Ideas: La doctrina del shock. Naomi Klein

Del libro The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism…

Naomi-klein“…El libro sostiene que las políticas económicas del Premio Nóbel Milton Friedman y de la Escuela de Economía de Chicago han alcanzado importancia en países con modelos de libre mercado no porque fuesen populares, sino a través de impactos en la psicología social con desastres o contingencias provocando que ante la conmoción y confusión se puedan hacer reformas impopulares.

Se supone que algunas de estas perturbaciones, como la Guerra de las Malvinas, el 11 de septiembre, el Tsunami de 2004 en Indonesia, o la crisis del huracán Katrina pudieron haber sido aprovechadas con la intención de empujar la aprobación de una serie de reformas…”

Leído en: Wikipedia – Naomi Klein – No Logo – La toma

Abajo, en los comentarios, más información y entrevista a la autora.

Autor: AcuarelaDePalabras

Lecturas entre amigos...

5 opiniones en “Ideas: La doctrina del shock. Naomi Klein”

  1. Naomi Klein: “El proceso de globalización lleva este mundo al desastre”

    En: http://eem398.wordpress.com/2012/04/25/naomi-klein-el-proceso-de-globalizacion-lleva-este-mundo-al-desastre/

    Posted by maría teresa on April 25, 2012

    «En esta entrevista aparecida en la revista Ñ suplemento de CLARIN la periodista y activista canadiense, autora del exitoso No Logo, reiteró que el proceso de globalización lleva este mundo al desastre. Las políticas neoliberales, señaló, son terapias de shock que desarticulan la resistencia. Entusiasmada con los movimientos originados por la crisis de 2001 en la Argentina, hoy dice que han desilusionado, pues no cumplieron con las expectativas.

    Argentina ha sido inspiración para la tesis inicial del último libro de Naomi Klein. Lo escribió allí y lo explica mejor en la entrevista: “Vivir en la Argentina y saber sobre la dictadura me había dado la tesis del libro: esta ideología del capitalismo del desastre comenzó con la tortura y el derrocamiento de gobiernos y, tras un período de calma, ha vuelto”. No sólo esto inspiró la Argentina. Aterrizada en Ezeiza en medio de la efervescencia de enero de 2002, dos años después Naomi Klein dio a conocer la película La toma, sobre la experiencia de trabajadores de fábricas recuperadas, realizada aquí junto a su marido, Avi Lewis, a quien Klein le ha dedicado sus dos libros: el best-seller No Logo y el más reciente La doctrina del shock – El auge del capitalismo del desastre.

    De este último dice Klein que “no habría sido física, intelectual o emocionalmente posible sin mi marido… mi colaborador en todo, mi editor, mi compañero de viaje, y la persona que hace mi vida mejor”. Avi Lewis, de hecho, monitorea las entrevistas a Klein: revisa qué periodistas vendrán, cuál es su background personal, la orientación ideológica del medio para el cual trabajan, etc. Salvo en lo que hace a la maquilladora y a la peluquera exigidas por la autora de No Logodurante su visita a Buenos Aires, del resto se preocupa también su esposo.

    Periodista y columnista en diversos diarios, Naomi Klein se hizo muy conocida tras la publicación de No Logo en el cual, como en La doctrina del shock, se combinan la investigación periodística y académica (a veces muy rigurosa) con algunas hipótesis básicas sobre la globalización, y conclusiones en las que no siempre queda claro qué es causa y qué es efecto, confirmadas por un universo de prueba tan vasto como inabarcable. No Logo fue elevado al rango de manifiesto del movimiento anti-globalización que irrumpió en 1999 en medio de la Cumbre Mundial del Comercio en Seattle (cuyo eco muchos, también Lewis y Klein, han querido ver en las complejas reivindicaciones del año 2001 en Buenos Aires). Pero La doctrina del shock es un libro más complicado, más difícil de transformar en logo.

    “Cuando empecé tenía pensado un libro muy diferente -explica-; quería tomar sólo Irak, el tsunami y el huracán Katrina y analizar el capitalismo contemporáneo del desastre. Como había vivido la experiencia en la Argentina y sabía sobre la dictadura, la tesis del libro era que esta ideología había comenzado con la tortura y el derrocamiento de gobiernos, y que luego, tras un período de calma, ha vuelto. Pero el problema es que estaba equivocada.

    A medida que trataba de hallar contrastes, me iba encontrando con los mismos patrones. Por ejemplo yo no sabía que la transición en Rusia había sido tan violenta; sólo lo estaba investigando para tenerlo como punto de contraste pero veía que mi percepción era errada y que tenían mucho más en común con las tácticas originales que lo que había imaginado.

    Por eso, el libro me llevó dos años más de la cuenta y no fue un proyecto de investigación coherente sino muy caótico. Para ser franca, me sorprende que tenga sentido porque ese período intermedio fue muy desprolijo. La investigación modificó la tesis. No me proponía escribir una historia alternativa del neoliberalismo sino sólo sobre el capitalismo contemporáneo del desastre, trayendo algunos ecos del pasado. Si me hubieran dicho que iba a escribir una historia alternativa del neoliberalismo no habría encarado el proyecto. Me habría parecido demasiado ambicioso. “Es cierto, es un libro demasiado ambicioso, con muchísimas entrevistas y algunos datos valiosos, pero con una desmedida vocación por mostrar que -como repite Pancho Ibáñez- todo tiene que ver con todo: la terapia de electroshock con la que la CIA pensaba lavar cerebros en los años 50, las dictaduras en la Argentina y Chile en los 70, la política de refundación de la industria turística tras el tsunami en Sri Lanka, la libertad restringida de la democracia sudafricana, la política de Bush frente a la catástrofe del Katrina, Polonia, Irak, Rusia, China.

    En muchos casos Naomi Klein llega hasta esos sitios en persona. El capítulo sobre el tsunami arranca así: “Fui a la playa al amanecer esperando encontrarme con algunos pescadores…” El que se dedica a la invasión de Irak empieza: “Marzo de 2004. Llevaba menos de tres horas en Bagdad y las cosas no iban bien”. El tratamiento del huracán Katrina se inicia con un: “Conocí a Jamar Perry en setiembre de 2005 en el gran refugio que la Cruz Roja había organizado en Baton Rouge, Louisiana”.

    … uno de los propósitos de este libro -como el de Susana Giménez y jabón Cadum- es advertir al lector sobre el shock. Empecemos por allí.

    ¿Qué quiere decir con “shock”? ¿Cómo definiría a la “doctrina del shock”?

    Un shock es cualquier acontecimiento catastrófico que nos desorienta. Mi forma preferida de entender el shock es decir que es la brecha entre un acontecimiento y el relato que lo explica. Ese lapso, esa brecha que se abre entre acontecimiento y relato es el estado de confusión en el cual somos vulnerables. La doctrina del shock es la filosofía del poder que entiende que esa brecha es el mejor momento para imponer un programa radical pro-empresas.

    Pero esa brecha ¿no es buen momento para tratar de imponer cualquier programa? En el libro demasiados shocks convergen para mostrar un mismo cuadro. ¿No es forzado equiparar Irak y Rusia, Sudáfrica y Polonia?

    Esta no es una historia de esos países, es una historia del neoliberalismo. Esta ha sido una campaña ideológica y económica que sirve a las elites de todo el mundo, que tiene sus libros sagrados y su filosofía del poder. Esa filosofía es como el médico de shock. En el libro cito abundantemente a los arquitectos del neoliberalismo cuando dicen que necesitan crisis: “Cualquier crisis sirve”. Cito al ministro de Economía de Polonia cuando dice que puede ser “Una rápida transición económica, el fin de una guerra, cualquier cosa”.

    El shock es un período en el que la gente pierde la orientación. La izquierda no entendió que hay una filosofía del poder en las crisis que ha permitido el ascenso de esta ideología. Las crisis son todas diferentes pero, en los últimos 30 años aparece este hilo conductor: fueron sistemáticamente aprovechadas por un grupo pequeño que comprendió y estudió la utilidad de las crisis. Todo esto era nuevo para mí cuando empecé la investigación. Es sorprendente tomar el huracán Katrina, el tsunami, Irak o el fin del comunismo y ver que en todos los casos aparecen las mismas recetas. Tienen una sola idea muy redituable: enriquece a los políticos y a las empresas.

    El acontecimiento que inicia el shock puede ser predecible o impredecible, una catástrofe natural o de la política. ¿Esto no marca una gran diferencia en cuanto a las responsabilidades en cada “doctrina del shock”?

    No es inevitable que reaccionemos ante los acontecimientos difíciles con un shock, un estado de desorientación. Pero el factor determinante de que nos sintamos desorientados, de que nos volvamos maleables y entremos en regresión es que tengamos o no un relato que explique lo que pasa. En estado de shock uno se vuelve vulnerable. Con un electroshock la persona pierde control de su cuerpo, tanto en psiquiatría como en una tortura. La pregunta es cómo mantenerse fuera del shock, porque no podemos evitar que ocurran pero sí podemos controlar el hecho de entrar o no en ese estado de regresión y desorientación o al menos cuánto tiempo permanecemos en él.

    Dice que la tesis inicial surgió en Argentina, ¿cómo nació la idea de convertirla en libro?

    Lo que me motivó fue presenciar los efectos increíblemente dañinos del prolongado estado de shock en el que entraron los norteamericanos después del 11-S. Fue la quintaesencia de la brecha entre acontecimiento y relato. “¿Por qué nos odian?” se preguntaban. Uno tendría que hablar de las fallas de los medios, de nuestro sistema educativo, de la cultura que creó una situación en la que los estadounidenses quedaron totalmente sorprendidos de tener enemigos que querían su aniquilación, de los cuales no tenían ni la menor idea hasta el día anterior. El shock no fue el atentado sino el hecho de que parecía llegado de otro planeta. Eso creó el contexto para que el gobierno de Bush se adueñara del poder para destruir las libertades civiles, invadir Afganistán e Irak, crear Guantánamo, etc.

    Yo quería entender la teoría del shock. Se combinaron la necesidad de ver los efectos nocivos que esto tuvo en el panorama político del lugar donde vivo y el hecho de haber venido a la Argentina después de un shock, después de la crisis. En enero de 2002, cuando vine por primera vez, todavía reinaba una gran confusión pero lo que me impactó -y esa es la raíz de la tesis de este libro- fue escuchar los relatos de la gente sobre por qué el país había reaccionado así el 19 y 20 de diciembre. Tantas personas contaban la misma historia: “De la Rúa habló por televisión, declaró el estado de sitio y esa situación nos recordó el pasado”. En 2001 ustedes tenían el contexto clásico para la aplicación de la doctrina del shock; esa vez no funcionó pero, recordémoslo, se intentó hacerlo.

    ¿A qué se refiere?

    Ustedes tenían una crisis económica, hubo un intento del FMI y de Domingo Cavallo de aplicar un programa de austeridad total, de aprovechar esa crisis económica para llevar el neoliberalismo aún más lejos. En los Estados Unidos había un grupo de economistas de derecha, como Rudiger Dornbusch, que proponían que la economía de Argentina se trasladara offshore. Es la idea más radical que jamás se haya oído. Ninguna de esas ideas prendió y la gente las rechazó porque había aprendido de aprovechamientos anteriores del shock. Cuando De la Rúa declaró el estado de sitio, la gente recordó 1976. Ustedes tuvieron una memoria histórica. En un momento en el que la gente podría haber sido vulnerable a otra terapia de shock económico, algo la mantuvo fuera. Sorprendente. Lo contrario de un shock, como una hiper-orientación. Todo el mundo estaba súper despierto.

    Detectar las motivaciones de “todo el mundo”, despiertos o dormidos, no es tan sencillo.

    Mucha gente salió por propio interés, sin duda. Pero la experiencia cambia a la gente.

    Aquellos días de diciembre son interesantes en contexto: por ejemplo, con los cacerolazos de los días previos, una práctica que nace en el Chile anti-Allende. Días atrás tuvimos nuevos cacerolazos y protestas en calles y rutas. ¿Cómo interpreta estos acontecimientos?

    No los interpreto porque no los he investigado. Es fácil olvidar que había un programa ambicioso de aprovechar ese shock para adueñarse de la economía argentina, y eso no ocurrió.

    Es consciente de que el proceso es muy complejo.

    Sí. En este gobierno se han producido algunos cambios muy simbólicos, y creo que la postura de Kirchner ante el FMI fue importante para el debilitamiento del FMI. Ahora el Fondo está en una profunda crisis y la Argentina desempeñó un papel significativo en ella. Dicho esto, no creo que los Kirchner realmente rechacen muchos postulados del neoliberalismo: le pagaron al FMI y la cuestión crucial es la redistribución de la riqueza.

    El legado neoliberal es la desigualdad masiva y la aniquilación de la clase media, por eso, la reconstrucción pasa por abordar la desigualdad y eso no ocurre aquí de manera significativa. ¿Es este un gobierno anti neoliberal? No sé. Pero diciembre de 2001 fue un tiempo de cambio y también de desilusión porque había muchas esperanzas en ese potencial y creo que hubo muchas oportunidades perdidas.

    ¿Por ejemplo?

    Una de las desilusiones es la de las fábricas recuperadas. Eso podría haber sido un cambio de política pero para que eso ocurra hace falta un gobierno al que le interese cambiar la dinámica (y gente que se lo exija), alejándose de la asistencia y la beneficencia para acercarse a la autosuficiencia, que es la amenaza fundamental porque el modelo clientelista es una maquinaria política. Las cooperativas autónomas no necesitan tanto a los partidos políticos. Esto no sólo ocurre en la Argentina. Ese nuevo paso para institucionalizar otro modelo económico no se dio y esa es otra desilusión. Pero creo que sí se está haciendo en otros países que tienen otra relación con los movimientos sociales, una relación más igualitaria. Mire a Evo Morales: tiene que dar respuesta a los movimientos sociales pero no existe esa maquinaria política tan difícil de desarticular. Es un desafío muy particular. Pero el peronismo -eso aprendí en la Argentina – es único.

    Bueno, esa singularidad se pierde en el libro, muchos datos parecen inverosímiles; por su complejidad o quizá porque se basan en fuentes secundarias.

    ¿Cree eso? Sí, me apoyé en fuentes secundarias. No es lo ideal. Había hecho algunas investigaciones aquí pero profundicé más de lo que esperaba y por eso me basé en algunos libros publicados en inglés. Ahora estamos haciendo un documental y podremos hacer más investigación. Lo acabamos de empezar con el director Michael Winterbottom; el viernes (por ayer) haremos la primera filmación. Winterbottom quiere ser muy fiel al libro. Los capítulos de Chile y Argentina lo impresionaron así que vamos a filmar aquí y en Chile.

    En la reseña que hizo Joseph Stiglitz de su libro dice que, en verdad, nunca hubo teoría alguna para esas políticas.

    Creo que él dice que las teorías de estos economistas eran aún más endebles. Malos economistas. Stiglitz disiente más en la tortura y la metáfora del shock.

    Recientemente escribió sobre un arma nueva, Tazer, una pistola que lanza una descarga, como una picana. El video en YouTube donde se ve cómo guardias disparan Tazer y asesinan a un polaco en un aeropuerto canadiense es aterrador.

    Sí, ya hubo muchas muertes causadas por el Tazer. Son un producto de consumo. Es increíble: vienen en rosa, con estampado de leopardo o con música. Este es el Estados Unidos post-11 de setiembre. Los padres las están usando con sus hijos, los maridos con las mujeres. Es un arma de abuso en el hogar; y justamente porque tienen fama de seguras son mucho más peligrosas. La empresa repite: “Esto es seguro. No es fuerza mortal. ”Hay historias de padres que la han usado contra chicos de tres años porque lloraban. Es una epidemia de shock.

    La metáfora de la tortura por electroshock sigue viva.

    Hay un tercer shock que es necesario para hacer cumplir con la doctrina y no fui lo suficientemente firme al respecto en el libro. Si volviera a escribirlo dedicaría un capítulo a las cárceles estadounidenses; al hecho de que uno de cada cien estadounidenses adultos está preso, que Estados Unidos tiene el índice de encarcelamiento más alto del mundo y que esa población carcelaria está compuesta mayoritariamente por negros y latinos. Nueva Orleans tiene al 30% de su población tras las rejas. Algunas de estas cárceles usan armas de shock. Las poblaciones que estuvieron en la línea de frente de estas políticas económicas sufrieron un nivel increíble de disciplinamiento y brutalidad policial.

    Esto contrasta con su pintura de la dictadura argentina en la que, dice, “todos callaban lo que ocurría”. Hoy cualquiera puede aplicar picana a otro y se supone que está bien.

    Es más: es entretenido. Uno ve el shock en el cine, en TV… en los reality shows hay como una competencia: quién puede soportar un shock. Uno de los motivos por los cuales es tan difícil hablar de esto en los Estados Unidos es que los medios ejercen una amortiguación. La gente no confía en sus propias reacciones emocionales cuando no recibe confirmación de los medios. Y uno empieza a pensar que está loco, que es el único que piensa así. Porque a uno algo le parece chocante pero la televisión está hablando de otra cosa. Para que estas cosas lleguen a ser una controversia hace falta más que un artículo. Tiene que haber un contexto, que los medios electrónicos digan: “Usted tiene razón en opinar que esto está mal”. Si uno no recibe esa confirmación, piensa que esa violencia es normal. Por eso el uso de blogs es alentador. En Canadá nos llegó la noticia de que alguien había muerto por el uso del Tazer en un aeropuerto como la nota de un día. Recién cuando se vio el video en YouTube esto se convirtió en una polémica y en investigación.

    ¿Cuál es el lector ideal de “La doctrina del shock”?

    El objetivo era prepararnos para el próximo shock. Y es muy gratificante recibir e-mails de gente que usa el marco de La doctrina del shock para interpretar la actualidad. Esa es mi meta como analista desde que empecé a escribir columnas: dar herramientas para leer mejor los diarios. Esa es mi misión. Por eso, es hermoso recibir mensajes de correo electrónico de gente de todo el mundo que me dice: “Está ocurriendo aquí. Están tratando de hacerlo. Lo están haciendo en la junta escolar, con la crisis alimentaria para introducir alimentos genéticamente modificados” o “con la crisis económica quieren privatizar la seguridad social”. Ahí me siento muy gratificada porque significa que la gente tiene otra herramienta para interpretar las noticias. Soy bastante realista en cuanto a qué puede y no puede lograr un libro. Los libros no crean movimientos.

    ¿Cómo fue recibido este libro en el ámbito académico?

    Depende del académico. Creo que muchos docentes valoran a quien divulga y sintetiza. Algunos valoran que use como fuente el trabajo tan cuidadoso que hacen ellos. Me invitan a hablar en universidades porque para los alumnos es útil tener el panorama general. Pero el punto de vista de algunos académicos depende de su orientación: para los marxistas o trotskistas, el libro es demasiado keynesiano. Para los neoliberales, es demasiado marxista.

    Al presentar “La toma” su marido explicó que habían eliminado opiniones de especialistas porque la película expresaba un “echen a los expertos”.

    Eso estaba más bien dirigido a los economistas que habían hecho tal desastre. Tengo un gran respeto por quienes dedican tanto esfuerzo a ser precisos. Sin ellos no podría hacer mi trabajo.»

    Leído en: Blog de Ciencias Políticas, y Cultura y Comunicación

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  2. Revista Gracus edición 91.
    “EEUU está sembrado de líderes progresistas”

    Qué sentenció el futuro norteamericano

    Naomi Klein. Periodista y escritora canadiense (The Guardian)*

    La gente ha perdido la sensación de seguridad, de estatus e incluso de identidad. Este resultado es el grito ensordecedor de un país desesperado por cambios radicales. Para Klein, prestigiosa autora canadiense, “se puede dirigir este cabreo popular hacia donde corresponde mientras se lucha por soluciones globales que harán que una sociedad deshilachada como son los EEUU, por fin, se una.”

    Probablemente culparán a James Comey y al FBI. Culparán al registro de voto y al racismo. Culparán a Bernie or Bust (grupo político avanzado pro Sanders) o a la misoginia. Culparán a los terceros partidos y a los candidatos independientes. Culparán a los medios masivos por darle una plataforma, a las redes sociales por ser un megáfono y a Wikileaks por airear los trapos sucios.

    Pero todo esto olvida al mayor responsable de la pesadilla en la que ahora nos encontramos: el neoliberalismo. Esta visión del mundo –completamente encarnada por Hillary Clinton y su maquinaria– no es rival para el extremista estilo Trump. La decisión de competir el uno contra el otro es lo que selló nuestro destino. Aunque no aprendamos nada más, ¿podemos por favor aprender algo de este error?

    Aquí está lo que necesitamos entender: hay un infierno lleno de gente que está sufriendo. Bajo las políticas neoliberales de desregularización, privatización, austeridad y acuerdos corporativos, su nivel de vida ha caído en picado. Han perdido sus trabajos. Han perdido sus pensiones. Han perdido gran parte de la red de protección que solían utilizar para hacer que esas pérdidas fueran menos aterradoras. Ven un futuro para sus hijos incluso peor que su precario presente.

    Al mismo tiempo, han presenciando el ascenso de la clase de Davos, una red hiperconectada de millonarios procedentes del sector bancario y tecnológico, líderes electos que están terriblemente cómodos con esos intereses y estrellas de Hollywood que hacen que todo parezca insufriblemente glamuroso. Los que sufren no están invitados a formar parte del éxito, y saben de corazón que este aumento de riqueza y de poder está, de alguna manera, directamente conectado con el crecimiento de su deuda y de su indefensión.

    Para la gente que veía la seguridad y el estatus como un derecho de nacimiento –esto significa para la mayoría de hombres blancos– esta pérdida es inaguantable.

    Donald Trump apela a vuestro dolor

    Donald Trump se dirige directamente a este dolor. La campaña del Brexit habló directamente sobre este dolor. Lo mismo ocurre con el ascenso de los partidos de extrema derecha en Europa. Responden con nacionalismo nostálgico y enfado a alejadas burocracias económicas –ya sea Washington, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la Organización Mundial del Comercio o la Unión Europea. Y, por supuesto, responden atacando a los inmigrantes y a las personas negras, vilipendiando a los musulmanes y degradando a las mujeres.

    La élite neoliberal no tiene nada que ofrecer ante este dolor porque el neoliberalismo fue el creador de la clase de Davos. Gente como Hillary y Bill Clinton son el brindis de la fiesta de Davos. En realidad, ellos organizaban la fiesta.

    El mensaje de Trump fue: “Todo es un infierno”. Y la respuesta de Clinton fue: “Todo está bien”. Pero no está bien, nada más lejos de la realidad.

    Las respuestas neofascistas a la rampante inseguridad y desigualdad no van a desaparecer. Pero lo que sabemos de los años 30 es que lo que hace falta para combatir contra el fascismo en una verdadera izquierda. Se podría arrancar una buena parte del apoyo a Trump si hubiera un auténtico programa de redistribución sobre la mesa. Una agenda para enfrentarse a la clase multimillonaria con algo más que retórica. Un plan para usar el dinero hacia un nuevo acuerdo ecológico.

    Un plan como este podría crear una ola de puestos de trabajo bien remunerados, aportando los recursos tan necesarios y las oportunidades para las comunidades negras. También haría hincapié en que los contaminadores deben pagar por la formación de sus trabajadores e incluirlos en el futuro.

    Se podrían modelar políticas que luchen contra el fascismo institucionalizado, la desigualdad económica y el cambio climático al mismo tiempo. Se podrían combatir los malos acuerdos comerciales y la violencia policial, y honrar a los indígenas reconociéndolos como los protectores originales de la tierra, el agua y el aire.

    La gente tiene derecho a estar enfadada, y una agenda de izquierda, poderosa e interseccional, puede dirigir este cabreo adonde corresponde mientras se lucha por soluciones globales que harán que una sociedad deshilachada se una.
    Una coalición como esta es posible. En Canadá hemos empezado a improvisarla bajo la bandera de una agenda popular llamada The Leap Manifiesto, apoyada por más de 220 organizaciones desde Greenpeace Canadá hasta el movimiento Black Lives Matter Toronto, y algunos de los sindicatos más importantes.

    La increíble campaña de Bernie Sanders fue un largo camino hacia la construcción de este tipo de coalición y demostró que el apetito por un socialismo democrático sigue ahí. Pero hubo un error en la campaña a la hora de conectar con los votantes negros y latinos más mayores, que componen el sector demográfico más maltratado por nuestro actual modelo económico. Este fracaso hizo imposible que la campaña alcanzase su máximo potencial. Estos errores pueden ser corregidos y una valiente y transformadora coalición está ahí para llevarlo a cabo.

    Esta es la tarea pendiente. El Partido Demócrata necesita ser definitivamente desvinculado de los neoliberales favorables a las corporaciones o merece ser abandonado. Desde Elizabeth Warren hasta Nina Turner, pasando por los antiguos alumnos de Ocupa Wall Street que tomaron las riendas de la campaña de Bernie –una auténtica supernova–, en mi vida había visto un terreno más sembrado de líderes progresistas inspiradores de una coalición. Todos somos líderes, como dicen muchos en el movimiento Black Lives Matter.

    Así que dejemos a un lado esta sacudida lo más rápido que podamos y construyamos el tipo de movimiento radical que tenga una auténtica respuesta al odio y al miedo representado por los Trumps de este mundo. Dejemos a un lado todo lo que nos separa y empecemos ahora mismo.

    +++

    * Naomi Klein (1970) es una periodista, escritora e investigadora canadiense de gran influencia en el movimiento antiglobalización y el socialismo democrático. Su ruptura con la globalización implicó el estudio de las influencias del capitalismo de finales del siglo XX y del sistema de la Tercera Vía, así como en el impulso del sistema de economía neoliberal y sus efectos en la cultura moderna de masas.

    Fruto de sus investigaciones, ha escrito varios libros como No Logo (2001), Vallas y ventanas (2003), La doctrina del shock (2007), el guion del documental La Toma/The Take (dirigido por Avi Lewis, centrado en la toma de una fábrica recuperada por sus trabajadores bajo control obrero como forma de lucha en contra de la globalización en el marco de la crisis argentina y las movilizaciones ciudadanas entre 2001 y 2002) y un gran número de artículos periodísticos y políticos. Su último libro es Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (2014).

    (Traducido por Cristina A Berges).

    Leído en: http://www.gracus.com.ar/2016/11/23/edicion-91-eeuu-esta-sembrado-de-lideres-progresistas/

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  3. Relacionado:

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    La Doctrina del Shock, por Alfonso Cuarón y Naomi Klein

    Directed by JONÁS CUARÓN. Alfonso Cuarón, director of “Children of Men”, and Naomi Klein, author of “No Logo”, present a short film from Klein’s book “The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism.”

    http://www.shockdoctrine.com

    The Shock Doctrine (y la política de la tortura)

    La siguiente es la traducción literal del documental realizado por Naomi Klein y Adolfo Cuarom, dirigido por Jonás Cuarom, a partir del libro The shock doctrine.

    Locutor: Los años 40 han sido una década de progresos y descubrimientos en la medicina y la psiquiatría. Los científicos han desarrollado una nueva tecnología para curar a adultos enfermos mentales. Con el uso de electroshocks, las mentes de pacientes enfermos son borradas, brindándoles la posibilidad de un nuevo comienzo. En esa tela vaciada, los médicos pasan a imprimir una nueva personalidad saludable.

    Naomi Klein: Rehacer a la gente, aplicarles shocks para que obedezcan. Ésta es una historia sobre esa impactante idea. En los años 50, atrajo la atención de la CIA. La agencia financió una serie de experimentos. Con ellos elaboró un manual secreto sobre cómo quebrantar a prisioneros. La clave fue el uso de shock eléctricos para reducir a personas adultas a un estado infantil.

    Texto: La siguiente narración ha sido extractada de los manuales de interrogatorios de la CIA de 1963 y 1983.

    Locutor: La hipótesis fundamental de este manual, es que se trata de técnicas que son, esencialmente, métodos para inducir la regresión de la personalidad. Hay un intervalo, que puede ser extremadamente breve, de animación suspendida, una especie de shock psicológico o parálisis. Los interrogadores experimentados reconocen este efecto cuando aparece. Y saben que en este momento la fuente está mucho más abierta a la sugestión, mucho más propensa a doblegarse, de lo que estaba antes de experimentar el choque.

    Naomi Klein: Pero estas técnicas no sólo funcionan con individuos; pueden funcionar con sociedades enteras: un trauma colectivo, una guerra, un golpe de Estado, un desastre natural, un ataque terrorista, nos colocan a todos en un estado de shock. Y en el período subsiguiente, como el prisionero en la sala de interrogatorios, también nosotros nos volvemos infantiles, más inclinados a seguir a dirigentes que aseguran que nos protegen.

    Una persona que comprendió temprano este fenómeno fue el más famoso economista de nuestra era, Milton Friedman. Friedman creía en una visión radical de la sociedad en la que los beneficios y el mercado impulsan todos los aspectos de la vida, desde las escuelas a la atención sanitaria, incluso al ejército.

    Defendía él de todas las protecciones comerciales, la desregulación de todos los precios y la abolición de los servicios públicos.

    Estas ideas siempre han sido tremendamente impopulares, y es comprensible. Causan olas de desempleo, hacen aumentar desproporcionadamente los precios, y hacen que la vida sea más precaria para millones de personas.

    Al no poder imponer sus ideas democráticamente, Friedman y sus discípulos fueron atraídos al poder del shock.

    Locutor: El sujeto debe ser bruscamente despertado y hay que vendarle de inmediato los ojos y colocarle esposas. Cuando son arrestados en esta situación, la mayoría de los sujetos experimentan intensos sentimientos de shock, inseguridad y estrés psicológico. La idea es impedir que el sujeto descanse y se recupere del shock.

    Naomi Klein: Friedman comprendió que, al igual que los prisioneros son ablandados para el interrogatorio por el shock de su captura, los desastres masivos podrían servir para ablandarnos, para su cruzada radical de libre-mercado. Aconsejó a los políticos que de inmediato, después de una crisis, debían imponer de una vez todas las políticas dolorosas, antes de que la gente pudiese recuperarse. Llamó este método “tratamiento de choque económico.” Yo lo llamo “la doctrina del choque.”

    Si se vuelven a considerar los eventos icónicos de nuestra era, se encontrará detrás de muchos de ellos el funcionamiento de esta lógica. Es la historia secreta del libre mercado. No nació en la libertad y la democracia; nació en el shock.

    (aparecen imágenes de golpes de Estado como el de Chile en 1973, y el subsiguiente el incremento de la pobreza y concentración de la riqueza mientras se torturaba a 50.000 personas; la guerra de Malvinas que mató a 910 solados, redobló la popularidad de Margaret Thatcher, mientras incrementaba el desempleo en la propia Inglaterra, iniciando las privatizaciones; matanzas como la de Tiananmen, en China 1989, y el ingreso de tal país al sistema de “libre mercado” o la de Rusia en 1993 mientras se sometía a la pobreza a 73 millones de personas; el ataque a las Torres Gemelas de 2001 que justificó una guerra antiterrorista privatizada; la invasion a Irak; los desastres naturales)

    Texto: “Sólo una crisis, real o percibida como real, permite un auténtico cambio” (Milton Friedman)

    Locutor: El aislamiento, tanto físico como psicológico, debe ser mantenido desde el momento del arresto. La capacidad de resistencia es disminuida por la desorientación. Los prisioneros deben mantener silencio en todo momento. Nunca se les debe permitir que hablen entre ellos.

    Naomi Klein: Hay una cosa más que he aprendido en mis estudios de los estados de shock: el shock se pasa. Es, por definición, un estado temporal. Y la mejor manera de mantenerse orientado, de resistir el choque, es saber lo que le está sucediendo a uno y por qué.

    Texto: La información es la mejor resistencia contra el shock.

    Fuente: DemocracyNow! y «Rebelión» – Traducido del inglés por Germán Leyens y lavaca

    “When I finished The Shock Doctrine, I sent it to Alfonso Cuarón because I adore his films and felt that the future he created for Children of Men was very close to the present I was seeing in disaster zones. I was hoping he would send me a quote for the book jacket and instead he pulled together this amazing team of artists — including Jonás Cuarón who directed and edited — to make The Shock Doctrine short film. It was one of those blessed projects where everything felt fated.” – Naomi Klein

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