Ajena sangre. Clara Lifsichtz Ottolenghi

Soneto

Tú no eres sólo tú. Todo es contigo
y en tí se da como en la luz del día.
Tu sonrisa es un rastro de alegría
como tu llanto un poco de castigo.

Siempre fuiste alguien más. El brazo amigo,
la mirada del otro, la que ardía
y se apagó en la cuenca ya vacía
dejándote un recuerdo sin abrigo.

Por tus venas transita lo que amas.
Mucho de tí se queda entre las llamas
que signan tus encuentros con la vida.

Tu soledad no es sólo tuya. Viene
por el silencio que otra voz detiene.
Ajena sangre mana de tu herida.

Clara Lifsichtz, n. 1918 Cd. Buenos Aires

Leída en:

El Soneto en la Argentina, Antonio Requeni

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