Discreción e indiscreciones

De un libro-re-contra-viejo…

“La discreción es una cualidad preciosa, que duplica el valor de todas las demás.

Consiste en no ser nunca importuno, en no abusar de nada, en respetar el tiempo y la libertad de los demás, lo mismo que sus secretos.

Todo el mundo está obligado a ella. No hay persona que no tenga que guardar silencio sobre ciertas cosas íntimas referentes a su familia, amigos o conocidos; que no deba evitar la grosera indiscreción de escuchar junto a las puertas, de leer cartas o papeles dejados en un escritorio; que no tenga el deber de no revelar un secreto que la confianza o la casualidad le han confiado.

Leer una carta dirigida a otro es indiscreción imperdonable, delito contra el honor, y proceder de hombre descortés.

Es igualmente grave indiscreción el tratar de adivinar, por el examen de un sobre, de dónde viene una carta, por quién fue escrita, y forjar sobre esto suposiciones más o menos fantásticas.

Ciertas personas, devoradas por el deseo de saberlo todo, se vuelven molestas en extremo por sus preguntas indiscretas acerca de la familia, la fortuna, la vida íntima…

Desoídas la primera, la segunda o la tercera vez, no se conforman con ello, volviendo a la carga hasta que su curiosidad queda satisfecha, y este deseo de conocerlo todo las hace insoportables, atrayéndoles muchos enemigos.

La curiosidad, hermana de la indiscreción, si no es vicio del corazón, es defecto propio de los niños y una manía de los tontos. Puede llegar a ser intolerable.

Sólo un hombre falto de corazón y educación podrá aprovecharse de una cordial hospitalidad para penetrar en los secretos de una familia y descorrer el velo de sus íntimas miserias.

El hogar doméstico es sagrado, y abrir sus puertas a todos con chismes y habladurías indiscretas es acción vil, vergonzosa y humillante. «Si has visto u oído alguna cosa, dice Erasmo, finge no saber lo que sabes.»

Con justicia es severo el mundo para con los indiscretos, pues los considera como personas poco delicadas, que no merecen confianza alguna y que carecen de la más vulgar educación.”

Fuente: “Manual de Urbanidad”, por H.E.C., Nueva Edición Refundida, Librería de José Moly, Buenos Aires. 
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