Julio, el poeta (via Imágenes y Palabras by Jan Puerta)

De la serie ¨Haciendo amigos´ uno de esos relatos que Jan Puerta acompaña con sus fotografías…

lunes, 23 de febrero de 2009
Julio, el poeta

“Hoy buscando unas anotaciones para pasarlas a limpio de hace algo más de un año, he recordado a un personaje que conocí de casualidad. Me costó llegar a su casa. Perdida en el interior de Nicaragua. En la región de Rann. (Región autónoma del atlántico norte) Una extensión de bosque húmedo tropical donde la supervivencia realmente es difícil a pesar que la naturaleza provee de todo a sus habitantes. Cerca de la laguna Bihmuna un indígena me comentó de un personaje que escribía poesías. Debía de remontar el río Twimaya unas seis horas aproximadamente. A medio camino del territorio hondureño. Esta es parte de la historia de… Julio el poeta

Julio, el poeta. Primera parte…

Janpuerta-julioelpoeta“El Padre “Batzí”. Un buen hombre. Pero demasiado religioso”

Llegar a la casa de Julio fue una auténtica aventura. El río había crecido en su cauce por las últimas lluvias. El único bote que pude encontrar para llevarme hasta su casa no tenía muy buena pinta que digamos. Además, “Tanos”(1), su propietario llevaba alguna copa de más, por no decir que las llevaba todas.

.- ¿Cuánto tiempo hace que remonta este río?
.- Muchos años. Mi Padre me enseñó a navegar por él.
Mientras me hablaba, bebía una cerveza “Toña”. A pesar de mi temor, me llevó sano y salvo a puerto. Bueno, si se le puede llamar puerto a las cuatro maderas que hacían de embarcadero para las pequeñas embarcaciones que allí amarraban. Un vieja y desgastada cuerda de cáñamo, dejó sujeto el bote. Sacamos la mochila y cuatro cosas de comida que pensé que le vendrían bien a Julio en su retiro. Tanos me había informado que fumaba y le gustaba beber una copa de vez en cuando, así que compré algo de tabaco, una botella de brandy y una de ron. Harina, arroz, café y unas sopas de esas que se hacen al instante. Además, dos piezas de pan fresco.
El ruido del motor fuera borda japonés de veinticinco caballos atrajo a Julio. Mientras se acercaba descubrí a un hombre de bastantes años. Me sorprendió su decisión de retirarse a vivir en un lugar tan apartado.

Alzó la mano a manera de saludo. Tanos le gritó…
.- Le traigo a un español que quiere conocerlo!
Alcé mi mano mientras él sonreía. Descargamos las provisiones…
.- Le he traído unas cuantas cosas. Me dijo Tanos, que usted no bajaba mucho a la ciudad.
.- Ya no tengo edad para viajes. Además, aquí hay casi de todo. Pero se agradece hermano.
Cuando vio el tabaco y el brandy, se le iluminaron los ojos. Yo al verle los suyos, los míos debieron de coger el mismo fulgor.

Esa noche, Tanos se quedó dormido rápidamente. La cerveza hizo su efecto. Me quedé un rato conversando con Julio. Antes de entrar en la somnolencia, había quedado con Tanos para estar dos días allí. Veinte dólares agregados a los quince de combustible, fueron más que suficientes.
.- ¿Y que le interesa de este pobre viejo?
.- Me han dicho que usted es poeta.
.- Bueno… me gusta escribir. A pesar de tener pocos estudios.
.- ¿Sobre que escribe?
.- Lo que me rodea. Los ruidos. Las visitas inesperadas que a veces tengo.
Me lo dice sonriendo mientras bebe un sorbo del brandy.
.- La gente dice que soy poeta, pero yo no me considero así. Solo tomo notas de lo que veo a mí alrededor.
.- ¿Como empezó a escribir?
.- Gente de las comunidades que no sabían, me pedían si les podía escribir cartas a familiares suyos. Estos tampoco sabían leer, así que cuando llegaban las cartas de vuelta, yo se las leía.

.- Debe usted saber todo lo de la comunidad.
Vuelve a sonreír y puntualiza…
.- Algunas cosas sé. Y algunas de ellas me fueron bien el saberlas.
.- ¿Cuánto tiempo lleva usted sin bajar a la ciudad?
.- No sé. Un año, creo.
.- Y… ¿tiene usted mujer? ¿Está casado?
.- Alguna hay por aquí. Pero nada oficial. Sabe… cuando los dos tenemos ganas. Sin compromisos que uno ya no tiene edad para tonterías.
Sonrío y él hace lo propio…
.- Eh que me entiende… ¿verdad?

Me cuenta entre otras cosas que fue conductor de un colectivo en Managua hace muchos años. Trabajó en una oficina haciendo encargos. Vendió pescado de la costa en el interior y fruta del interior en la costa. Viajó por Honduras y estuvo luchando contra la dictadura de Somoza en el frente sandinista de la liberación nacional (FNLN) cuando la revolución tenía un sentido y el imperialismo dictatorial aun se podía combatir. Estuvo casado con una salvadoreña de su misma unidad. En una emboscada la mataron. Entonces desertó. Cruzó la frontera con Honduras y se internó en Nicaragua. Después de meses y meses de deambular por la selva descubrió una comunidad a tres días de donde se encuentra. Un párroco español de los jesuitas lo acogió.
.- El Padre “Batzí”. Un buen hombre. Pero demasiado religioso.

Se le cerraban los ojos. A mi también. Nos despedimos hasta la mañana siguiente. Esa noche escuche más ruidos extraños que los que había oído hasta la fecha. Realmente estábamos lejos de todo.
Por la mañana al levantarme, el bote no estaba. Se había roto la viaja cuerda deshilachada. La corriente se lo había llevado rio abajo. Llame a Tanos quien maldiciendo, se adentró en la selva, buscando alguna vereda que fuese paralela al río para intentar ubicar la embarcación. Intenté seguirlo, pero quince minutos después desistí por la rapidez con que se movía. Su agilidad y seguridad en donde ponía los pies me hicieron ser más prudente. Volví sobre mis pasos. No me perdí. A pesar de no conocer el terreno, mi sentido de orientación no es del todo deficiente.

Cuando estaba a poco de la casa de Julio, un aroma me llamó la atención. Algo oloroso e intenso, salía de una vieja olla que descansaba sobre las brasas que quedaron de la noche anterior. Una columna de humo impreciso llenaba el entorno de un olor difícilmente identificable por mí.
.- Don Julio, qué es eso que esta cocinando.
.- Café de la selva.
Me dejó sin palabras pero con la curiosidad de probarlo. Iba a servirme un poco y me dijo…
.- Aun le falta una media hora. Si te lo tomas ahora no dormirás en un par de días.

En ese período de tiempo, escuché el ronronear del motor y vi acercarse a Tanos. Esta vez, aparte de amarrar el bote con la misma cuerda, lanzó un ancla artesanal al lecho poco profundo del río. Nos contó que el bote quedó embarrancado entre unos arbustos a unos treinta minutos río abajo. No era la primera vez que le pasaba. Menos mal -pensé. Ya que si hubiéramos tenido que volver caminando los dos o tres días no me los hubiera quitado nadie. Y aunque esto sucedió hace más o menos un año, uno ya empezaba a ser mayor.

El café de la selva era un compuesto de varias semillas, bayas, hierbas y no sé qué más. El caso es que despejaba. Te quitaba el hambre y te daba vitalidad…”  

(1) Tanos. Me acompañó en varias incursiones en el río Twimaya. También navegamos por la laguna Bihmuna. Me llevó a rincones donde difícilmente se puede acceder a menos que vayas con alguien que conozca el río o la laguna como la palma de su mano. Por eso merece un capitulo aparte… Un día de estos le tocara a él.”

Leído en: Imágenes y Palabras by Jan Puerta. De la serie “Haciendo amigos” – Copyright © By Jan Puerta 2009 – Texto y fotografías con copyright del autor.  La foto original de Julio, aquí

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