Humanizar la mundialización (via Unesco Courier)

Si andan con tiempo para leer…

Entrevista de MIREILLE DELMAS-MARTY* con Jasmina Šopova**

“Aprovechar la “fuerza imaginativa” del derecho para forjar un humanismo jurídico, pluralista y abierto en ámbitos tan diversos como la promoción de una paz duradera, la lucha contra el calentamiento del planeta o la regulación de las nuevas tecnologías digitales y biomédicas, esa es la idea que guía a la jurista francesa Mireille Delmas-Marty.

“-¿La humanización de los sistemas jurídicos progresa o se estanca en esta era de la mundialización?

A primera vista, se diría que el humanismo jurídico se está reforzando con la multiplicación de instrumentos jurídicos y de organismos internacionales encargados de supervisar el respeto de los derechos humanos, y también con la aparición de un derecho humanitario y de una justicia penal con miras universales. Por otra parte, en el plano económico, el mercado mundial ambiciona crear empleos e incrementar la prosperidad.  Aparentemente, todo va a las mil maravillas en el mejor mundo posible. Ahora bien, la mundialización, que funciona como una lupa de aumento, pone de manifiesto una serie de contradicciones y suscita múltiples interrogantes.

¿Cómo hacer compatible la noción de seguridad con el principio de libertad, los derechos económicos con la protección del medio ambiente?

La mundialización agrava incluso algunas situaciones, por ejemplo cuando disocia los derechos económicos, ya mundializados, de los derechos sociales que dependen de los estados nacionales, debilitados por los imperativos de los mercados financieros.

Cabe preguntarse también si no se da una contradicción entre el universalismo proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y la Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de 2005, que define la diversidad cultural como un patrimonio común de la humanidad.

¿Cómo se manifiestan en la realidad esas contradicciones?

Una de las mayores contradicciones concierne las migraciones. Las fronteras están abiertas a la circulación de mercancías y capitales, pero no a la de los seres humanos. En muchos países se propende incluso a reforzar el control y la represión de la inmigración, hasta el punto de hacer una amalgama entre ésta y la delincuencia. Ahora bien, esos mismos países, al imponer la apertura de las fronteras al mercado mundial, desequilibran los mercados locales y obligan a las poblaciones a emigrar. En definitiva, son los mismos quienes provocan la emigración y la reprimen.

Además, la disociación entre derechos económicos y sociales limita el crecimiento a los beneficios económicos y financieros, y no impide la agravación de la precariedad y la exclusión social, ya se trate del desempleo o de la pobreza extrema. La diferencia entre los ingresos más altos y los más modestos aumenta al mismo ritmo de progresión que la prosperidad.

Por último, la explotación de los recursos naturales, ámbito en que las empresas multinacionales desempeñan un papel determinante, origina un número de conflictos armados cada vez mayor, en particular en África y América Latina. De ahí que se sigan perpetrando crímenes de guerra y contra la humanidad, genocidios y actos de agresión, pese a la creación de la Corte Penal Internacional (CPI). 1

Si bien la entrada en vigor de esta Corte es reciente (2002), la impunidad de esos crímenes obedece también a motivos de orden estructural: el Estatuto de la CPI no contempla la responsabilidad de las personas morales 2 y por eso no se castiga a las empresas en caso de infracción. Esto merma la función disuasoria de la Corte, prevista sin embargo en su propio estatuto (a diferencia de los tribunales internacionales específicos 3 que juzgan crímenes anteriores a 2002, la CPI es un tribunal permanente).

-¿Qué contradicciones se dan entre los derechos económicos y los relativos al medio ambiente?

Los imperativos del desarrollo económico y la competitividad disuaden a los estados de proteger el medio ambiente. Cabe preguntarse entonces cómo proteger a nuestro planeta contra los efectos del cambio climático, el deterioro de la diversidad biológica o la contaminación del agua (ver páginas  34-35).

Mientras que los países industrializados subordinan su compromiso en favor de la protección del medio ambiente a un compromiso idéntico por parte de los países en desarrollo o emergentes, estos últimos esgrimen el argumento de la equidad histórica: los países desarrollados, por ser los iniciadores de la contaminación del planeta, tienen que participar ahora en el esfuerzo general de salvaguardia del medio ambiente, permitiendo al mismo tiempo que los demás países se desarrollen.

Se supone que el “desarrollo sostenible” está llamado a crear una sinergia entre los derechos económicos y los relativos al medio ambiente, pero esa sinergia será engañosa mientras no incorpore el concepto de desarrollo equitativo.

¿Se puede decir que las nuevas tecnologías, al modificar la condición humana, aumentan las situaciones paradójicas?

Las tecnologías siempre fueron “nuevas”. Lo que ha cambiado es la velocidad con que se producen. En lo referente a las tecnologías digitales, la legislación francesa no consigue ir al unísono con ellas. Cuando el Consejo Constitucional sanciona una ley, las prácticas ya han cambiado y escapan a la legislación.

Las tecnologías de la información pueden contribuir a reforzar la democracia, como hemos visto recientemente en algunos países árabes, pero al mismo tiempo propician la instauración de una sociedad de vigilancia.

Se da también una gran ambivalencia en el ámbito de las biotecnologías que contrarrestan la esterilidad gracias a la asistencia médica a la procreación y facilitan la selección de embriones mediante el diagnóstico preimplantatorio, con lo cual se acercan a la eugenesia, que se considera un crimen.

Una generalización de ese tipo de prácticas restringiría el papel del azar en la reproducción y, por ende, la diversidad biológica humana.

Así, en nombre de la libertad individual de ser dueño de su cuerpo y regular su descendencia, nuestras sociedades corren el riesgo de provocar una especie de formateo de la especie humana (ver páginas 39-40).

Otra paradoja: cuanto más dependemos de las tecnologías digitales, menor es nuestra autonomía, al tiempo que fabricamos robots cada vez más autónomos. Estos robots pueden ayudar a las personas de edad avanzada o enfermas y contribuir al bienestar social. Pero en los Estados Unidos y en Francia se lanzan programas para crear robots que reemplacen a los soldados de carne y hueso, lleven a cabo guerras “limpias” y alcancen objetivos militares sin afectar a   la población civil. Sería necesario que el programa de esos robots comprendiese reglas éticas, con todos los riesgos de error que conlleva la interpretación de un programa de este tipo.

Las opciones éticas más importantes son tan sutiles que es muy difícil preverlas de antemano con rigor matemático.  Estos ejemplos ponen de manifiesto un proceso de deshumanización.

¿Qué puede hacer el derecho?

El papel del derecho es difícil porque, en un mundo que se transforma con celeridad, no se trata de retornar a un concepto estático de “humanismo jurídico”, sino de crear una dinámica, impulsando procesos de humanización. Lo que hace falta es invertir en las prácticas el movimiento de deshumanización. Sólo una aplicación efectiva de los derechos humanos puede evitar las aberraciones del totalitarismo político y del totalitarismo del mercado, en particular del mercado financiero.

¿De qué medios dispone el derecho?

El derecho no tiene una respuesta para cada uno de los desafíos que he mencionado. No obstante, algunos procesos jurídicos en curso ofrecen esbozos de respuestas para humanizar la mundialización, por ejemplo, construir una ciudadanía con diversos niveles. Se trata de un proceso lento y difícil, pero que responde a los problemas de las migraciones y a los vinculados al medio ambiente.

La ciudadanía mundial es un viejo sueño que data de la Antigüedad. En la Alemania de finales del siglo XVIII, Emmanuel Kant 4 soñó con una paz perpetua entre las naciones, y en la China de finales del siglo XIX, Kang Yuwei 5 soñó con una gran armonía mundial. El “sueño de los dos K” podría realizarse progresivamente. Ya podemos observar que la creación de una ciudadanía europea, sin suprimir las ciudadanías nacionales, tiende a complementarlas.

A nivel mundial, el Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo 6 está elaborando un enfoque global que integra la preocupación por la humanización en los imperativos económicos. En espera de que los países de emigración se decidan a ratificar la Convención Internacional de las Naciones Unidas sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, que se firmó en 1990, ese Foro Mundial es el esbozo de un proceso de reconocimiento de derechos que prefiguran una futura ciudadanía mundial.

Mirando al futuro y contemplando los riesgos globales, empezamos a cobrar conciencia de la humanidad como comunidad de destino. No obstante, sólo la referencia a una historia de la humanidad –a cuya creación y difusión puede contribuir la UNESCO– permitirá la construcción de una ciudadanía intercultural, e insisto, inter y no multicultural, porque no basta con yuxtaponer las culturas, sino que se ha de apuntar al objetivo ambicioso de una humanización recíproca (ver páginas 14-16).

¿Es utópico imaginar una gobernanza mundial basada en principios humanistas?

Hoy en día, sí. La potencia heterogénea compartida por unos cuantos estados y empresas multinacionales dificulta enormemente esa tarea. Sería necesario que, en caso de violación de los derechos humanos, todos los depositarios del poder asumieran sus responsabilidades. Para los estados, un proceso de este tipo empieza a producirse en el Consejo de Europa (con el Convenio Europeo de Salvaguarda de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales y el Tribunal de Estrasburgo), en América Latina (con la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que no ha sido ratificada por el Canadá y los Estados Unidos) y últimamente en África (con la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos). A falta de una Corte Mundial de Derechos Humanos, se están creando mecanismos menos constrictivos, pero aún insuficientes y dispersos.

¿Qué ocurre con las empresas multinacionales?

La responsabilidad denominada “social” se reduce a unos cuantos islotes de hard law 7 en un océano de soft law. Cuando se dan violaciones graves en países donde están implantadas las firmas multinacionales, el estado suele carecer de medios para perseguirlas en justicia, e incluso de la voluntad de hacerlo, porque su preocupación es evitar la pérdida de empleos. En cuanto a los países de origen, pocas veces son competentes para entablar diligencias judiciales –y tampoco desean hacerlo– a fin de castigar actos perpetrados en el extranjero contra víctimas extranjeras.

En los Estados Unidos existe un texto antiguo (la Alien Tort Claims Act, de 1789) por el que los tribunales federales pueden juzgar a aquellos que hayan violado los derechos humanos en el extranjero y en perjuicio de nacionales de otros países. En los últimos años se ha recurrido a esta ley para juzgar a empresas multinacionales, pero las condenas han sido muy escasas.

No estoy a favor de ese principio de “competencia universal” de un estado, porque convierte a las superpotencias en jueces del mundo.

A falta de un tribunal mundial, se necesita una convención internacional que, en caso de que las multinacionales violen los derechos humanos, atribuya a su país de origen competencia para juzgarlas y, cuando no lo haga, proporcione a las naciones donde estén implantadas los medios para procesarlas.

¿No se puede recurrir ante la Corte Penal Internacional?

Aunque se extendiera su competencia a las personas jurídicas, la Corte sólo juzgaría a las multinacionales por crímenes graves: genocidio y crímenes de guerra o contra la humanidad. En cambio, puede procesar a un jefe de estado en funciones, lo que constituye una revolución política y jurídica. Por desgracia, sin policía a su disposición, no cuenta con medios para ejecutar las órdenes de arresto. Actualmente, la Corte recurre a la cooperación de los estados y de las fuerzas de la ONU y la OTAN, con resultados insuficientes. El problema de articular la justicia y la fuerza a nivel mundial está pendiente de solución.

– ¿Y la articulación de la justicia y la paz?

Se suele considerar que no hay paz duradera sin justicia previa. Sin embargo, el ejemplo de la Comisión Verdad y Reconciliación de Sudáfrica muestra que se puede restablecer la paz sin juzgar forzosamente a todos los criminales, sino sólo a los que se niegan a admitir su culpabilidad. El mundo occidental debe aprender de lo hecho en África para no incurrir en lo que llamo “fundamentalismo jurídico”, esto es, la supresión y el rechazo de la pluralidad de interpretaciones, tal como lo practica el fundamentalismo religioso. La exigencia de justicia debe armonizarse con la necesidad de paz, y el rechazo de la impunidad no debe tener un carácter absoluto.

-¿Qué opina de nuestra responsabilidad para con las generaciones venideras, ya inscrita en la Carta del Medio Ambiente de Francia?

Se están introduciendo referencias a las generaciones venideras en algunos documentos como esa Carta francesa, que tiene valor constitucional. Para que las generaciones futuras entren en el ámbito jurídico, es preciso mostrarse inventivos a fin de determinar quiénes pueden representar sus intereses, de qué son responsables las generaciones presentes y por cuánto tiempo, cómo indemnizar a los que todavía no han nacido, etc. Por mi parte, vacilo en hablar de “derechos” de las generaciones venideras, así como de “derechos” de la naturaleza o de los animales, porque la reciprocidad es imposible.

En cambio, en nuestra condición de seres responsables, los humanos tenemos responsabilidades con respecto a nuestros futuros descendientes y a los seres vivientes no humanos.  No obstante, conviene ser prudente porque durante mucho tiempo el concepto de “deberes del hombre” ha servido para legitimar la arbitrariedad del estado, mientras que la noción de “derechos humanos “, cuando es oponible al estado, permite poner coto a los abusos de poder y “hacer entrar en razón” la razón –o sinrazón– de estado. En cambio, en las relaciones sin reciprocidad, es menester reconocer la existencia de deberes.

Queda por encontrar un justo equilibrio ya que nuestros deberes para con las generaciones futuras no deben anular los derechos de las actuales.  A todas las generaciones, presentes y futuras, les afectan los peligros derivados de las innovaciones tecnológicas que usted ha incluido entre los desafíos planteados al humanismo moderno. No se pueden prohibir todas las innovaciones tecnológicas. Sería absurdo, ya que el hombre se ha humanizado desarrollándolas y mundializándolas. La rueda y la carretilla se mundializaron, la brújula también, y así sucesivamente. Sin embargo, no hay que considerar que se debe permitir todo lo que es posible partiendo de la base de que es inútil oponerse a las innovaciones porque son inevitables.

Lo importante es adaptar las respuestas jurídicas a las innovaciones tecnológicas.  Hay que reestructurar las relaciones entre los protagonistas de la actividad científica y la política, entre el saber y el poder, pues en este ámbito también existe una laguna en la gobernanza mundial. Los estados defienden los intereses nacionales y las empresas los intereses privados, pero nadie tiene encomendada la defensa del interés general, excepto algunas organizaciones internacionales con pocos medios de acción.

Son los expertos quienes colman esa laguna. En principio carecen de poder de decisión, pero en la práctica suelen desempeñar un papel esencial en lo que respecta a las innovaciones científicas y sus aplicaciones. Aunque todavía no existe un estatuto mundial para los expertos, algunos dispositivos dispersos empiezan a garantizar su independencia e imparcialidad y tratan de evitar los conflictos de intereses.

-Pero no basta con adaptar el derecho a las prácticas surgidas con las nuevas tecnologías, o con prever los riesgos futuros…

En efecto, no basta. También es preciso tener en cuenta las ambivalencias. Las tecnologías entrañan a menudo efectos   deshumanizantes como el surgimiento de una sociedad de vigilancia o el formateo de la especie humana, a los que debemos resistirnos para no perder el acervo de las humanizaciones, so pretexto de que la mundialización borra la historia de cada pueblo.

¿Cuáles serían los componentes de esa comunidad humana de valores?

Esos componentes no se dan de antemano, van surgiendo con la humanización recíproca debida al entrelazamiento de las culturas. Quedan incluso por consolidar conceptos que se consideran definidos para siempre, como el de la dignidad humana, sobre todo en lo referente a la condición de la mujer. No obstante, la enumeración de los crímenes contra la humanidad y de prohibiciones de torturas y tratamientos inhumanos o degradantes muestra implícitamente algunos componentes comunes de la humanidad, por ejemplo la singularidad de cada ser humano y su pertenencia a la comunidad humana en pie de igualdad.

Los peligros que entrañan las nuevas tecnologías inducen a añadir a esos dos componentes el de la indeterminación. La parte de libertad y el fundamento de la responsabilidad del ser humano estriban en el hecho de que éste no está determinado de antemano.

El derecho podrá desempeñar su verdadero papel de resistir a la deshumanización, responsabilizar a los depositarios de un poder global y prever los riesgos venideros, tomando como referencia esos tres componentes.

Podremos ver en él un instrumento de un nuevo humanismo, que no sería un dogma fijado para siempre, sino una dinámica de humanización de las prácticas del ser humano.”

*Mireille Delmas-Marty (Francia) es miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de su país desde 2007. Desde 2002 es titular de la cátedra de “Estudios jurídicos comparativos e internacionalización del derecho” del Colegio de Francia. En sus cursos plantea la cuestión de la humanización de los sistemas jurídicos en un momento como el actual, en que parece más necesaria que nunca.  Es autora, en particular, de Les forces imaginantes du droit, una obra monumental en varios volúmenes: Le relatif et l’universel; Le pluralisme ordonné; La refondation des pouvoirs; Vers une communauté de valeurs ? (Seuil, 2004-2011). En 2010, publicó Libertés et sureté dans un monde dangereux, y prepara para 2012 la publicación de su último curso magistral Sens et non-sens de l’humanisme juridique.

**Jasmina Šopova, redactora jefe de “El Correo de la Unesco”

Ref.: 1. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, aprobado el 17 de julio de 1998, entró en vigor en julio de 2002. Esta Corte es la primera jurisdicción internacional permanente cuya misión es juzgar a los autores de crímenes “que desafían la imaginación y conmueven profundamente la conciencia de la humanidad”, según el preámbulo del Estatuto.  2. Una persona moral es una entidad, distinta de una persona física, que goza de existencia jurídica y tiene, por lo tanto, derechos y obligaciones.  3. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), establecido en 1993, y el Tribunal Penal Internacional para Rwanda (TPIR), creado en 1994.   4. En su escrito de 1795 titulado Zum Ewigen Frieden (Sobre la paz perpetua), Kant sintetiza los debates del Siglo de las Luces sobre la paz y el ideal federal.   5. Kang Youwei, Datong Shu (La Gran Uniformidad), traducción al inglés de L.G. Thompson, The One World Philosophy of K’angYu-wei, Londres, 1958.   6. El Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo (FMMD), que celebró su primera reunión en Bruselas en 2007, es una plataforma de intercambio de prácticas y experiencias destinada a definir por qué medios se puede sacar el mejor partido de las migraciones internacionales para reducir sus efectos negativos y fomentar el desarrollo.   7. Se entiende por hard law (“derecho rígido”) el derecho en su forma de aplicación tradicional, por regla general, la ley (precisa, obligatoria y aprobada). Por soft law (“derecho flexible”) se entienden las normas imprecisas, sin valor obligatorio estricto y de aplicación suave, esto es, sin sanciones.”

Leído en: UnescoCourier

Autor: AcuarelaDePalabras

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