una conversación, débese, pues:

Charlas-de-cafe

1. Hablar poco y escuchar mucho: Dios nos ha dado una sola boca y dos oídos.

2. Hablar con tono moderado, gracioso y natural, sin acento defectuoso.

3. Evitar la grosería, la trivialidad, y todo cuanto pueda ofender un oído delicado.

4. Sin ser purista, velar por la corrección y la elegancia del lenguaje, respetando los fueros de nuestra hermosa lengua castellana.

5. Hablar a cada cual de lo que mejor conozca o de lo que más le agrade.

6. Hablar muy pocas veces de sí mismo, de su familia, de sus negocios propios: el yo es siempre odioso.

7. Saber guardar un secreto, y no hacer nunca preguntas indiscretas.

8. Mostrarse benévolo, sin adulación; sincero, sin rudeza; siempre amable.

9. Saber escuchar.”

Leído y copiado de: “Manual de Urbanidad”, por H.E.C., Nueva Edición Refundida, Librería de José Moly, Buenos Aires.