El duelo de la viudez: «sin que tu mano me confirme la mía»

 

Prosiguiendo mi búsqueda de textos relacionados con el duelo por la pérdida de un ser querido…

 

De una nota -mucho más extensa– donde la periodista Sonia Tessa entremezcla dichos de la presidenta CFK y reflexiones de Esther Moncarz autora del libro “Ser viuda: de la pérdida a la reconstrucción” y de otras viudas: Nora Mazziotti, Matilde Bruera, Ana María Amado

Se titula: EXPERIENCIAS, La vida después, 24/12/2010

Duelo01“Para cualquier persona, la muerte de su pareja es una mutilación que cambia en un instante –aun cuando sobrevenga luego de una larga enfermedad– todo proyecto de vida posible…

En estos días, además, esa persona no ocupará nunca más el lugar acostumbrado en la mesa para las cenas de Nochebuena y Fin de Año, no hará los chistes de siempre, no tomará ese champagne ni pellizcará el pan dulce. Las fiestas son un momento difícil del duelo, porque la ausencia se hace contundente. Nada será igual, y esta es la primera Navidad diferente.

Porque, más allá de los recursos personales que cada persona tenga, el duelo es intransferible.

“Una parte de mí se quedó con él en Río Gallegos”, dijo la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner apenas cinco días después de la muerte de Néstor, a quien calificó como su “compañero de vida, de ideales, de lucha”. Las palabras justas, como siempre, esta vez para darle sentido al dolor más profundo.

Poco más de un mes ha pasado. La semana pasada, el martes 14, la Presidenta volvió sobre su duelo:

… “Quiero decirles algo, con todo el dolor que llevo adentro, con toda esta inmensa tristeza que tengo por la pérdida irreparable, quiero darles la garantía de que voy a seguir inquebrantablemente frente a mi pueblo, frente a nuestra sociedad, gobernando”.

 

El indeseado duelo tiene sus tiempos y demanda esfuerzo…

… la sensación es que el mundo se transformó y está devastado. Son muchas las pérdidas que se generan con la pérdida de esa persona que fallece.

… aparecen la resiliencia –la capacidad de convertir el dolor en fuerza para avanzar– y la cuestión del legado… Honrarás a tus muertos, es un mandato atávico…

“Me pasé meses llorando, algo que Cristina no pudo hacer. Fueron seis, siete meses duros, durísimos. Me pasaron incluso cosas corporales…” (NM) …

 

El primer paso del duelo es la aceptación.

”El no querer aceptar la realidad, que es muy dura, la verdad que es devastadora esa sensación que a veces se traduce en una sensación de perder una parte del propio cuerpo…

“Es muy duro… estuvo un año y medio enfermo, pero nada te prepara para la muerte. Es cierto que yo lo fui despidiendo, que sabía que él se moría, y lo hablábamos. Nos pudimos decir mil veces cómo nos quisimos, y qué bien que la pasamos en tal lado o tal otro. Pero… esos que dicen que es mejor porque te vas preparando. No, no es así. No sabés lo que es la muerte, mientras él estaba, aun cuando estuviera internado, yo lo tocaba y él estaba tibio. Después, no está nunca más, nunca más…” (NM)

 

ningún consuelo resulta suficiente ante la muerte del compañero.

“Tengo mi laburo, tengo la literatura, que recién ahora publico, tengo cuatro hijos, tengo tres nietas, pero nada lo reemplaza. Mucha gente me dice: ‘Ah, pero tenés las nietas’. Pero a veces no tenés ni ganas de ver a las nietas…” (NM)

 

(Se demora) unos meses en recuperar ciertos ritos.

“Salvo ir a trabajar, todo el resto estaba entre paréntesis, dependía de cómo me sentía en el momento. No podía planificar porque de golpe llegaba la hora de salir y me sentía un trapo, no me podía mover. Porque además, estaba ocupada con el duelo. No es que no estás haciendo nada, estás elaborando la pérdida…

El ánimo es como una montaña rusa, un sube y baja. De golpe, te encontrás llorando a moco tendido. …” (NM)

Para quien transcurre por estos andariveles, es un tránsito difícil, que demanda mucho trabajo psíquico, mucha energía…

La viudez es muy dura. Es la pérdida del compañero de vida, con el que uno armó todos los proyectos. También es duro porque hay que seguir adelante con lo cotidiano…

… (hay) momentos en los que se hace presente el agujero negro que significa la muerte. Algo similar le pasó a la Presidenta cuando volvió al Luna Park. “No me la hagan difícil, la última vez que estuve acá, él estaba conmigo. Ayúdenme a hablar bien”, dijo como un ruego. …

“No es mi momento más difícil, sino el más doloroso”, … el dolor íntimo es sólo de ella.

En ese sentido, Moncarz consideró que la presencia masiva en la Plaza de Mayo tras la muerte de Kirchner fue un puntal, no sólo político. Es que los vínculos son necesarios para aceptar la ausencia y proyectar nuevamente la vida.

 

Para alguien que transita un duelo, si hay algo que es importante son las redes sociales.

Pasado el primer momento, donde se produce una situación de mucho encierro, es importante contar con una red social de sostén de amigos, de amigas, de parientes que acompañe, que hace menos doloroso el dolor…

 

… Las decisiones que la Presidenta debe tomar cada día suman exigencia, pero significan también un lugar donde plantarse. “Salvando las distancias, atender a las cosas concretas y materiales de las demandas que plantea la vida es algo que cualquier mujer que transite un duelo debe pasar, y es recomendable… En esa acción cotidiana, empieza la reconstrucción…”

 

… el duelo es tomar conciencia de que la vida sigue…

… “Tampoco hay opción de retirarse a llorar, porque uno tiene que seguir… mi bronca era seguir y no tenerlo al lado” (MB)

 

… en el imaginario social juegan los estereotipos.

“Una mujer sin un hombre pierde su identidad, quién es una mujer sin un hombre. Y la misma devaluación de la palabra viuda –y de su lugar– tiene que ver con la idea de que no se puede ser una mujer sin un hombre”, confió Moncarz. En su trabajo con grupos de mujeres que perdieron a sus esposos, descubrió que la palabra viuda tenía connotaciones negativas para las participantes. “Ni me nombres esa palabra, me decían las pacientes. Significa ser vieja, ser desvalida, no tener a nadie, es la imagen del desamparo…”…

 

Al final, si las etapas pueden ir cumpliéndose, se reformularán los afectos, para seguir viviendo.

El amor seguirá existiendo, siempre en pasado. Quedarán los recuerdos compartidos. Y un día, con una sonrisa, volverá a la memoria aquel chiste, aquella ocurrencia, aquel momento de complicidad, el dolor pesará menos.

 

El tiempo permite aliviar la pena. Y algunas palabras le dan espesura, la ponen en otro lugar. …

Ana María Amado sufrió el desgarro de la muerte de su compañero… Para hablar de esa pérdida, cuenta que en el momento de peor dolor, una amiga poeta le acercó el poema En la brisa, un momento”, de Olga Orozco

“Y me pregunto ahora cómo hacer para mirar de nuevo una torcaza,/
para volver a ver una bahía, una columna, el fuego, el humo de la sopa,/
sin que tus ojos me aseguren la consistencia de su aparición,/
sin que tu mano me confirme la mía./
Será como mirar apenas los reflejos de un espejo ladrón,/
imágenes saqueadas desde las maquinarias del abismo,/
opacas, andrajosas, miserables”,  dice un fragmento del poema.

“… Sentí muy hondo que se nos acabara el tiempo para estar juntos. Pero no soy la única viuda del mundo. Siempre digo, qué suerte que tuve un gran amor, sería horrible no haberlo tenido.” (NM)

…”

Leído en: Página/12 – Suplemento LAS12

Las negritas y otros formatos son producto de mi lectura personal.

PD:  Algo de lo que no se habló en esta nota es de la viudez en las clases medias bajas/trabajadoras… siendo que la pobreza empeora todas las situaciones… /NormaLuz, la bloguera de aquí.

Posts relacionados: El duelo por la muerte del padre   Etapas descriptas por la Dra. E. Kubler Ross…

Autor: AcuarelaDePalabras

Lecturas entre amigos...

10 opiniones en “El duelo de la viudez: «sin que tu mano me confirme la mía»”

  1. La muerte nos ha separado a nosotros que caminábamos tan íntimamente unidos. Llevándote a uno solo haces morir a los dos, pues la vida que me queda me es más muerte.

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  2. Hace 27 dias que murio mi esposo teniamos 23 anos de matrimonio mas cuatro que duramos de novios, fue mi gran amor de mi vida lo quise desde los 12 anos, ahora que no esta a mi lado me siento sola, me hace falta, tengo ganas de verlo, ganas de platicar con el y no esta, veo a mis hijos y me siento impotente de no poder ayudarlos, como se los regreso?, no puedo, quisiera poder llorar todo el dia pero no quiero llorar delante de ellos, me quiero hacer la fuerte pero la verdad los fuertes son ellos, me siento perdida no se que va a ser de mi vida, siempre me sentia apoyada por el, era como parte de mi cuerpo, nunca me imagine estar sola, siempre haciamos planes juntos, teniamos tantos suenos planeados jamas nos imaginamos esto, no lo puedo creer, no lo puedo creer, como pudo pasar..?

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  3. 23 de Junio – Día internacional de las Viudas

    «El 21 de diciembre de 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 65/189 decidió observar el 23 de junio Día Internacional de las Viudas.

    Ausentes en las estadísticas, inadvertidas por los investigadores, abandonadas por las autoridades locales y nacionales, y mayormente ignoradas por las organizaciones de la sociedad civil, la situación de las viudas es, en efecto, invisible.

    Sin embargo, el abuso de las viudas y sus hijos constituye una de las más graves violaciones a los derechos humanos y obstaculiza el desarrollo actual. Millones de viudas en el mundo soportan extrema pobreza, aislamiento, violencia, falta de vivienda, enfermedades y discriminación en lo que respecta a la ley y las costumbres.

    A fin de darle un reconocimiento especial a la situación de las viudas de todas las edades y de todas las regiones y culturas, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró al día 23 de junio de 2011 como el primer Día Internacional de las Viudas de la historia.»

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  4. Poema de Olga Orozco
    En la brisa, un momento
    a A Valerio

    ¡Ya se fue! ¡Ya se fue! -se queja la torcaza.
    el lamento se expande de hoja en hoja,
    de temblor en temblor, de transparencia en transparencia,
    hasta envolver en negra desolación el plumaje del mundo.
    -¡Ya se fue! ¡Ya se fue! -como si yo no viera.
    Y me pregunto ahora cómo hacer para mirar de nuevo una torcaza,
    para volver a ver una bahía, una columna, el fuego, el humo de la sopa,
    sin que tus ojos me aseguren la consistencia de su aparición,
    sin que tu mano me confirme la mía.
    Será como mirar apenas los reflejos de un espejo ladrón,
    imágenes saqueadas desde las maquinarias del abismo,
    opacas, andrajosas, miserables.
    ¿Y qué será tu almohada, y qué será tu silla,
    y qué serán tus ropas, y hasta mi lecho a solas, si me animo?
    Posesiones de arena,
    sólo silencio y llagas sobre la majestad de la distancia.
    Ah, si pudiera encontrar en las paredes blancas de la hora más cruel
    esa larga fisura por donde te fuiste,
    ese tajo que atravesó el pasado y cortó el porvenir,
    acaso nos veríamos más desnudos que nunca, como después de nunca,
    como después del paraíso que perdimos,
    y hasta quizás podríamos nombrarnos con los últimos nombres,
    esos que solamente Dios conoce,
    y descubrir los pliegues ignorados de nuestra propia historia
    cubriendo las respuestas que callamos,
    incrustadas tal vez como piedras preciosas en el fondo del alma.
    Todo lo que ya es patrimonio de sombras o de nadie.
    Pero acá sólo encuentro en mitad de mi pecho
    esta desgarradura insoportable cuyos bordes se entreabren
    y muestran arrasados todos los escenarios donde tú eres el rey
    -un instantáneo calco del que fuiste, un relámpago apenas-
    bajo la rotación del infinito derrumbe de los cielos.
    Fuera de mí la nube dice «No», el viento dice «No», las ramas dicen «No»,
    y hasta la tierra entera que te alberga,
    esa tierra dispersa que ahora es sólo una alrededor de ti,
    se aleja cuando llamo.
    ¿Cómo saber entonces d0nde estás en este desmedido, insaciable universo,
    donde la historia se confunde y los tiempos se mezclan y los lugares se deslizan,
    donde los ríos nacen y mueren las estrellas,
    y las rosas que me miran en Paestum no son las que nos vieron sino tal vez las que miró Virgilio?
    ¿Cómo acertar contigo,
    si aun en medio del día instalabas a veces tu silencio nocturno,
    inabordable como un dios, ensimismado como un árbol,
    y tu delgado cuerpo ya te sustraía?
    Aléjate, memoria de pared, memoria de cuchara, memoria de zapato.
    No me sirves, memoria, aunque simules este día.
    No quiero que me asistas con mosaicos, ni con palacios, ni con catedrales.
    Húndete, piedra de la Navicella, junto al cisne de Brujas,
    bajo las noches susurradoras de Venecia.
    Sopla, viento de Holanda, sobre los campos de temblorosas amapolas,
    deshoja los recuerdos, barre los ecos y la lejanía.
    No quiero que sea nunca para siempre ni siempre para nunca.
    Juguemos a que estamos perdidos otra vez entre los laberintos de un jardín.
    Encuéntrame, amor mío, en tu tiempo presente.
    Mírame para hoy con tus ojos de miel, de chispas y de claro tabaco.
    Sé que a veces de pronto me presencias desde todas partes.
    Tal vez poses tu mano lentamente como esta lluvia sobre mi cabeza
    o detengas tus pasos junto a mí en pálida visitación conteniendo el aliento.
    He conseguido ver el resplandor con que te llevan cuando te persigo;
    he aspirado también, señor de las plantaciones y las flores,
    el aroma narcótico con que me abrazas desde un rincón vacío de la casa,
    y he oído en el pan que cruje a solas el pequeño rumor con que me nombras,
    tiernamente, en secreto, con tu nuevo lenguaje.
    Lo aprenderé, por más que todo sea un desvarío de lugares hambrientos,
    una forma inconclusa del deseo, una alucinación de la nostalgia.
    Pero aun así, ¿qué muro es insoluble entre nosotros?
    ¡Hemos huido juntos tantos años entre las ciénagas y los tembladerales delante de las fieras de tu mal
    cubriendo la retirada con el sol, con la piel, con trozos de la fiesta,
    con pedazos inmensos del esplendor que fuimos, hasta que te atraparon!
    Anudaron tu cuerpo, ya tan leve, al miedo y al azar,
    y escarbó en tus tejidos la tiniebla monarca con uñas y con dientes,
    mientras dábamos vueltas en la trampa, sin hallar la salida.
    La encontraste hacia arriba, y lograste escapar a pura pérdida, de caída en caída.
    Aún nos queda el amor:
    esa doble moneda para poder pasar a uno y otro lado.
    Haz que gire la piedra, que te traiga de nuevo la marea,
    aunque sea un instante, nada más que un instante.
    Ahora, cuando podrás mirar tan «fijamente el sol como la muerte»,
    no querrás apagarlo para mí ni querrás extraviarme detrás de los escombros,
    por pequeña que sea mirada desde allá,
    aun menos que una nuez, que una brizna de hierba que unos granos de arena.
    Y porque a veces me decías: «Tú hiciste que la luz fuera visible»,
    y otra vez descubrimos que la muerte se parece al amor
    en que ambos multiplican cada hora y lugar por una misma ausencia,
    yo te reclamo ahora en nombre de tu sol y de tu muerte una sola señal,
    precisa, inconfundible, fulminante, como el golpe de gracia que parte en dos el muro
    y descubre un jardín donde somos posibles todavía,
    apenas un instante, nada más que un instante,
    tú y yo juntos, debajo de aquel árbol
    copiados por la brisa de un momento cualquiera de la eternidad.

    Leído en: http://amediavoz.com/orozco.htm

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