Murgas uruguayas: género teatral, celebración comunitaria

Carnaval… espacio para preguntar y decir… movimiento, música y colores rescatando inquietudes y vivencias populares… crítica social… permiso oficial para decir lo que se nos ocurra… función de parábola, de ironía y de máscara… el lugar donde se expresa lo sensato y se desnuda la mentira… otra ekklesia…

Si disponen de un rato para leer…

Dios en el escenario. Teología y Murga
Por Aníbal Sicardi, para RevistaElArca

“Título extraño aún cuando se aclare que se trata de indagar sobre las murgas de Uruguay que, junto a los Parodistas, Humoristas, Lubolos y Revistas son elementos insustituibles del carnaval uruguayo, el más largo del mundo.

Murgueros“Gustavo Remedi, uruguayo, Doctor en Literatura Hispánica, en su libro Teatro del Carnaval. Critica de la cultura nacional desde la cultura popular, sostiene “la necesidad” de empezar a hablar del “teatro del carnaval” o de “teatro carnavalesco“, no como un género “primitivo, crudo, de calidad inferior, sin elaboración” sino que, por su “materia prima”, se convierte en “verdadero arte”, “verdadero teatro””, “lisa y llanamente como un tipo o género de práctica teatral por derecho propio”.

En Montevideo, la rendición de honores al Dios Momo se concentra en los Tablados y en el Teatro de Verano. Los primeros son los clubes o espacios abiertos que, durante el carnaval, automáticamente se los denomina Tablados remitiendo la memoria a los tiempos idos, cuando se armaban los tablados de madera en las esquinas de los barrios donde representaban las murgas.
El segundo, un anfiteatro enclavado entre dos cuchillas a espaldas del río, es donde se realiza el Concurso Oficial. Las distintas expresiones de espectáculos concursan en tres series. Las dos primeras de selección de conjuntos. En la tercera, La Liguilla, se designan los ganadores mediante el estricto conteo de especialistas que votan, bajo sobre cerrado, en cada serie, que luego se suman para el veredicto final. Entre todos los géneros, la Murga es la más apreciada.

La estructura murguera consiste en la presentación; el desarrollo, mediante escenas conocidas como “couples” y la despedida, llamada Retirada. Prima el humor, pero contiene la crítica social. Así construyó su leyenda de ser el espacio para escuchar y ver la interpretación de lo ocurrido en el año, gozándose con las punzantes escenas sobre personajes claves de la política uruguaya.

En el Teatro de Verano y los Tablados, las murgas se exponen al veredicto principal, el de la gente, que funciona como una asamblea, recapitulando la ekklessia de los griegos, término que el cristianismo se apropió para llamar Iglesia a su organización institucional.

La puesta en escena

Con esa fama de crítica social, en el verano de 2007, la murga Agarrate Catalina sorprende llevando a Dios al escenario. Directamente. Sin tapujos. Sin escondites. En su brillante puesta en escena titulada la Historia de la Humanidad, la Catalina incorpora el couplé El ser humano y Dios.

Allí hablan con Dios. Le piden disculpas porque no saben el arameo y le explican que no les pareció correcto enviarle un mensaje de texto, por lo que entonces eligieron conversar de esa forma para preguntar y repreguntar a la Divinidad sobre interrogantes existenciales.

Le confiesan su sospecha de que “vos” te olvidaste de la humanidad. Interpretan que el asunto de Jesús no “te” salió muy bien, porque fue un flaco, barbudo, con sandalias, que más se parecía a un hippie que al Hijo de Dios. La murga entiende que la elección de un Papa es harto difícil, pero ¡eso de elegir un nazi!

Esa veintena de personas que integran el conjunto no tienen fronteras en su osadía. Se atreven nada más y nada menos que cuestionar la doctrina de la Trinidad. No saben de qué se trata, porque si ya es difícil entender eso de que “vos sos el Hijo pero también el Padre” ¡después aparece el Espíritu Santo!

Esa actitud, que podría calificarse de absoluta desfachatez de aventureros de las tablas, tiene su fundamento bíblico. Es el estilo cuestionador de los Salmos donde preguntan a Dios, una y otra vez, sobre la injusticia y el desamparo humano. Es el estilo del polémico Job quien interroga a Dios sobre las causas de sus desgracias. El del mismo Jesús que, inundado por la soledad de la Cruz y de su inevitable muerte, se pregunta donde está Dios.

Agarrate Catalina se inserta en esa tradición teológica que cuestiona la imagen de Dios construida por los profesionales religiosos. Desfonda el cubilete en el que se encerró a Dios. Deja liberados los dados interrogativos que apuestan recorrer los caminos de la búsqueda del Dios Verdadero.

En la Retirada de ese año, Catalina usa la expresión “se desplomó el telón”. Ilustrativo de esta puesta en escena donde, inesperadamente, desde la nada, surge Dios. La Catalina no está sola en el hurgar sobre ese antiguo acompañante del humano.  Se repite, año tras año, murga tras murga: “si vos no cambiás no cambia nada”.

Es el reclamo de un nuevo hombre, de una nueva sociedad.

“El hombre nuevo”

Otra murga, Queso Magro –nomenclatura que invita a pensar en la “liviandad del ser”- se sumergió en el eterno tema del amor. El enamoramiento fue el título de su presentación. Un obsesivo del gimnasio se enamora de Magdalena – ¿simple casualidad el nombre de la mujer?- pero no sabe como encarar esa relación. La murga va en su ayuda. Queso Magro tiene clara su función de consejera. Al fanático de los “fierros” no le anda con rodeos. Para enamorar a Magdalena “vos tenés que cambiar”. Buscar lo mejor dentro de sí mismo.

Una murga que se aprecie no puede andar con chiquitajes. No se deslumbra con esa oportunidad para descargar su bagaje de técnicas de encantamientos. Los de la liviandad del ser ni se asoman a ellas. Apelan a lo íntimo del ser humano. Algo así como el “hombre nuevo” del Apóstol Pablo en la Segunda Carta a los Corintios. La vida no depende de técnicas sino en el cambio sustancial del ser.

La murga uruguaya, que supo profesionalizarse sin perder el contacto con el pueblo, mediante el humor y la ironía, destila filosofía y teología.

 

Los Asaltantes con Patente, algo así como el Jesús con “patente” para tirar abajo las mesas de los mercaderes del Templo, no se presentaba en concursos desde 1973. Volvió en 2007. Escenificaron una huída.

Lo de Asaltantes es como una réplica de A puertas cerradas de Jean Paul Sartre. Tres personajes encerrados en un lugar, el infierno, que al abrirse una puerta y darles la oportunidad de volver a la humanidad, no se animan traspasarla. Viven “sin salida”.
Los Asaltantes huyen de algo. ¿De quien? ¿De un sistema? ¿De Dios?

En la Biblia se encuentra el libro de Jonás, desfigurado con la tonta discusión acerca si hay o no un pez tan grande que se puede tragar un hombre, que vive en el estómago del señor pez y luego vuelve a la vida de todos los días.

Con esa banal discusión se esconde el mensaje de la parábola, que es lo que es el libro. El señor Jonás, enviado por Dios a una misión- tiene que ir a Nínive para anunciar su destrucción- no quiere saber nada de esa tarea. Huye en un barco que, por su culpa, corre peligro de hundirse. Los demás navegantes lo tiran al mar donde se lo traga el gran pez.

Los Asaltantes ¿Son los nuevos Jonás? ¿Tiene una misión que cumplir, pero la esquivan y son absorbidos dentro del gran pez del viejo mundo? ¿Por qué se encuentran frente al abismo “sin salida”? Si se recurre a Soren Kierkegaard, se puede concluir que los Asaltantes presentan, escondido, el desafío del salto de fe. Hay que arriesgarse. Es posible que ese gesto aparezca con la máscara de una opción política, pero contiene lo religioso, una impronta siempre presente en las murgas, velada por el humor y la creatividad. Movimiento, música y colores rescatando inquietudes y vivencias populares.

“Curtidores de hongos”

El primer premio del 2004 fue para Curtidores de Hongos. Tema El Desalmadero. Allí se compran y venden almas, “Bienes y males/Las chatarras espirituales/. El personaje clave es González quién busca “un alma con la calma de la brisa/Alma que en un rayo de sol/Ilumine con la flor de una sonrisa/Mi rosal marchito de ilusión”.

En 2001 Los Diablos Verdes merecen el galardón con El País de la Alegría. Es el país que te “mira/respira… te abriga/te cuida… entre rosas y espinas/laberintos y salidas/ Y que de un sombrero salgan flores/Colores/Canciones” ¿Por qué esa gama de atributos? “Porque un niño está jugando/Amando/Soñando/” ¿Qué niño? ¿Cualquier niño? ¿Alguno en particular? Las preguntas son legítimas porque el niño que diseñan Los Diablos Verdes va “Dibujando con sus manos/La esperanza del futuro/” ¿Es Jesucristo?

Esos Diablos vuelven a ser favorecidos con el primer premio en 2003. Tema La Caldera de los Diablos. Magnífica ironía sobre la desvirtuación del evangelio por los organismos profesionales de la religión. Se repite, en una versión modernizada, la antigua pregunta de los salmistas “Por qué el inocente /Es el que al final se embroma/ y como hablar de los cielos confunde”, referencia inequívoca al ambiguo/ineficaz/desactualizado/confuso mensaje de las iglesias oficiales.

Es “Por eso que esta Caldera/Repite con gran esmero/Que caigan los pecadores/Que han hundido/A un pueblo entero”, por lo tanto “Habrá que avivar las llamas/Pa´no perder la memoria/”. Irónica contrapartida de las auto-legitimadas organizaciones eclesiales. La predicación del evangelio por la vía opuesta. La propuesta de Kierkegaard, proclamar el mensaje en forma indirecta, es utilizada por las murgas para cuestionar las doctrinas oficiales del cristianismo como la de la trinidad, la risa, el humor, el tiempo y el sentido de la vida.  Allí hablan con Dios. Le piden disculpas porque no saben el arameo y le explican que no les pareció correcto enviarle un mensaje de texto.

Murgas y Dictadura Uruguaya

En la Dictadura la represión es total. La de Argentina eliminó las murgas, muy distintas a las uruguayas, pero con el mismo sentido de crítica al sistema, y decapitó las fechas del carnaval como feriados oficiales.

En Uruguay no podían sepultar el carnaval. Se propone su limitación. Coherente con su expresión clasista, la Dictadura apela al recorte del lenguaje del discurso. Hay que evitar que en lo oral se exprese la crítica al sistema.

La Dictadura, que olvidó que no debe olvidarse el olvido, como dice Benedetti, no percibió que el carnaval es expresión del gesto y la creatividad. El mensaje corporal podía decir más que el oral. La palabra, en su versión poética, posibilitaba ser usada en el momento oportuno para sugerir lo que ya estaba en la interioridad uruguaya. Se recortaba de tal forma que dijera el todo prohibido. De esta última circunstancia fue un brillante ejemplo el couplé Murga La de Falta y Resto.

Gustavo Remedi, en el mencionado libro, dice que la Dictadura consiguió “la destrucción del espacio público -medio natural de la vida ciudadana-, la consecuente desactivación de la vida social y política (el repliegue hacia adentro, hacia lo privado, “el insilio”), y la generalización del miedo, del silencio, en fin, del terror”. Agrega que intentó cambiar los valores bajo el dominio de la “concepción salvífica del libre mercado, aceptación de la ideología del desarrollismo, fetichismo de la tecnología y de los bienes de consumo” que tuvieron consecuencias en la sensibilidad y en las creencias de la gente.

Desde esa perspectiva, Remedi vislumbra de tal forma las manifestaciones del carnaval que se pregunta si es “Culto o religión civil” y propone “examinar el conjunto de figuras y narrativas religiosas que lo estructuran” dentro del contexto de los cambios ocurridos en la sociedad, que “han resultado en el fortalecimiento de discursos de índole ético-religioso que en el Uruguay del siglo XIX habían sido desplazados a un segundo plano por el positivismo y otros discursos humanistas y científicos de índole secular”

Para el profesor uruguayo, los responsables de la Dictadura fueron “los sacerdotes del sistema religioso del mercado que, valga la observación, propone la salvación de todos” por lo que el carnaval, dentro de él las murgas, propone la resistencia.

Las murgas, al atacar al Dios de ese sistema, se transforman en los ateos de la religiosidad oficial encubiertos en el festejo de otro Dios, Momo, quien, según la mitología era el que se reía de los demás dioses.

Sugerente es que, en los primeros siglos, los cristianos eran llamados ateos porque no aceptaban los dioses de su tiempo. Es también el calificativo que se le colocó a Nietzsche, aunque nunca dijo que no era creyente, como prueba Michel Onfray en su “Tratado de Ateología”, pero que no se le perdonó que demostrara como el cristianismo de su tiempo mató a Dios.

Remedi, quien es profesor de literatura en Trinity College, Hartford, Connecticut. de Estados Unidos, afirma que el carnaval uruguayo enfrenta la Dictadura con “la narrativa del Dios Ausente”, la “ausencia” del gozo, del placer y la perdida de valores que el murguista lo busca como “un peregrino” , “rebelde”, “/porque el hombre me hizo así / él me ha robado la ilusión de ser feliz / tanto he implorado sin encontrarme con dios / que quisiera ser como el niño aquél / que encendió una estrella en Belén / quisiera ser un niño Jesús / que no terminara en la cruz / para poder dar amor”.

En ese contexto, ve a las murgas como “Una iglesia de peregrinos que reinventan el reino de un Dios Ausente” preguntandose “¿Dónde se puede encontrar este Dios? y respondiendo “en el barro, en el hombre, en la siembra, en el pan de nuestros hermanos, en el amor, en las manos sin dueño”.

En ese peregrinar, la murga se hace cargo de la tradición Judea-Cristiana del Dios metido en la historia humana, por lo que canta que ella es “la compañera / de un pueblo que construye / su senda verdadera”.

El joven e inquieto Doctor en Literatura, arroja sus reflexiones al ruedo de lo inédito afirmando que las murgas, en la Dictadura, son el “Moisés que viene a llevar al pueblo hasta las puertas de la Tierra Prometida, a recordar la ley del pueblo, a destrozar los fetiches divinizados (los becerros de oro), a pedir cuentas a los enemigos del pueblo. Pero también es el Jesús indignado que irrumpe con ira y con furia en el templo o en el mercado; o el Cristo en la gloria de los paneles medievales que regresa a juzgar, a salvar a unos y a condenar a otros. Si trasciende el principio de realidad en este caso es para situarse en el aleph del fin de los tiempos, en visión del Juicio Final”.

En la Dictadura las murgas exponen una religiosidad que estaba velada. Sacralizan el espacio, la calle, donde se moviliza la congregación peregrina. Rescata la memoria de vivencias y significados fundamentales de la vida. El Tablado deja de ser un simple momento de humor y de fantasías para convertirse en el lugar donde se expresa lo sensato y se desnuda la mentira. El sentido de la vida se contrapone al sin sentido de la vida de cada día.

Si Remedi interpreta que “dadas determinadas circunstancias, el carnaval puede convertirse en una nueva forma de religión (una iglesia de emergencia)” no debe asombrar que inquiera si “Es posible argumentar que las representaciones del carnaval son una máscara mediante la que se expresa la religiosidad de la sociedad uruguaya” y exprese, entre otras preguntas, “¿Qué tipos de teologías se corresponden con estos rituales carnavalescos?” Detrás de la manifestación carnavalesca de la murga uruguaya se encuentra el evangelio y otra iglesia. Personajes de la política protagonizan la escena aguardando un veredicto…

“Iglesia popular”

La Iglesia, en su estrategia de asimilar las festividades y manifestaciones populares de su tiempo, quiso apropiarse del carnaval. Si bien resultaron exitosos otros intentos, como suplantar la festividad del Sol por la de Navidad, no fue así con las fiestas saturnales que, junto a la de Momo, son parte fundamental del carnaval.

Ese intento derivó en que las celebraciones cristianas fueran inundadas de elementos que la dirigencia eclesial consideró inadecuados. Desde el siglo IV al XII se registran continuas advertencias, incluidas desde los Concilios, contra lo que ocurría en esas celebraciones. No menos de ocho siglos de resistencia de celebraciones populares en templos y catedrales. Recién en el entre hacia el siglo 18 la Iglesia Católica Romana afirmó el estilo litúrgico que se conoce en la actualidad, en el que desaparece toda manifestación que exprese alegría y creatividad.

Juan José Tamayo-Acosta, español, teólogo católico romano, en su ensayo “Sacramentos, fiesta y fantasía”, critica esa formulación litúrgica por tenebrosa y triste. Sostiene que “Las celebraciones de la comunidad no son lugares para el debate académico, para argumentar las diferentes posiciones de sus miembros, sino para poner en común las experiencias personales y comunitarias de la fe y de la vida”

Ello no ocurre en lo que se conoce como iglesias, pero sí en las murgas.

Es una tentación denominar como “iglesia popular” ese espacio de “iglesia en emergencia” que serían las murgas uruguayas, pero tal expresión no la representa.

Por una parte, porque el término “iglesia popular” proviene del oficialismo. Ese estilo de catalogación la envía a un segundo lugar, una manifestación que se acepta como un hecho que no se puede ignorar, pero que no tiene la calidad de la oficial. Hay que reconsiderar el significado de esa expresión y preguntarse sobre lo que oculta.

Por otro lado, la murga tiene el germen de otra iglesia, más cercana a la verdadera. Rescata la presencia del evangelio en la vida ciudadana que no se expresa en los templos, en los recintos con paredes, y si en la calle o en espacios semi abiertos como los Tablados y el Teatro de Verano. Dato importante si se recuerda que los primeros cristianos eran conocidos como los “Del Camino”, no como los “Del Templo”

Esta otra iglesia es comunitaria, participativa, desjerarquizada. Su producto escénico está compuesto por libretos de alta calidad poética, trabajados, pensados, apoyados en un aparato de conocimientos sociales, filosóficos y de excelentes diseños escénicos que complementan el texto. Antes que en los Tablados, las murgas presentan sus propuestas en los ensayos, con la asistencia de abundante público que da su aprobación (o no) y que aportan a la reformulación del libreto. El producto final es comunitario, representativo de la gente.

Su predicación rescata inquietudes vivénciales de la vida de la gente. Uno de los principales mensajes murgueros es sobre el necesario cambio de la persona. Se repite, año tras año, murga tras murga, aquello de “Si vos no cambiás no cambia nada”. Expresión cara al cristianismo del primero y segundo siglo. Eje permanente en cada renovación de la iglesia a través de su historia. El reclamo actual de un nuevo hombre, una nueva mujer, una nueva sociedad.

Esa otra ekklesia se incorpora en la línea de las enseñanzas de Jesús expresándose, nada más y nada menos, que en una fiesta de la alegría que, sin mencionarse directamente, apunta el centro del mensaje cristiano, la Resurrección de Cristo. Distancia sideral con las ceremonias dominicales y la lúgubre Semana Santa.

Menú difícil de digerir. Sin embargo, entre otros y otras, Tamayo-Acosta afirma que, “La resurrección constituye el triunfo de la vida…. Sin embargo, a tenor de la tonalidad oscura de no pocas celebraciones cristianas, bien pareciera que lo que se celebra es la muerte de Cristo como final frustrado de una vida que terminó en fracaso, sin posibilidad de superarlo”.

Tampoco hay que olvidar que la Iglesia montó una eficaz promoción propagandística para instalar la imagen de Jesús como un ser triste, adusto, solemne, adosada a una determinada lectura de la Biblia que reforzó esa concepción de Jesús.

La formulación litúrgica, junto con esa imagen del líder del cristianismo, contraria al sentido del evangelio, se acompañó con la descalificación del carnaval, en este caso el uruguayo, y dentro de él las murgas.

Operación propagandística perfecta que arrincona este germen de otra iglesia a la expresión de un momento, de unas semanas de humor y de permiso oficial para decir lo que se les ocurra. Sin embargo, aquella parábola de la semilla de mostaza de Jesús es un serio llamado de atención para releerla en relación a las murgas uruguayas.

En este tiempo que, como canta Agarrate Catalina, vive “Un ser humano inmensamente solo/ alumbrando como puede con la pobre lucecita remendada de su fe/, preguntándose a los gritos: Donde está y cual es su verdadero Dios” se desploma el telón y surge la cuestionadora teología de la murga en búsqueda del Dios de la Vida.”

*Aníbal Sicardi / Periodista /Pastor de la Iglesia Metodista Director del servicio de prensa ecuménica Ecupress.

Leído en: RevistaElArca62/diciembre de 2008
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