Estas nuevas maneras de mirar. Ana Larravide

Leyendo revistas…

Artículos de costumbres.

“Aquellas fotos con borde blanco dentado, fueron. También las “¡en color!” con la ineludible fecha en una esquina, fueron. Las diapositivas de marquito de plástico rojo requetefueron. (“Hubo troyanos, hubo Ilión, hubo gloria inmortal de los teucros”). Adiós álbumes y cajas con postales. En menos de dos siglos hemos pasado del daguerrotipo al fotolog. Vivimos tiempos de floggers y de qikkers… quienes, parafraseando a Fernando Savater, viven para filmarlo.

Cuaderno-viajes… Siempre apasionó lo nunca visto. Primero hubo libros de viajes. Desde Marco Polo fascinaron al público, que entraba con el autor a mundos que jamás hubiera podido visitar. En especial los ingleses se caracterizaron por llevar cuadernos a todas partes y referir hallazgos, usos y costumbres: el naturalista Charles Darwin, por 1830, a bordo del Beagle recorrió las costas de la Patagonia y Tierra del Fuego y describió y dibujó todo lo que le pareció interesante. A esa británica costumbre de anotar sucintamente sus viajes debemos muchos datos de nuestra Historia.

Pasó un siglo, y los excursionistas ya no tuvieron que ser dibujantes: quien iba a Europa… se traía un afiche de toros de Madrid o impresionaba a la familia con una fotografía sacada en la Plaza de San Marcos por un señor encapuchado tras un trípode, enviaba una postal de Las Puertas del Paraíso o posaba, como Oliverio Girondo, en Florencia, con la cúpula del Baptisterio en el horizonte. Eran tesoros gráficos.

Después llegaron ¡las diapositivas! y en los años 60 no era raro organizar reuniones en las que el viajero mostraba las más o menos cautivantes ventanas hacia todo lo que lo había deslumbrado… Pasada la euforia del regreso mostrando trofeos visuales, las diapositivas quedaban en cajas, durante años. Y nadie las volvía a mirar.

Aparecieron los videos… y hubo que compartir en el living de la casa de los parientes sus paseos…

Pasaron las diapositivas, pasaron los videos y uno creyó que quedaba liberado de los recuerdos ajenos… (sobre todo en estos tiempos en que escasamente hay tiempo para recordar los propios) pero los viajeros no claudican en su acaparamiento de lo visto ni en su afán por compartirlo: aparecen a cenar ¡trayendo su laptop! Con la incontinencia que produce la fotografía digital acumulan su viaje en unos cuantos bytes…

Pero aun eso –volver con ciudades enteras en la valija– ya está pasado de moda. No hace falta llevar la laptop, salvo que uno visite a su abuelita, para mostrar un viaje o lo que sea. Ahora todo se cuelga. ¿Dónde, por Dios? En el blog, por supuesto. Se cuelga en el blog.

Y, como lo que se cuelga son fotos, quienes lo hacen se llaman floggers (ser flogger es un invento argentino y hasta tienen un estilo de ropa y peinado preferidos: camisetas alegres, chupines, zapatillas de marca conocida y melenitas de paje con flequillo).

Pero ¡ojo, floggers! que ya les pisan los talones los recaudadores de imágenes de última generación: ¡el fenómeno “qik” (qu, i, ka), del que fuera precursor Andy Warhol… Los qikkers pueden filmarlo todo desde su celular con banda ancha móvil 3G (más chiquito y mágico todavía que las ¿ya ex maravillosas? cámaras digitales también pequeñas como paquetes de cigarrillos).

Los qikkers filman en una corriente continua –con video y audio– en vivo. Eso se llama streamming: lo filmado aparece instantáneamente en internet (http:/qik.com)…

Esta nueva forma de relatar –visual, instantánea, sin elaboración alguna, porque no hay que “colgarla” siquiera en un blog o en youtube– me deja perpleja y nostálgica. Sin duda es fascinante la posibilidad de ver lo mismo que mira otro ojo lejano…

Pero es… como aquel ojo que se prestaban entre sí los cíclopes: un ojo que ve… la mirada del otro. Apenas eso… no sé quiénes pueden no aburrirse de lo que brinda el ojo ajeno, si es que esa mirada no nos da ninguna elaboración adicional.

Me alegra conocer estas nuevas maneras de mirar (que fluyen en stream o como se los llame). Pero, si me dan a elegir, me quedo con el apunte de viaje adornado por un rápido dibujo… con la fotografía sepia de un novio que no volvió de la revolución de Aparicio… con la postal del Sena que atesoraba alguien que nunca fue a París.

Guarde cada quien sus recuerdos, sobre todo en la memoria, que es el único sitio donde no ocupan lugar. Y donde por algún motivo vuelven, de vez en cuando, a emocionarnos.”

Ana Larravide / Periodista Uruguaya residente en Argentina.
Leído en: Revista El Arca/62
La imagen en: Los diarios de viajes. Parte I

Los … indican fragmentos, las negritas y otros formatos son producto de mi lectura personal.

Autor: AcuarelaDePalabras

Lecturas entre amigos...

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