Bioética: desafíos inesperados (via Unesco Courier)

Si andan con tiempo para leer…

“La bioética está llamada a intervenir para establecer un justo equilibrio entre el progreso de la investigación médica y el respeto de la vida humana.”

Por Salvador Bergel*

“Ante los grandes dilemas que plantean los avances de las biociencias y las biotecnologías, le corresponde a la bioética buscar respuestas éticas inéditas con una actitud que concilie la apertura hacia esos nuevos conocimientos y poderes  con la vigilancia y la responsabilidad, a fin de preservar en toda circunstancia los valores del humanismo.

El nacimiento de la bioética no fue resultado ni del azar ni de la iluminación súbita de un pensador clarividente. 1 Su aparición se explica por factores históricos, científicos y sociales. Desde mediados del siglo pasado los espectaculares avances de las ciencias médicas abrieron a la investigación científica campos inéditos y aportaron indudables mejoras a la salud de los pueblos, al tiempo que planteaban inesperados desafíos a la ética y la moral. 

Cada nueva conquista de la biología y las ciencias médicas, como el trasplante de órganos, que ha permitido salvar numerosas vidas, o las técnicas de fecundación médica asistida, que soluciona los problemas de esterilidad de la pareja, se ha enfrentado a bloqueos psicológicos y sociales y  suscitado cuestionamientos fundados en concepciones religiosas o éticas.

Lo mismo puede decirse de la investigación con embriones humanos, tema sumamente sensible por tratarse de los orígenes de la vida, en el que entran en juego concepciones morales e intereses científicos e incluso financieros; del diagnóstico preimplantatorio, que ha contribuido a evitar problemas generados por una herencia mórbida, o de la utilización de células madre (células multipotentes capaces de autorrenovarse y de generar uno o más tipos de  células diferenciadas), de capital importancia para el futuro de la medicina regenerativa.

No se trata de hallazgos puntuales o aislados. Estamos en presencia de una auténtica revolución biológica.

En unas pocas décadas ha sido posible definir las bases químicas de la herencia, el código genético común a todos los seres vivos, y establecer los fundamentos de la biología molecular y de una nueva genética. Se sentaron así los cimientos de la ingeniería genética, es decir de una tecnociencia que permite la manipulación y el intercambio de genes en y entre las especies.

El ser humano posee, pues, la capacidad de manipular y transformar el material genético con propósitos prácticos e intervenir incluso en su naturaleza biológica como especie, sin duda el aspecto más inquietante desde una perspectiva bioética.  

Resulta evidente entonces que estos progresos de las ciencias de la vida tienen repercusiones en la concepción misma de lo humano y plantean problemas trascendentales de índole ética, social y legal, en los que la bioética está llamada a intervenir para establecer un justo y difícil equilibrio entre el progreso de la investigación médica y el respeto de la vida humana.

Corresponde a la bioética, pues, reconocer los aportes benéficos de estos avances científicos y permanecer en estado de alerta permanente frente a los riesgos y amenazas que pueden entrañar. Pues si bien dichos avances abren caminos para terminar con flagelos que desde antiguo afectan a la salud de los seres humanos, suscitan también justificados temores ante sus posibles extravíos y efectos indeseables, en particular cuando se trata de la manipulación genética con sus diversas aplicaciones, del resurgimiento de doctrinas eugenésicas –que cuentan ahora con instrumentos perfeccionados-, o de experiencias realizadas sobre seres vulnerables.

En este sentido, no es ajena al surgimiento de la bioética la reacción de repudio generalizado frente a los horrores cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, 2 reacción que culminó con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Es en este legado humanista que la bioética basa el objetivo primordial de su acción: frente al panorama cambiante y en constante evolución de las ciencias de la vida, reafirmar la primacía de la persona humana y salvaguardar la dignidad y la libertad que le son inherentes por el solo hecho de pertenecer a la especie. 

Diálogo, consenso y tolerancia

La bioética es, pues, un baluarte del humanismo por su propósito final pero también lo es por la naturaleza de su problemática multidisciplinaria.

Para encontrar respuestas adecuadas a los nuevos desafíos de la ciencia, frente a los cuales la ética tradicional se reveló insuficiente, fue necesario el diálogo y la interacción entre ciencias de naturaleza y ciencias humanas y sociales con sus metodologías y perspectivas particulares, recurriendo a todos los campos del conocimiento, de la filosofía a la medicina y la biología, del derecho a la sociología y la antropología. 

La bioética reivindica también los valores del humanismo en sus métodos y procedimientos, que se basan en la búsqueda de consenso a través de un diálogo esclarecedor y constructivo con la participación de todos los sectores comprometidos, pues la sociedad ya no se resigna al papel de observador pasivo frente a opciones que ponen en juego su vida y comprometen su responsabilidad moral.

Ello impone a la bioética una actitud de apertura y tolerancia a fin de adoptar normativas y leyes bioéticas que respeten la realidad de comunidades multiculturales portadoras de tradiciones y creencias que les son propias. 

Por otra parte, esos valores humanistas no se limitan a animar la reflexión teórica sino que se aplican a diario en la vida real y concreta, por ejemplo frente a problemas que con carácter perentorio se presentan en la práctica hospitalaria.

Sin olvidar que el campo de la bioética se ha expandido para abarcar los condicionantes sociales de la salud, como la pobreza, la alimentación, el acceso al agua potable, a los servicios de salud, a los medicamentos.

La bioética ha suscitado una militancia universal que está contribuyendo a la realización concreta de los ideales de justicia global a través de la acción de comités hospitalarios y de comités de ética nacionales, de la docencia y  de la investigación. En este sentido, es notable que las escuelas de medicina casi sin excepción hayan incorporado esta disciplina a los estudios de grado y de posgrado, reconociendo así su carácter imprescindible para la práctica médica. En prácticamente todos los servicios de salud se han instituido comités de bioética hospitalaria y no hay país en el que no existan comisiones nacionales de bioética u órganos equivalentes constituidos por especialistas ad hoc.

En todas partes se aprueban códigos, normas y estatutos sobre bioética, y la UNESCO ha considerado indispensable crear un escenario de reflexión y de debate (el Comité Internacional de Bioética) y formular principios axiológicos orientadores para la consolidación de la disciplina sobre la base de los derechos humanos en tres Declaraciones de carácter universal.

La íntima alianza entre bioética y derechos humanos nos permite hablar de una nueva forma de humanismo adaptado a las exigencias y los desafíos de nuestro tiempo.

Este humanismo renovado reconoce el componente biológico y ético de la naturaleza humana, cuya dignidad es necesario salvaguardar aquí y ahora, asumiendo al mismo tiempo responsabilidades y deberes respecto de la preservación de lo viviente en todas sus manifestaciones, para las generaciones venideras y, en definitiva, para garantizar la sobrevivencia de la especie.” 

*Salvador Bergel (Argentina), doctor en ciencias jurídicas y sociales y especialista en cuestiones de bioética, es titular de la Cátedra UNESCO de Bioética de la Universidad de Buenos Aires.

Ref.:  1. El científico estadounidense Van R. Potter acuñó el término de “bioética” en un artículo publicado en 1970.

Leído en: UnescoCourier Oct/Dic 2011

Post relacionado: Temas de bioética (listado)

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4 Comments »

  1. 1
    Mariela MRL Says:

    Una perspectiva:

    “La investigación de las células madres

    ACTITUDES HACIA LAS INVESTIGACIONES DE LAS CÉLULAS MADRE EN EL MUNDO

    A pesar de todos los beneficios prometidos de las células madre, hay todavía varios atascos que deben ser superados para poder hacer de la tecnología una realidad médica. Para empezar, la tecnología está muy lejos de ser suficientemente madura para poder permitir este tipo de terapias de las células madre que se prevén. Pero también hay otros temas éticos, religiosos, legales, y más que deben ser resueltos, incluyendo el frente político.

    Uno de los temas fundamentales que se discuten, es la pregunta acerca de cuando es que comienza la vida. En otras palabras, ¿Es este blastocito que se encuentra afuera del útero (de cinco días de edad desde que se concibe) un ser viviente, un humano, o una criatura en absoluto? ¿Es un embrión, un pre embrión, u otra cosa completamente? Si definimos al blastocito como a un ser humano, entonces tendría una profunda implicación para la investigación de las células madre.

    Ahora, ésta no es una pregunta científica. No hay forma de que la ciencia pueda responder a la pregunta, “¿Desde cuando comienza la vida?” o de decirnos cómo definir si es o no un humano. Ésta es una pregunta para teólogos, filósofos, incluso para legisladores, o quizá para la sociedad como un ente. Judíos observantes de la Torá se inclinan a la Halajá para la respuesta.

    Hay una variedad de opiniones que han sido sugeridas para etiquetar cierta etapa como el comienzo de la vida. De hecho, uno puede encontrar una opinión para cualquier etapa en el proceso de la embriogénesis humana para definir el comienzo de la vida: la concepción, la implantación en el útero, catorce días luego de la concepción cuando nuevas células se forman, y así.

    Hay éticos seculares que claman que un blastocito es un ser humano. La verdad es que, yo encuentro muy difícil de entender cómo una persona secular mirando la masa de células más pequeña que el punto final de esta oración, con una remota posibilidad de convertirse en algo viviente, pueda decir: “Esto es un ser humano”. Pero el hecho es que algunos sí se sostienen a esta opinión.No hay pregunta acerca de la importancia científica de la investigación de las Células madre.

    Científicos en todo el mundo han estado de acuerdo que el potencial terapéutico de las células madre es tan grande que cualquier restricción debe ser removida. El enfoque legislativo ha sido muy diferente, particularmente, como veremos, en países en donde la Iglesia Católica ejerce una gran influencia sobre la política pública.

    ACTITUDES HACIA LAS CÉLULA MADRE EN OTROS LADOS DEL MUNDO.

    Alemania presenta una interesante situación, en otro sentido. El Gobierno Alemán prohíbe el uso de células madre alemanas para las investigaciones, pero permite a los investigadores usar las células madre importadas del exterior. Así que investigaciones en células madre no alemanas es un proyecto financiado, mientras que investigaciones en células madre alemanas es un acto criminal. Uno puede suponer que tan inconsistente legislación tiene sus raíces en la terrible pseudo-ciencia practicada durante el Holocausto.

    En varios países Europeos y en Israel, investigaciones en excesos de huevos fertilizados están permitidas. Como en otros países, la investigación reproductora en las células madre no está permitida en Israel, pero la investigación dirigida a proporcionar tratamientos médicos está permitida.

    Como mencionamos anteriormente, la Iglesia Católica es uno de los oponentes más vociferantes de la investigación de las células madre. De acuerdo al dogma Católico, una vez que el huevo es fertilizado, más allá de estar o no actualmente en el útero, es considerado un ser humano y su destrucción constituye asesinato. Católicos en el mundo están llevando a cabo batallas legislativas para proscribir dicha investigación, y están teniendo éxito en varios países.

    Otras religiones y denominaciones, tienen otras posiciones: La posición Protestante es una mezcla, mientras que el Islam generalmente lo permite, siguiendo una tendencia por parte de los codificadores Islámicos de estar de acuerdo con los puntos de vista Halájicos Judíos en temas de la tecnología moderna. Como mostraremos a continuación, la opinión Judía es que la investigación de las células madre está, de hecho, permitida.

    HALAJÁ: ACTITUDES Y HECHOS

    Para empezar, vamos a hacer una pequeña introducción sobre la actitud Halájica hacia los desarrollos tecnológicos modernos. Parece haber una tendencia en ciertos segmentos de la comunidad religiosa a adoptar las interpretaciones más estrictas posibles. Quiero tomar como ejemplo esta actitud restringente de “prohibido hasta demostrar lo contrario”.

    Baso mi posición en la regla de Tiferet Israel en Masejet Iadaim que no se precisa una justificación para permitir algo que no tenga una prohibición explícita. En otras palabras, lo que está prohibido por Halajá, está prohibido, pero el resto de la experiencia humana está automáticamente permitida. Por ende, si ni el proceso ni el resultado de la nueva tecnología están prohibidos, debería estar permitido. Ahora, debemos adentrarnos en los detalles del tema de las células madre.

    “JUGANDO A SER DI-S”

    Se ha planteado una objeción en conexión a la investigación de las células madre pero también en general a una gran serie de tecnologías, y es el concepto de “Jugando a ser Di-s”.

    Este término no tiene un significado judío, pero ha recibido cierta cantidad de atención por parte de la cultura popular. La esencia del argumento es, de que al tomar células madre que Di-s ha creado para desarrollarse de cierto modo, y transformarlas para que se desarrollen de otra forma, estamos usurpando el poder del Creador y por lo tanto estamos “Jugando a ser Di-s”.

    Yo creo que esto es una completa tontería. Después de todo, desde un punto de vista científico, no se crea ningún ser nuevo. El Judaísmo cree que Di-s creó al mundo de la nada, lo que ciertamente no es algo que ningún científico, no importa qué tan talentoso o creativo sea, pueda hacer. La ciencia está por descubrir o revelar aspectos de la naturaleza universal de Di-s que no se ha conocido hasta el momento. Así que una investigación científica de las células madre está utilizando las propiedades que Di-s le ha dotado a estas células para el beneficio de la humanidad. Sólo Di-s puede crear algo de la nada. Este es un poder que no se le ha dotado a ningún ser humano.

    De hecho, las revelaciones científicas acerca de la investigación de las células madre y otras áreas pueden servir para aumentar nuestro aprecio del poder de Di-s. En las células madre vemos la tremenda capacidad que fue diseñada por un Planificador y la inscripción en el mismo tejido de la vida. Cualquier observador maduro tendría que concluir que esto constituye una evidencia de la Creación por un Creador.

    Así que no debería darse ninguna consideración seria al reclamo de que esta investigación constituye a “jugar con Di-s”. La pregunta más seria se refiere a cómo interferimos con la Naturaleza, y si los beneficios posibles no podrían ser compensados por el riesgo de algún resultado perjudicial que no podemos prever ahora.

    Sugeriría que la perspectiva de la Halajá sobre esta pregunta es que tal avance no solo es permitido sino además requerido. Como ejemplo, tomemos la discusión en el Talmud acerca de la práctica de la medicina en general. Bava Kama 85b dice que uno puede ejercer de médico sólo porque está escrito en el versículo (Éxodo 21:19), “Él deberá ser pagado para sanar”. Quizá los Sabios del Talmud sintieron una necesidad de citar a la Biblia para permitir la práctica de la medicina para poder disuadir el tipo de razonamiento mencionado anteriormente.

    Después de todo, puede discutirse el hecho de que un médico interfiere con el plan de Di-s de haber causado la enfermedad a una persona. Como pregunta Rashi, “¿Si Di-s hiere, puede el hombre curar?”. A eso, el Talmud responde que sí, que podemos curar. El Shuljan Aruj incluso nos obliga a curar. Mejor dicho, en vez de interferir con el plan de Di-s, la Halajá entiende la práctica de la medicina como un proceso de cooperación y sociedad con Di-s para mejorar Su mundo.

    El último versículo de la Torá que cuenta sobre la Creación establece: “Porque en este día (Shabat) Di-s descansó de su Creación, que creó para ser hecha” (Génesis 2:3). Esto significa que Di-s no creó el mundo con la intención de no adherir luego nada nuevo. Más bien, la Creación está “para ser hecha”, para ser continuada por la humanidad. Di-s la puso en nuestras manos para que tomemos la iniciativa, ya sea para proveer refugio o vestimentas o para cualquier otra necesidad o lujo humano.

    Los que algunos consideran una “interferencia” con el mundo de Di-s es, en realidad, una oportunidad para nosotros de tomar un rol activo en la cooperación con el Divino plan de Di-s. No podemos caminar ciegos hacia adelante. Tenemos que tener codificadores Halájicos (bien versados en la literatura tradicional así como en la ciencia relevante) involucrados en cada paso del camino

    UN ENFOQUE HALÁJICO SOBRE EL TEMA DE LAS CÉLULAS MADRE

    Ahora, volviendo al tema del las células madre. Presentaré mis puntos de vista, que están basados en charlas con el Rabino Shalom Elyashiv.
    Para empezar, la Halajá ciertamente no comparte la posición Católica acerca de que la vida comience en la concepción. La Halajá ve el comienzo de la vida como una serie de etapas. La vida no es considerada completa hasta el nacimiento. La evidencia más clara sobre esta posición proviene de las leyes de asesinato, si una persona mata a un bebé recién nacido es considerado un asesino y es sujeto al castigo capital, pero si una persona mata algo antes de su nacimiento no es considerado asesino de ninguna manera.

    Otra importante etapa en la Halajá toma lugar cuarenta días luego de la concepción. Antes del día cuarenta, el embrión es “meramente agua”, sin embargo luego es considerado un ser humano por ciertas consideraciones. Las distinciones y los desacuerdos en relación a un feto luego de cuarenta días van más allá del alcance de este artículo, pero todas las autoridades Halájicas concurren que es considerado menos que un ser humano completo, porque la vida de la madre precede a la de su feto no nacido.

    Otro tema es la diferencia fundamental entre un embrión implantado y uno que está en un tubo de ensayo fuera del útero. El enfoque Católico acepta que no hay diferencia alguna, pero desde la perspectiva Halájica un “embrión en un tubo de ensayo” no tiene el status de un ser humano. Si consideramos que la investigación en las células madre promete la salvación de millones de seres humanos completos, la destrucción de un blastocito debe ser visto como permitido.

    OTRO TEMA RELACIONADO ES UN PROCESO CONOCIDO COMO DIAGNÓSTICO GENÉTICO PREIMPLANTACIONAL

    En dicho procedimiento, los huevos son extraídos de una mujer y fertilizados por el espermatozoide según la norma del procedimiento de la Fertilización In Vitro, pero los huevos fertilizados, antes de ser devueltos al útero, pueden ser testeados para enfermedades genéticas. Por ejemplo, una pareja con una disposición genética de tener hijos con Tay-Sachs (una enfermedad debilitadora y fatal) deben tener cada huevo testeado para el gen Tay-Sachs. Sólo aquellos que están libres de Tay-Sachs pueden ser implantados.

    Otra vez, la posición Católica prohíbe disponer de cualquier huevo que el test de Tay-Sachs haya dado positivo, pero la Halajá considera estos huevos “meramente agua”. No tienen personalidad humana, ni identidad humana, y no hay problema de destruirlos, mientras permiten a la pareja dar a luz a un chico sano.

    Un caso parecido que está relacionado con el Diagnóstico Genético Pre-implantacional para una mujer que transporte el gen neurofibromatósico, una mutación genética con un gran número de efectos negativos. Rabí Elyashiv le permitió a esta mujer concebir a través del procedimiento de DGP.

    La pauta general esta clara, sin embargo: La Halajá ve el concepto del comienzo de la vida en etapas, y el uso de células desde las primeras etapas para promover la salud y el bienestar de la humanidad o de individuos en particular no está simplemente permitido sino que además es una gran obligación.

    Rabino Profesor Avraham Steinberg, MD
    Extraído de B´or Hatorá, Revista de Ciencia, Arte y Vida a la luz de la Torá”

    Artículo relacionado:
    Fecundación asistida – La perspectiva de la Tora
    (ver en el sitio-origen)

    Leído en: http://www.jabad.org.ar/biblioteca/de-la-vida/ser-padres-de-la-vida-biblioteca/la-investigacion-de-las-celulas-madres/

  2. 3
    Mariela MRL Says:

    Opiniones tras la nota del enlace https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-31481-2004-02-13.html::

    ARTICULO PERIODISTICO: Un gran paso hacia la clonación terapéutica

    La experiencia consistió en tomar un óvulo, retirarle el núcleo y poner en su lugar el de una célula del cuerpo de la misma mujer. Los científicos pudieron guiar a las células del embrión para convertirse en tejidos que podrían aplicarse para distintas terapias…

    OPINIONES RECOGIDAS EN EL MISMO MEDIO (PAGINA 12)

    Un dilema ético para la ciencia

    – FLORENCIA LUNA*
    El descubrimiento desarrollado por los científicos de Corea del Sur es una línea de investigación prometedora porque va a permitir revolucionar la forma de hacer medicina y se manifiesta como la puerta de entrada de un sistema de reparación que puede resolver enfermedades. De todas maneras, hay que ser cautos porque estas investigaciones están dirigidas a cierto nivel de la población. Estos descubrimientos no son de amplio acceso. Por lo tanto, hay que poner en perspectiva que hay una serie de tratamientos y curaciones que ya existen y no se utilizan. No hay que entrar en una sensación de exitismo y fascinación que no nos permita ver dónde están los problemas más acuciantes en salud, sobre todo, en países de pocos recursos, como la Argentina. En estas prácticas científicas tienen que haber regulaciones para evitar excesos. Es necesario que haya un debate público para ver qué es lo que puede brindar este tipo de tecnología, ya que se viene y no se puede evitar. Pero el acceso a esto estará ligado a las necesidades de los países industrializados.

    * Presidenta de la Asociación Internacional de Bioética.

    – GREGORIO KLIMOVSKY *
    El desarrollo de la personalidad del feto se empieza a formar cuando se forma el sistema nervioso y antes no es un ser humano sino que tiene células como las puede tener la lechuga. En las primeras semanas del embrión no hay ser humano y aquí, entonces, es posible usar células madre con fines de clonación para reproducir la piel o combatir enfermedades. Pero después de llegar a cierto momento hay que tener cuidado. Mi posición es bastante tolerante porque el proceso realizado con las células madre se hace con el consentimiento de a quien se les toma esas células. No veo un problema ético en esto, pero cuando se forma el sistema nervioso central hay que tener cuidado. De acuerdo con la mayoría de los médicos, el desarrollo del sistema nervioso del embrión comienza a los tres meses. A partir de este desarrollo ya hay que tener mayores cuidados y evaluar el proceso más profundamente. En la religión, por ejemplo, el ser humano aparece en el momento de la concepción. Pero si no se está en esa posición, puede ser importante que se use la clonación con fines terapéuticos o con el objetivo de combatir enfermedades a través del traspaso de genes.

    * Profesor de Filosofía de las Ciencias de la UBA.

    – JUAN CARLOS TEALDI *
    Hay que separar bien lo que es clonación celular de lo que es clonación de un embrión. En el primer caso no hay conflicto en la comunidad científica, ya que se realiza con el objetivo, por ejemplo, de clonar la piel a través de células epidérmicas. Con la clonación humana, que consiste en crear un ser humano con características genéticas idénticas al tomado como referencia, empieza el problema moral. La clonación humana a secas está condenada mayoritariamente. Están los países que dicen que la clonación humana es condenable en cualquier circunstancia, como Estados Unidos, secundado por muchos países de América latina y, por otro lado, están otros como el Reino Unido y China, que acuerdan con la clonación con fines terapéuticos. Es muy difícil tomar una postura determinante. No creo que deba haber una condena dogmática. Debe haber un gran debate, un consenso para el conocimiento público de lo que se hace. En Gran Bretaña se permite la clonación porque existe una regulación. Hay otros países como España en los que hubo un debate enorme, pero que aún no han resuelto el tema.

    * Director del Programa de Bioética del Hospital de Clínicas.

    – PEDRO HOOFT *
    Hay un consenso internacional en bioética que considera inaceptable la clonación reproductiva, que tiene por finalidad generar nuevos seres humanos. La declaración sobre genoma humano de la Unesco y protocolosadicionales a la Convención Europea de Bioética se expresan contra la clonación reproductiva. En el campo de la clonación terapéutica hay variantes y opiniones divergentes. Todas las técnicas que no impliquen embriones humanos, con miras a la curación de enfermedades, no cuentan con objeciones. Pero si partimos de embriones humanos hay opiniones divididas. Si un embrión humano es vida, hay una objeción ética, aunque el destino posterior sea para fines terapéuticos. Los documentos internacionales han dejado abierto el tema para nuevos aportes interdisciplinarios. Por lo pronto, en países donde hay una tendencia más abierta hay, de todos modos, consenso de que no se puede clonar indiscriminadamente. A partir de normas institucionales, debería haber objeciones éticas y jurídicas cuando implica la destrucción de embriones humanos. Si se encuentran técnicas de clonación terapéutica sin destrucción puede ser muy beneficioso. De todos modos, estos desarrollos en el futuro deben tener un sentido social con mayor acceso de la población y no tan restringidos.

    * Juez, integrante del Comité Internacional de Bioética de la OPS.

    – ESTHER DÍAZ *
    Este es un proceso que históricamente se da desde el comienzo de la modernidad porque triunfa la tecnociencia. Hay varios investigadores que dicen que la ciencia es neutral y que no son responsables de la técnica que crean. A través de la informática se genera la ingeniería genética. Y los resultados son imprevisibles. El científico no tiene una reflexión ética, por lo que se le va de las manos la tecnología que él mismo inventó. Hay comités de ética, pero que funcionan una vez que el invento está comercializado, por lo que no hay manera de revertir las consecuencias de ese invento. Antes de ponerse a tratar de producir vida de manera artificial sería más humano, que es justamente lo que le falta a la ciencia, que se invierta en investigaciones humanísticas y de ciencias humanas para determinar las verdaderas necesidades de la sociedad y a partir de ahí realizar las investigaciones. Además, es una falacia que los científicos no tengan responsabilidad de su invención. Habiendo tantos chicos que se mueren de hambre, no acuerdo con la posibilidad de crear vidas de manera artificial. Es el resultado de una ciencia inhumana al servicio del mercado.

    * Escritora y doctora en Filosofía.

    – SAMUEL CABANCHIK *
    Cuando el poder de los medios utilizados para la ciencia se incrementa, debe aumentar también la responsabilidad con que se utilizan esos medios. Asegurando a la opinión pública que esta clonación es para fines terapéuticos se la tranquiliza, pero nos enfrenta de todos modos a un dilema ético y político. Debe haber una regulación en este tema, pero también se debe alcanzar un gran debate y una reflexión general. Deberían intervenir, además, organismos internacionales para que esta regulación sea acordada a nivel mundial, porque son cuestiones que atañen a la humanidad misma. Tiene que haber un foro de debate. En la Argentina, específicamente, primero se debe comenzar con este debate para llegar luego a tomar posición. Todavía este tema no ha tomado estado público. Además, si el cuestionamiento de Carmen Argibay para ir a la Corte Suprema después de declararse a favor del aborto no está saldado, mucho menos se está preparado para discutir la manipulación genética.

    * Director del Departamento de Filosofía de la UBA.

    Producción: Maricel Seeger. Para Página 12 (Argentina) http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/1-11192-2004-02-13.html

  3. 4
    Mariela MRL Says:

    Las opiniones se refieren a la nota:

    LO REALIZO EN SEUL UN EQUIPO INTEGRADO POR CIENTIFICOS COREANOS Y UN ARGENTINO

    Un gran paso hacia la clonación terapéutica

    La experiencia consistió en tomar un óvulo, retirarle el núcleo y poner en su lugar el de una célula del cuerpo de la misma mujer. Los científicos pudieron guiar a las células del embrión para convertirse en tejidos que podrían aplicarse para distintas terapias.

    Por Pedro Lipcovich

    Un equipo de investigación integrado por surcoreanos y un argentino dio a conocer el avance más importante y de mayor seriedad científica registrado hasta la fecha en materia de clonación humana. Para entender por qué es el más importante hay que explicar por qué es el de mayor seriedad científica: no sólo porque todos sus pasos se sujetaron a las pautas éticas admitidas por la comunidad científica y porque los resultados se publicaron en una revista de primer nivel internacional, sino también, y especialmente, porque el propósito fue la clonación terapéutica, es decir, la perspectiva de que, por ejemplo, a partir de una sola célula de una persona diabética puedan obtenerse tejidos del páncreas, que curarían su enfermedad sin posibilidad de que fueran rechazados por su propio organismo. La experiencia que se realizó con éxito consistió en tomar un óvulo de una mujer, retirarle el núcleo y poner en su lugar el núcleo de una célula del cuerpo de la misma mujer; lograr que la célula así obtenida se divida y desarrolle –como si fuese un óvulo fecundado por un espermatozoide–, transformándose en un embrión. Sus células, como las de todo embrión, son “totipotenciales”, es decir, llevan en sí la potencialidad de transformarse en cualquier tejido del organismo: los investigadores pudieron guiar las células de esta clonación terapéutica hasta su diferenciación en tejidos como el de la piel, los músculos, los huesos, la retina. Por primera vez, un resultado científico de esta magnitud tiene lugar en un país emergente, lo cual obedece a que esta línea de investigación no está permitida en diversos países centrales y a que “hoy, si una línea de trabajo se prohíbe en un país, se desarrollará en otros”, señaló un investigador argentino.

    En realidad clonaron, no uno sino 30 embriones humanos. La experiencia fue efectuada en la Universidad Nacional de Seúl por un equipo dirigido por Woo Suk Hwang, con la participación del argentino José Cibelli, quien se desempeña en la Universidad de Michigan, Estados Unidos. Los resultados se publicaron ayer en la revista Science.

    Hasta anteayer, el estado de la ciencia en materia de clonación humana se resumía así: por una parte, se había logrado aislar células totipotenciales (“células madre”; stem cells) en embriones humanos obtenidos de óvulo y espermatozoide por fertilización asistida; por otra parte, se había practicado con éxito la clonación de animales superiores, a partir de la oveja Dolly en 1996, pasando por la argentina Pampa en 2002. Lo que faltaba era juntar esas dos líneas, y el premio de juntarlas era, y sigue siendo, la posibilidad de desarrollar, por clonación, “células madre” que, una vez desarrolladas como tejidos, curen enfermedades de la misma persona que las produjo, en una especie de autoinjerto. Eso se llama clonación terapéutica, y empezó a existir ayer.
    Ya había habido experiencias en clonación de células humanas: la primera de ellas había sido publicada por Cibelli en 2001. Pero los embriones no habían ido más allá de ocho o diez células, y en ningún caso se habían desarrollado líneas de “células madre”.

    La investigación se efectuó en el hospital universitario Hanyang, de Seúl, Corea, cuyo comité de ética supervisó sus pasos. Dieciséis voluntarias donaron un total de 242 óvulos (en rigor se trataba de “ovocitos”, las células que, cuando se desprenden del ovario para deslizarse hacia el útero, pasan a llamarse óvulos), de los que 176 se utilizaron en las pruebas. A cada una de ellas se le había explicado que se trataba de una experiencia de clonado terapéutico, no de clonado reproductivo, y ninguna de las mujeres recibió dinero por su participación.

    Los investigadores retiraron de cada óvulo el núcleo –que contiene el material genético– y lo reemplazaron por el núcleo de la célula del cuerpo. ¿Por qué hay que hacer esto para lograr la clonación? Porque el óvulo, como el espermatozoide, sólo contienen la mitad de la información genética, que sólo se completa cuando se unen para formar una célula de la cual han de derivar todas las que compondrán el organismo. El núcleo que los científicos pusieron en el óvulo ya tenía la información completa y por eso esa célula pudo desarrollarse como embrión, al igual que si hubiera procedido de la unión entre óvulo y espermatozoide.

    Pero, para esto, primero había que atrasar su reloj biológico. Digamos, “enseñarle” a ese núcleo celular, tomado de un cuerpo adulto, que ahora tenía que comportarse como la primera de todas las células del organismo. Los investigadores estimularon al “citoplasma” (la parte exterior al núcleo) del óvulo así modificado hasta conseguir que “reprogramara al núcleo transferido, silenciando todos los genes correspondientes a célula somática y activando los genes embrionarios”.

    El propósito de los investigadores era lograr que cada embrión llegara al punto clave de desarrollo en que se diferencia en tres capas, que a su vez darán lugar a todos los tejidos del organismo humano. Lo consiguieron, y fue su logro central: pudieron registrarse “tejidos diferenciados incluyendo epitelio retinal pigmentado, músculo, hueso, cartílago, tejidos conectivos y epitelio glandular”, según precisa el trabajo publicado en Science. Otro resultado muy auspicioso fue que las líneas pudieron mantenerse a lo largo de por lo menos 70 reproducciones celulares. Y los resultados se repitieron en 30 embriones, cada uno de ellos genéticamente idéntico a la mujer que había donado las células que lo iniciaron.
    Esto abre, de manera consistente, la perspectiva de obtener tejidos “que podrían ser trasplantados, sin rechazo inmunitario, para tratar enfermedades degenerativas como la diabetes, la osteoartritis y el Parkinson, entre otras”, anunciaron los investigadores.

    El editor principal de la revista Science, Donald Kennedy, comentó que “el potencial de estas ‘células madre’ embrionarias es enorme”, pero advirtió que “pueden pasar años hasta que estas células puedan ser usadas en medicina”. Además, llamó a “una prohibición mundial a todo intento de usar esta tecnología para crear niños vivientes”.

    En realidad, el límite no es sólo ético. La clonación de especies animales muestra hasta ahora debilidades que este experimento no modifica en absoluto: por una parte, cada animal exitosamente clonado es el emergente de una cantidad muy grande de intentos fallidos, plasmados en abortos y deformidades; además, los clones suelen tener corta vida, son proclives a enfermedades respiratorias, circulatorias e inmunológicas, y se les adjudica un “envejecimiento prematuro”, lo cual apunta a que aquella “reprogramación del reloj biológico” no es definitivamente estable.

    Pero nada de esto afecta la perspectiva del clonado terapéutico, donde lo que interesa no es obtener seres completos sino sólo tejidos celulares. Y en todo caso la filiación e integración de estos investigadores en la comunidad científica es transparente, a diferencia de la de personajes que de vez en cuando anuncian supuestas clonaciones humanas, como el médico italiano Severino Antinori o la bizarra secta de los “raelianos”.

    Resta una pregunta: ¿por qué esta investigación se concretó en Corea? “Porque en Estados Unidos, y en diversos países de Europa, no está permitido investigar en esta línea”, contestó Marcelo Rubinstein, profesor titular de genética en la UBA, y comentó: “Actualmente, cuando una rama de desarrollo científico se bloquea en un lugar del mundo, continúa en otros. Es improbable que un tema científico pueda ser prohibido en el mundo entero porque los países tienen distintas pautas y porque los desarrollos científicos están muy ligados a perspectivas de beneficio económico”.

    https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-31481-2004-02-13.html


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