El cuerpo y el deseo

Nuestro cuerpo como mensaje para los otros…

De: Pensando sociológicamente, Zygmunt Bauman*

ZygmuntBauman“El cuerpo no es sólo la sede y el instrumento del deseo, sino también un objeto de deseo.

Es nuestro cuerpo y, al mismo tiempo, lo que otras personas ven de nuestra individualidad. Como escribió el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty: “El cuerpo debe convertirse en el pensamiento o la intención que significa para nosotros. Es el cuerpo el que señala, y el que habla”.

El cuerpo es la sede de nuestro self que está siempre en exhibición, y la gente tiende a juzgar por lo que ve.

Aun si el cuerpo no fuera sino un envoltorio de lo que llamamos nuestra “vida interior”, es el atractivo, la belleza, la elegancia y el encanto de ese envoltorio lo que seducirá a los demás.

El modo en que manejamos nuestro cuerpo es algo que se aprende, en tanto, al mismo tiempo, el modo en que otros nos ven es también el producto de expectativas comunes. Las desviaciones de estas expectativas pueden causar reflexión, a la vez que reacción en otros, colocando a los identificados como “diferentes” en desventaja, a pesar de las evidentes destrezas, habilidades y contribuciones que pueden hacer a la sociedad.

Así, la forma del cuerpo, el modo en que está vestido y arreglado, y el modo en que se mueve, son mensajes para los demás.

La facilidad o dificultad de relacionarnos con otras personas o el deseo de los otros de vincularse con nosotros depende de muchos factores, entre ellos del mensaje escrito en nuestro cuerpo. Si las demás personas nos evitan, si no somos un “éxito social”, si las personas con las que nos gustaría asociarnos no parecen disfrutar de nuestra compañía, o eluden la alternativa de un compromiso duradero, puede haber algo que anda mal en el mensajero: nuestro cuerpo.

Tal vez, para ir más al grano, haya algo que funciona mal con nosotros como propietarios, entrenadores y guardianes. ¿Estaremos desplegando el mensaje equivocado? ¿O es el mensaje apropiado, pero no es lo suficientemente visible o incluso es directamente ininteligible? Podemos haber leído mal las claves de nuestro medio social. Incluso asuntos tales como el modo en que sostenemos el tenedor y el cuchillo y las posturas generales del cuerpo durante la comida están imbuidas de expectativas distintas.

Y ahora hemos completado el círculo. Tal vez desarrollamos nuestro cuerpo para facilitar las relaciones irritantemente equívocas e inseguras con las demás personas, y ahora nos encontramos con que el cuerpo mismo se ha convertido en fuente de problemas. Con el cuerpo como sede de la representación de nosotros mismos, podemos tener que volver ahora al tablero de dibujo para ver qué otro mensaje escribir, o encontrar el modo de que el mensaje actual se vuelva más inteligible. Es, o eso creemos, el mensaje lo que importa y nada nos impide escribir el mensaje que nos parece correcto y apropiado. En el repertorio disponible no faltan los mensajes preescritos en oferta. Por cierto, nuestra sociedad de consumo ofrece una multitud de “presentaciones de uno mismo” para armar.

La película Elizabeth enfoca los primeros años del reinado de Isabel I. Se trató tal vez de la más grande monarca en la historia de Inglaterra, pero encontraba grandes dificultades para convencer a los cortesanos y demás hombres encumbrados y poderosos de que ella, como mujer, era una heredera apropiada de la gloria de su padre, Enrique VIII. Trató de convencerlos de que tenía todas las aptitudes y el conocimiento necesarios para regir el país con sabiduría, pero los poderosos ministros reales se rehusaban a tomarla en serio ya que, a sus ojos, ella era simplemente una futura esposa, esperando al marido apropiado quien, una vez casados, se convertiría en el verdadero soberano de Inglaterra. Significativamente, Isabel se vestía de acuerdo con esas expectativas: como se vestiría una mujer joven deseosa de atraer al “Príncipe Azul”. En un pasaje de la película se produce una asombrosa reencarnación.

Elizabeth1Una transformada Isabel entra en el Gran Salón del palacio y todos los cortesanos y barones caen de rodillas y la reverencian. Al hacer eso reconocen a la monarca cuya realeza ya no ponen en duda y cuyo derecho a gobernar ya no disputan. ¿Cómo se consiguió esto? Como el cuerpo es el primer mensaje y el más inmediatamente visible, se le suele atribuir una enorme responsabilidad en los éxitos y los fracasos de la vida social.

Isabel cambió su apariencia. Se había cortado el pelo, se había procurado grandes cantidades de pintura para cubrir su rostro juvenil con una máscara tan espesa que disimulaba sus emociones, usaba un vestido oscuro y sobrio, e incluso logró borrar la sonrisa de su rostro. Nosotros, como espectadores de la película, no sabemos si Isabel había cambiado, pero sabemos que no había cambiado su “proyecto de vida”: es decir, la firme intención de regir Inglaterra de acuerdo con sus propias ideas y poniendo en juego lo mejor de su talento. Lo único de lo que podemos estar seguros es que el mensaje enviado a los demás por su apariencia había cambiado.  Isabel, parece, estaba enviando los mensajes equivocados y había fallado repetidas veces, pero una vez que transmitió el mensaje correcto a través de su apariencia, tuvo más éxito en su búsqueda.

Expertos de todo tipo nos cuentan frecuentemente historias como ésta y no siempre coinciden en lo que hace a la selección del contenido, pero todos están de acuerdo en que, cualquiera sea el contenido, es el mensaje lo que hace la diferencia entre éxito y fracaso. Como el cuerpo es el primer mensaje, y el más inmediatamente visible –la exhibición del self desplegado a la mirada y escrutinio públicos– se le suele atribuir una enorme responsabilidad en los éxitos y los fracasos de la vida social. El aspecto de nuestros cuerpos y el significado particular que se le atribuye afecta el modo en que nos vemos a nosotros mismos y cómo nos ven los otros. Nuestros cuerpos, como objetos de deseo, no son simplemente herramientas de manipulación de algún “self interno” de la mente sino que son parte de cómo nos constituimos como selves a través de la reacción de los demás a nuestras acciones y, a partir de allí, de nuestra anticipación a esas respuestas.

En este proceso ningún aspecto del cuerpo puede escapar a nuestra atención y quedar, por así decir, librado a su suerte. Somos responsables por cada parte y función de nuestros cuerpos, con la posibilidad de que todo, o casi todo, cambie para mejor. Esto puede o no ser verdad, sobre todo si pensamos en el proceso de envejecimiento, pero aun ese proceso se considera sujeto al cambio, o a la postergación a través de ciertas intervenciones. Por lo tanto, mientras el cuerpo sea un foco de constante y aguda preocupación su dueño no parece verse afectado por la verdad o la falsedad de esa convicción. Lo que importa es que si algo en nuestros cuerpos, y especialmente en la apariencia de nuestros cuerpos, queda lejos del ideal, está en nuestro poder reparar esa situación. De esa manera nuestros cuerpos fluctúan entre ser objetos de amor y orgullo a ser fuente de desagrado y vergüenza. En un momento podemos premiar a nuestro cuerpo por su fiel servicio y al rato castigarlo por fallarnos.”

*Poznan, Polonia, 1925. Sociólogo polaco, reside en Inglaterra desde 1971. Es profesor en la Universidad de Leeds, Reino Unido. Su obra se ocupa de cuestiones como la hermenéutica, el socialismo, el holocausto, la modernidad y posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. Es autor de Amor líquido, La cultura como praxis, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, entre otros.

Artículo extraído de Pensando sociológicamente, Zygmunt Bauman, Tim May, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 2007

Leído en: RevistaElArca63/64

La imagen: Me fue imposible encontrar el nombre del caricaturista. Si alguno sabe… nos cuenta? Y la de la reina Elizabeth I es la que ilustra su información en la Wiki. Saludos!

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8 Comments »

  1. 1
    Ros Angel Says:

    Muy interesante.

  2. 2
    Martha Etcheverría Says:

    No estoy de acuerdo. Considero que lo más importante en una persona es su parte interior la cual no se pierde con los años por el contrario se enriquece. En cambio “el envoltorio” dura sólo un tiempo, se pierde con los años. Debemos de amarnos como somos sin tener que estar produciéndonos para agradar a lo demás.

    • 3
      acuarela Says:

      Bueno, ninguna verdad es sin matices…

      Este autor opina así. Es más, creo que estaría también de acuerdo con lo que vos decís… pues no es un autor superficial… es un observador de lo social… y qué vemos al observar la sociedad?

      Gyms… dietas… cuidado de la piel… el universo de la moda…

      Hay normas de urbanidad… de cortesía… se sugieren maneras de presentarse -bien- para conseguir un empleo…

      Hay teóricos de lo estético (la Estética es una rama de la Filosofia)…

      Nos gusta contemplar lo bello… vamos a paisajes bellos… cada uno decora su hogar lo mejor -más bonito- que puede de acuerdo a su clase social/bolsillo…

      La jardinería busca mantener bellos a los jardines…

      Hay también una cultura de exhibir lo feo y horrible -que también son conceptos culturales- (y me refiero a cuando no tiene el valor/propósito de la denuncia tan necesaria)…

      El autor reflexiona, observa, pero no sentencia… Dice: “… nos constituimos como selves a través de la reacción de los demás a nuestras acciones…” No podemos negar a los demás, ahí están y nos devuelven algo de nosotros mismos…

      Y también es verdad lo que vos decís: también es cierto que las personas nos apreciamos por nuestro carácter /personalidad /valor de familiar, de vecino, de amigo… somos valorados por nuestro oficio, por nuestros conocimientos…

      Es un buen ejercicio de reflexión ponerse a pensar en las variadas relaciones entre las formas del cuerpo y las formas de vertirlo, el envoltorio, como vos lo llamás, etc. por un lado, y lo tan rico espiritualmente que puede ser alguien, por el otro lado…

      Además, cada uno es libre de buscar agradar o desagradar a los demás! Lo que los otros te marcan -y no podés hacer como que no existe- es la impresión que les causás.

      Y la libertad estaría en sentirte bien con vos mism@, tal como sos, tal como te hacés…

      Por mi parte coincido en que es un fastidio tener que producirse para los demás! Yo no lo hago. No le debo nada a nadie -me digo… Soy medio ermitaña… y no doy bolilla a estas cosas… Aunque de acuerdo a dónde voy, tengo en consideración vestirme mínimamente adecuada…

      Y otra cosa que se me ocurre que se pone en juego es la edad de cada quien… la etapa de la vida… De adolescente yo me pintaba las uñas… ahora las uso cortas y sin esmalte, adecuadas a mis tareas de ama de casa… Y como ésta otras cosas… De pendeja/jovencita quería entrar en el talle de las prendas, ahora busco el talle para mí.

      Y si no me molestaban 5 kilos de más, otros cinco hicieron decirle a algún médico que empiece a cuidarme, ya no por estilo estético sino por estilo saludable… Y, entonces, al gym!

      Y a quién no le pasa todo esto?

      Otro tema relacionado y verdaderamente problemático es el de los prejuicios y el de la discriminación… hacia las personas que somos todos… Saludos! Gracias por comentar!

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  7. Reblogueó esto en Acuarela de palabrasy comentado:

    El pasado 9 de Enero falleció Zygmunt Bauman, ensayista que escribía acerca de las clases sociales, el socialismo, el holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. Desarrolló el concepto de la «modernidad líquida»…


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