Historia y tradiciones del día de Año Nuevo

Un elogio a la esperanza que se renueva cada 365 días…

“(2000 a. C., Babilonia)

El día de Año Nuevo es la más antigua y universal de las festividades religiosas. Curiosamente, su historia comienza en una época en la que aún no existía un calendario anual. El tiempo transcurrido entre la siembra y la cosecha representaba un “año” o ciclo.

Fiesta01La fiesta de Año Nuevo más antigua que se ha registrado se celebraba en la ciudad de Babilonia, cuyas ruinas se alzan cerca de la moderna ciudad de Al-Illah, en Irak. Se situaba a fines de marzo, en el equinoccio vernal o de primavera, esto es, al comenzar esta estación, y los actos festivos duraban once días. Los festejos modernos palide­cen si se comparan con ellos.

Los iniciaba un sumo sacerdote que, habiéndose levantando dos horas antes del alba y tras bañarse en las aguas sagradas del Éufrates, ofrecía un himno al dios local de la agricultura, Marduk, orando para pedir un nuevo ciclo de cosechas abundantes. Se pasaba la grupa de un carnero decapitado por los muros del templo, a fin de absorber todo contagio que pudiera infestar el sagrado edificio y, por extensión, la cosecha del año siguiente. La ceremonia recibía el nombre de Kuppuru, palabra que apareció entre los hebreos casi al mismo tiempo, en su día de Reparación, o Yom Kippur.

Tanto desde el punto de vista astronómico como del agrícola, Enero es el peor tiempo para comenzar simbólicamente un ciclo agrario o Año Nuevo. El sol no se encuentra en un lugar adecuado del cielo, como ocurre en los equinoccios de primavera y otoño y en los solsticios de invierno y verano, los cuatro acontecimientos solares que ponen fin a las estaciones. El traslado de este día sagrado se inició con los romanos.

Según su antiguo calendario, los romanos consideraban el 25 de marzo, comienzo de la primavera, como el primer día del año. Sin embargo, los emperadores y los altos funcionarios alteraron repetidamente la longitud de meses y años para ampliar el tiempo de sus mandatos.

Las fechas del calendario guardaban tan poca sincronización con los hitos astronómicos en el año 153 a.C., que para fijar con seguridad numerosas ocasiones de tipo público el Senado Romano declaró el 1 de enero primer día del año. A continuación se produjeron nuevas alteraciones de fechas, y para iniciar de nuevo el calendario, el 1 de enero, en el año 46 a.C., Julio César tuvo que prolongar el año hasta 445 días, por lo que se conoce en la historia como “Año de la Confusión”. El nuevo calendario creado por César fue llamado, en su honor, calendario juliano.

Después de la conversión de Roma al cristianismo en el siglo IV, los emperadores siguieron organizando celebraciones de Año Nuevo. Sin embargo, la naciente Iglesia abolió todas las prácticas paganas (es decir, no cristianas), y por tanto condenó estas festividades como escandalosas y prohibió a los cristianos su participación en ellas.

A medida que la Iglesia consiguió conversos y poder, planificó estratégicamente sus propias fiestas para competir con las paganas, en muchas ocasiones aprovechándose de su popularidad.

Para rivalizar con la fiesta de Año Nuevo, el 1 de enero, la Iglesia estableció su propia festividad en la misma fecha, la Circuncisión del Señor, que todavía observan católicos, luteranos, episcopalianos y numerosas Iglesias ortodoxas de Oriente.

Durante la Edad Media, la Iglesia se mantuvo tan hostil al antiguo Año Nuevo pagano, que en las ciudades y países predominantemente católicos esta celebración desapareció por completo. Y, cuando periódicamente volvía a resurgir, quedaba relegada al olvido en poco tiempo y casi en todas partes.

En cierta época, durante la Baja Edad Media, desde el siglo XI al XIII, los británicos celebraban el Año Nuevo el 25 de marzo, los franceses el domingo de Pascua, y los italianos el día de Navidad, que era entonces el 15 de diciembre; sólo en la Península Ibérica se observaba el 1 de enero. La aceptación general de esta fecha sólo data de los últimos 400 años.
 
La NocheVieja

Desde tiempos muy antiguos, ésta ha sido la más bulliciosa de las noches.

Para los antiguos agricultores europeos, los espíritus que destruían las cosechas por medio de enfermedades eran barridos durante la noche que precedía al Año Nuevo, con un gran concierto de cuernos y tambores.

En China, las fuerzas de la luz, el Yang, derrotaban anual­mente a las fuerzas de la oscuridad, el Yin, cuando en esta noche mágica la gente se congregaba para hacer sonar platillos y detonar petardos.

En Norteamérica, fueron los holandeses, en su colonia de Nueva Amsterdam, en el siglo XVII, quienes originaron las modernas celebraciones de la Nochevieja, aunque es posible que los indios nativos de esas tierras les hubieran dado un ruidoso ejemplo en este sentido, y con ello hubieran allanado el camino.

Mucho antes de que llegaran los colonos al Nuevo Mundo, la fiesta de Nochevieja era observada por los indios iroqueses, que la relacionaban con la cosecha de maíz. Reuniendo ropas viejas, útiles caseros de madera, maíz y otros cereales los indios arrojaban estas posesiones del año anterior en una gran hoguera, con lo que significaban, el comienzo de un Nuevo Año y una nueva vida. Era una costumbre antigua tan literal, en su significado, que los eruditos de épocas muy posteriores no tuvieron que especular sobre su sentido.

Los colonos norteamericanos presenciaron la anárquica celebración anual de la Nochevieja por los indios, y su conducta no fue mucho más austera, si bien la escasez de ropas, muebles v comida les impedía encender hogueras. En la Nochevieja de 1775, los festejos que se celebraron en la ciudad de Nueva York fueron tan ruidosos que, dos meses más tarde, las autoridades prohibieron los petardos, las bombas de fabricación casera y el uso de las armas de fuego personales para conmemorar los futuros comienzos del Año Nuevo.

El bebé del Año Nuevo

La idea de utilizar un recién nacido para simbolizar el comienzo de un nuevo ciclo surgió en la Antigua Grecia alrededor del año 600 a.C.

En las fiestas dionisiacas, era costumbre hacer desfilar, como homenaje a Dionisos, dios del vino y de las francachelas, un bebé en un cesto de juncos, que representaba el renacimiento anual de ese dios como espíritu de la fertilidad.

En Egipto se efectuaba una ceremonia similar representada en la tapa de un sarcófago que hoy se encuentra en un museo británico. Dos hombres, uno de ellos viejo y con barba y el otro en el apogeo de su juventud, aparecen en él portadores de un bebé en un cesto de mimbre.

Tan corriente era el símbolo del bebé del Año Nuevo en tiempos de los griegos, egipcios y romanos, que la primitiva Iglesia católica, tras no poca resistencia, permitió finalmente a sus miembros la utilización en celebraciones, con tal de que quienes participaban en ellas admitieran que el bebé no era un símbolo pagano, sino una efigie del Niño Jesús.

Nuestra moderna imagen de un bebé en pañales y con el número del año en el pecho se originó en Alemania, en el siglo XIV, y apareció sucesivamente en ilustraciones y en canciones de cada época.
 
Del libro “Las cosas nuestras de cada día” de Charles Panati
Leído en: tinet.cat tarragona  

 

Tradiciones de Año Nuevo. Un poco de historia

Tarde o temprano, todos los pueblos del mundo se dieron cuenta de que, trascurrido cierto tiempo, las estaciones solares repetían su cauce luminoso. Los cultivos volvían a crecer y las lluvias retornaban para regar las nuevas semillas. Así, el hombre fue constatando el eterno retorno hacia el punto inicial.

Hace 4.000 años, los babilonios vieron en esta repetición de las estaciones un motivo digno de celebrarse, e instauraron un ciclo festivo que dejaría corta a la juerga más movida de nuestra época: eran 11 días de celebración, que comenzaban cuando la primavera describía sus primeros trazos entre los jardines colgantes de Babilonia.

Los egipcios también recibían con algarabía las señales que preludiaban el nuevo año. Su rostro se tornaba festivo cuando llegaba el ansiado momento en que el río Nilo empezaba crecer, y el caudal se hacía propicio para la siembra. Entonces, la tierra era labrada con confianza en los tiempos venideros.

Desde siempre, el año nuevo ha significado festejar un triunfo inexistente, una victoria que se desea pero aún no ha ocurrido. Es un elogio a la esperanza que se renueva cada 365 días.

Costumbres

La espera de fin de año es especial en Venezuela. Antes que den las 12, las familias se reúnen en sus hogares y preparan la “hallaca“, una especie de humita exuberante, repleta de condimentos y relleno especial, que se regala a los amigos durante la noche de víspera de Año Nuevo. Es una forma de reafirmar la amistad y de desear buena suerte para el próximo año.

En Alemania, ese país del primer mundo donde las industrias no cesan nunca, los rituales también tienen forma de metal. Y es que los germanos no hacen sus sortilegios con hojas caídas ni brebajes extraños (esas son sutilezas del tercer mundo). Sencillamente, desafían al destino mediante la ceremonia del bleiglessen. Este ritual consiste en develar los misterios del futuro con una barra de plomo (sí, ese que se utiliza en la llave de luz). El plomo se pasa por una soldadora, se funde hasta hacerse agua y las plateadas gotas se vierten en un vaso cuando el alba empieza a despuntar. Evidentemente, el plomo líquido se vuelve sólido nuevamente, y alcanza formas de lo más raras, que -con una buena dosis de imaginación germánica- pueden predecir lo que depara el mañana.

Herederos de un aguerrido linaje, los escoceses tienen furibundas manías hasta para celebrar. En año nuevo, su afición preferida es el Hogmanay, una fiesta brava que opaca a la delicada Navidad. El procedimiento es sencillo: se busca barril de madera, se le prende fuego y se lo pone a rodar por las calles. Según dicen, es para permitir el paso del nuevo año. Además, luego de la medianoche, los habitantes de Escocia esperan ansiosos a la primera persona que ingrese al hogar. ¿Para qué? Resulta que los rasgos del individuo determinan el curso de los días futuros. Un moreno pintón y bien plantado es símbolo de buenos augurios. Pero una mujer pálida traerá mala suerte durante todo el año entrante.

En Rumania, algunas costumbres tienen características alucinógenas. Impulsadas quizás por una desesperación nupcial, las muchachas que aún no se han casado suelen caminar hacia un pozo, encender una vela y mirar hacia abajo. El reflejo de la flama dibujará en las oscuras profundidades del agua el rostro de su futuro esposo. Pero las que prefieren no salir de casa, pueden coger una rama de albahacay colocarla bajo la almohada: el sueño de esa noche tendrá como protagonista al hombre que las espera.”

Leído en:  peru.com 

Anuncios

5 Comments »

  1. […] en archivo:  Historia y tradiciones del día de Año Nuevo  Bendiciones del Año Nuevo  Anhelos del espíritu humano para esta Navidad  Sobre […]

  2. […] para las tarjetas de salutación en ocasión de las fiestas del fin de año Historia y tradiciones del día de Año Nuevo  Bendiciones del Año Nuevo  GA_googleAddAttr("AdOpt", "1"); […]

  3. […] Historia y tradiciones del día de Año Nuevo  […]

  4. 4
    Mariela Says:

    24 de diciembre a la noche – Llega Papá Noel

    Autor: Felipe Pigna, en su página web elhistoriador.com.ar

    “El gordito de la risa navideña que hoy todos conocemos como Santa Claus, se llamaba Nicolás y no nació en ninguna aldea nórdica en medio de un bosque con hongos rojos, sino muy lejos de allí, en Patara, un pueblo del sudoeste de la actual Turquía –por aquel entonces el distrito romano de Licia en Asia Menor- allá por el 305. Su familia tenía un buen pasar y Nicolás creció entre lujos y riquezas hasta que a la muerte de sus padres tras una grave epidemia que asoló la región, decidió repartir todos sus bienes entre los pobres e ingresar en el monasterio de Sión para ordenarse sacerdote. Fue su propio tío el Obispo de Myra quien lo ungió y sería el propio Nicolás quien heredaría el sitial obispal a la muerte de éste. Su vida comienza a mezclarse con la leyenda con historias que hablan de resurrecciones, como la de tres muchachos asesinados por un posadero. Nicolás que pasó una noche en aquella posada tuvo un sueño en el que le fue revelado el crimen. Al levantarse descubrió que los cuerpos estaban siendo preparados para salarlos y servirlos como fiambre. Hizo detener al asesino y les devolvió la vida a los jóvenes.

    También se contaba que tres hermanas casaderas, que estaban a punto de ser vendidas por su padre por carecer de dinero para sus dotes, iban a ser compradas por un mercader que las iba a prostituir. Al enterarse, Nicolás entró en acción. Las muchachas habían dejado sus medias secándose en la chimenea y una a una fue recibiendo las monedas de oro necesarias para seguir siendo libres y casarse. Cuando Nicolás estaba arrojando la última de las monedas fue sorprendido por el padre de las muchachas, quien, a pesar de la súplica del obispo, difundió el episodio acrecentando la fama de caritativo del personaje. Nicolás también se ganó fama de justo interviniendo en contra de ejecuciones ordenadas por las autoridades romanas y enfrentó al propio gobernador Eustacio de Antioquía reprochándole su injusto proceder. Por estas actitudes sufrió la persecución y fue encarcelado.

    Hay versiones contradictorias sobre su participación en el Concilio de Nicea y su defensa de la santísima trinidad en una época de intensas discusiones enmarcadas por la prédica de la herejía arriana que planteaba que Jesús no tenía el mismo carácter divino del padre sino que se trataba de una divinidad subordinada a él. Lo cierto es que Nicolás combatió al arrianismo y defendió el principio de la santísima trinidad.

    La fama de Nicolás se fue extendiendo por el mundo romano y se cuenta que tres condenados a muerte por el emperador Constantino pidieron que el obispo Nicolás los salvara y que la noche anterior a la ejecución, el emperador soñó con Nicolás que pedía por los condenados. Al otro día fueron liberados.

    Nicolás murió el 6 de diciembre de 327 pocos años después de que el cristianismo se convirtiera en la religión oficial del Imperio Romano. Su recuerdo e imagen mítica fue creciendo hasta convertirse en santo y los relatos sobre sus milagros comenzaron a recorrer Europa. En 1087 marinos italianos exhumaron sus restos para salvarlos de los piratas sarracenos y llevarlos a la ciudad de Bari donde descansan en el templo de San Esteban. A partir de entonces San Nicolás de Bari fue uno de los santos más venerados de Italia y de Europa, transformándose en patrono de ciudades como Moscú, Berlín, Nápoles y Venecia y con mucho predicamento en los Países Bajos y Alemania. A partir del siglo XIII se difundió la tradición de San Nicolás repartiendo regalos a los niños en cada aniversario de su fallecimiento. Durante la Reforma protestante lanzada por Martín Lutero a comienzos del siglo XVI, cobró fuerza la tradición del Christkind, nada menos que el propio niño Jesús obsequiando juguetes el mismo día de Navidad. Pero la costumbre que tenía como protagonista a San Nicolás siguió vigente y superó el embate aunque la fecha de entrega de regalos terminó pasando al 24 por la noche.

    En Holanda ya en el siglo XVII San Nicolás aparece en las tradiciones vestido de obispo, con barba blanca montando un burrito blanco y acompañado de su ayudante Zwarte Piet (Pedro el Negro), que portaba una bolsa llena de golosinas para los niños que se hayan portado bien durante el año y que al vaciarse servía para cargar a los niños malos que eran llevados a España, el peor lugar del mundo según los holandeses que llevaban años guerreando con los reyes ibéricos.

    Cuando se produce la colonización holandesa de América del Norte y los pueblos pobladores fundan Nueva Ámsterdam –actual Nueva York- llevan consigo la tradición de San Nicolás aunque Pedro el Negro no logra cruzar el Atlántico y se queda en Holanda. La nueva tradición que se va haciendo fuerte en lo que serían los Estados Unidos celebra un San Nicolás, al que llaman Sinterklass y por deformación terminan nombrando Santa Claus, y con ese nombre logra una enorme popularidad en toda Norteamérica.

    En 1809 el escritor Washington Irving publica su “Historias de Nueva YorK”. Allí describe a San Nicolás llegando en un caballo volador con su bolsa de regalos dispuesto a repartirlos por las chimeneas de las casas de los niños buenos. El 23 de diciembre de 1823 el profesor de estudios bíblicos y pastor protestante Clement C. Moore publicó un artículo titulado “Un relato sobre la visita de San Nicolás”, en el que comenzó a darle a San Nicolás-Santa Claus su imagen actual. Su medio de locomoción era ahora un trineo conducido por los renos Bailarín, Saltador, Zalamero, Bromista, Alegre y Veloz. Pasó de flaco, alto y enjuto a gordo, bajo y de cara colorada, con reminiscencias a los gnomos de las tradiciones europeas. Pero estos eran relatos descriptivos a los que les faltaba la ilustración, un buen dibujo de Santa Claus, o Santa como lo empezaron a llamar por entonces. Allí entró en escena Thomas Nast, el dibujante oficial de las famosas tiendas Harper’s, quien publicó entre 1860 y 1880 los dibujos que se harían famosos en todo el mundo donde podía verse al Santa de Moore, con su trineo, su gordura, su cara bonachona y bolsa de juguetes, obviamente juguetes de Harper’s. En Inglaterra Santa comenzó a ser llamado Father Christmas, es decir Padre Navidad, y en Francia Père Noël y de allí pasará a España curiosamente conservando el vocablo francés para llamarse, como con el nombre que lo conocemos nosotros, Papá Noel.

    En 1931 los Estados Unidos se preparaban a pasar una de las peores navidades de su historia. La crisis desatada en octubre de 1929 estaba haciendo estragos y millones de norteamericanos estaban sumidos en la miseria. Para levantar el ánimo nacional e incrementar sus alicaídas ventas, la empresa Coca Cola le pidió a Habdon Sundblom, un dibujante de Chicago de origen sueco que recreara la imagen de Santa sin alejarse demasiado del clásico de Nast. La Coca lo quería alegre, simpático, con un traje vistoso entrador, esperanzador y, sobre todo con los colores de la bebida Cola, rojo y blanco. Sundblom recorrió la ciudad en busca de un modelo, un viejecito que diera el aspecto del Santa de Harper’s. Cuando ya perdía las esperanzas, se topó en una taberna con Lou Prentice, un jubilado que era un calco del reciclado Nicolás y que le dio su imagen al Santa que todos conocemos y de quien los islandeses afirman que vive en el pueblo de Hveragerdi, los noruegos lo hacen vecino de Drammen y los finlandeses de Rovaniemi. Se disputan la vecindad pero todos coinciden que tiene un taller de juguetes en el que trabaja todo el año. Aquel Nicolás de Patara y del siglo IV nunca se imaginó que terminaría siendo la imagen más popular de la Coca Cola.

    Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar

    http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/general/llego_papa_noel.php

  5. 5
    Mariela Says:

    Autor: Felipe Pigna, en su página web elhistoriador.com.ar

    “La navidad, origen y proyección de la mayor fiesta cristiana

    La Navidad, una de las festividades más importante del cristianismo, conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret. Si bien en la Iglesia católica, en la anglicana y en otras protestantes, así como en la Iglesia ortodoxa rumana, se celebra el 25 de diciembre, la festividad tiene lugar el 7 de enero en otras iglesias ortodoxas que no aceptaron la reforma al calendario juliano, reemplazado por el papa Gregorio XIII en 1582.

    Reproducimos en esta oportunidad un artículo sobre la celebración navideña; quién la instituyó; el primero y el último de los países europeos que abandonaronel paganismo; el pesebre como símbolo, el muérdago, las siemprevivas; el acebo; los orígenes del villancico y sobre quién era realmente Papá Noel, aunque en este punto disentimos, como ya hemos publicado en otro artículo de nuestra página.

    La navidad como una de las bellas tradiciones

    Fuente: Revista Siete Días, Nº 344, 17 al 23 de diciembre de 1973.

    Si nadie se preocupó demasiado por corregir ciertas contradicciones de la festividad navideña en Latinoamérica, es seguramente porque los símbolos del homenaje brotaron casi a la par del Cristianismo, se pierden en la inmensidad de los tiempos. Esa es la causa que volvió admisible al abrigado Papá Noel, en su trineo y al vertiginoso consumo de frutas secas en regiones en donde la Navidad, por celebrarse en verano, no es una fiesta recoleta, que obligue al encierro en torno a leños ardientes y a la ingestión de alimentos archicalóricos. La fe, la esperanza que entraña el nacimiento de Cristo y la tradición han preservado ecuménicamente la uniformidad de los símbolos, tal vez como un paralelo emblema de confraternidad. Sobre datos obtenidos en fuentes de la Unesco, a continuación se vierten algunas referencias poco conocidas sobre el origen de esas costumbres, de común geográficamente remotas, a veces emparentadas con la mitología y ciertos ritos paganos, decantados y espiritualizados por la Iglesia.

    Fue el Papa Julio I quien escogió, hace alrededor de 1600 años, el día 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Cristo.

    Jesucristo nació en el año 748 a contar desde la fundación de Roma, por entonces bajo el imperio de Augusto.

    En tiempos del nacimiento de Jesús, y aún antes y después, Roma festejaba en diciembre –del 17 al 24- las llamadas Saturnales, una especie de carnaval en memoria de Saturno. Las guerras se detenían durante ese lapso, estaba prohibido trabajar e infligir castigos.

    También durante diciembre los judíos celebraban la Fiesta de las Luces, y los teutones y escandinavos el solsticio de invierno. La religión mazdea de Persia rendía homenaje al “natalicio de invicto Sol” y la diosa Mitra, que cumplía años el día 25.

    La península ibérica fue la primera región europea en festejar públicamente la Navidad, gracias a la acción evangelizadora del apóstol Santiago el Mayor, muerto el año 44. España fue el primero de los países de Europa rescatados del paganismo.

    Noruega fue el último de los países europeos en celebrar la Navidad. La fiesta fue introducida por el rey Haakon el Bueno en el siglo X.

    El pesebre, como símbolo cristiano, fue concebido por San Francisco de Asís. Por primera vez lo armó en un establo, con animales vivos, en la aldea de Greccio, vecina a Asís, en Italia. Se supone que el hecho ocurrió hacia el 1200.

    En varias ciudades de Alemania y Estados Unidos se realizan actualmente concursos comunales de pesebres, costumbre extendida también a Brasil, en donde se los llama lapinhas.

    Durante la Navidad, cientos de ciudades latinoamericanas organizan procesiones. La de Lima es, por tradición, la más espectacular; habitualmente coincide con la más importante corrida de toros del año.

    Las procesiones navideñas de Querétaro y Celaya, en México, se caracterizan por sus desfiles de carrozas representando escenas bíblicas: la historia de Adán y Eva, Moisés dividiendo las aguas del Mar Rojo, la Anunciación.

    En los países centroamericanos, el homenaje a la Navidad empieza el 16 de diciembre: grupos de cantores recorren aldeas y ciudades remedando los esfuerzos de los progenitores de Jesús por hallar albergue de Belén. Cantan esta letanía: “Por favor, dennos albergue; mi esposa está cansada y ya no puede andar más”. Desde los balcones se les responde: “¡Marchaos! Podéis ser ladrones, no nos podemos confiar”.

    Según la creencia religiosa, el primer villancico (y por lo tanto el más antiguo) fue transmitido por los ángeles a los pastores de Belén. Es éste: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”.

    En Chile, la Virgen del Rosario de Andacollo preside una de las principales procesiones de la Navidad. La imagen fue descubierta por un indígena leñador, Collo, quien tuvo cierto día -dice la leyenda- una visión celestial. “Anda, Collo, a la colina –le ordenó la visión-. Allí te espera la felicidad”. Encontró la estatua, tallada en madera, de un metro de alto.

    La costumbre norteamericana de adornar las casas con siemprevivas y guirnaldas de acebo proviene de los antiguos sajones: el muérdago ha sido heredado de los celtas.

    En épocas ya remotas, la Iglesia intentó desarraigar estos símbolos vegetales, pero vanamente. Así, el acebo pasó a representar la corona de espinas de Cristo (cuyos frutos, quiere la leyenda, eran blancos hasta que se embebieron de sangre) y las siemprevivas se identificaron con la eterna esperanza cristiana. El muérdago celta era demasiado pagano, de modo que, como emblema, apenas alcanzó las puertas de las casas, en donde todavía constituye un relegado adorno.

    Muchos estudiosos de las costumbres religiosas niegan que haya sido San Bonifacio, como se creía, quien institucionalizó al arbolito de Navidad. Antes de convertir a los alemanes al cristianismo (siglo VIII), el santo destruyó la encina sagrada de Geismar, en Hesse, reemplazándola por siemprevivas, símbolo del nuevo culto.

    Fue en Alemania, en el siglo XVI, donde se aderezó el árbol de Navidad tal como se lo conoce hoy. Y soldados alemanes que pelearon en la Guerra de Secesión lo introdujeron en los Estados Unidos. Aun así, Virgilio cuenta en Las geórgicas que los romanos colgaban máscaras de Baco en los pinos, una manera de augurar fertilidad.

    Se supone que Papá Noel o Santa Claus (o Julenissen, en Dinamarca y Noruega; o Tomte, en Suecia) son “descendientes” de Votan, un dios nórdico que durante el crudo invierno cabalgaba un mágico caballo de ocho patas, distribuyendo alimentos a los más necesitados, y un poco de tibieza (y por eso descendía por las chimeneas).

    Un obispo de Europa central, ahora San Nicolás, que vivió en el siglo IV, transformó en realidad las especies mitológicas: famoso por sus limosnas y su amor por los niños, a su muerte se convirtió en patrono de una decena de ciudades europeas y también de la isla de Manhattan, en Nueva York. Su imagen aparecía en el mascarón de proa del primer navío holandés que arribó a esas costas.

    En Nueva Ámsterdam (primitivo nombre de Nueva York), San Nicolás pasó a llamarse Santa Claus y dejó de ser un viejecito ascético para convertirse en un rubicundo fumador de pipas, tripulante de un trineo henchido de juguetes y empujado por ocho renos. Nadie sabe por qué en los Estados Unidos Santa Claus coloca sus regalos en una media y no sobre los zapatos.”

    Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar

    http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/miscelaneas/la_navidad_origen_y_proyeccion_de_la_mayor_fiesta_cristiana.php


RSS Feed for this entry

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: