De las causas de la guerra (en un texto de Fromm)

Compartiendo lecturas…

“… La tesis de que la guerra se debe a la destructividad innata del hombre es claramente absurda, para quienquiera que tenga el más pequeño conocimiento de la historia. 

Los babilonios, los griegos, y desde ellos hasta los estadistas de nuestros días, han planeado la guerra por razones que les parecieron muy realistas y sopesaron el pro y el contra con todo cuidado aunque, naturalmente, sus cálculos salieran fallidos muchas veces. Eran muchos sus motivos: tierras que cultivar, riquezas, esclavos, materias primas, mercados, expansión … y defensa.

En circunstancias especiales, entre los factores motivantes estuvieron el deseo de desquitarse o la pasión destructora de alguna pequeña tribu, pero tales casos son atípicos.

Esa opinión de que la guerra la causa la agresión humana no sólo no es realista, sino que además resulta perjudicial, porque distrae la atención de las causas verdaderas y debilita la oposición a ellas.

… las guerras grandes de nuestros tiempos y la mayoría de las guerras entre los estados de la Antigüedad no se debieron a la agresión acumulada sino a la agresión instrumental de la élite militar y la política.

Esto se ha visto en los datos acerca de la diferencia de incidencia bélica entre las culturas más primitivas y las más avanzadas. Cuanto más primitiva es una civilización, menos guerras hallamos en ella. (Q. Wright, 1965.)

La misma tendencia se advierte en el hecho de que el número y la intensidad de las guerras han aumentado con el adelanto de la civilización técnica; son mayores entre los estados poderosos con un gobierno fuerte y menores entre los primitivos sin jefes permanentes.

Como se ve en la siguiente tabla, el número de batallas libradas por las principales potencias europeas en los tiempos modernos acusa la misma tendencia.

Esta tabla da el número de batallas en cada siglo desde 1480 (Q. Wright, 1965):

Años – Numero de batallas
1480/1499   –  9
1500/1599   –  87
1600/1699   –  239
1700/1799   –  781
1800/1899   –  651
1900/1940   –  892

Lo que han hecho los autores que consideran la guerra consecuencia de la agresión innata del hombre es ver en la guerra un fenómeno normal, que suponen causado por la índole “destructora” del hombre. Han tratado de hallar confirmación a su supuesto en los datos sobre los animales y sobre nuestros antepasados prehistóricos, que hubieron de ser deformados para servir a su propósito.

Esta posición provenía de la inconmovible convicción de la superioridad de la civilización actual sobre las culturas pretécnicas.

Razonaban así: si el hombre civilizado se ve así plagado de guerras y destructividad, el hombre primitivo debió ser mucho peor, ya que está tan atrasado en la evolución hacia el “progreso”. Como no puede achacarse la destructividad a nuestra civilización, debe explicarse como consecuencia de nuestros instintos

Pero los hechos dicen otra cosa. …”

Leído en: Antomía de la destructividad humana, Cap. 9, por E. Fromm, 1974. 

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