Recordando al poeta García Lorca

agosto 17, 2018

(Vía revista La Barraca*)

El mono azul de García Lorca – 30 Mar, 2018 – por Alfredo Valenzuela

Sevilla, 29 mar (EFE).- “El mono azul” fue la revista de los intelectuales antifascistas en la Guerra Civil, también el uniforme de los milicianos al principio de la contienda, hasta una novela de Aquilino Duque se titula así, y el mono azul fue igualmente el “uniforme” de los actores de la compañía La Barraca de García Lorca.

Así lo explicó el poeta granadino, del que se conservan retratos con ese uniforme, al periodista Georges Lorant-Briennë en unaentrevista para la revista francesa “La Comedie” -publicada el 8 de noviembre de 1933– que ahora ha sido publicada en un libro, junto con otras treinta entrevistas a García Lorca, y que no se incluyó en la reciente edición de “Palabra de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas”, publicada el año pasado por Malpaso.

Esa pregunta –¿por qué van vestidos con mono azul?– fue la primera que Lorant-Briennë le formuló al poeta, apremiado por la curiosidad, a lo que el granadino, respondió que era “el uniforme de “La Barraca”, su legendaria compañía teatral.

Añadió: “Mire usted el emblema que llevamos en el traje, compuesto por una rueda y una máscara. Es la insignia de ‘La Barraca’. Es una institución creada y subvencionada por el Ministerio de Instrucción Pública, para hacer posible mostrar al pueblo los clásicos españoles, en particular Cervantes, Calderón y Lope de Vega”.

La entrevista del periodista francés es la que cierra el volumen“Treinta y una entrevistas a Federico García Lorca”(Entornográfico Ediciones), una selección de entrevistas en edición crítica de Andrés Soria Olmedo, catedrático de Literatura de la Universidad de Granada, especialista en la Generación del 27.

Las entrevistas como fuente documental, biográfica e histórica pero también literaria, “constituyen un conjunto muy sustancioso, que encierra atractivos específicos e insustituibles para conocer determinados aspectos de la obra y la vida del poeta”.

Para el profesor, las entrevistas son una fuente de tal magnitud que “pueden considerarse como vestíbulos de entrada y salida del texto, umbrales donde se entrevera lo íntimo de la escritura del poema o el drama con lo público del intercambio social”.

Aunque el asesinato del poeta “ha adquirido un valor simbólico duradero, como emblema de las víctimas de la Guerra Civil”, García Olmedo advierte de que su fama “no es absoluto póstuma”, sino que, como demuestran estas entrevistas, García Lorca “alcanzó en vida una notoriedad continuada y creciente que puede calibrarse por la atención periodística que recibió en los ámbitos local, nacional e internacional”.

De la entrevista de Lorant-Briennë supone “un retrato bastante exacto de lo que un clásico llamó la hora y la sazón de aquel momento”, según Soria Olmedo, quien incide en cómo el periodista francés se dejó impresionar por “el poder simbólico del mono azul que vestían ‘los barracos’, en contraste con la formalidad de la Residencia de Estudiantes, donde ensayaban”.

De aquellos jóvenes universitarios vestidos con mono azul, explicó García Lorca a su entrevistador francés que “gracias a su cultura conocen a fondo a sus clásicos. Los han estudiado a fondo, saben qué pasajes son los más característicos e intentan ponerlos de relieve para interesar a los espectadores”.

Y añade sobre los jóvenes que en mono azul recorrían los pueblos y las aldeas de España acercando la cultura a las gentes: “Este teatro de vulgarización es por tanto un teatro de universitarios y ellos no tienen pretensiones artísticas: No olvidan que son sobre todo educadores y en este sentido es como desempeñan sus papeles”. EFE

*Leído en: https://www.revistalabarraca.com.ar/el-mono-azul-de-garcia-lorca/

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Retrato de García Lorca – Alfonsina Storni

agosto 15, 2018

El poeta murió en Granada, el 19 de agosto de 1936, fusilado tras el golpe de Estado que dio origen a la Guerra Civil Española. Así lo recordó nuestra Alfonsina… 

Buscando raíces de alas
la frente
se le desplaza
a derecha
e izquierda.

Y sobre el remolino
de la cara
se le fija,
telón del más allá,
comba y ancha.

Una alimaña
le grita en la nariz
que intenta aplastársele
enfurecida…

Irrumpe un griego
por sus ojos distantes.

Un griego
que sofocan de enredaderas
las colinas andaluzas
de sus pómulos
y el valle trémulo
de su boca.

Salta su garganta
hacia afuera
pidiendo
la navaja lunada
de aguas filosas.

Cortádsela.
De norte a sud.
De este a oeste.

Dejad volar la cabeza,
la cabeza sola,
herida de ondas marinas
negras…

Y de caracolas de sátiro
que le caen
como campánulas
en la cara
de máscara antigua.

Apagadle
la voz de madera,
cavernosa,
arrebujada
en las catacumbas nasales.

Libradlo de ella,
y de sus brazos dulces,
y de su cuerpo terroso.

Forzadle sólo,
antes de lanzarlo
al espacio,
el arco de las cejas
hasta hacerlos puentes
del Atlántico,
del Pacífico…

Por donde los ojos,
navíos extraviados,
circulen
sin puertos
ni orillas…

Alfonsina Storni

Leído en: villacrespomibarrio (el periódico digital -que también sale en papel- de Villa Crespo, un barrio de Buenos Aires).

Tarjeta con frase: Saber no sabido

agosto 13, 2018

Vía Velos de Faltas

“No subestimes lo inconsciente, que es un saber no sabido.”

Memorias del Mayo francés del 68: “Seamos realistas, pidamos lo imposible.” 

agosto 9, 2018

A 50 años del Mayo francés… dos notas alusivas:

(Image may be subject to copyright)

¿Pasó algo en Mayo del 68?, por Oscar Marcano

La revuelta estudiantil más conspicua de la historia cumple cincuenta años. Revolución o no, generó una poética tal que aun hoy panegiristas y detractores debaten sobre sus efectos. Sin demasiadas certezas pero con innegable creatividad, del 3 de mayo al 16 de junio de 1968 se desató un huracán que arrebató al célebre Quartier Latin e inoculó al mundo.

Nunca se imaginaron los estudiantes de Humanidades de Nanterre que protestaban por la detención de los miembros del “Comité Nacional contra la Guerra de Vietnam” la que se armaría. Bajo las consignas de “La imaginación al poder”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible” o “Prohibido prohibir”, no solo se alzaron barricadas y llovieron adoquines sobre París, sino que se hizo patente la luminosa frase de Camus (el gran ausente, por su fallecimiento prematuro) cifrada diecisiete años antes en El hombre rebelde: “Cada rebelión es nostalgia de inocencia y apelación al ser”.

Al estallar, las protestas son reprimidas, pero en lugar de aplacarse escalan. Sorprendentemente, los estudiantes reciben el apoyo de los trabajadores. Sorprendentemente, pues Francia vivía los llamados Trente Glorieuses, un período de auge económico que duraría hasta principio de los 70, cuando en virtud de la guerra de Yom Kippur y el embargo petrolero impuesto por los países árabes contra Occidente por su apoyo a Israel, se disparó el precio del crudo de 4 a 12 dólares en 1974. Hasta entonces, Francia contaría con una moneda firme y una clase obrera que, superando las privaciones de la posguerra, disfrutaba de un mejor estándar de vida.

Aun así los trabajadores se vuelcan al conflicto. Empresas como Renault y la constructora aeronáutica Sud Aviation son ocupadas, y el paro en ciudades como París, Lyon y la región de Normandía es total. Rápidamente se suman los ferrocarriles nacionales, el transporte público, los controladores de tráfico aéreo, los astilleros, trabajadores metalúrgicos, del gas, el carbón y la banca: una gigantesca huelga que algunos calculan en 9 millones de personas y que moviliza casi toda la fuerza laboral del país.

París era una fiesta detrás de las barricadas. Y fiel al viejo dicho, tuvo fiebre y tembló Francia entera. La nación estaba paralizada. En pleno caos renuncian ministros. De Gaulle se tambalea. Mitterrand exige su dimisión y propone un gobierno provisional. Aduce que desde el 3 de mayo no hay Estado y se postula como candidato a la presidencia. El 29, De Gaulle deja París. Se dirige a Baden Baden a reunirse con el general Massu, comandante de las fuerzas francesas acantonadas en Alemania. A su regreso, al día siguiente, cuando todos lo consideran vencido, disuelve la Asamblea Nacional y llama a elecciones parlamentarias para el 23 de junio. Miles de franceses se vuelcan a la calle en su apoyo. Decreta aumentos salariales, flexibiliza las medidas contra los estudiantes y consigue un aplastante triunfo electoral.

En su mensaje de fin de año, el 31 de diciembre de 1968, resuella: “Enterremos finalmente a los diablos que nos han atormentado durante el año que se acaba”.

¿Muerto el perro se acabó la rabia?

Si bien el poder resultó indemne a la asonada –el movimiento jamás se planteó tomarlo–, el respeto por la autoridad no volvió a ser el mismo. Las viejas tradiciones, así como el prestigio de padres, maestros, gobernantes, iglesia, estamento militar –de la institucionalidad toda–, rodó como el jinete que cae de su cabalgadura. Y aunque el Mayo francés no virulentó el establishment ni modificó estructura política o económica alguna, inauguró una nueva mirada. Muchos distinguen en aquella osadía una vuelta de tuerca en favor del avance de la libertad. Otros encuentran en ella la depauperación, el empobrecimiento de las formas, educación incluida.

Para Jean-Paul Sartre, “al principio, los estudiantes se rebelaron contra las llamadas reformas educativas (…), según las cuales debían decidir a los dieciséis o dieciocho años qué querían hacer con sus vidas. Los jóvenes se negaron. Querían poder leer a Goethe al tiempo que estudiaban la física no euclidiana de Riemann. Pero al sumar fuerzas, su rebelión se convirtió en una forma de rechazo al Estado, y desapareció el motivo original de las manifestaciones, convertidas en una especie de lucha de clases en la que quienes luchaban eran los jóvenes amenazados por el paro. Cuando se les unieron los trabajadores, pasó a ser una contienda de marginados contra dirigentes, en la que los primeros estaban representados por cualquier persona harta de actuar según el código definido por «esa gente» —es decir, los mayores, los ricos, aquellos que se habían graduado en las grandes écoles, los medios de comunicación, los que marcaban tendencias, la Iglesia, todas las iglesias—; en suma, los que se consideraban «la élite».

Jean-Pierre Le Goff, filósofo presente en las barricadas, sostiene que Mayo del 68 “introdujo una flexibilidad en las relaciones sociales y humanas entonces inimaginable (…) Francia se desprendió de los últimos despojos del siglo XIX, del moralismo católico y su glorificación del dolor. Surgió una mentalidad hedonista y se dejó de sentir el peso de los muertos. La sacralidad y verticalidad del Estado fueron puestas en duda”.

Para el expresidente Nicolás Sarkozy, constituyó el origen de todos los males modernos de Francia y Europa: Hay que “liquidar la herencia de Mayo del 68”, vociferó en su campaña presidencial de 2007. Quiso el destino que por financiación ilegal este año fuese detenido en Nanterre, el mismo distrito del departamento de Altos del Sena en cuya universidad se diera el aldabonazo del movimiento que, a su ver, “confundió el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo”.

Fernando Savater reconoce cierta nostalgia romántica en esa época. “La conclusión de aquella revolución de 1968 es que no hay un dogma o catecismo único, sino que hubo muchos mayos, casi tantos como países”.

Gilles Lipovetsky, el pensador de la soledad creciente, considera que “Mayo del 68 fue la primera revolución en presente. Todos los otros grandes movimientos de la historia fueron revoluciones para el futuro, que convocaban al sacrificio y la muerte. La primavera juvenil de 1968 desdeñó ese sentido trágico de la historia para protagonizar la primera revolución lúdica y pacífica”.

Por el contrario, Eric Hobsbawm escribe en su Historia del siglo XX, que “las revueltas resultaron eficaces, fuera de proporción (…) y, sin embargo, no fueron auténticas revoluciones” (…) “Para los trabajadores (…) fueron solo una oportunidad para descubrir el poder de negociación industrial que habían acumulado, sin darse cuenta, en los 20 años anteriores”. Y es que para la mayoría de los pensadores marxistas, Mayo del 68 fue una revolución traicionada. Rechinando los dientes, responsabilizan en su despecho a sus camaradas del Partido Comunista francés y de la Confederación General del Trabajo el haber desperdiciado un movimiento de masas sin precedentes, y no haberlo convertido en otra experiencia colectivista, de corte estalinista o maoísta.

Raymond Aron, por su parte, calificó el polvorín como un psicodrama: “No conozco otro episodio de la historia de Francia que me haya dejado el mismo sentimiento de irracionalidad”, escribió. Y Régis Debray (Mayo del 68, una contrarrevolución exitosa) asegura que fue el ingrediente cabal del capitalismo para imponer el modelo neoliberal: “Si la república burguesa celebra su natalicio en la toma de la Bastilla, celebrará el renacimiento en la toma de la palabra del ‘68”.

El líder más visible del movimiento, Daniel Cohn-Bendit, “Dany el rojo” (“por el color del pelo, no por mis ideas”, alerta), opina que hay que dejar atrás el asunto. En su libro Forget 68 (2008), celebra las ideas de aquella floración que impactó al mundo junto al movimiento hippie, la revolución sexual y el movimiento contra la segregación racial de Martin Luther King, pero pide a los jóvenes que constituyan otra agenda. “Las interminables conversaciones de mayo de 1968 suelen ser una forma de evitar hablar sobre los problemas de hoy”.

Tras una reunión con Sarkozy cuando era presidente, Cohn-Bendit le obsequió un ejemplar de su libro, con la siguiente dedicatoria: “Para Nicolás. ¿Para cuándo la imaginación al poder?” Y coincide con Savater en que incluso el líder de centro-derecha, sometido hoy a juicio, es un producto de Mayo del 68: “¿Quién hubiera imaginado antes un presidente con dos divorcios en el Elíseo?”.

Mayo del 68 parece destinado a mantenerse indefinidamente en la polémica. Y en una gama que va desde los que reconocen que su onda expansiva, antiautoritaria, se hermana a un movimiento mayor que incluye toda la gesta liberadora de fines de los sesenta, Primavera de Praga incluida, hasta los que, como Michel Houellebecq, con su desdén característico, se preguntan: “¿Acaso pasó algo en Mayo del 68?”.

Julio Cortázar, que residía en París desde 1951 y que debió haberlo vivido de cerca, no ocultó su identificación con la tolvanera estudiantil, y en Noticias del mes de mayo, (Último Round, 1969) sentimentalmente escribe:

Sí, nuestros sueños

Una vez más los sueños golpeando como ramas de tormenta

en las ventanas ciegas

Una vez más los sueños

la certidumbre de que Mayo

puso en el vientre de la noche

un semen de canción de antorcha la llamada

tierna y salvaje del amor que mira hacia lo lejos

para inventar el alba el horizonte (1968,117)

Leído en: https://prodavinci.com/paso-algo-en-mayo-del-68/

(Image may be subject to copyright)

El 68 – Memoria de Mayo – 4 May, 2018 – por Noé Jitrik – (vía revista La Barraca) 


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Tarjeta con frase: Si no comprendes quién fuiste

agosto 5, 2018

Vía Velos de Faltas…

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