A dónde va el humanismo (via Unesco Courier)

Si andan con tiempo para leer…

Por SANJAY SETH*

“El humanismo es, entre otras cosas, la afirmación o la intuición de que todos los humanos tenemos en común algo fundamental y un mismo derecho a la dignidad y el respeto.

Esto no basta, sin embargo, para distinguir al humanismo de otros enfoques y doctrinas, comprendidas las religiosas, que merecen respeto y que consideran también que todos los humanos tenemos rasgos comunes, como por ejemplo un alma inmortal. 

Lo que ha diferenciado históricamente al humanismo de muchas otras afirmaciones de la dignidad y el valor del ser humano es la forma específica que ha revestido su afirmación y, más concretamente, dos argumentos importantes que, a la hora de proclamar la igualdad y dignidad humanas, le confieren su carácter específicamente “humanista”.

El primero de esos argumentos es que el valor del hombre se afirma independientemente de un Dios o de dioses y, más aún, que el “hombre” reemplaza a Dios como medida de todas las cosas.

El segundo es que lo que los hombres tienen en común estriba en una racionalidad única y sólo puede encontrarse recurriendo a ella.

Definido así, el humanismo no es simplemente un fenómeno del Renacimiento. Su pleno desarrollo tiene lugar en el Siglo de las Luces, con la idea de una humanidad universal y una razón única. 

Ese algo que todos tenemos en común y que legitima nuestra aspiración a la igualdad, a pesar de nuestras diferencias, es la médula del humanismo. Los filósofos de la Ilustración lo buscaron en una razón única, pero hoy debemos buscarlo en el entrelazamiento de las distintas visiones morales.  

El interrogante que deseo plantear es el siguiente: ¿La comprensión antropológica del mundo y la búsqueda de una racionalidad única constituyen el mejor medio para afirmar la similitud y el valor de los seres humanos? En otras palabras, ¿el humanismo es la mejor respuesta a la aspiración del hombre a afirmar el carácter común de la especie humana y de su dignidad? 

El hombre en el centro del universo

Para Edward Said, 1 el humanismo es fundamentalmente la noción secular de un mundo histórico –no creado por Dios, sino por los hombres y las mujeres– que es susceptible de ser aprehendida racionalmente. En la médula del humanismo hallamos, por consiguiente, una antropología filosófica que, al otorgar al hombre un puesto central, reduce la función de Dios, o de los dioses, sin suprimirla forzosamente.

Hubo un tiempo en que el que el mundo de los hombres se explicaba por los designios y actos de los dioses. Con el humanismo, para comprender a los dioses es necesario comprender a los hombres, ya que los primeros son el producto quimérico de la imaginación de los segundos. 

Si el papel central atribuido al hombre en cuanto creador de significaciones y objetivos supone una restricción del papel atribuido antaño a Dios, o a los dioses, también supone una separación, una distinción, entre un mundo humano y otro que no lo es. Hay dos mundos: uno de leyes y procesos impersonales, y otro de intenciones y significaciones humanas.

Como la naturaleza no es un ámbito de intenciones y significaciones, desarrollar un conocimiento de la misma equivale a acceder a la comprensión de las fuerzas impersonales que la rigen y que tienen, por regla general, valor de ley. Desarrollar un conocimiento del mundo histórico o cultural equivale a desentrañar intenciones y significaciones. En efecto, en el mundo histórico es donde se manifiestan, a través de las huellas que dejan tras de sí, las significaciones y designios de los hombres. El conocimiento de la naturaleza –ámbito exclusivo de las ciencias naturales– puede conducir al dominio de las fuerzas que la rigen. El conocimiento del mundo histórico –ámbito de las ciencias humanas y sociales– conduce al ser humano a conocerse a sí mismo.   

En vez de un mundo único en el que los fines y designios de la naturaleza se prefiguran y reflejan en el mundo social, el humanismo introduce una visión diferente compuesta por dos mundos: uno carente de significado e intención; y otro constituido por significaciones e intenciones atribuidas por los hombres a su propio universo en diferentes épocas y lugares.  Estas tesis siempre han tenido detractores en Occidente, por ejemplo Hamann, 2 Kierkegaard, 3 Adorno, 4 Horkheimer 5 y Heidegger 6 . Fuera de Occidente, aunque han sido numerosos los pensadores que han aceptado y celebrado los valores del humanismo occidental, también hallamos algunos como Gandhi, 7 Césaire8 o Fanon, 9 que han criticado una pretendida “civilización” que a menudo ha envilecido al hombre, pese a jactarse de exaltarlo. 

Estimo que, habida cuenta de que las circunstancias han cambiado, conviene replantearse este humanismo con espíritu crítico.

El cambio ha consistido en la aparición de una crisis ambiental que pone en tela de juicio la prerrogativa absoluta del hombre, así como la tajante distinción entre el hombre y la naturaleza, característica del humanismo clásico (ver páginas 34-36). Es evidente que no sólo esa prerrogativa atribuida al hombre ha contribuido al deterioro de las condiciones necesarias para la perennidad de la vida humana, sino que además se está borrando la distinción entre el mundo construido por los hombres y el mundo que existe independientemente de ellos. Con el calentamiento del planeta y la extinción masiva de especies vegetales y animales, el hombre, además de ser –como antes lo era– un agente biológico, se ha convertido hoy en día en un agente geológico. 

El proyecto de la Ilustración 

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