Modales urbanos

marzo 5, 2015

Compartiendo entradas del Archivo (2010): …

“La urbanidad de los modales tiene por objeto el conocimiento y la práctica de las reglas de la cortesía y de las leyes de la etiqueta.

La urbanidad (ars vívendi) consiste esencialmente en las formas exteriores; es el ceremonial de la gente bien educada. Si no infunde en todos los casos bondad, equidad, complacencia y gratitud, virtudes que supone la urbanidad del corazón, por lo menos reviste a los hombres con las apariencias de aquéllas y hace que parezcan exteriormente lo que son dentro de sí mismos, — o mejor dicho, lo que debieran ser.

Obligado a vivir en el mundo, no puede uno ignorar sus usos, sus costumbres, su lenguaje, todo cuanto nos exige en las diversas circunstancias de la vida, so pena de pasar por un hombre falto de educación. Los modales, que descuidamos como cosa de poca monta, son precisamente lo que hace que los hombres opinen bien o mal de nosotros (LA BRUYERE).

Para su deluda aplicación, requieren las reglas de cortesía muchísimo tino. So pretexto de urbanidad, no debe uno carecer de naturalidad, mostrarse obsequioso en demasía ni encogido; ha de hermanarse cierta dignidad con mucha soltura y despejo.

Sin la urbanidad del corazón, la de los modales no puede ser duradera. Esta se agotaría como esos arroyos efímeros originados por una tormenta, y que el primer viento o el primer rayo de sol hacen desaparecer.

Flor-2vinieta

La urbanidad del corazón se relaciona con las cosas íntimas ; nos enseña a amar al prójimo y a sacrificar nuestra felicidad en aras de la ajena. No es sino la amable caridad que San Pablo caracteriza tan bien cuando dice: Es paciente, bienhechora, no es envidiosa. No piensa en lo malo, no busca sus propios intereses, nada hace contra el decoro. Todo lo cree, todo lo soporta, todo lo sufre.

Causa a veces admiración encontrar en los campesinos un tino exquisito, y una idea exacta de los buenos modales. Aunque poco ilustrados, no dejan de ser amables, porque practican la caridad, que los hace modestos, indulgentes y benévolos. Entre los montañeses, dice San Francisco de Sales, he hallado no pocas veces esa buena y maravillosa sencillez que constituye la perfecta urbanidad, y que el mundo, por cortés y fino que sea, no siempre conoce.

Quien posee tan sólo la urbanidad del corazón bien podrá equivocarse acerca de la forma de un sombrero, del color de una corbata, del modo de entrar en un salón…; pero, siendo bondadoso y compasivo, dejará el mejor lugar a un enfermo, no permanecerá sentado en presencia de un anciano en pié, etc.

A todos es útil la cortesía y urbanidad, pero lo es de un modo especial a los jóvenes, que han de crearse una situación o abrazar una carrera. ¡ Cuántas situaciones se han malogrado, no tanto por falta de saber, cuanto por falta de urbanidad!

Un joven secretario de embajada preguntaba cierto día a un encanecido diplomático lo que convenía hacer para salir airoso en su carrera: Sed urbano, contestó éste, y vuestro acierto queda asegurado. ¡ Cuántas negociaciones, a veces importantísimas, se han frustrado por causa de una descortesía !

El hombre cortés y urbano a todos agrada; gusta su conversación, búscase su trato y con placer se traban con él relaciones ya de negocios o ya de amistad. Lo mismo que la piedad, la urbanidad, que es una de las formas de la caridad, es útil para todos.

El mundo suele tener en poco la ciencia de los individuos. Clasifica entre la gente mal educada, a personas muy ilustradas que manifiestan cierto menosprecio hacia las convenciones sociales y las reglas de la buena educación.

Invitado a almorzar en casa de su amigo Desporles, llegó el poeta Malherbe cuando se hallaban los convidados a la mesa. Desporles se levantó para recibirle diciéndole: Voy a traerle la nueva edición de mis poesías. — No corre prisa, le contestó Malherbe, prefiero su sopa. Profundamente ofendido, se mostró Desporles muy reservado y frío durante la comida y, desde entonces, cortó toda relación con su antiguo amigo.”

Fuente: “Manual de Urbanidad”, por H.E.C., Nueva Edición Refundida, Librería de José Moly, Buenos Aires. Un libro-re-contra-viejo

Pintores en Argentina: Sergio Sergi

marzo 3, 2015

Paseando por el Museo Nacional de Bellas Artes

El copetín Autor: Sergi, Sergio (Hocevar, Sergio) Nacionalidad Italiano (Italia, Trieste, 1896 – Argentina, Mendoza, 1973) Origen: Donación Club de la Estampa de Buenos Aires, 1971 Escuela: Argentina S.XX Técnica: Xilografía Objeto: Grabado Soporte: sobre papel Medidas: Estampa: 47,3 x 32,4 cm. Soporte: 47,5 x 32,5 cm. Ubicación: MNBA Neuquén.

Reseña: http://www.artedelaargentina.com.ar/artista.php?id=3&id_art=165

PD: Me encantó esa silla “vacía” con forma de mujer que me hace pensar en estar sólo pensando en alguien que no está, o estar con alguien que es como si la silla estuviera vacía… o cuántas veces ese hombre habrá estado en esa misma situación… pero ¿qué habrá querido decir el artista?

Día de sol. Día gris. Quinquela Martín

marzo 1, 2015

Mirando pinturas…

Marzo 1, 1890. Natalicio del pintor Benito Quinquela Martín.

Quinquela-diadesol

“El 20 de marzo de 1890 fue dejado en la Casa de Expósitos un niño que se suponía había nacido tres semanas antes, es por eso que el día de su nacimiento fue consignado como el 1º de marzo.

Fue bautizado con los nombres de Benito Juan y se le asignó el apellido Martín. Su primer nombre fue en razón de ser bautizado el día de San Benito Abad, el 21 de marzo. Casi ocho años después, el 16 de noviembre de 1897 es adoptado por el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina, quienes vivían en la Boca del Riachuelo, donde vivió toda su vida el maestro.

Cursó tan solo los dos primeros grados de la primaria, y luego se dedicó a repartir el carbón que sus padres vendían a los vecinos del barrio.

Cuando cumplió 15 años su padre lo convocó a trabajar con él, que descargaba carbón en el puerto, y a pesar de su físico poco adecuado para la tarea, puso empeño y rapidez y le pusieron el apodo de “el Mosquito”.

Al poco tiempo, a los 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura, con el italiano Alfredo Lázzari, quien fue su único maestro. Completó su formación autodidacta a través de lecturas en la biblioteca del Sindicato de Caldereros, y allí descubrió el libro “El Arte” del escultor francés Auguste Rodin, que lo llevó a dedicar su vida a la creación artística.

Cuando cumplió 20 años expuso por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 se le diagnostica un principio de tuberculosis y se traslada a Córdoba para curar su enfermedad. Allí realiza una serie de paisajes junto al maestro Walter de Navazio. Retorna a los seis meses milagrosamente curado y convencido que debe reflejar, como decía Rodin, únicamente su vida y su ambiente, es decir pintar su lugar: La Boca del Riachuelo.

Fue además un notable filántropo y donó en su barrio terrenos para la construcción de escuelas y establecimientos de salud. Cedió al Estado gran parte de su obra y construyó el teatro de la Ribera.”

Quinquela-diagris

Leído en: VillaCrespoDigital, un periódico de mi barrio.
Las imágenes: En la web del MuseoDeArteTigre: “Día de Sol” y “Día Gris”.

Promedio hipotético: Seis grados de separación

febrero 27, 2015

“El mundo es un pañuelo”

Por Adrián Paenza*

“Seguro que usted, de una u otra forma, escuchó hablar de los “seis grados de separación”. Seguro que usted también se habrá preguntado: ¿seis “grados”?, ¿grados de qué?, ¿de separación de qué?, o ¿de quién? Téngame un par de párrafos de paciencia y buscamos juntos algunas respuestas. Sígame por acá.

6grados¿Cuántas personas conoce usted? Ya sé, muchísimas. A casi todos nos pasa lo mismo. Sin embargo, quiero ser un poco más cuidadoso con lo que quiero decir por “conocer”. Por ejemplo, usted seguro que escuchó hablar de Maradona y, por lo tanto, podría decir que lo conoce. Pero yo no me refiero a esa forma de conocer a alguien. No. Digamos que para decir que uno “conoce” a alguien tiene que haberle dado la mano alguna vez. Aunque haya sido en una sola oportunidad. Sigo.

Voy a decir entonces que todas las personas que usted “conoce”, están a un grado de distancia de usted. Es sólo una forma de medir esa distancia. Ahora bien. Cada persona que usted conoce, tiene a su vez, un grupo de “conocidos”. Seguramente, hay muchos de ellos que son conocidos suyos también, pero casi seguro que hay otros que no tienen ni tuvieron ningún contacto con usted. Bien. Justamente esos, están a dos grados de separación de usted.

Por ejemplo: como yo alguna vez le di la mano a Maradona y a Michael Jordan, toda persona que me conoce a mí, está a distancia dos de ellos (salvo que los conozcan por las suyas). Y viceversa. Más aún: como Maradona le dio la mano a Fidel Castro y a Hugo Chávez, eso significa que yo estoy a distancia dos de ellos, pero mi hermana Laura que no conoce a Diego –creo–, está a distancia tres de los presidentes. Pregunta: los hijos de mi hermana (mis sobrinos), ¿a qué distancia están de Fidel y de Chávez? (piense la respuesta antes de seguir). Si pensó que estaban a cuatro, la/lo invito a pensar de nuevo (pero hágalo antes de seguir leyendo). Es que como yo –obviamente– conozco a mis sobrinos, ellos también están a distancia tres de los presidentes de Cuba y Venezuela, sin necesidad de usar a mi hermana como intermediaria.

Ahora vuelvo al problema original de los “seis grados de separación”. Hay una teoría que está dando vuelta desde principios del siglo XX, más precisamente desde 1929, cuando el escritor húngaro Frigyes Karinthy escribió en una historia llamada “Cadenas” lo siguiente: “Dadas dos personas cualesquiera en el mundo, en promedio, están a seis grados de separación.” Hasta allí, pocos prestaron atención a este resultado que parecía más de ficción que de posible realidad.

En 1950, Ithiel de Sola Pool desde el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y Manfred Kochen (de IBM) quisieron probar la teoría usando recursos matemáticos, pero no pudieron. Pero, 17 años más tarde, en 1967, el sociólogo Stanley Milgram condujo un experimento desde Harvard (ver subnota) y concluyó que la teoría ¡era cierta! De todas formas, si bien este resultado causó en principio asombro y, por supuesto, incredulidad, parecía un tema menor y sólo reducido al ámbito de una observación más dentro del área de las Ciencias Sociales. En todo caso, no parecía tener ninguna consecuencia seria. Sin embargo, el tema fue reflotado treinta años después por dos matemáticos norteamericanos, Duncan Watts y Steven Strogatz, profesores en las universidades de Columbia y Cornell, respectivamente. Los dos pretendieron “recrear” las condiciones de Milgram, pero ahora, aprovechando las técnicas más modernas que ofrecía el siglo XXI. Por ejemplo, usar Internet. Watts, que estaba haciendo su tesis doctoral, decidió usar los “correos electrónicos” en lugar de las encomiendas o cartas que usaba el experimento de Milgram. Y también se sorprendió.

Eligió cerca de 50.000 personas para que fueran los que “mandaran” los correos electrónicos. Ellos serían los encargados de “iniciar” las cadenas. Pertenecían a 157 países. A cada uno de ellos le encomendó ponerse en contacto con un “destinatario final” seleccionados de una lista de 19 personas. Después de ordenar los resultados, Watts y Strogatz descubrieron que el promedio de intermediarios había sido… ¡seis personas!

Watts publicó un libro con sus investigaciones (Six Degrees: The Science of a Connected Age, publicado por la editorial Norton en el año 2003). Allí hay un detalle de los diferentes usos que él encontró para la teoría. Entre otros, se utiliza para estudiar la transmisión de enfermedades contagiosas (por ejemplo el sida), para entender cómo se expanden las epidemias, o cómo se esparcen los rumores (incluso el famoso “boca en boca”), en la teoría de redes, en la teoría de grafos, para el diseño de circuitos en algunas computadoras, para saber cómo la gente busca (y encuentra) trabajo, para el análisis de cómo funcionan los “buscadores” de Internet como Google, Yahoo, Altavista, etc.

Con este tema, además, se han hecho una película y una obra de teatro: Seis Grados de Separación, de John Guare, y Small World (Mundo Pequeño), una obra escrita por el novelista británico David Lodge. Además, hay comprobaciones en curso que tienen más que ver con otros aspectos de la vida real. Una involucra al famoso actor Kevin Bacon. Watts y Strogatz tomaron una base de datos en donde figuran todos los actores/actrices que hayan actuado alguna vez en alguna película (“incluyendo películas mudas o hechas en la India, o lo que sea”, como dice Strogatz). Allí figuran más de 350.000 actores y, naturalmente, cada vez la cantidad es mayor. Los que participan usan esta base de datos para jugar al juego llamado “Seis Grados de Separación de Kevin Bacon”, que permite calcular la distancia a la que está todo posible actor del propio Bacon. Aquellos que trabajaron con él en alguna película, están a distancia uno. Los que no lo hicieron, pero trabajaron con alguno que sí trabajó con él, están a distancia dos. Y así siguiendo.

Los datos que figuran más arriba están basados en artículos publicados por Polly Shulman en 1998 en la revista Discover, por Will Knight en el año 2003 en la revista New Scientist y por Thomas Berman en el 2006 de la cadena ABC. Los aciertos, obviamente, son todos de ellos. Las erratas, en cambio, me pertenecen exclusivamente.”

*Adrián Paenza: http://es.wikipedia.org/wiki/Adrián_Paenza

Leído en: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-97003-2008-01-04.html. Allí también: El experimento de Stanley Milgram

Discreción e indiscreciones

febrero 25, 2015

Compartiendo entradas del Archivo (2010):

“La discreción es una cualidad preciosa, que duplica el valor de todas las demás.

Consiste en no ser nunca importuno, en no abusar de nada, en respetar el tiempo y la libertad de los demás, lo mismo que sus secretos.

Todo el mundo está obligado a ella. No hay persona que no tenga que guardar silencio sobre ciertas cosas íntimas referentes a su familia, amigos o conocidos; que no deba evitar la grosera indiscreción de escuchar junto a las puertas, de leer cartas o papeles dejados en un escritorio; que no tenga el deber de no revelar un secreto que la confianza o la casualidad le han confiado.

Leer una carta dirigida a otro es indiscreción imperdonable, delito contra el honor, y proceder de hombre descortés.

Es igualmente grave indiscreción el tratar de adivinar, por el examen de un sobre, de dónde viene una carta, por quién fue escrita, y forjar sobre esto suposiciones más o menos fantásticas.

Ciertas personas, devoradas por el deseo de saberlo todo, se vuelven molestas en extremo por sus preguntas indiscretas acerca de la familia, la fortuna, la vida íntima…

Desoídas la primera, la segunda o la tercera vez, no se conforman con ello, volviendo a la carga hasta que su curiosidad queda satisfecha, y este deseo de conocerlo todo las hace insoportables, atrayendoles muchos enemigos.

La curiosidad, hermana de la indiscreción, si no es vicio del corazón, es defecto propio de los niños y una manía de los tontos. Puede llegar a ser intolerable.

Sólo un hombre falto de corazón y educación podrá aprovecharse de una cordial hospitalidad para penetrar en los secretos de una familia y descorrer el velo de sus íntimas miserias.

El hogar doméstico es sagrado, y abrir sus puertas a todos con chismes y habladurías indiscretas es acción vil, vergonzosa y humillante. «Si has visto u oído alguna cosa, dice Erasmo, finge no saber lo que sabes.»

Con justicia es severo el mundo para con los indiscretos, pues los considera como personas poco delicadas, que no merecen confianza alguna y que carecen de la más vulgar educación.”

Fuente: “Manual de Urbanidad”, por H.E.C., Nueva Edición Refundida, Librería de José Moly, Buenos Aires.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.097 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: