Pregunta de test

Al prepararse para las vacaciones, ¿qué hace?

a) Se pasa el día antes de la partida terminando con los preparativos.

b) No deja de mirar su maleta perfectamente preparada durante la semana antes de la partida.

c) Mete algunas cosas en la maleta unas horas antes de la partida.

De: GuíaMensa

Humanizar la mundialización (via Unesco Courier)

Si andan con tiempo para leer…

Entrevista de MIREILLE DELMAS-MARTY* con Jasmina Šopova**

“Aprovechar la “fuerza imaginativa” del derecho para forjar un humanismo jurídico, pluralista y abierto en ámbitos tan diversos como la promoción de una paz duradera, la lucha contra el calentamiento del planeta o la regulación de las nuevas tecnologías digitales y biomédicas, esa es la idea que guía a la jurista francesa Mireille Delmas-Marty.

“-¿La humanización de los sistemas jurídicos progresa o se estanca en esta era de la mundialización?

A primera vista, se diría que el humanismo jurídico se está reforzando con la multiplicación de instrumentos jurídicos y de organismos internacionales encargados de supervisar el respeto de los derechos humanos, y también con la aparición de un derecho humanitario y de una justicia penal con miras universales. Por otra parte, en el plano económico, el mercado mundial ambiciona crear empleos e incrementar la prosperidad.  Aparentemente, todo va a las mil maravillas en el mejor mundo posible. Ahora bien, la mundialización, que funciona como una lupa de aumento, pone de manifiesto una serie de contradicciones y suscita múltiples interrogantes.

¿Cómo hacer compatible la noción de seguridad con el principio de libertad, los derechos económicos con la protección del medio ambiente?

La mundialización agrava incluso algunas situaciones, por ejemplo cuando disocia los derechos económicos, ya mundializados, de los derechos sociales que dependen de los estados nacionales, debilitados por los imperativos de los mercados financieros.

Cabe preguntarse también si no se da una contradicción entre el universalismo proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y la Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de 2005, que define la diversidad cultural como un patrimonio común de la humanidad.

¿Cómo se manifiestan en la realidad esas contradicciones?

Una de las mayores contradicciones concierne las migraciones. Las fronteras están abiertas a la circulación de mercancías y capitales, pero no a la de los seres humanos. En muchos países se propende incluso a reforzar el control y la represión de la inmigración, hasta el punto de hacer una amalgama entre ésta y la delincuencia. Ahora bien, esos mismos países, al imponer la apertura de las fronteras al mercado mundial, desequilibran los mercados locales y obligan a las poblaciones a emigrar. En definitiva, son los mismos quienes provocan la emigración y la reprimen.

Además, la disociación entre derechos económicos y sociales limita el crecimiento a los beneficios económicos y financieros, y no impide la agravación de la precariedad y la exclusión social, ya se trate del desempleo o de la pobreza extrema. La diferencia entre los ingresos más altos y los más modestos aumenta al mismo ritmo de progresión que la prosperidad.

Por último, la explotación de los recursos naturales, ámbito en que las empresas multinacionales desempeñan un papel determinante, origina un número de conflictos armados cada vez mayor, en particular en África y América Latina. De ahí que se sigan perpetrando crímenes de guerra y contra la humanidad, genocidios y actos de agresión, pese a la creación de la Corte Penal Internacional (CPI). 1

Si bien la entrada en vigor de esta Corte es reciente (2002), la impunidad de esos crímenes obedece también a motivos de orden estructural: el Estatuto de la CPI no contempla la responsabilidad de las personas morales 2 y por eso no se castiga a las empresas en caso de infracción. Esto merma la función disuasoria de la Corte, prevista sin embargo en su propio estatuto (a diferencia de los tribunales internacionales específicos 3 que juzgan crímenes anteriores a 2002, la CPI es un tribunal permanente).

-¿Qué contradicciones se dan entre los derechos económicos y los relativos al medio ambiente?

Los imperativos del desarrollo económico y la competitividad disuaden a los estados de proteger el medio ambiente. Cabe preguntarse entonces cómo proteger a nuestro planeta contra los efectos del cambio climático, el deterioro de la diversidad biológica o la contaminación del agua (ver páginas  34-35).

Mientras que los países industrializados subordinan su compromiso en favor de la protección del medio ambiente a un compromiso idéntico por parte de los países en desarrollo o emergentes, estos últimos esgrimen el argumento de la equidad histórica: los países desarrollados, por ser los iniciadores de la contaminación del planeta, tienen que participar ahora en el esfuerzo general de salvaguardia del medio ambiente, permitiendo al mismo tiempo que los demás países se desarrollen.

Se supone que el “desarrollo sostenible” está llamado a crear una sinergia entre los derechos económicos y los relativos al medio ambiente, pero esa sinergia será engañosa mientras no incorpore el concepto de desarrollo equitativo.

¿Se puede decir que las nuevas tecnologías, al modificar la condición humana, aumentan las situaciones paradójicas?

Las tecnologías siempre fueron “nuevas”. Lo que ha cambiado es la velocidad con que se producen. En lo referente a las tecnologías digitales, la legislación francesa no consigue ir al unísono con ellas. Cuando el Consejo Constitucional sanciona una ley, las prácticas ya han cambiado y escapan a la legislación.

Las tecnologías de la información pueden contribuir a reforzar la democracia, como hemos visto recientemente en algunos países árabes, pero al mismo tiempo propician la instauración de una sociedad de vigilancia.

Se da también una gran ambivalencia en el ámbito de las biotecnologías que contrarrestan la esterilidad gracias a la asistencia médica a la procreación y facilitan la selección de embriones mediante el diagnóstico preimplantatorio, con lo cual se acercan a la eugenesia, que se considera un crimen.

Una generalización de ese tipo de prácticas restringiría el papel del azar en la reproducción y, por ende, la diversidad biológica humana.

Así, en nombre de la libertad individual de ser dueño de su cuerpo y regular su descendencia, nuestras sociedades corren el riesgo de provocar una especie de formateo de la especie humana (ver páginas 39-40).

Otra paradoja: cuanto más dependemos de las tecnologías digitales, menor es nuestra autonomía, al tiempo que fabricamos robots cada vez más autónomos. Estos robots pueden ayudar a las personas de edad avanzada o enfermas y contribuir al bienestar social. Pero en los Estados Unidos y en Francia se lanzan programas para crear robots que reemplacen a los soldados de carne y hueso, lleven a cabo guerras “limpias” y alcancen objetivos militares sin afectar a   la población civil. Sería necesario que el programa de esos robots comprendiese reglas éticas, con todos los riesgos de error que conlleva la interpretación de un programa de este tipo.

Las opciones éticas más importantes son tan sutiles que es muy difícil preverlas de antemano con rigor matemático.  Estos ejemplos ponen de manifiesto un proceso de deshumanización.

¿Qué puede hacer el derecho?

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