Penetrar la infelicidad

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Sentís dolor -o conflicto interior-, buscás soluciones, recurrís primeramente a las convencionales; tal vez, no tenés resultados, buscás otras alternativas… y en ese camino te van pasando cosas… te vas enterando de lo “psico-somático”, del “flujo de la conciencia”, de las “puertas de la percepción”, de la “meditación trascendental”, del “inconsciente colectivo”, del “inconsciente freudiano”, del “phantasma lacaniano”… Y te siguen pasando cosas… Una sigue andando…

Fragmento de un diálogo sobre meditación y dolor entre Charles T. Tart y Shinzen Young:

“Encontrar a Dios.

Shinzen: Debo agregar algo a un tema que hablamos anteriormente, cuando usted me preguntó sobre qué hacer con los dolores. Dije que en realidad usted me planteaba dos preguntas. En primer lugar, ¿qué hacer con los dolores? En segundo lugar, ¿qué tiene que ver el sentarse sintiendo el dolor en el trasero con la realización de Dios?

Hay muchas descripciones válidas del proceso meditativo y hay muchas técnicas válidas para llegar a la realización. Es más, hay muchas descripciones válidas de lo que es la realización. ¡ Hoy día, aun los maestros budistas a veces piensan en la realización de Dios ! Da la casualidad que usé la palabra “Dios“, pero igual podríamos usar palabras como “el fundamento del ser”, o el “estado natural”.

Así pues, ¿qué tiene que ver sentir el dolor en el trasero con realizar a “Dios” o la “verdadera naturaleza de las cosas”?

Al aprender a sentir las sensaciones dentro del cuerpo con una actitud de ecuanimidad, revertimos el hábito de tensarnos en torno a las sensaciones. Esta es la primera forma de tensionarnos que adquirimos. Cuando el bebé madura y comienza a pensar, el hábito de tensionarse se traslada al proceso de pensamiento. Eventualmente, las seis “puertas de la sensación” (oír, ver, oler, gustar, sentir, pensar) adquieren el hábito de congelarse microscópicamente de momento a momento. Dicho hábito evita que experimentemos las puertas de la sensación como parte del fluir de la naturaleza.

Debemos empezar con cualquier tipo de sensación -sea ésta agradable, desagradable o neutral- y comenzar a observarla de manera diestra. Así pues, comenzamos a des-aprender el hábito de obstruir el flujo de la conciencia en el nivel más primitivo, donde dicho hábito originó. Poco después, somos capaces de pensar sin congelar el proceso de pensamiento. El ojo comienza a funcionar sin congelar el campo visual y el flujo entero de la conciencia comienza a adquirir características de olas que se esparcen por la superficie de un lago. Las operaciones de las sensaciones suceden de por sí, con una cualidad espontánea y libre de esfuerzo. Este fluir sin obstrucción es también la naturaleza del espíritu creador que da lugar a la apariencia del mundo. Así que hay una conexión directa entre tan sólo sentarse ahí, observando los tirones y temblores entre los omóplatos y realizar a Dios.

Pero también debemos observar nuestro deseo de Dios con ecuanimidad. Hay que observar este deseo ir y venir.

Hay un par de fenómenos que, si se observan de manera meditativa, son muy productivos. El primero es el deseo de iluminarnos, el deseo de realizar a Dios. Una manera rápida de obtener una experiencia directa de Dios es observar el deseo de tener esa experiencia ir y venir, hasta percatarnos de la insustancialidad, de la impermanencia de dicho deseo. Entonces las obstrucciones para la realización de Dios desaparecen y el estado que deseamos comienza a brillar por sí solo.

En otras palabras, no podemos “alcanzar” la iluminación. Sin embargo, podemos eliminar las obstrucciones a la iluminación y ella brillará por sí sola. Paradójicamente, una obstrucción principal a la iluminación es el hecho de desearla. Por ende, si podemos observar con ecuanimidad el ir y venir de nuestro deseo de la iluminación (o el deseo de algo especial en la meditación), entonces la iluminación no anda lejos.

Otra manera de explicarlo es que lo único que necesitamos hacer para ser completamente felices es penetrar cada momento de infelicidad. Al sentarnos, cuando se da una sensación de querer “algo más en este momento”, si podemos penetrar esa sensación, entonces penetramos una obstrucción tangible a la felicidad. Luego, al surgir otra sensación de desear algo, algo diferente, alguna otra cosa, trascendemos dicha sensación y así sucesivamente…”

Del sitio de Shinzen Young

PD: Realización… qué era lo que ‘se realiza’? Qué era lo que ‘se encuentra’? ‘Dios’?, el ‘fundamento del ser’?, la ‘verdadera naturaleza de las cosas’? 

PD2: En esas charlas hay unos cuantos fragmentos que me gustaron… sobre el manejo del dolor. Otro día los copio y pego -ya saben que este es un Blog Copy&Paste mediante el cual compartimos lecturas. Saludos.

1 Comment »

  1. 1
    MARCOS MADRIGAL Says:

    …………… gracias por la pagina ……………..


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