Elogio de la dialéctica. Bertolt Brecht

La historia es larga, el mundo es grande, y este poema no perdió actualidad…

Hoy la injusticia se pavonea con paso seguro.
Los opresores se instalan como para diez mil años.
La violencia asegura: “Todo seguirá como está”.
No suena otra voz que la de la clase dominante
y en los mercados la explotación proclama: “Esto recién comienza”.
Por otra parte muchos de los oprimidos ahora dicen:
“Lo que nosotros queremos, nunca será”.

¡El que aún está vivo, que no diga: «nunca»!
Lo seguro no es seguro.
Nada quedará como está.
Cuando hayan hablado los que dominan
hablarán los dominados.
¿Quién se atreve a decir «nunca»?
¿De quién depende que la opresión continúe? De nosotros.
¿De quién depende que se la aplaste? También de nosotros.

El que es derribado, ¡que se levante!
El que está perdido, ¡que luche!
¿Cómo han de detener a quien ha tomado conciencia de su situación?
Pues los vencidos de hoy son los vencedores de mañana
y ese «nunca» será: ¡Hoy mismo!

Bertolt Brecht

Eugen Berthold (Bertolt) Friedrich Brecht (Augsburgo, 10 de febrero de 1898-Berlín Este, 14 de agosto de 1956) fue un dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes del siglo XX, creador del teatro épico, también llamado teatro dialéctico….  https://es.wikipedia.org/wiki/Bertolt_Brecht

 

Autor: AcuarelaDePalabras

Lecturas entre amigos...

8 opiniones en “Elogio de la dialéctica. Bertolt Brecht”

  1. Un texto sin duda muy actual, seguimos igual o peor que en los tiempos de Brecht, pero no entiendo por qué se llama «Elogio de la Dialéctica». Como aquel poema de Gonzalo Rojas «La Lepra» que ataca a la retórica con más retórica, y finalmente no se sabe si es una demostración genial de retórica o un verdadero ataque a la retórica. En el poema de Brecht no queda claro por qué se elogia a la dialéctica, cuál es el elogio. Aunque se quiere refutar la retórica de la ideología no exalta la lógica dialéctica. En otras palabras, sigue siendo un poco retórico, pero el lugar de la poesía es siempre la retórica ¿o me equivoco?, no la dialéctica. Son esos problemas que surgen del análisis de la forma y el contenido, el contenido expresa un mensaje que la misma forma se encarga de refutar.

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  2. Canción del comerciante – Bertolt Brecht

    Río abajo hay arroz,
    río arriba la gente necesita el arroz.
    Si lo guardamos en los silos,
    más caro les saldrá luego el arroz.
    Los que arrastran las barcas recibirán aún menos.
    Y tanto más barato será para mí.

    Pero ¿qué es el arroz realmente?
    ¡Yo qué sé lo que es el arroz!
    ¡Yo qué sé quién lo sabrá!
    Yo no sé lo que es el arroz.
    No sé más que su precio.

    Se acerca el invierno, la gente necesita ropa.
    Es preciso, pues, comprar algodón
    y no darle salida.
    Cuando el frío llegue, encarecerán los vestidos.
    Las hilanderías pagan jornales excesivos.
    En fin, que hay demasiado algodón.

    Pero ¿qué es realmente el algodón?
    ¡Yo qué sé lo que es el algodón!
    ¡Yo qué sé quién lo sabrá!
    Yo no sé lo que es el algodón.
    No sé más que su precio.

    El hombre necesita abundante comida
    y ello hace que el hombre salga más caro.
    Para hacer alimentos se necesitan hombres.
    Los cocineros abaratan la comida,
    pero la ponen cara los mismos que la comen.
    En fin, son demasiado escasos los hombres.
    Pero ¿qué es realmente un hombre?

    ¡Yo qué sé lo que es un hombre!
    ¡Yo qué sé quién lo sabrá!
    Yo no sé lo que es un hombre.
    No sé más que su precio.

    Bertolt Brecht: http://es.wikipedia.org/wiki/Bertolt_Brecht

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  3. Bertolt Brecht. Elogio de la duda

    ¡Alabada sea la duda! Os lo aconsejo:
    Saludadme con afable respeto
    A quien pondere vuestra palabra como a falsa moneda.
    Que yo os querría avisados, y que no dierais
    Vuestra palabra por descontada.

    Leed la historia, y ved
    Los invulnerables ejércitos en descompuesta fuga.
    Por doquiera
    Se desploman indestructibles fortalezas, y
    De aquella Armada Invencible que partió
    Con un sinnúmero de naves,
    Contadas regresaron.

    Hete aquí que un día coronó un hombre
    Una cima inaccesible
    Y un barco alcanzó el confín
    Del mar infinito.
    ¡Hermoso gesto, sacudir la cabeza
    Ante la indiscutible verdad!
    ¡Qué valiente, el médico
    Que cura al enfermo desahuciado!
    Pero la más hermosa de todas las dudas,
    La de los exánimes, la de los desesperados
    Que levantan cabeza
    Y dejan de creer
    En la fuerza de sus opresores.

    ¡Ah, cuánta brega pugnaz, hasta sentar el principio!
    ¡La de sacrificios que costó!
    Que es así, y no de tal otra manera,
    ¡Qué difícil resultó llegar a verlo!
    Con un suspiro de alivio lo escribió un humano un día
    En el libro de registros del saber.
    Tal vez siga allí escrito mucho tiempo y muchas generaciones
    Vivan con él y lo vean como sabiduría eterna
    Y desprecien los enterados a quienquiera lo desconozca.
    Y entonces podría darse que surgiera un recelo, pues nuevas experiencias
    Hacen sospechoso el principio, y se despierta la duda.
    Y que otro día, por cautela, tachara otro humano el principio
    En el libro de registros del saber.

    Asediado por un rugir de órdenes, inspeccionado
    En su virtud, examinado por barbiluengos doctores,
    Conminado por seres radiantes munidos de áureos distintivos,
    Intimado por solemnes Papas a golpe de libro escrito por el propio Dios, instruido
    Por impacientes maestros: así se halla el pobre, que ha de oírse
    Que el mundo es el mejor de los mundos, y que la gotera
    De su cuartucho por Dios mismo ha sido ideada.
    Lo tiene realmente difícil
    Para dudar de este mundo.
    Anegado en sudor, construye el hombre la casa
    En la que no habrá de vivir.
    Pero también suda a mares quien construye
    Su propia casa

    Los irreflexivos nunca dudan.
    Su digestión es brillante, su juicio, infalible.
    No creen en los hechos; sólo se creen a sí propios.

    Si preciso es,
    Los hechos deben creerles a ellos.
    Su paciencia consigo mismos
    Es ilimitada; a los argumentos,
    Prestan oídos de espía.

    Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,
    Están los meditabundos,
    Que nunca actúan.
    No dudan para venir a la decisión, sino
    Para desertar de la decisión. De la cabeza
    Se sirven sólo para sacudirla. Tan seriecitos
    Advertirán de los peligros del agua
    A los pasajeros del barco que se hunde.
    Bajo el hacha del asesino,
    Se preguntarán si no es también él un ser humano.
    Se van a la cama mascullando
    Que la cosa no está aún cabalmente pensada.
    Su acción consiste en vacilar.
    Su sentencia favorita: no está listo para sentencia.

    Cuando alabéis la duda –ni que decir tiene—,
    No la confundáis con la
    Irresolución sin esperanza.
    ¿De qué le vale dudar
    A quien no puede decidirse?
    Quien con razones insuficientes se conforma
    Puede equivocarse en la acción;
    Inerme siempre ante el peligro queda
    Quien demasiadas necesita.

    Y tú que eres dirigente, no olvides
    Que lo eres porque antes dudaste de los dirigentes.
    ¡Permite, pues, a los dirigidos
    Dudar!

    Bertolt Brecht: http://es.wikipedia.org/wiki/Bertolt_Brecht

    Leído en: https://soydondenopienso.wordpress.com/2014/01/09/bertolt-brecht-elogio-de-la-duda/

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  4. Bertolt Brecht. Palabras de un obrero a un médico

    ¡Nosotros sabemos lo que nos enferma!
    Cuando nos sentimos mal nos enteramos
    que eres tú el que nos va a curar.

    Durante diez años, nos dicen,
    en hermosas escuelas
    construidas con dinero del pueblo,
    aprendiste a curar, y tu ciencia
    te ha costado una fortuna.
    Tienes que saber curar.

    ¿Sabes curar?
    En tu consultorio
    nos arrancan los harapos
    y tú aplicas el oído a nuestros cuerpos desnudos.

    Una mirada a los harapos te informaría mejor
    sobre la causa de nuestra enfermedad.
    La misma causa
    desgasta nuestros cuerpos y nuestras ropas.

    Dices que el dolor en el hombro
    proviene de la humedad, de la que
    también proviene la mancha que hay
    en la pared de nuestra casa.

    Dinos entonces:
    ¿de dónde proviene la humedad?

    Exceso de trabajo y falta de comida
    nos hacen flacos y débiles.

    Tu receta dice:
    “Tiene que aumentar de peso.”
    Es como decirle al junco
    que no debe mojarse

    ¿Cuánto tiempo nos dedicas?
    Es evidente: la alfombra de tu casa
    cuesta tanto como cinco mil consultas.

    Probablemente dirás que eres inocente.
    La mancha de humedad en la pared
    de nuestra casa dice lo mismo.

    (En “80 Poemas y Canciones”)

    Leído en: https://soydondenopienso.wordpress.com/2006/09/06/palabras-de-un-obrero-a-un-medico/

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  5. Bertolt Brecht. Preguntas de un obrero que lee

    (vía soydondenopienso)

    ¿Quién construyó Tebas,
    la de las Siete Puertas?
    En los libros figuran
    sólo los nombres de reyes.
    ¿Acaso arrastraron ellos
    bloques de piedra?
    Y Babilonia, mil veces destruida,
    ¿quién la volvió a levantar otras tantas?
    Quienes edificaron la dorada Lima,
    ¿en qué casas vivían?
    ¿Adónde fueron la noche
    en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
    Llena está de arcos triunfales
    Roma la grande. Sus césares
    ¿sobre quienes triunfaron?
    Bizancio tantas veces cantada,
    para sus habitantes
    ¿sólo tenía palacios?
    Hasta la legendaria
    Atlántida, la noche en que el mar se la tragó,
    los que se ahogaban
    pedían, bramando, ayuda a sus esclavos.
    El joven Alejandro conquistó la India.
    ¿El sólo?
    César venció a los galos.
    ¿No llevaba siquiera a un cocinero?
    Felipe II lloró al saber su flota hundida.
    ¿No lloró más que él?
    Federico de Prusia
    ganó la guerra de los Treinta Años.
    ¿Quién ganó también?
    Un triunfo en cada página.
    ¿Quién preparaba los festines?
    Un gran hombre cada diez años.
    ¿Quién pagaba los gastos?
    A tantas historias,
    tantas preguntas.

    https://soydondenopienso.wordpress.com/2010/02/04/bertolt-brecht-preguntas-de-un-obrero-que-lee/

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