Sobre los porteños de Buenos Aires

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ORGULLO PORTEÑO. Los libros y la noche. 
 
“Pionero de la movida del rock nacional y de la ecología, el periodista y escritor Miguel Grinberg jamás dejó de tener su corazón anclado en Buenos Aires, a pesar de su pasado como viajero.

Miguel Grinberg parece desmentir ese estereotipo de porteño apresurado y eléctrico. El personaje que entra al bar La Academia (lugar porteño si los hay) es un tipo calmo y sereno, a quien el ritmo matinal de la Ciudad no le hace mella. Por eso quizás nos genera la duda sobre su lugar de nacimiento.

-¿Sos porteño?
-Nacido y criado en Buenos Aires. En Caballito Oeste, Canalejas, que ahora se llama Felipe Vallese. Fue toda mi época de primaria y secundaria. Ya sobre el final de la secundaria mis padres se mudaron a Ángel Gallardo, frontera de Almagro y Villa Crespo, cerca del parque Centenario, que fue en cierta forma mi lugar de lectura, cuando necesitaba silencio y aislamiento durante la semana. Tengo un gran recuerdo de esa región porque mis dos matrimonios y mis cuatro hijos tienen que ver con el lugar. En medio de la dictadura empecé a hacer reuniones de rockeros en el parque, así que quedé pegado a esa región de Buenos Aires, porque se dieron así las cosas.

-¿Y cuándo te venís a la vida del centro, de la calle Corrientes?
-Fue en los ´60. Yo quedé pegado a eso porque me introduje en la bohemia del circuito mágico entre Callao y el Obelisco, que es donde estaban las librerías y los cafés intelectuales.

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-¿En qué consistía esa bohemia?
-Había un movimiento muy fuerte de revistas literarias, a las cuales uno se aproximaba tímidamente porque era un ilustre desconocido. Pero tanto en La Paz -que todavía existe, aunque plastificado, modernizado y convertido en algo posmoderno- como en el bar La Comedia -donde estaba la mesa de la revista del escritor Abelardo Castillo- yo empezaba a conocer intelectuales.
Me integré no con la idea de formar parte de un movimiento, sino porque mis intereses encontraban puertas abiertas. Éramos la bohemia de los que nos quedábamos filosofando sobre cómo cambiar el mundo hasta las 5 de la mañana.

-¿Ya habías comenzado con tu trabajo como periodista?
-Sí, fue en el año ´65, cuando el periodista que hacía la sección de música y cine de la revista Panorama se mató en un accidente de auto en Mar del Plata. Me llamaron de emergencia para llenar dos páginas de cine y música, y después me confirmaron. Ahí comencé como periodista a cubrir el mundo cultural.

-Ese momento coincide con la aparición de los primeros personajes del rock nacional y vos fuiste uno de los testigos directos, ¿cuándo notaste que empezaba a gestarse algo?
-En el propio año ´65. La efervescencia que había en el Di Tella, la feria artesanal que se había armado en Plaza Francia -a lo largo de lo que ahora es el Centro Cultural Recoleta, pero que en ese entonces era el Asilo Viamonte-, la aparición de los hippies y la aparición de la Cueva -adonde me invitó Carlos Mellino, que en esa época tenía un cuarteto beatle con Alejandro Medina, Los Seasons. Ahí me hice amigo de todo el mundo: Moris, Javier Martínez, Tanguito. Todo eso me fue dando la vivencia de que estaba dándose un florecimiento cultural distinto a lo que habían sido los años ´50.

-El espíritu porteño, el ser porteño ¿tuvo que ver con ese movimiento?
 -A juzgar por lo que hemos estado hablando, sí. Porque el rock no fue un brote homogéneo,  sino un brote espontáneo de insubordinación, que es lo que caracteriza al porteño. El porteño es un insubordinado natural. Resiste al látigo y al patrón. Todo eso hizo que apareciera el rock en los barrios, como antes apareció el tango.

-Los barrios porteños fueron indispensables entonces, tanto para el tango como para el rock
-Es que el punto referencial es la compenetración; el enraizamiento no en la patria, el mapa argentino y la escarapela, sino en el barrio como baluarte de resistencia. El barrio donde vos tenés tus amigos, tu noviecita, los lugares en los que estuviste triste o feliz, la cancha de fútbol. Y el café, por supuesto, la barra de la esquina, que es una expresión arquetípica. Ese tipo de confluencia que tiene que ver con los sentimientos pero también con la cultura.
Y con una cosa particular, además, que es que el porteño no invita a casa: el porteño se encuentra en el café.” 

Leído en: Ciudad1.com – 3 de junio de 2011
Foto: Café-bar La Paz, en la esquina de Corrientes y Montevideo, Buenos Aires Ciudad.

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