Yo dibujo puentes para que me encuentres…

Y yo dibujo otro puente con el mouse… y otro más con el teclado… y así nos vamos encontrando…

El Rincón de Susu

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Yo dibujo puentes para que me encuentres

Un puente de tela con mis acuarelas

Un puente colgante con tiza brillante

Puentes de madera con lapiz de cera

Puentes levadizos plateados, cobrizos..

Puentes irrompibles de piedra invisibles..

Y tu ¡Quien creyera! ¡No los ves siquiera!

Hago cien, diez, uno.. ¡No cruzas ninguno!

Mas como te quiero… dibujo y espero.

¡Bellos puentes para que me encuentres!

Elsa Bornemann,
del libro «El libro de los chicos enamorados»

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374. Culpa, psicoanálisis y religión.

Gracias por estos artículos breves y claros, tan apropiados para difundir el psicoanálisis!

bernal tiene un blog

La conciencia de culpa, eso que los creyentes llaman pecado, es en muchos casos inconsciente; se podría decir de la culpa es una «enfermedad silenciosa» del psiquismo, ya que puede afectar al sujeto sin que él la perciba o tenga noticias de ella. Así pues, son innumerables los sujetos que llevan una vida atormentada, o que se «entregan a toda clase de acciones autopunitivas, se sumergen una y otra vez en al fracaso, empujados por un sentimiento de culpabilidad del que no tienen la más mínima sospecha y que, para colmo, no se fundamenta en ninguna transgresión real» (Dessal, 2013).

En efecto, el psicoanálisis ha descubierto que la culpa no depende de la transgresión a la ley o de la realización de un acto prohibido; ella es una «misteriosa sustancia que no emana de ninguna realidad [y que] se destila en la profunda alquimia del inconsciente» (Dessal, 2013). De ahí…

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Once principios: Ausencia de miedo. Satish Kumar

Continuación:

“8. AUSENCIA DE MIEDO (Sarvatra Bhaya Varjana) quiere decir estar libre de miedos siempre y en todo lugar. Nuestras vidas están dominadas por el miedo. Miedo a la muerte, miedo a la vejez, miedo a la enfermedad, miedo al desempleo, miedo a fallar, miedo a los superiores, miedo a los inferiores, miedo a la responsabilidad, miedo al compromiso y numerosos miedos que nos provocan un continuo estado de ansiedad. El miedo conduce a la violencia y a la guerra; el miedo evita que busquemos y pronunciemos la verdad; el miedo nos fuerza a robar, nos impide amar, nos hace acumular cosas.

El miedo es la raíz de todas las maldades. El miedo es la causa de la inseguridad interior y exterior. Es por el miedo que queremos controlar, dominar y mandar a otros. El miedo destruye la armonía personal y social.

El remedio para los problemas provocados por el miedo es la confianza incondicional en el funcionamiento del universo. Así como confiamos en que el sol saldrá, el agua calmará la sed, el fuego cocinará el alimento, los barcos surcarán los mares, también debemos confiar en que toda vida, incluso la nuestra, alcanzará su destino.

La mayoría de nuestros miedos son inducidos artificialmente desde la escuela, la familia, el grupo de amigos, los políticos, los medios, las religiones y nuestra propia ignorancia. La gran tarea es liberarnos de todos estos miedos.

En muchas tradiciones religiosas y mitológicas se ha predicado la disolución del ego como el viaje del héroe o el camino del guerrero. Cuando soy capaz de lanzarme para ayudar a alguien sin temer mi propia muerte me convierto en un héroe, porque en ese momento dejo de estar pendiente de mi vida. Si aquel momento de vacío, aquella experiencia de ausencia de ego, aquella dicha puede convertirse en una forma de ser para siempre y en todo lugar, entonces estaré libre de miedos.

Un héroe no es un ser especial, sino que cada persona es un tipo de héroe especial cuando él o ella no sienten miedo. Cada vida es el viaje de un héroe. Cuando confío en el universo no temo asumir riesgos. Si tengo miedo de asumir riesgos, ¿vale la pena vivir?.

Todos los seres humanos forman parte del universo, parte de una red a la que está conectado. Nada existe de forma aislada. Cuando tomo conciencia de esta red de grandes relaciones pierdo la ilusión de mi yo independiente, pierdo el ego, pierdo el sentido de “yo” y de “mío”.

Cuando no hay ego, ¿quién teme a quién?.

Cuando dejo de pensar en mí, o de buscarme, entonces dejo de ser tan crítico y prejuicioso hacia los demás. Soy capaz de vivir la vida, más que de preocuparme por ella. Me levanto por la mañana, me lavo los dientes, como una pieza de fruta, cavo el jardín, contesto cartas, hago la compra para mí y para mi vecino enfermo, preparo la comida y la comparto con mi familia, lavo los platos y descanso, leo, escribo, salgo de paseo, asisto a una reunión, hago unas llamadas y por la noche me acuesto. El día siguiente es otro día. Lo que tenga que hacer, lo hago. Sin estar siempre preguntando, compadeciendo, criticando, dudando y, sobre todo, temiendo. 

En palabras de Gerald Jampolski, “El amor es desprenderse del miedo”. Siempre estoy buscando el amor pero soy incapaz de amar porque no puedo deshacerme del miedo. Amor es todo lo que necesito. El amor es la fuente de una vida feliz. El amor es mi verdadero destino. En el amor encuentro el sentido de la vida. El amor es la base de toda relación. Busco el amor, pero el miedo me impide dar y recibir, me impide realizarme.

Cuando haya conseguido cultivar la falta de temor en mi vida cotidiana y haya alcanzado la confianza absoluta desde la que fluyen todos mis actos, entonces seré capaz de actuar social, política y colectivamente sin temor y siguiendo el curso verdadero y correcto.

Cuando me halle ante una ley injusta, estaré preparado para enfrentarme a ella y luchar por la justicia, la libertad y la integridad; no temeré las consecuencias, incluyendo la prisión y la muerte, como demostraron Emile Zola, Henry David Thoreau, Martin Luther King y Mahatma Gandhi.”

De: Satish Kumar. Vía: GeoMente
(Continuará) 

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