Carnaval brasileño: desfile de alegría y arrobamiento

A propósito del Carnaval de Río, Brasil…

“Detrás de la explosión del carnaval de Río, fiesta única en el mundo, están las escuelas de samba. Una larga historia, a menudo poco conocida, entre los locos de la danza y los profesionales del espectáculo.”

El país del carnaval, por Sergio Alves Teixeira, para El Correo de la Unesco

Los desfiles

Carnavalrio“El ‘abrealas’ o primera carroza, símbolo de la escuela, ocupa el lugar que le corresponde. Detrás van las carrozas alegóricas. Entre una y otras, los bailarines. La comisión del carnaval se afana. Los personajes destacados ocupan parsimoniosamente sus puestos. Los directores de las baterías afinan sus instrumentos. Una vez dada la orden, el cantante principal, encaramado en su carroza, entona la ‘samba-enredo’, el tema de la samba.

Según una antigua costumbre, toda la escuela lo escucha y luego, repitiendo la melodía, la batería ataca y todo el mundo empieza a cantar dos o tres veces la samba, sin moverse, esperando a los que pudieran llegar retrasados. Y súbitamente, como por arte de magia, la escola se pone en marcha.

Empieza entonces el espectáculo de arte popular más hermoso del mundo. La escuela desfila como si deambulara, formando un cortejo, cantando y bailando la samba, sembrando la alegría y el arrobamiento.” (Amaury Jorio e Hiram Araujo)

Posteriormente, cuando el espectáculo atrajo a multitudes de espectadores dispuestos a pagar, hicieron su aparición las gradas. El paso siguiente consistió en acotar la zona con unas vallas móviles para que sólo el público que había pagado pudiera disfrutar del espectáculo, medida que dio lugar a protestas, sobre todo por parte de cuantos no estaban en situación de efectuar un desembolso para divertirse.

En 1984 los desfiles se celebraron por primera vez en un escenario fijo y definitivo especialmente destinado a tal fin: la “pasarela de los desfiles” o, denominación más común, el “sambódromo“, que, situado en la avenida Marqués de Sapucai, con capacidad para 85.000 espectadores, es obra del más famoso arquitecto brasileño, Osear Niemeyer.

La pasarela, con sus 700 metros de longitud y 13 de anchura, justifica apoteósicamente su existencia cada domingo y cada lunes de carnaval, cuando las escuelas de samba de primera categoría desfilan al anochecer durante hora y media cada una.

Todo obedece a unas normas precisas: el sistema de notas que debe aplicar el jurado, el tiempo que tiene cada escuela para desfilar, el número mínimo de participantes, las dimensiones de las carrozas alegóricas, el tema de la samba (“samba-enredo”), las figuras individuales y colectivas que la ilustran y el orden de presentación de los elementos de cada escuela.

Hoy en día cada escuela organiza un desfile en torno a un tema que ella misma elige. Pero no siempre fue así. Esta libertad era la regla al principio, pero desde 1939 hasta finales de los años sesenta, las dictaduras sucesivas exigían que el tema guardara relación con la historia nacional. Más tarde, gracias a la simple presión del público, cada vez más exigente, las escuelas recuperaron su libertad de elección.

Ahora las “sambas-enredo” invaden poco a poco todo el espacio musical del carnaval, fuera de los desfiles propiamente dichos, en los bailes, las calles, la televisión, la radio y el disco. Hoy son productos de la “industria” cultural. La televisión, en particular, da una repercusión inmensa al carnaval. Además de difundir en todo el país la totalidad de los desfiles de las escuelas de samba de primera categoría en Río, retransmite los bailes y desfiles regionales en las cadenas locales y también en las nacionales. En 1989 unos 65 millones de telespectadores han contemplado esas retransmisiones.

Otra novedad fundamental es la aparición del “carnavalesco“, o experto en la producción de los desfiles, que es quien imagina el tema, diseña los figurines y los personajes alegóricos, prepara los accesorios, selecciona las telas que deben usarse, elige los colores, dirige el montaje y los ensayos con los participantes y, desde hace poco, interviene incluso en la elección de la letra de las “sambas-enredo”.

Muchos de estos “carnavalescos” son intelectuales que han realizado estudios de coreografía, artes plásticas y folklore. Gracias a su influencia, los desfiles se han convertido en espectáculos grandiosos, no tanto por el número de actores (entre 3.000 y 4.000 por cada escuela de samba) como por la suntuosidad de los colores y la organización de los movimientos y ritmos.

Semejante magnificencia dista mucho de complacer a todo el mundo. No escasean las críticas que abogan por la simplicidad original y el purismo. Pero, milagrosamente, esta metamorfosis no ha mermado ni un ápice el entusiasmo, la emoción y el júbilo de los sambistas corrientes. Todos esos hombres y mujeres anónimos, verdaderos artífices del espectáculo, que son capaces de gastar nueve mensualidades de su salario anual para vivir esos días como un sueño, siguen experimentando la misteriosa vibración del carnaval. “Tengo la sensación de entrar en el Cielo. Si pierdo el equilibrio, me acuesto y lloro.”

*Sergio Alves Teixeira, antropólogo brasileño, es profesor de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul y autor de numerosos trabajos especializados, entre los que pueden mencionarse Rinhas de galos: legitimaçao e identifîcaçào (1987) y Os recados das festas (1987).”

La foto es de la nota en dicha revista

Leído en: El Correo de la Unesco, diciembre de 1989
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