De pintores de dragones (en un libro de Fromm-Suzuki)

Lecturas…

“… El abad de cierto monasterio Zen quería que el techo del Salón Dharma fuera decorado con un dragón. Se pidió a un notable pintor que hiciera el trabajo. Aceptó, pero se lamentó de no haber visto nunca un verdadero dragón, si es que éstos existían realmente. El abad le dijo: “No le importe no haber visto a esa criatura. Conviértase en uno, transfórmese en un dragón viviente y píntelo. No trate de seguir el molde convencional.” El artista preguntó: “¿Cómo puedo convertirme en dragón?” Replicó el abad: “Retírese a sus habitaciones privadas y concentre en eso toda su mente. Llegará el momento en que sienta que debe pintarlo. Ése es el momento en que usted se habrá convertido en dragón y el dragón lo impulsa a darle una forma.” El pintor siguió el consejo del abad y, después de varios meses de grandes esfuerzos, cobró confianza en sí mismo al verse en el dragón que surgía de su inconsciente. El resultado fue el dragón que vemos ahora en el techo del Salón Dharma en el Myoshinhi, Kyoto.

De paso, quiero referirme a otra historia del encuentro de un dragón con un pintor chino. Este pintor quería pintar un dragón pero, como nunca había visto uno vivo, añoraba una buena oportunidad. Un día un dragón auténtico se asomó por la ventana y dijo: “¡Aquí estoy, píntame!” El pintor se sorprendió tanto ante este visitante inesperado que se desmayó, en vez de mirarlo cuidadosamente. No pudo hacer ningún retrato de un dragón viviente.

Ver no es suficiente. El artista debe meterse en la cosa, sentirla interiormente y vivir él mismo su vida. Se dice que Thoreau fue un naturalista mucho mejor que los profesionales. Lo mismo puede afirmarse de Goethe. Conocían a la naturaleza por ser capaces de vivirla. …”

De: Budismo Zen y Psicoanálisis, Suzuki-Fromm

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