Rubaiyat. Omar Khayyám

(Fragmentos*)

“Todo el mundo sabe que jamás murmuré la menor oración.
Todo el mundo sabe que jamás traté de disimular mis defectos.
Ignoro si existe una Justicia y una Misericordia.
Si las hay, estoy tranquilo porque siempre fui sincero.

¿Qué vale más? ¿Hacer exámen de conciencia sentado en una taberna
o posternarse en una mezquita con el alma ausente?.
No me preocupa saber si tenemos un Señor,
ni el destino que me reserva.

Sé indulgente con los bebedores.
No olvides que tienes tú otros defectos.

Si quieres lograr la paz y la serenidad,
piensa en los desheredados de la vida
y en los humildes que gimen en el infortunio
y te hallarás feliz.

Procede en forma tal que tú prójimo no sufra con tu sabiduría.
Domínate siempre. Jamás te abandones a la cólera.
Si quieres conquistar la paz definitiva,
sonríe al Destino que te azota y nunca azotes a nadie.

Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana,
esfuérzate por ser feliz hoy.

Coge un cántaro de vino,
siéntate a la luz de la luna
y bebe pensando en que mañana quizás
la luna te busque en vano.

Confórmate en este mundo con pocos amigos.
No busques prolongar la simpatía que alguien te inspiró.

Antes de estrechar la mano de un hombre,
piensa si ella no te golpeará algún día.

¡Cuán mísero el corazón que no sabe amar,
 que no puede embriagarse de amor!
Si no amas, ¿cómo podrás comprender la luz cegadora del sol
y la suave claridad lunar?.

Sabes que careces de poder sobre tu destino.
¿Por qué la incertidumbre del mañana ha de causarte inquietud?
Si eres sabio, goza del momento actual.
¿El porvenir? ¿Qué puede traerte el porvenir?.

Más allá de la Tierra, más allá del Infinito,
 buscaba yo el Cielo y el Infierno.
Pero una voz grave me dijo:
“El Cielo y el Infierno están en tí”.

Rápidos huyen nuestros días
como el agua de los ríos y los vientos del desierto,
empero, dos días me dejan indiferente:
El que pasó ayer y el que vendrá mañana.

En los monasterios, sinagogas y mezquitas
se refugian los débiles temerosos del Infierno.
Pero el hombre que conoce la grandeza de Dios,
no cultiva malas semillas del terror y de la súplica.

Admitamos que hayas resuelto el enigma de la creación.
Pero, ¿cuál es tú destino?

Admitamos que hayas despojado de todas sus vestes a la Verdad.
Pero, ¿cuál es tú destino?

Admitamos que hayas vivido feliz cien años y que te esperan otros cien.
Pero, ¿cuál es tú destino?.

rubaiyat3Convéncete bien de esto:
Un día tu alma abandonará el cuerpo
y serás arrastrado tras el velo fluctuante
entre el mundo y lo incognoscible.
Mientras esperas, ¡sé feliz!.

No sabes de dónde vienes ni sabes adónde vas.

Los más ilustres sabios y filósofos
caminaron por las tinieblas de la ignorancia.
Con todo, eran las antorchas de su época.
Pero, ¿qué hicieron? Pronunciar algunas frases y dormirse.

Mi nacimiento no trajo al mundo provecho alguno.
Mi muerte no disminuirá ni su esplendor ni su grandeza.
Nadie pudo jamás explicarme porqué he venido
ni porque me iré.

No temo a la muerte. Prefiero este hecho ineluctable
al otro que me impusieron el día del nacimiento. 
¿Qué es la vida? Un bien que me otorgaron a mi pesar
y que devolveré con indiferencia.

Un poco de pan, un poco de agua fresca,
la sombra de un árbol y tus ojos.
Ningún sultán más feliz que yo.
Ningún mendigo más triste.

¿Por qué tanta delicadeza, tanta ternura al comienzo de nuestro amor?
¿Por qué tantos cariños, tantas delicias después?
¿Y por qué hoy tu único placer es desgarrar mi corazón?…
¿Por qué?

Todos los seres pretenden recorrer el camino del Conocimiento.
Le buscan algunos; afirman otros que lo encontraron.
Más una voz clamará un día:
“¡No hay camino ni hay sendero!”

Tal aroma de vino emanará de mi tumba,
que los transeúntes se embriagarán.
Tal serenidad rodeará mi fosa,
que los amantes no se podrán alejar.

En el torbellino de la vida
sólo son felices los que presumen de sabios
 y los que no tratan de instruirse.

Me incliné sobre todos lo secretos del Cosmos
y volví a mi soledad
envidiando los ciegos que hallé por el camino.

khayyamEl alba colmó de rosas la cúpula del cielo.
Por el aire cristalino se pierde el canto del último ruiseñor.
El perfume del vino es más ligero.

¡Y pensar que en este instante
 hay insensatos que sueñan con la gloria y los honores!
¡Cuán sedosos tus cabellos bienamada!

Amigo mío: No forjes proyecto alguno para el mañana.
¿Sabes acaso si podrás concluir la frase que empezaste?.
Mañana quizás estemos tan lejos de esta caravana
como los que se fueron hace siete mil años.

A nadie pedí el vivir. Me esfuerzo por aceptar,
sin admiración y sin cólera, todo lo que la vida me brinda.
Partiré sin indagar al prójimo
sobre mi extraña estadía en este mundo.

No dejes de recoger todos los frutos de la vida.
Corre a todos los festines y elige los más grandes cálices.
No creas que Dios lleve cuenta
de nuestros vicios y virtudes.

Cuando muera,
no habrá más rosas, cipreses, labios bermejos ni vino perfumado.
No habrá más albas ni crepúsculos, ni penas ni alegrías.
El mundo no existirá más. Su realidad lo es tan solo en función del pensamiento.

¡Señor, Señor: respóndenos! Nos diste ojos
y permitiste que la belleza de tus criaturas nos deslumbrase.
Nos diste el don de ser felices
¿y pretendes que renunciemos al goce de los bienes terrenales?
¡Tan imposible es esto como invertir un cáliz sin derramar el vino que contiene!

Bebo vino como la raíz del sauce
bebe agua cristalina del arroyo.
Sólo Dios es Dios y Dios todo lo sabe -¿dices?-
Cuando me creó, sabía que bebería vino.
Si me privara de beber, la ciencia de Dios fracasaría.

Cierra tú Corán. Piensa libremente
y encara libremente el cielo y la tierra.
Al pobre que pasa, entrégale la mitad de lo que tienes.
Perdona a todos los culpables.
No entristezcas a nadie y escóndete para sonreír.

¡Cuán débil el hombre y cuán ineluctable su Destino!
Prestamos juramento que no cumplimos
y nuestra propia deshonra nos es indiferente.
Yo mismo procedo como un insensato.
Pero tengo la excusa de estar ebrio de amor.

¡Recibí el golpe esperado! Mi bienamada me abandonó.
Mientras la tuve, era fácil despreciar el amor y exaltar todos los renunciamientos.
Cerca de tu bienamada ¡ay Khayyám! ¡qué solo estabas!. ¿Comprendes?
Se fue para que tú pudieras refugiarte en ella…”

Omar Jayam (Omar Khayyam), Persia, 1040-1121?

*Abajo, el texto completo. Para conocer más versiones visitar: A Media Voz

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  2. Primera Parte (son 170 cuartetas):

    I

    Todos saben que jamás murmuré una oración.
    Todos saben también que jamás traté de disimular mis defectos.
    Ignoro si existen una Justicia y una Misericordia.
    Si las hay, estoy en paz, porque siempre fui sincero.

    II

    ¿Qué vale más? ¿examinar nuestra conciencia sentados en una taberna
    o posternarnos en una mezquita con el alma ausente?
    No me preocupa saber si tenemos un Dios
    ni el destino que nos reserva.

    III

    Sé compasivo con los bebedores. No olvides que tú tienes otros defectos.
    Si quieres alcanzar la paz y la serenidad,
    piensa en los desheredados de la vida y en los pobres que viven en el infortunio.
    Entonces te sentirás feliz.

    IV

    Procede en forma tal que tu prójimo no se sienta humillado con tu sabiduría.
    Domínate, domínate. Jamás te abandones a la ira.
    Si quieres conquistar la paz definitiva,
    sonríe al Destino que se ensaña contigo y nunca te ensañes con nadie.

    V

    Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy.
    Toma un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna
    y bebe pensando en que mañana
    quizá la luna te busque inútilmente.

    VI

    De cuando en cuando los hombres leen el Corán, el libro por excelencia,
    ¿Pero quién es el que a diario se deleita con su lectura?
    En el borde de todos los cálices colmados de vino,
    triunfa cincelada una secreta verdad que debemos saborear.

    VII

    Nuestro tesoro es el vino y nuestro palacio la taberna.
    La sed y la embriaguez son nuestras fieles compañeras.
    Ignoramos el miedo porque sabemos que nuestras almas, nuestros corazones, nuestros cálices
    y nuestras vestes manchadas, nada tienen que temer del polvo, del agua ni del fuego.

    VIII

    Confórmate en este mundo con pocos amigos.
    No busques propiciar la simpatía que alguien te inspiró
    Antes de estrechar la mano de un hombre,
    piensa si ella no ha de golpearte un día.

    IX

    Antaño, este jarrón era un pobre enamorado
    que sufría ante la indiferencia de una mujer.
    El asa del borde era el brazo
    que ceñía el cuello de su bienamada.

    X

    ¡Cuan pobre el corazón que no sabe amar,
    que no puede embriagarse de amor! Si no amas,
    ¿Cómo te explicas la luz enceguecedora del sol
    y la más leve claridad que trae la luna?

    XI

    Toda mi juventud retoña hoy.¡Sírveme vino!
    No importa cuál…¡No soy exigente!
    En verdad, al mejor lo encontraré
    tan amargo como la vida.

    XII

    Sabes que no tienes poder sobre tu destino.
    ¿Por qué esa incertidumbre del mañana ha de causarte miedo?
    Si eres sabio, goza del momento presente.
    ¿El porvenir? ¿qué te puede traer el porvenir?

    XIII

    He aquí la estación inefable, la estación de la esperanza,
    la estación en que las almas sedientas de otras almas buscan una quietud perfumada.
    Cada flor, ¿es acaso la blanca mano de Moisés?
    Cada brisa, ¿es acaso el tibio aliento de Jesús?

    XIV

    No anda seguro por el Sendero el hombre que no ha recogido el fruto de la verdad.
    Si pudo cosecharlo del árbol de la Ciencia,
    sabe que los días pasados y los días por venir
    en nada se distinguen del alucinante primer día de la Creación.

    XV

    Más allá de los límites de la Tierra, más allá del límite Infinito,
    buscaba yo el Cielo y el Infierno.
    Pero una voz severa me advirtió:
    “El Cielo y el Infierno están en ti.”

    XVI

    Nada me aflige ya ¡Levántate para ofrecerme vino!
    Tu boca esta noche, es la más bella rosa del mundo… ¡Escancia vino!
    ¡Que sea carmín como tus mejillas y haga leves movimientos
    como ligeros son tus bucles!

    XVII

    La brisa de la primavera refresca el cuerpo de las rosas.
    Y en la sombra azulada del jardín, acaricia también el cuerpo de mi amada.
    A pesar de la plenitud que gozamos, olvido nuestro pasado.
    ¡Tan seductora es la caricia del Presente!

    XVIII

    ¿Insistiré aún en colmar de piedras el Océano?
    Solo desprecio siento por los libertinos y los devotos. Khayyám:
    ¿Quién puede afirmarte que irás al Cielo o al Infierno? Ante todo: ¿Qué entenderemos por tales palabras?
    ¿Conoces a alguien que haya visitado estas regiones misteriosas?

    XIX

    ¡Aunque bebedor, ignoro quien te modeló, ánfora inmensa!
    Solo sé que eres capaz de contener tres medidas de vino y que un día
    la Muerte te romperá. Entonces me preguntaré largo tiempo por qué fuiste creada,
    por qué fuiste feliz y porqué no eres más que polvo.

    XX

    Fugaces son nuestros días y huyen
    como el agua de los ríos y los vientos del desierto.
    Empero, dos días me dejan indiferentes:
    El que ayer murió y el que mañana no ha nacido.

    XXI

    ¿Cuándo nací?¿Cuándo moriré?
    Nadie recuerda el día de su nacimiento ni es capaz de prever el de su muerte.
    ¡Ven dócil bienamada!
    Quiero olvidar en la embriaguez el dolor de nuestra ignorancia.

    XXII

    Khayyám, cosiendo las tiendas de la sabiduría,
    cayó en la hoguera del Dolor y fue convertido en cenizas.
    El ángel Azraël separó las cuerdas de su tienda.
    La Muerte le ofrendó su gloria por una canción.

    XXIII

    ¿Por qué te angustia, Khayyám, el excesivo pecar?
    Inútil es tu tristeza.
    ¿Qué hay después de la Muerte?
    La Nada o la Misericordia.

    XXIV

    En los monasterios , las sinagogas y las mezquitas
    hallan refugio los débiles temerosos del Infierno.
    Pero el hombre que ha experimentado el poder de Dios,
    no cultiva en su corazón las malas semillas del miedo y de la súplica.

    XXV

    Suelo ir a sentarme en primavera, a la riba de un campo florecido.
    Cuando una esbelta doncella me ofrece su cáliz de vino,
    no pienso para nada en mi salud.
    En verdad, valdría menos que un perro si tuviese tan grosera preocupación.

    XXVI

    El mundo inabarcable: Un grano de polvo en el espacio.
    Toda la ciencia del hombre: Las palabras.
    Los pueblos, las bestias y las flores de siete climas son sombras.
    La Nada es el fruto de tu constante meditación.

    XXVII

    Demos por supuesto que hayas resuelto el enigma de la Creación. Pero, ¿conoces tu destino?
    Demos por supuesto que hayas despojado de todas sus vestes a la Verdad Pero,
    ¿conoces tu destino? Demos por supuesto que hayas sido feliz durante cien años
    y que cien otros te esperen todavía. Pero, ¿conoces tu destino?

    XXVIII

    Convéncete bien de esto: Un día tu alma dejará el cuerpo
    y serás arrastrado tras un velo fluctuante entre el mundo y lo incognoscible.
    Mientras esperas ¡sé feliz!.
    No sabes cuál es tu origen e ignoras cuál es tu destino.

    XXIX

    Los mayores sabios y filósofos
    caminaron en las tinieblas de la ignorancia.
    Con todo fueron la lumbre de su época.
    Pero , ¿que hicieron? Pronunciar algunas frases y luego dormitar.

    XXX

    Me dijo el corazón: ” Quiero conocer, quiero aprender.
    ¡Instrúyeme tú Khayyám, que tanto has estudiado!”
    Al pronunciar la primera letra del alfabeto, me replicó el corazón:
    “Ahora ya sé, Uno es la primera cifra del número que nunca tiene fin.

    XXXI

    Nadie puede comprender lo inefable.
    Nadie es capaz de ver lo que se oculta detrás de lo aparente.
    Todas nuestras moradas son provisionales, salvo la última:
    La morada de la tierra. ¡Bebe vino! ¡Basta de inútiles palabras!

    XXXII

    La vida no es más que un juego monótono
    en el que con certeza encontrarás dos premios:
    El dolor y la muerte. ¡Feliz el niño que murió al poco de nacer!
    ¡Más feliz aún aquel que no tocó el mundo!

    XXXIII

    En la feria que atraviesas, no procures encontrar algún amigo.
    Tampoco busques sólido refugio.
    Con ánimo valiente, acepta el dolor sin la esperanza de un remedio inexistente.
    Sonríe ante la desgracia y no le pidas a nadie que te sonría: perderás el tiempo.

    XXXIV

    Gira la rueda de la fortuna sin reparar en los pronósticos de los sabios.
    Renuncia a la vanidad de contar los astros y medita mejor sobre ésta certeza:
    Has de morir, no volverás a soñar y los gusanos del sepulcro
    o los perros vagabundos devorarán lo que quede de tu cuerpo.

    XXXV

    Cuando tuve sueño, la Sabiduría me dijo:
    Las rosas de la Felicidad no perfuman el sueño de nadie.
    En vez de abandonarte a este hermano de la Muerte, ¡Bebe vino!
    ¡Tienes la eternidad para dormir!

    XXXVI

    El Creador del mundo y las estrellas se excedió cuando determinó,
    que el dolor habría de existir entre los hombres.
    Labios como rubíes, guedejas embalsamadas:
    ¿Qué número alcanzasteis en la tierra?

    XXXVII

    Imposible observar el cielo. ¡Llevo en los ojos un cendal de lágrimas!
    Gráciles chispas son las hogueras del Infierno
    frente a las llamas que me consumen.
    El Paraíso para mí, no es más que un instante de paz.

    XXXVIII

    Sueño sobre la tierra, sueño bajo la tierra,
    cuerpos que yacen.
    Por doquiera es la nada. Desierto de la nada.
    Seres que llegan. Seres que se extinguen.

    XXIX

    Viejo mundo cruzado al galope
    por el caballo blanco del día y el caballo negro de la Noche:
    ¡Eres el lúgubre palacio donde cien Djemchids soñaron con la gloria
    y cien Bahrâms con el amor soñaron, para despertar todos con dolor y en llanto!

    XL

    El viento sur secó la rosa a la que el ruiseñor cantaba sus alabanzas
    ¿Debemos llorar por su muerte o por nuestra supervivencia?
    cuando la Muerte seque nuestras faces,
    otras rosas lucirán sus gracias.

    XLI

    Renuncia a la recompensa que merecías. Sé feliz.
    No te lamentes por nada. No anheles nada.
    Lo que te ha de suceder,
    escrito está en el Libro que hojea al azar el viento de la Eternidad.

    XLII

    Cuando oigo que divagan acerca de los gozos reservados a los elegidos,
    me limito a exclamar:” Yo sólo confío en el vino.
    ¡Moneda constante y nada de promesas!
    El ruido del tambor, sólo a la distancia se hace agradable…”

    XLIII

    ¡Bebe vino! Lograrás la vida eterna.
    El vino es el único capaz de restituirte la juventud.
    ¡Divina estación de las rosas, del vino y de los buenos amigos!
    ¡Goza del instante fugitivo de tu vida!

    XLIV

    ¡Bebe vino!
    Largo será el tiempo que habrás de dormir
    bajo tierra sin compañía de mujer y sin amigo.
    Oye este secreto: Los tulipanes secos ya no resucitan.

    XLV

    En voz baja dijo la arcilla
    al alfarero que la amasaba:
    “No olvides que alguna vez fui como tú.
    ¡No me maltrates!”

    XLVI

    Alfarero si eres prudente,
    ¡cuídate de no estropear la arcilla con que fue amasado Adán!
    Adivino sobre tu torno la mano de Féridun y el corazón de Khosrou
    ¿Qué pretendes hacer?

    XLVII

    El tulipán extrae su púrpura
    de la sangre de un emperador muerto.
    Y la violeta nace del lunar
    que adornaba las facciones de un adolescente.

    XLVIII

    Hace infinidad de siglos que se suceden crepúsculos y auroras.
    Hace infinidad de siglos que los astros trazan su ronda.
    Amasa la tierra con cuidado, acaso el terrón que vas a aplastar
    fue antaño el ojo lánguido de un adolescente.

    XLIX

    Acaso brotan de los labios yertos de una mujer
    las raíces del narciso tembloroso al borde del arroyo.
    ¡Roza con leve pie el césped que hunden tus pasos!
    Quizá nació de las cenizas de hermosos rostros donde triunfó el brillo de rojos tulipanes.

    L

    Ví ayer a un alfarero trabajando.
    Modelaba los flancos y las asas de un cántaro.
    El barro amasado eran
    cráneos de sultanes y manos de mendigos.

    LI

    El bien y el mal luchan por obtener la primacía en este mundo.
    El cielo no es responsable de la gloria o la desgracia que el destino nos depara
    Ni le agradezcas ni le acuses.
    Está lejos tanto de tus goces como de tus penas.

    LII

    Si sembraste en tu corazón la semilla del Amor,
    no fue inútil tu vida.
    Tampoco si intentaste escuchar la voz de Dios.
    Y menos aún, si con sonrisa ligera ofrendaste al placer tu cáliz.

    LIII

    ¡Actúa con prudencia, viajero!
    Peligroso es el camino que transitas y afilada la daga del Destino.
    No te hartes con las almendras dulces.
    Contienen veneno.

    LIV

    Un jardín, una cimbreante doncella, un cántaro de vino,
    mi deseo y mi amargura:
    He aquí mi Paraíso y mi Infierno.
    Pero ¿ quién ha recorrido el Cielo o el Infierno?

    LV

    Tú cuyas mejillas eclipsan a la eglantina de los campos;
    tú cuyo rostro finge un ídolo chino:
    ¿Sabes acaso que tu mirar aterciopelado trocó
    al rey de Babilonia en alfil que huye de la reina?

    LVI

    La vida continúa ¿Qué queda de Balk y de Bagdad?
    El menor toque es fatal a la rosa demasiado vivaz.
    Bebe vino y contempla la luna; trata si puedes,
    de evocar las muertas civilizaciones que alumbró en su apogeo.

    LVII

    Escucha lo que la sabiduría te repite día tras día:
    La vida es breve.
    En nada eres semejante a las plantas
    que retoñan luego de podadas.

  3. (cont.)

    LVIII

    Los retóricos y los sabios silenciosos murieron sin poder entender
    sobre la cuestiones del ser y el no ser. ¿Qué nos importa ser ignorantes?
    Sigamos saboreando el zumo del racimo
    y dejemos a estos grandes personajes consolarse con las pasas.

    LIX

    Mi nacimiento no trajo ningún bien al mundo.
    Mi muerte no disminuirá ni su esplendor ni su grandeza.
    Nadie pudo jamás explicarme para qué he venido,
    ni por qué he venido ni por qué me iré.

    LX

    Caeremos en el camino del Amor y el Destino nos aplastará.
    ¡Oh doncella, oh mi cáliz encantado,
    levántate y dame tus labios
    antes de que llegue el fin y me convierta en polvo!

    LXI

    De la Felicidad sólo conocemos la palabra.
    Nuestro compañero más viejo es el vino nuevo.
    Acaricia con los ojos y con los dedos el único bien que no falla:
    el ánfora viva de sangre de la vid.

    LXII

    El palacio de Bahrâm es ahora refugio de gacelas.
    Merodean leones por los jardines donde antaño cantaban los músicos.
    Bahrâm, que cazaba asnos salvajes,
    duerme ahora en un otero donde pastan asnos domésticos.

    LXIII

    No luches por la felicidad.
    La vida es breve como un suspiro.
    Cenizas de Djemchid y de Kaî Bobad
    ruedan en la tolvanera roja que contemplas.

    LXIV

    Siéntate y bebe: gozarás de la felicidad que Mamhud no conoció. Escucha
    los armónicos laúdes de los amantes: son los verdaderos salmos de David.
    No te abismes en el pasado ni te angusties por el futuro.
    Que tu pensamiento no vaya más allá de lo presente. He aquí el secreto de la paz.

    LXV

    Los mediocres y los orgullosos establecen diferencias
    entre el cuerpo y el alma.
    Yo sólo puedo afirmar esto:
    El vino destruye nuestro miedo y nos da la quietud perfecta.

    LXVI

    ¡Qué misterio el de esos astros que ruedan en el espacio! Khayyám:
    aférrate con fuerza a la cuerda de la Sabiduría.
    ¡Cuidado con el vértigo que, a tu alrededor,
    derriba a tus compañeros!

    LXVII

    No tengo miedo a la muerte.
    Prefiero este hecho ineluctable al que me impusieron el día que nací.
    ¿Qué es la vida?
    Un bien que yo no elegí y que devolveré con indiferencia.

    LXVIII

    La vida huye cual rápida caravana.
    Detén tu corcel y procura ser feliz ,
    joven doncella: ¿Por qué estás triste ?
    escancia un poco de vino. Lucen ya los primeros signos de la noche.

    LXIX

    Escucho decir que los amantes del vino serán condenados.
    No existen verdades comprobadas, pero hay mentiras evidentes.
    Si quienes aman el vino y el amor van al Infierno,
    vacío tiene que estar el Paraíso.

    LXX

    Soy viejo ya y la pasión que me inspiraste, me lleva a la muerte.
    No ceso de colmar de vino mi gran cáliz.
    Mi pasión por ti anuló el discernimiento de mi razón.
    Y el tiempo marchita sin piedad la fresca rosa que lucía…

    LXXI

    Puedes torturarme imagen de una nueva felicidad Podéis modular vuestros arrullos,
    voces del amor .Contemplo a mi querida
    y sólo escucho su voz acariciante, me dice:
    “Dios te perdonará”.Pero yo no acepto éste perdón y tampoco lo imploraré.

    LXXII

    Un poco de pan, un poco de agua fresca
    La sombra de un árbol y tus ojos.
    Ningún sultán más feliz que yo.
    Ningún mendigo más triste que yo.

    LXXIII

    ¿Por qué tanta delicadeza, tanta ternura al comienzo de nuestro amor?
    ¿Por qué tantos cariños, tantas delicias después?
    y por que hoy tu único placer es desgarrar mi corazón
    ¿Por qué?

    LXXIV

    Cuando tu alma y mi alma
    abandonen nuestros cuerpos,
    se colocará un ladrillo bajo nuestra testa.
    Un alarife, luego, amasará tus cenizas con las mías.

    LXXV

    Vino. Único consuelo para mi corazón que sufre.
    Vino perfumado con almizcle, vino de color de rosa
    Escancia vino para apagar las llamas de mi tristeza.
    Vino y tu laúd de cuerdas de seda, ¡Qh mi adorada!

    LXXVI

    Se habla de un Creador , que creó a los seres para destruirlos
    ¿Por qué los feos? ¿Por qué los hermosos?
    ¿Quién es el responsable de estas diferencias?
    No sé nada, no comprendo nada…

    LXXVII

    Todos los seres tratan de recorrer el camino del conocimiento:
    Aún lo buscan unos; otros afirman que ya lo encontraron.
    Sin embargo, aún no se ha levantado la voz que un día clamará:
    “No hay camino; no hay sendero”.

    LXXVIII

    Ofrece a los límites de la aurora el vino de tu cáliz.
    Rojo tulipán de primavera.
    Ofrece a la sonrisa de un mancebo el vino de tu cáliz, rojo como tus labios.
    Bebe y no recuerdes que el puño del dolor te golpeará bien pronto.

    LXXIX

    ¡Vino! ¡Vino en torrentes!! ¡Que explote en mis venas!
    ¡Que bulla en mis sienes!
    Cálices…Silencio…Nada es verdad…
    Cálices… ¡Pronto!…Envejecí mucho…

    LXXX

    Tal aroma de vino emanará de mi tumba
    que los transeúntes se embriagarán.
    Tal serenidad rodeará mi fosa,
    que los amantes no se podrán alejar.

    LXXXI

    En el vértigo de la vida sólo son felices
    los que presumen de sabios y los que no tratan de educarse.
    Me incliné sobre todos los secretos del Cosmos
    y retorné a la soledad envidiando a los ciegos que hallé por el camino.

    LXXXII

    Me dicen: “Deja de beber Khayyam”
    Yo respondo: “Cuando bebo;
    escucho a las rosas y jazmines
    También escucho lo que no me puede decir mi bienamada”

    LXXXIII

    ¿ En qué meditas amigo?¿En tus antepasados?
    Polvo son en el polvo.¿En sus valores? Deja que me sonría.
    Toma éste cántaro y bebamos escuchando
    sin temor el gran silencio del Cosmos.

    LXXXIV

    El alba colma de rosas la bóveda del cielo. En el aire cristalino se apaga el canto del ultimo ruiseñor.
    El perfume del vino es más leve.
    ¡ Y pensar que en éste instante hay alucinados que sueñan con gloria y honores!
    ¡Cuan suaves son tus cabellos amada mía!

    LXXXV

    Amigo mío ;no forjes proyectos para el futuro.
    ¿Estás seguro de poder concluir la frase que empezaste?
    Mañana quizás estemos tan distantes de esta caravana
    como lejos están los que partieron hace siete mil años.

    LXXXVI

    ¡ Oh reciario de corazones ; toma un cántaro y un cáliz!
    Sentémonos a la orilla de este arroyo.
    Esbelto adolescente de luminoso rostro.
    Te miro y adivino el cántaro y el cáliz que serás un día.

    LXXXVII

    Hace tiempo que mi juventud yace entre las cosas muertas.
    Primavera de mi vida; te pierdes hoy donde se pierden las pasada primaveras.
    ¡Oh juventud; partiste inadvertida!
    Partiste como día a día se debilita el dulzor de primavera.

    LXXXVIII

    Embriágate hermano mío , con todos los perfumes, músicas y colores.
    Da tus caricias a todas las mujeres.
    Recuerda que la vida es breve y que pronto
    volverás a hundirte en la tierra como el agua del Zemzem y Selsebil.

    LXXXIX

    Buscar la paz en este mundo es una locura.
    Creer en el reposo eterno, también.
    Después de muerto, breve será tu sueño:
    renacerás en el césped que todos pisotean o en la flor que el sol marchita.

    XC

    Me pregunto sobre lo que en verdad es mío.
    Me pregunto que es lo que quedará de mí después de muerto.
    Breve es la vida como un incendio; llamas que el romero olvida.
    Cenizas que esparce el viento. Tal la existencia de la Humanidad.

    XCI

    Certezas y dudas, error y verdad
    palabras vacías como burbujas.
    Irisada u opaca,
    ésta burbuja es la imagen de la vida.

    XCII

    Al poderío de Kaî-Kaous, a la gloria de Kaî-Kobad a las riquezas del Korasán,
    prefiero un ánfora de vino.
    Aprecio al mancebo que gime de dolor.
    Desprecio al hipócrita que murmura una oración.

    XCIII

    Escucha este profundo secreto:
    Cuando la primera aurora iluminó el mundo,
    Adán era ya una criatura doliente
    que anhelaba la noche y pedía la muerte.

    XCIV

    Brilla la luna del Ramadán.
    Mañana el sol inundará de luz una ciudad silente.
    Dormirán los vinos en los cántaros
    y las jóvenes doncellas en la sombra de los bosques.

    XCV

    A nadie le pedí la vida.
    Me esfuerzo por aceptar sin júbilo y sin rabia, lo que la vida ofrece.
    Partiré sin preguntar al prójimo
    sobre mi extraña permanencia en este mundo.

    XCVI

    No te olvides de recoger todos los frutos de la vida.
    Corre a todos los festines
    y elige los cálices más grandes.
    Dios no lleva cuenta de nuestros vicios y virtudes.

    XCVII

    Noche. Silencio. Follaje detenido como mi pensamiento. De una rosa, Imagen de tu fugaz esplendor,
    cae un pétalo.¿Dónde estás ahora, tú, que me brindaste el cáliz por el cual suspiro?
    Tal vez ninguna rosa se deshoja cerca de quien auxilias con tu cántaro.
    Pero sé que ya no tienes la amarga felicidad con la que supe embriagarte.

    XCVIII

    ¡Si supieras cuán poco me interesan los cuatro elementos de la naturaleza y las cinco facultades de los hombres!
    Ciertos filósofos griegos -dices- podían plantear cien problemas a su gente.
    Total es mi indiferencia en ese sentido. ¡Escancia vino, pulsa el laúd,
    y que sus notas me evoquen las de la brisa que huye rauda como nuestra vida.

    XCIX

    Cuando me borre la sombra de la muerte y se endurezca el manojo de mis días
    he de llamaros amigos míos, para ser conducido al sepulcro.
    En polvo convertido, moldearéis un ánfora que colmaréis de vino.
    Acaso entonces me veréis resucitar.

    C

    No ansío saber donde podré adquirir el manto de la Astucia y la Mentira.
    Ando siempre en busca de buen vino. Blanco es mi cabello.
    Tengo setenta años. Me aferro hoy a la ocasión de ser feliz.
    Mañana tal vez me falten las fuerzas.

    CI

    ¿Donde están nuestros amigos?
    ¿Los derribó y pisoteó la Muerte? ¿Dónde están?
    Oigo aún sus báquicas cantigas.
    ¿Están muertos o están ebrios de haber vivido?

    CII

    Cuando muera habrán muerto las rosas, los cipreses, los sabios bermejos y el vino perfumado.
    No habrá más albas ni crepúsculos, ni penas ni alegrías.
    El mundo habrá dejado de existir.
    El mundo es real; sólo en función del pensamiento.

    CIII

    Esta es la única certeza:
    Peones somos de la misteriosa partida de ajedrez que juega Dios.
    Nos mueve, nos detiene, nos eleva y nos arroja
    después uno a uno al abismo de la Nada.

    CIV

    La bóveda celeste simula un cáliz invertido
    bajo el cual se agitan en vano los discretos.
    Sea el amor por tu bienamada, como el del ánfora por el cáliz.
    Mira; labio con labio, ambos se ofrendan su sangre.

    CV

    Los sabios nada te enseñaron pero las caricias de las suaves pestañas de una mujer
    te descubrirán la felicidad. No olvides que tus días están contados
    y que presa serás en breve ; de la tierra.
    Compra vino y apartado busca en él, aférrate a lo que no tienes.

    CVI

    El calor del vino te liberará
    de las nieves del pasado y de las brumas del porvenir;
    al inundarte de luz,
    romperá tus obscuras cadenas de galeote.

    CVII

    Antaño, cuando frecuentaba las mezquitas,
    no rezaba oración alguna mas,
    volvía rico de esperanzas.
    Hogareño, cuando me siento en ellas, busco la sombra más propicia del sueño.

    CVIII

    En la tierra abigarrada alguien camina que no es infiel ni musulmán, ni rico ni pobre.
    No invoca a Dios ni hace caso de las leyes.
    No cree en la verdad ni afirma nunca nada.
    En la tierra abigarrada ¿Quién es este hombre triste y valeroso?

    CIX

    Antes que sepas acariciar un rostro de suavidad de rosa
    ¡Cuantas espinas deberás arrancar de tu propia carne!
    Mira ese peine, era un pedazo de madera, cuando lo cortaron inmenso fue su dolor.
    Pero hoy acicala los perfumados cabellos de un adolescente.

    CX

    Cuando la brisa del amanecer entreabre las rosas
    y les susurra que ya las violetas desplegaron sus vestes,
    solo es digno de vivir aquel que contempla el sueño de una doncella toma su cáliz,
    lo apura y finalmente lo arroja.

    CXI

    ¿Temes lo que pueda ocurrirte mañana? Ten confianza.
    De otro modo; el infortunio no dejará de justificar tus aprensiones.
    No te adhieras a nada. No interrogues los libros ni a tu prójimo.
    Nuestro destino es incierto. Indescifrable.

    CXII

    ¡Señor, Señor; respóndenos! nos distes ojos
    y permitiste que la belleza de tus criaturas nos deslumbrase.
    Nos diste el don de ser felices. ¿Y pretendes que renunciemos al goce de los bienes terrenales?
    Tan imposible es esto, como dar la vuelta a un cáliz sin derramar el vino que contiene.

    CXIII

    En una taberna pedí a un anciano discreto
    noticias de los que se fueron:
    “No volverán. Es todo lo que sé.
    ¡Bebe vino!” -me respondió.

    CXIV

    ¡Mira! ¡Escucha! Vacila una rosa al soplo de la brisa. Le entona el ruiseñor ardiente epitalamio.
    Se ha dormido una nube. Bebamos vino.
    Olvidemos que luego esta brisa deshojará a la rosa, se llevará el canto del ruiseñor.

  4. (cont.)

    CXV

    La bóveda celeste bajo la cual vagamos,
    finge una linterna mágica de la que el sol es la lámpara.
    Y el mundo es el telón
    donde vacilan nuestras imágenes.

    CXVI

    Decía la rosa:”Soy la delicia del mundo.
    ¿Es posible que un perfumista me haga sufrir?”
    Cantaba un ruiseñor:
    “Un día de felicidad, engendra un año de lágrimas.

    CXVII

    Esta noche, o mañana, ya no existirás.
    Este es el instante de pedir un vino color rubí.
    ¡Ah demente! ¿Te comparas a un tesoro
    y piensas que los ladrones han de venir a violar tu tumba para huir con tu cadáver?

    CXVIII

    Sultán: tu glorioso destino estaba escrito en las constelaciones
    donde brilla el nombre de Khosrou. Desde el amanecer de los tiempos,
    tu caballo de áureos cascos galopa entre los astros.
    Cuando pasas, un vértigo de estrellas te oculta a nuestros ojos.

    CXIX

    No es amor el sentimiento que no arrasa.
    ¿Brinda acaso un tizón el calor de una hoguera?
    Noche y día y durante el resto de su vida,
    el amante verdadero se consume de dolor y de placer.

    CXX

    Puedes penetrar la noche que nos cerca.
    Puedes ir hasta el último límite.¡Todo en vano!
    Adán y Eva ¡Cuán amargo debió ser vuestro primer beso
    para engendrarnos tan desesperados!

    CXXI

    Las estrellas dejan caer sus pétalos de oro. Más,
    ¿Porqué todavía no esmaltaron mi jardín?
    Como el cielo derrama sus flores por la tierra,
    vierto dentro de mi cáliz negro un vino color de rubí.

    CXXII

    Bebo vino como la raíz del sauce bebe el agua cristalina del arroyo.
    Solo Dios es Dios y Dios todo lo sabe-¿eso dices?-
    Cuando me creó, sabía que bebería vino.
    Si me negara a beber, la ciencia de Dios fracasaría.

    CXXIII

    Solo el vino te librará de tus dudas.
    Solo el vino te impedirá vacilar entre las setenta y dos sectas.
    No abandones nunca al poderoso mago
    que puede transportarte a la región del olvido.

    CXXIV

    Pesa el rocío cada mañana sobre tulipanes, jacintos y violetas,
    pero el sol los descarga de su brillante peso.
    Pesa más, cada mañana, mi corazón en el pecho,
    pero tu mirada lo alivia de su tristeza.

    CXXV

    Si quieres gozar la soledad magnífica de las estrellas y las flores,
    sepárate de todos los hombres, aléjate de todas las mujeres.
    No te avengas con nadie.
    No te inclines sobre ninguna llaga ni participes de ningún festejo.

    CXXVI

    El vino tiene el color de las rosas.
    Tal vez no sea sangre de viñas, sino de rosas.
    Quizás no sea cristal éste cáliz, sino azul de mar profundo.
    Tal vez no haya noche sino párpado del día.

    CXXVII

    El vino brinda a los prudentes una embriaguez semejante a la de los Elegidos.
    Nos da la juventud, nos da lo que perdimos y nos da lo que anhelamos.
    Nos quema como un torrente de fuego,
    pero puede también trocar nuestra tristeza en agua refrescante.

    CXXVIII

    Cierra tu Corán. Piensa en libertad y encara sin miedo el cielo y la tierra.
    Al pobre que pasa, entrégale la mitad de lo que posees.
    Perdona a todos los culpables.
    No entristezcas a nadie y escóndete cuando sientas deseo de sonreír.

    CXXIX

    ¡Cuán débil el hombre y cuán implacable su destino!
    Prestamos juramentos que no cumplimos y nuestra deshonra nos deja indiferentes.
    Yo mismo procedo a veces como si hubiera perdido mis facultades.
    Pero tengo la excusa de estar ebrio de amor.

    CXXX

    Escucha: Si este mundo no es más que una ilusión.¿Por qué te angustias?
    ¿Por qué piensas día y noche en tu miserable estado?
    Abandona tu alma a la fantasía de las horas. Escrito está en tu destino.
    Ningún borrón será capaz de corregirlo.

    CXXXI

    El halo que envuelve esta rosa,
    ¿es un arabesco de su aroma o la frágil defensa que le abandonó la bruma?.
    La cabellera sobre tu rostro,¿es la noche que tu mirada ha de disipar?
    ¡Despierta bienamada! El sol dora nuestros cálices.¡Bebamos!

    CXXXII

    Decídete a no ver mas el cielo. Cuida que te rodeen gráciles doncellas y acarícialas.
    ¿Tienes dudas?¿Conservas aún la tentación de suplicar a Dios?
    Antes de ti, otros seres le elevaron fervientes oraciones.
    Todos partieron ya y tú no sabes si Dios les escuchó.

    CXXXIII

    La aurora: felicidad y pureza. Un inmenso rubí brilla en cada cáliz.
    Coge dos gajos de sándalo:
    transforma uno en laúd y quema el otro
    para que uno en el otro nos perfumemos.

    CXXXIV

    Cansado de consultar inútilmente a los hombres y a los libros, he querido dialogar con el ánfora.
    Posé mis labios sobre sus labios y murmuré: ¿A dónde iré cuando muera?
    -el ánfora me contestó-
    ¡Bebe en mi boca!¡Bebe largamente!¡No retornarás jamás!

    CXXXV

    Si estás ebrio, Khayyám , eres feliz.
    Si contemplas a tu bienamada de rosadas mejillas, eres feliz.
    Si sueñas que no existes, eres feliz,
    porque la muerte es igual a la nada.

    CXXXVI

    Atravesaba yo el desierto taller de un alfarero donde había alrededor de dos mil cántaros.
    Hablaban apenas en un susurro. De pronto alguien clamó:
    “Permitid a este caminante
    la evocación de los alfareros y mercaderes que antaño fuimos”.

    CXXXVII

    ¿Dices que el vino es el mejor bálsamo?
    ¡Tráeme todo el vino del mundo!
    ¡Son tantas las heridas que punzan mi corazón!…
    ¡Todo el vino del mundo y que guarde el corazón todas sus heridas!

    CXXXVIII

    ¡Que alma tan grácil la del vino! Alfareros:
    Modelad para esta alma delicada cántaros de paredes tersas
    Cinceladores de cálices: Redondeadles con primor para que ésta alma voluptuosa
    pueda saciarse en el mar azul de su cristal.

    CXXXIX

    Ignorante que presumes de sabio:
    preocupado te veo entre el infinito del pasado y el infinito del porvenir.
    Quisieras poner límite entre estos dos infinitos y detenerte…
    Siéntate antes bajo un árbol con un cántaro de vino y olvidarás tu impotencia.

    CXL

    ¡Una aurora más! Día tras día descubro el esplendor del mundo
    y lamento no poder agradecerle a su Creador;
    pero tantas son las rosas que me consuelan y tantos los labios que se brindan a los míos.
    Deja tu laúd mi bienamada ,los pájaros gorjean…

    CXLI

    Conténtate con saber que todo es misterio:
    la creación del orbe y la tuya, el destino del orbe y el tuyo.
    Sonríe a estos misterios como a un peligro que desprecias. Nada sabrás al franquear la puerta de la Muerte.
    ¡Paz a los hombres en el negro silencio del Más Allá!

    CXLII

    En el verde prado, la sombra de este árbol parece una isla.
    Caminante: detén tu paso.
    Entre la ruta que llevas y esta sombra que gira con lentitud
    hay quizás un infranqueable abismo.

    CXLIII

    ¿Qué haré hoy? ¿Iré a la taberna? ¿Iré a sentarme al jardín y meditaré sobre un libro?
    Cruza un avecilla. ¿A dónde va?… Ya no la veo.
    ¡Oh embriaguez de un ave en el azur tropical!
    ¡Oh aflicción de un hombre en la fresca sombra de una mezquita!

    CXLIV

    ¡Un poco más de vino, amada mía!
    Tus faces no tienen aún el brillo de las rosas.
    ¡Un poco más de tristeza, Khayyám!
    Va a sonreírte tu bien-amada.

    CXLV

    Este mundo es un rosedal.
    Nuestros visitantes son las mariposas; nuestros músicos los ruiseñores.
    Cuando no hay ni rosas ni frondas,
    las estrellas son mis rosas y tus guedejas, mi selva.

    CXLVI

    Coperos: no traigáis las lámparas.
    Extenuados, mis huéspedes se durmieron.
    Veo lo bastante para observar su palidez. Yertos están y fríos como en la noche de la tumba.
    No traigáis las lámparas: no hay aurora entre los muertos.

    CXLVII

    Cuando te tambalees bajo el peso del dolor, y cuando agotes el manantial del llanto,
    piensa en las silvestres yerbas que la lluvia como espejo bruñe.
    Cuando te exaspere el resplandor del día, y cuando anheles que una noche eterna se abata sobre el mundo,
    piensa en el despertar de un niño.

    CXLVIII

    ¡Disimulo mi tristeza como las aves heridas se ocultan para morir!
    ¡Escancia vino! ¡Escucha mis chanzas!
    ¡Quiero vino, rosas, cantos al son del laúd
    y tu indiferencia por mi tristeza, oh bien-amada!

    CXLIX

    Señor: mil celadas invisibles armaste en la ruta que recorremos y nos dijiste:
    “Miserable de aquel que no las salve!”
    Tú ves todo y lo sabes todo. Nada acontece sin tu licencia.
    ¿Somos responsables de nuestros pecados? ¿Puedes tú censurar mi rebeldía?

    CL

    Mucho aprendí y mucho olvidé también por propia voluntad. En mi memoria, cada cosa ocupaba su lugar.
    Así, lo que estaba a la derecha no podía pasar a la izquierda.
    Sólo conocí la tranquilidad el día que repudié todo con desprecio.
    Comprendí al cabo que no es posible afirmar ni negar nada.

    CLI

    Tuve maestros eminentes y me enorgullecí de mis progresos y mis triunfos.
    Cuando recuerdo al sabio de aquel entonces,
    le comparo al agua que toma la forma de su cáliz
    y a la humareda que disipa el viento.

    CLII

    Lámparas que se apagan,
    esperanzas que se encienden: la Aurora.
    Lámparas que se encienden,
    esperanzas que se apagan: la noche.

    CLIII

    Visto que nuestra suerte es sufrir para después morir
    ¿anhelaremos que nuestro mísero cuerpo vuelva de prisa a la tierra?
    ¿Y el alma, que Dios espera para juzgarla según sus méritos?- preguntaréis-.
    Os contestaré cuando reciba noticias de alguien que torne del otro mundo.

    CLIV

    Derviche: ¡despójate de esa veste estampada de que te ufanas
    y que al nacer no trajiste! ¡Cúbrate el manto de la pobreza!
    Te negarán el saludo los peregrinos,
    pero un coro de serafines cantará en tu pecho.

    CLV

    Ebrio o sediento, sólo quiero dormir. Renuncio a saber
    lo que es el bien y lo que es el mal.
    Para mí, el placer y el dolor son semejantes. Cuando llega un placer,
    le brindo lugar modesto porque sé que un dolor le sigue.

    CLVI

    Tan imposible es incendiar el mar como convencer al hombre
    de que la felicidad es peligrosa.
    Sabe, empero, que el menor choque es fatal al ánfora colmada
    y deja intacta el ánfora vacía.

    CLVII

    Mira a tu alrededor. No verás más que aflicciones, desesperación y angustia.
    Tus mejores amigos fallecieron. La tristeza es tu sola compañera.
    Pero, ¡yergue la frente! Y abre las manos para coger lo que deseas
    y los que puedas lograr. ¡Sepulta el cadáver de tu pasado!

    CLVIII

    Diviso un caballero que se aleja en la bruma del ocaso.
    ¿Cruzará florestas embrujadas o áridas llanuras?
    ¿A dónde va? Lo ignoro.
    Mañana ¿estaré yo acostado en la tierra o bajo tierra? Lo ignoro.

    CLIX

    “¡Dios es grande!”
    Este grito del muecín parece una profunda queja.
    ¿Gime la tierra inclinada cinco veces al día,
    ante su creador indiferente?

    CLX

    El Ramadán terminó. Cuerpos agotados, almas marchitas,
    ¡vuelve el placer! Narran los cronistas nuevas historias.
    Vinateros ambulantes, mercaderes de ilusiones, lanzan sus pregones.
    Pero yo sólo escucho el que me restituyó la vida: ¡el de mi bien-amada!

    CLXI

    Mira es fuente que brilla en el jardín;
    imagina como yo que ves el Kausar
    y que te hallas en el Paraíso.
    Busca a tu amiga, fresca como una rosa.

    CLXII

    Sólo te fijas en las apariencias de los seres y las cosas.
    Tienes idea de tu ignorancia, pero te niegas a renunciar al amor.
    Recuerda Dios creó el amor,
    lo mismo que creó ciertas plantas venenosas.

    CLXIII

    ¿Eres infeliz? Si dejas de pensar en tu dolor ; ya no sufrirás.
    Si es inmensa tu pena, evoca los seres que tan injustamente sufrieron
    desde la creación del mundo. Elige una mujer de albos senos y cuídate de amarla.
    Que ella a su vez, sea incapaz de amarte.

    CLXIV

    Infeliz ; nunca sabrás nada.
    Jamás resolverás ni uno solo de los misterios que nos rodean.
    Desde que las religiones te prometen el Paraíso.
    Intenta crearte uno en la tierra; porque el otro quizá no exista.

    CLXV

    Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden:
    la aurora.
    Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan:
    la noche.

    CLXVI

    Todas las riquezas por un cáliz de vino generoso.
    Todos los libros y toda la sabiduría de los hombres, por un suave aroma de vino.
    Todos los himnos de amor por la canción del vino que fluye.
    Toda la gloria de Féridun por los reflejos del vino en este cántaro.

    CLXVII

    Recibí el golpe esperado. Mi bienamada acaba de abandonarme.
    Mientras la tuve, era fácil despreciar el amor y exaltar todos los renunciamientos.
    Cerca de tu bienamada ¡Ay Khayyám ,que solo estabas!
    ¿Comprendes? Se fue para que tú pudieras refugiarte en ella…

    CLXVIII

    Señor , destrozaste mi felicidad. Señor ,
    una muralla elevaste entre mi corazón y el corazón de mi bienamada
    Mi hermosa vendimia pisoteaste.
    Voy a morir. Pero tú te tambaleas borracho.

    CLXIX

    Silencio ¡Oh mi dolor!
    Déjame buscar un consuelo.
    Es necesario que viva. Los muertos no tienen memoria.
    Y yo anhelo volver a ver sin cesar a mi bienamada.

    CLXX

    Laúdes, cálices y perfumes , bucles y ojos color de almendra ,
    juguetes que el tiempo pudre ; juguetes.
    Austeridad, labor y meditación , soledad , oración y renunciamiento
    Cenizas que el tiempo disemina. Cenizas.

    Fin

    (En Internet, se puede leer en:

    Taringa! – Omar Khayyam, http://www.taringa.net

    A media voz, http://amediavoz.com/khayyam.htm)


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