Poemas al maestro, a la maestra

Septiembre 11. Día del maestro (Argentina)  

Poema al maestro. Jorge Horacio Richino
El maestro cada día
se nos brinda por entero,
y con trabajo y desvelo
nos da su sabiduría.

Se esmera por entregarnos
sin reservas su saber,
y así nos hace crecer
para poder realizarnos.

Por todo eso sabemos
que nunca será bien pago,
todo el esfuerzo brindado
más igual lo agradecemos.

Finalmente no podremos
retribuir lo recibido,
quedando más que entendido
que nunca lo olvidaremos.

Jorge Horacio Richino (Copyright)

La maestra. Publio A. Cordero
Es en la escuela otra madre
que orienta con sus consejos;
es experta sembradora
de nobles conocimientos;
es mano suave que guía
y es luz que alumbra senderos.
Es, en suma, la maestra,
manojo cálido y tierno
de bondadosa paciencia
y de maternal afecto
.

Publio A. Cordero

Mi señorita. Ida Réboli
Mi señorita
todo lo sabe,
mi señorita todo lo ve;
nunca se enoja
ni se molesta
cuando algún pollo
le da qué hacer.
Nos ha enseñado
miles de cosas,
a decir versos
y a dibujar;
nos cuenta cuentos
maravillosos,
cuando acabamos
de trabajar.
Mi señorita
siempre contenta,
siempre con ganas
de sonreír.
Mi señorita!
No hay como ella;
a todo el mundo
lo he de decir.

Letra: Ida Réboli. Música: Carlos López Buchardo
De: Cancionero Escolar  Argentino, Pedro Berrutti, Edit. Escolar.

Abajo, en los comentarios, más versos que aportan los lectores.

También, pueden buscar:
Domingo Faustino Sarmiento. Poemas y canciones
Día del maestro: un acróstico  
Día Mundial de los Docentes
Reglas de oro para maestros comprometidos con la no-violencia

T1maestro

Domingo Faustino Sarmiento. Poemas y canciones

Septiembre 11. Día del Maestro. Conmemoración a Sarmiento, un hombre polémico.

“En el día del maestro
es justicia señalar
que también al gran Sarmiento
lo hemos de recordar.”

Poesía copiada del libro de lectura de mi 1er grado “Piruetas”, Edit. Codex.  Autoras: Araceli Picarel de Curletto – Amal ia Belgrano Lavalle.

La higuera de la patria. Antonio De La Torre

Bajo la higuera el telar,
y junto al telar la madre,
hilando sueños de gloria,
esperanzas inmortales.

Doña Paula Albarracín*,
Doña Paula incomparable!

Domingo, te quiero fuerte,
ilustrado y aspirante!
Domingo, te quiero fuerte,
Domingo, te quiero grande!

En su copa el viento zonda,
fugitivo de los Andes,
dejó su poncho sonoro,
robado a los arenales.

Ahora descansa la patria
bajo tus ramas cordiales,
que cubren de sombra ilustre
la tierra que fue de huarpes.

Higuera, bajo tu sombra,
la patria se siente grande!

*madre de Domingo Faustino Sarmiento

De: mi cuaderno de 4to. grado – Escuela Nº 25 /República de Guatemala /Barrio Caballito/ Buenos Aires Ciudad – Año 1969 – Maestra: Sra. Estrella P. de Álvarez (por si pasa por aquí alguien de allí, o de aquellos tiempos)


A Sarmiento, Enrique E. Rivarola

Duerme el atleta. Bajo el mármol sueña
-que no descansa- el luchador valiente;
y plegada sobre él, madre doliente,
cubre su cuerpo la argentina enseña.

Duerme el atleta. El ideal diseña
inmarcesibles glorias en su frente;
sueña, y se ve tranquilo, omnipotente,
cóndor andino sobre abrupta peña.

Allá arriba ! Más alto todavía !
donde tan sólo llega el pensamiento.
En la cumbre más áspera y bravía,
glorifique la patria sus hazañas !
Que para alzar la estatua de Sarmiento
hay que hacer pedestal con las montañas !

Poesía copiada del libro Manual Peuser de la Nueva Escuela.

De un viejo cuaderno escolar…

Hubo aquí, en mi patria,
un hombre de acero.
Supo hacer de todo
maestro, poeta, minero…
Si hasta presidente
un día llegó!
Y qué presidente!
Como pueblo alguno
jamás lo soñó.
Porque era sincero.
Porque no le temió al sufrimiento
Se llamaba…
Domingo Faustino Sarmiento.


Breve historia de la higuera de los Sarmiento:

“…Cuando Doña Paula Albarracín decidió construir su casa, instaló su telar bajo la sombra de una higuera, que ya existía en el sitio y desde allí yendo y viniendo la lanzadera, observaba como su sueño se hacía realidad.

El patio con la higuera y el telar conformaron un espacio, donde se concentraba la vida íntima de la familia, con sus valores, esfuerzos, alegrías y tristezas.

Doña Paula la consideraba una compañera que la había asistido siempre, dándole su sombra y sus frutos.

Así cuando sus hijas mayores en su afán de modernizar la casa, quisieron cortarla, se resistió largo tiempo. Pero, finalmente, el empuje juvenil pudo más y la higuera terminó derribada, como dice Sarmiento, por “un hacha higuericida”.

Fue tal el pesar que sintió la madre, que los hijos arrepentidos, dejaron crecer un retoño de la misma. … testigo del tiempo y símbolo de este hogar provinciano…”

“La edad moderna nos asocia a todos los objetos que nos rodean. El hogar doméstico se aviva y vivifica; un árbol que hemos visto nacer, crecer y llegar a la edad provecta es un ser dotado de vida, que ha adquirido derecho a la existencia, que lee en nuestro corazón que nos acusa de ingratos y dejaría un remordimiento en la conciencia, si lo hubiésemos sacrificado sin motivo alguno.” (D. F. Sarmiento. Recuerdos de Provincia)

Poesías del sitio del Ministerio de Educación de Argentina: http://www.me.gov.ar/efeme/sarmiento/poesias.html

A Sarmiento. Natalio A. Vadell

Pobre y humilde, por su esfuerzo rudo
alzó tan alto el luchador su vuelo,
que fue gloria, blasón, bandera, escudo
bajo la curva de su patrio cielo.

Inspira un alto y sin igual respeto
su fe sincera y su saber profundo,
lo mismo cuando enseña el alfabeto
que cuando escribe su genial Facundo.

De pie, fuerte y viril, firme y constante
nunca pidió cuartel, paz, ni sosiego;
nada logra abatir a aquel gigante
pecho de bronce y corazón de fuego.

Si no hubiera más glorias en su vida,
brillará por su acción independiente:
que es Sarmiento una antorcha suspendida
sobre un siglo, una raza, un continente.

El niño de Carrascal. Estela Herrera Clément

Recién nacía la Patria
y Carrascal florecía.
Cantos de aves poblaban
en Carrascal las casitas.
¡Saludaban con sus cantos
a un niñito que nacía!

    Fue creciendo con la Patria
el niño de Carrascal
y siendo niño soñaba
con aprender y enseñar.
Fue creciendo con la Patria
y en el suelo de san Juan
todos nombraban el nombre
del niño de Carrascal.

    Cuando niño se hizo hombre,
fue maestro, y San Juan
inmortalizó los nombres
de Sarmiento y Carrascal.

El niño maestro. Estela Herrera Clément

En medio del caserío
de San Francisco del Monte
hay un niño sanjuanino
con su tío un sacerdote.
Lugares casi desiertos
albergan a gente pobre.

Sarmiento, maestro niño.
José de Oro, el sacerdote,
y una escuela que se funda
en San Francisco del Monte.

Bajo la sombra de olivos
y entre pájaros cantores
hay un maestro niño
entre alumnos que son hombres.

Oración del niño a Sarmiento. Lola Chichizola Coelho

Sarmiento: escúchame, yo soy el niño:
te hablo mirando el cielo, arrodillado,
porque sé que me diste tu cariño
y que por mí has sufrido y has luchado.

    Sé que me dedicaste la existencia,
de inquietud y de amor llené tus días,
y, maestro ejemplar por excelencia,
hiciste tuyas las angustias mías.

    No tiembles en el bronce por mi suerte;
seguiré, con un libro entre las manos,
por la senda del bien que me has labrado.

    Desde el hondo misterio de la muerte,
desde el mayor de todos los arcanos,
¡mírame! Soy tu sueño realizado.

Sarmiento.  Cupertino del Campo

    Como el suelo de América, fecundo,
libre como el pampero y tan violento
y purificador, fuiste, Sarmiento,
arquetipo cabal del nuevo mundo.

    De recia voz y de ademán rotundo,
desde el gobierno, desde el Parlamento
y en el libro tronó su pensamiento
que hundiera la barbarie de Facundo.

    Sin doblegar jamás la altiva frente,
en arduos tiempos del país naciente
tu misión fue enseñar y combatir.

    Y, maestro de escuela o presidente,
sembrabas en los surcos del presente
la hermosa floración del porvenir.

 

Sembró escuelas como soles. Eve Baili

  A la orilla de la higuera,
Sarmiento besa a su madre.
Los cerros solos rescatan
el rosado de la tarde.

    Sueña con muchas escuelas,
vergeles en cada valle
y en cada niño, una estrella,
como lección imborrable.

    Larga vida de maestro,
con días claros y oscuros…
Perdió a su hijo en la guera
al que amó como a ninguno.

    Presidió nuestra nación
y murió lejos de la Patria
¡A su recuerdo se elevan
todas las buenas plegarias!

    Sembró escuelas como soles
de renovada esperanza
y quedó eterno en cada niño
como lucero al alba.

    ¿Tuvo flaquezas? Las tuvo,
tuvo dudas y hasta fallas,
pero sembró escuelas como soles
a lo largo de la Patria.

    Nuevo 11 de setiembre,
ensanchemos nuestra alma,
por Sarmiento, el gran maestro,
digno por autonomasia.

PD: Suerte con la tarea!

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