Una historia de las campanas y su ya olvidado lenguaje

Hay objetos que llaman mi atención… pero no era consciente de su lenguaje… un código de comunicación común con los fieles y el resto de los vecinos… que se va perdiendo…

Del Blog Las Alcublas*

Campa3nadeiglesia“La campana es un instrumento musical en forma de copa invertida. Se divide en tres partes: jubo, copa y badajo.

El jubo es de madera; también los hay de hierro. Lleva unos tirantes sujetos con unas tuercas y en cada extremo, se hallan incrustados los ejes, que descansan dentro de unos cojinetes; uno exterior, de madera, y otro interior, de metal.

La copa es generalmente de bronce. El badajo es una pieza metálica que cuelga de su centro y sirve para tocarla; los hay también de madera. La pera o coronilla es de hierro macizo.

La sonoridad de las campanas depende de la mezcla de sus metales, que debe estar constituida por un bronce compuesto de cobre con un 25% de estaño. Como el bronce se oxida, toda campana de más de diez años de fundida presenta el conocido color oscuro.

Se atribuye el nombre de las campanas a la Campania de Italia, por haberse empezado a fundir allí las campanas más grandes y de mayor calidad en bronce.

En la época de los romanos, indicaban la apertura del mercado y la hora de los baños; avisaban el paso de los criminales al suplicio, la aproximación de un eclipse y otros acontecimientos.

Además, se colgaban en el cuello de las bestias como amuleto para ahuyentar a los lobos.

Durante los años 604 a 606, se mandó que en todas las iglesias católicas se colocaran campanas que tocaran en los Divinos Oficios, misas solemnes y festividades.

Los Concilios celebrados en el Siglo XVI prohibieron que las campanas se destinaran a otros usos que los religiosos, pero se dispensó de tal prohibición en casos de utilidad pública, anunciando fuego, mal tiempo y otras emergencias.

Al crecer el número de campanas y el volumen de las mismas, se vio la necesidad de construir torres para colocarlas debidamente y que su sonoridad pudiera esparcirse más.

Una disposición canónica dice que las catedrales deben tener cinco o más campanas; las parroquias, dos o tres; y las iglesias de órdenes mendicantes u oratorios particulares, una.

Las campanas son propiedad de las iglesias, cualesquiera que sean sus donadores, si han recibido la consagración episcopal, que las convierte en cosas eclesiásticas. Antes de dedicar las campanas al culto, la Iglesia acostumbra bendecirlas con un rito especial; es incorrecto decir “bautizarlas“.

Las campanas son voces perpetuas de las grandes ciudades que, desde la magnificencia de sus torres, llaman a los fieles. Sus toques han sido un medio de comunicación tradicional que transmite mensajes que la gente escucha y sabe interpretar, en los que lo religioso y lo civil están completamente mezclados.

No es cualquier cosa tocar una campana, ni es fácil su manejo. Repicar las campanas, doblarlas al viento y hacerlas cantar es, más que un oficio, un arte.

En los días Jueves Santo y Viernes Santo, las campanas enmudecen. Para señalar los actos del culto, se usa la carraca o matraca, una rueda de madera que, al dar vuelta, resuena produciendo un chirrido seco y extraño, que no obstante se percibe a bastante distancia.

Como instrumento musical, las campanas han estado asociadas a la señalización del tiempo desde el Siglo XVI. Son incontables los ejemplos que se conservan de campanas acopladas a relojes para marcar las horas.

En el Siglo XVII empezaron a hacerse esfuerzos para afinar las campanas que formarían parte de un conjunto armónico o de carillón, con el fin de que tuvieran un tono reconocible. El ajuste podía hacerse variando el espesor del metal.

El lenguaje de las campanas

Solamente intentar revivir los recuerdos sobre un determinado tipo de lenguaje que se ha ido perdiendo y del que ahora sólo conocemos algunos balbuceos.

Las campanas de la iglesia que eran cuatro: la grande, la mediana, la pequeña y el “tanganillo”, tenían un código de comunicación común con los fieles y resto de vecinos.

Noble oficio, el de campanero recogido en la literatura universal de manos de Víctor Hugo, con el personaje de Quasimodo en su obra más conocida: Nôtre Dame.

Los toques de campana más habituales eran:


Toque a misa

Con la campana mediana, y un ritmo normal, finalizando con 1, 2 o 3 toques según se acercaba la hora de comenzar la misa.

Repiques de domingo

A cuerda y desde la parte baja del campanario, sujetando dos cuerdas por mano y con mucha habilidad se llamaba a los fieles a misa festiva. Este toque también se utilizaba en las novenas.

Volteo de campanas

En fiestas mayores y procesiones se volteaban a mano las cuatro campanas. Se dieron casos de accidentes, alguno con resultados casi trágicos pues, el que volteaba, voló por la parte externa cayendo de milagro en el suelo de la torre.

Ángelus

Con la campana mediana y a ritmo rápido que se interrumpía tres veces por un toque de la campana grande, era un toque diario a las 12 de la mañana.

Ave María

Toque idéntico al Ángelus pero por la tarde y con horario variable según la estación. En invierno se tocaba a las 6’30 y en verano a las 8’30 de la tarde.

Toque de almas (ànimes)

Tres toques secos con la campana grande en secuencia de un minuto. En otoño-invierno era a las 9 de la noche y en primavera-verano a las 10. Normalmente este toque de ánimas era utilizado por las madres para marcar la hora de regreso de los hijos a casa. Entre el primero y el último de estos tres toques era normal ver a chavales corriendo en busca del hogar paterno.

Aviso de fiesta mayor

En las vísperas de fiesta mayor después del Ave María se volteaban las campanas.

Señales de difuntos

Se tocaban el día del fallecimiento, anterior al del entierro. El primer señal se tocaba antes de la misa primera del día si el muerto había fallecido por la noche. Si fallecía entre las 7 de la mañana y las 12 del mediodía, el señal era después del Ángelus. Si fallecía después del mediodía, el señal se tocaba después del Ave María.

Entierro ordinario (Tocar a muertos)

Toque impulsado por cuerda a dos campanas. Al final dos toques si era mujer y tres toques si era hombre indicaban el sexo del fallecido. Al entierro iban el cura y el sacristán (Con capa uno, y con roquete el otro) a la casa y regresaban con el muerto a la iglesia donde nunca se hacía misa en el entierro. Al día siguiente se hacía la misa de funeral.

Toque de ángel

Cuando moría un menor de siete años (antes de tomar la comunión), se procedía con este toque. Las dos campanas pequeñas y una mayor velocidad en la secuencia era lo que distinguía el toque de ángel. Como en los adultos, 3 y 2 toques si el párvulo muerto era niño o niña.

Toque de arrebato o de fuego

Sólo con la campana pequeña o “tanganillo” y a buen ritmo y sin parar durante mucho tiempo (10 ó 15 minutos) hasta que la gente acudía al lugar del siniestro, que normalmente era fuego.

A modo de conclusión:

La campana ha sido un poco la voz que anunciaba a los habitantes del pueblo de cuantos acontecimientos se producían, tanto para lo bueno como para lo malo.

Siempre ha estado al servicio de la humanidad, habiendo generado buen número de locuciones, refranes y poemas que la definen, de los que a continuación se exponen unos ejemplos: “ha echado las campanas al vuelo”, “todavía no hay que lanzar las campanas al vuelo”, “no haber oído uno campanadas”, “oye campanadas y no sabe donde”.

Pero, las campanas de nuestro templo parroquial*, ya han tenido el aviso de no ser tocadas por manos de la persona, pues ya hace casi treinta años, se instaló un programador electrónico que viene funcionando irregularmente algunas veces.

A la vista de que algo tan ancestral y antiguo como el oficio de campanero y el lenguaje de las campanas van muriendo poco a poco, quizá como fruto del avance de los tiempos, o quizás porque en ese mismo avance se ha perdido el mensaje que durante tantos siglos esas campanas nos han transmitido.

Cada función, cada toque, se ha difuminado en una profusión de sonidos que anulan los caracteres de solemnidad, recogimiento, aviso… En fin, el poder de convocatoria con fines religiosos, litúrgicos, sociales y el servicio a la comunidad se ha mezclado en un “totum revolutum” donde prima la cantidad y la potencia antes que los contenidos.

Hace unos meses se condenaba a la Catedral de Jaen a bajar el sonido de sus campanas y el número de toques ante la denuncia de los vecinos. Esta misma semana se cerraba una iglesia evangélica por contaminación acústica.

Yo no quiero que las campanas de mi pueblo enmudezcan, quiero seguir oyéndolas y que me hablen, con mesura, sentido y cuando corresponda. Es un bagaje cultural que debemos conservar, entre todos, y no jugar a buscar culpables cuando nada tenga remedio.”

*Abel Chiva Mañes

Leído en: Blog Las Alcublas

3 Comments »

  1. 1
    cesar gonzalez Says:

    quiero saber como se hace para calcular la edad de una campana segun sus rasgos forma o corrosión ya que tengo una que me regalaron y me dicen que tiene aproximadamente 500 años de antigüedad y cual seria su valor comercial.

    • 2
      acuarela Says:

      ¿Y si empieza por hacer una Búsqueda Avanzada en Google u otros buscadores? Las aquí llamadas “Casas de Antigüedades” podrían orientarlo. También las personas formadas en museología, coleccionistas… Suerte!


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