Acerca de la importancia de saber hacer preguntas

Supongamos que yo les diera acceso a las bases de datos de Twitter, Picasa, Facebook, Flickr, por ejemplo. ¿Qué haría usted con ellas? Acompáñeme con estas reflexiones -nos dice el autor de este artículo- acerca de la importancia de saber hacer preguntas.

Los mapas de Eric Fischer. 
Por Adrián Paenza*

“El 26 de junio del año 2000, Bill Clinton y Tony Blair, las autoridades máximas de los ejecutivos norteamericanos e inglés, se ubicaron en la sala de prensa de la Casa Blanca, en Washington, para anunciar en forma conjunta el éxito del proyecto biológico multinacional más espectacular de la historia del hombre: el primer borrador del “genoma humano”. Algo así como la cédula de identidad biológica de cada individuo.

El objetivo logrado fue monumental: secuenciar e identificar tres mil millones de unidades químicas que figuran en el manual de instrucciones genético de cada persona. Esto debería servir –por ejemplo– para encontrar las raíces genéticas de ciertas enfermedades, para poder diseñar luego tratamientos que las combatan.

Nada de esto se hubiera podido hacer de no haber mediado la utilización de computadoras cada vez más potentes, con mayor capacidad de almacenamiento de datos, con más memoria, con la habilidad para buscar y reconocer patrones y para hacer comparaciones que a los humanos nos llevaría siglos si las quisiéramos hacer a mano.

Está claro que los datos no son nuevos. Estuvieron/están ahí, en cada uno de nosotros. El problema no es tanto cómo recolectarlos sino cómo analizarlos. ¿Qué mensaje encierran? O en todo caso, ¿qué mensajes están atrapados dentro de esa marea de información? ¿Cómo descubrirlos?

Escribí esta introducción con un objetivo que no camina por un terreno tan espectacular como el de la secuenciación del genoma humano, sino el de algo mucho más pedestre, pero que hubiera sido imposible de realizar hace nada más que un lustro, o quizá menos. Acompáñeme con estas reflexiones que son irrelevantes comparadas con lo que representó la decodificación del genoma, pero que igualmente hacen a nuestra forma de vivir.

No sé si usted se preguntó alguna vez dónde estaba ubicada cada persona cuando envió un mensaje a través de Twitter o cuando sacó una foto y la “levantó” a la red (por ejemplo a través de Flickr o de Picasa).

Supongamos entonces que yo les diera acceso a las bases de datos de Twitter, Picasa, Facebook, Flickr, por ejemplo. ¿Qué haría usted con ellas? No me refiero a violar la privacidad de los contenidos, sino manteniendo el anonimato de los autores, pero qué preguntas cree usted que se podrían contestar para echar luz sobre el comportamiento humano que están escondidas en esos mensajes, fotos, blogs, etc.

Como sucede muchísimas veces en la ciencia, no sólo alcanza con tener los datos sino que es mucho más importante saber qué preguntas hacer, lo que es altamente no trivial. Por ejemplo:

¿Desde qué lugares (geográficos) se envían los mensajes?

¿En qué idiomas?

¿Usando qué plataformas? (iPhones, Androids, Blackberries.)

Por otro lado, si uno pudiera saber el lugar geográfico desde donde fueron tomadas las fotografías que cada persona “sube” a la red a través de programas como Picasa o Flikr:

¿Qué lugares son los más fotografiados?

¿Qué porcentaje está sacado por turistas y/o por residentes?

Una vez más, si uno tuviera estos datos, ¿qué hacer con ellos?

Que pase Fischer. ¿Quién es Fischer? Eric Fischer tiene 40 años, vive en Oakland (California) y desarrolló su interés por unir la creación de mapas con su pasión por la computación. Primero fue estudiante (y luego empleado) de la Universidad de Chicago. Después lo contrató Google, en donde trabajó hasta el año pasado y hoy funciona en forma independiente con su propia empresa. Pero, ¿por qué hablar de él?

Varias razones. Fischer consiguió que Twitter les diera acceso a tres mil millones de tuits (o tweets). Sí, leyó bien: ¡3 mil millones de tuits!(1) Es un número impresionante. ¿Qué hacer con ellos? En realidad, Twitter le entregó los datos pero no el contenido de los mensajes. Sin embargo, lo que sí le ofreció es acceso a:

a) El lugar geográfico desde el cual fue enviado cada mensaje.

b) El sistema operativo utilizado desde el que fue enviado (para simplificar: iOS que se usa en los iPhones, iPads o equivalentes productos de Apple, Androids o Blackberries).

c) El idioma utilizado en el mensaje.

Fischer desarrolló un programa en septiembre del 2011 que le permitió hacer un mapa coloreado con esos datos. Les puso un punto de color rojo a los mensajes enviados con un iPhone, un punto verde a los enviados con un Android y un punto de color púrpura a los enviados usando un Blackberry. Y luego hizo visibles los resultados,

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