Semana de homenajes al doctor Raúl Alfonsín

Marzo 31, 2009. Aniversario de la muerte del Dr. Raúl Alfonsín.

Raul-alfonsinRaúl Ricardo Alfonsín (Chascomús, Provincia de Buenos Aires, 12 de marzo de 1927 – Buenos Aires, 31 de marzo de 2009) fue un abogado, político, estadista y promotor de los derechos humanos argentino. Fue concejal, diputado provincial, diputado nacional, senador nacional y Presidente de la Nación Argentina. También se desempeñó como vicepresidente de la Internacional Socialista. Suele ser reconocido como “el padre de la democracia moderna en Argentina”. (Wikipedia)

“Acto pluralista de homenaje a Raúl Alfonsín a cinco años de su muerte.

Referentes de la política, gremialistas, empresarios, del ámbito artístico e intelectual se dieron cita en la noche del lunes en el Teatro Liceo para rendir un sentido homenaje a la figura del expresidente Raúl Alfonsín, a cumplirse cinco años de su fallecimiento…” (Telam)

Raul2alfonsin“…último líder radical y símbolo de la transición democrática…

… 10 de diciembre de 1983, … asumía como primer presidente constitucional… Ese día, Alfonsín -quien en las elecciones presidenciales del 30 de octubre de ese año se impuso con el 51,75 por ciento de los votos sobre el justicialista Italo Luder- comenzaba la dura tarea de gobernar un país atravesado por el dolor del genocidio perpetrado por la dictadura, con un alto endeudamiento externo, desindustrializado y con una enorme deuda social.

 La asunción del líder radical, fallecido el 31 de marzo de 2009, significó así no solo el fin de la dictadura, sino además la interrupción definitiva del largo ciclo de golpes de Estado, que se inició en 1930 con el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen.

 A poco de asumir el gobierno, Alfonsín impulsó la anulación de la autoamnistía dictada por los militares y creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que tuvo el objetivo de investigar los crímenes cometidos durante el terrorismo de estado.

 En 1984 se publicó Nunca Más, el informe de dicha comisión, y al año siguiente se llevó a cabo el histórico juicio a las juntas militares que condenó a los principales jerarcas del régimen y que ubicó al país en el sitial de las pocas naciones del mundo que juzgaron a los responsables de cometer genocidios. 

 Sin embargo, la política de derechos humanos tuvo su límite en las leyes de impunidad (Obediencia Debida y Punto Final) que, asediado por dos intentos de golpe militar, Alfonsín se vio obligado a enviar para su sanción al Congreso.

 “Felices Pascuas”, la frase pronunciada por el expresidente en la Semana Santa de 1987, una vez superado el levantamiento carapintada ocurrido en esos días, quedó registrada en la memoria colectiva de los argentinos como el principio de la impunidad para los genocidas que se profundizó después con los indultos decretados por su sucesor, Carlos Menem.

 Las leyes de impunidad -que como los indultos, fueron derogadas durante el gobierno de Néstor Kirchner dando lugar al restablecimiento de los juicios por delitos de lesa humanidad-     marcaron el principio del declive del gobierno radical.

 Caracterizado en sus inicios por ciertas reformas de perfil progresista y una política económica de relativa independencia respecto a los mandatos de los organismos financieros internacionales, la administración de Alfonsín sufrió las acechanzas de las corporaciones económicas locales y transnacionales.

 Desde una perspectiva histórica, esos y otros rasgos de su gestión establecen puntos de conexión con los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, en particular, en la ampliación de derechos civiles (ley de Divorcio Vincular) y en poner el eje de la política exterior del país en la región, con el impulso del incipiente Mercosur.

 El Plan Austral y el proceso de sustitución de importaciones y de reindustrialización del país, se vio interrumpido por un creciente proceso inflacionario y dificultades fiscales.

 A partir de allí, Alfonsín intentó un giro en el rumbo económico e impulsó la frustrada privatización de algunos servicios públicos, que en los `90 y en una versión descarnada logró concretar la administración de Carlos Menem.

 El gobierno radical también debió soportar, en enero de 1989, otro hecho que deterioró aún mas su frágil situación: fue el copamiento del regimiento de La Tablada por parte de un grupo armado que respondía al Movimiento Todos por la Patria, bajo la excusa de la defensa del orden democrático, frente a un hipotético nuevo intento de golpe de Estado.

 Pero el deterioro de la economía seguía su curso y en un último intento por rencauzarla el gobierno lanzó el Plan Primavera, que fracasó en medio de un golpe de mercado, caracterizado por la hiperinflación, la corrida cambiaria, el crecimiento de la pobreza y los saqueos a supermercados.

 La crisis provocó el adelantamiento de los comicios presidenciales al 14 de mayo de 1989 y Alfonsín cedió el poder a Carlos Menem seis meses antes del final de su mandato y sin poder avanzar en la reparación de la deuda social, ni en la desarticulación del modelo neoliberal implantado a sangre y fuego por la dictadura.

 Lejos del poder, el líder radical continuó gravitando en la vida interna de su partido y en el orden nacional, firmó junto a Carlos Menem el Pacto de Olivos, que posibilitó la reforma constitucional de 1994 y la reelección presidencial.

 Además, fue uno de los actores fundamentales de la Alianza entre la UCR y el FREPASO, que llevó a Fernando de la Rúa a la Casa Rosada, gobierno del que Alfonsín tomó distancia disgustado por el continuismo respecto de las políticas neoliberales del menemismo y que desencadenaron la brutal crisis del 2001.

Cristina-y-alfonsin Sobre el final de sus días, Alfonsín fue homenajeado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner con un emotivo acto en la Casa Rosada y la colocación de la imagen del expresidente en el Salón de los Bustos.”

Leído en: AgenciaTelam
También: Homenaje pluralista

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1 Comment »

  1. 1
    Mariela Says:

    Otro gran radical:

    vía la web del historiador Felipe Pigna:

    “Arturo Illia, el apóstol de los pobres

    Autores: Felipe Pigna y Mariano Fain.

    “Defenderemos la salud del ser humano en todos los ciclos de su existencia, con suficiente y sana alimentación, erradicando endemias y previniendo epidemias, aplicando científica y moderna medicina social, sanitaria y asistencial” Así se expresaba Arturo Umberto Illia en su mensaje de asunción presidencial. Era el 12 de octubre de 1963.

    La salud fue sin dudas una de sus grandes preocupaciones. Durante más de 30 años había ejercido la medicina en Cruz del Eje, en Córdoba. Muchos lo llamaban el “apóstol de los pobres” por su dedicación a los enfermos con menos recursos. Podía a viajar a caballo varios kilómetros para llevar medicamentos a quienes no podían adquirirlos.

    Illia nació en la tarde del 4 de agosto de 1900 en Pergamino, provincia de Buenos Aires, donde cursó sus estudios primarios. Su niñez transitó entre su vida escolar y la apacible vida de campo. Sus estudios secundarios los realizó en el colegio Pío IX, de la orden de los salesianos, en Buenos Aires, aunque debió interrumpirlos y terminó rindiendo como alumno libre en el Colegio Nacional Buenos Aires, donde obtuvo su título de Bachiller.

    A los 18 años comenzó su carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires. Corría el año 1918, un año trascendental para la historia de la formación Universitaria Argentina, que cimentaría las bases de la educación superior en toda América Latina. Hipólito Yrigoyen era entonces presidente. Aquel fervor reformista impulsó al joven Illia a afiliarse al Partido Radical, atraído por la historia de lucha, reivindicaciones y valores populares.

    Parte de su residencia la realizó en 1923 en el Hospital San Juan de Dios de La Plata, cuatro años más tarde recibió el título de doctor en Medicina y fue entonces que se estableció en la ciudad de Cruz del Eje. En ese pueblo podía vérselo cabalgando kilómetros o caminando día y noche para llegar allí donde necesitaran de sus servicios de médico o de su palabra de aliento. En dicha ciudad ejerció su profesión y vivió hasta 1963, llegando a ser senador provincial, presidente de la comisión de presupuesto y hacienda (impulsando la proyección de emprendimientos de la envergadura de represas y diques) y vicegobernador, debiendo dejar su cargo por un nuevo golpe de estado que afectó la vida cívica de la argentina.

    En 15 de febrero de 1939 se casó con Silvia Martorell, con quien tuvo a sus hijos Emma Silvia, Martín Arturo y Leandro Hipólito.

    En 1963 el doctor Illia resultó electo presidente en sufragios controlados por las fuerzas militares. Illia solo obtendría el 21 % del electorado, logrando el segundo lugar por cantidad de escaños el voto en blanco con un 19 % (estos votos eran expresión del peronismo proscripto). Solo permaneció 2 años y 11 meses; un nuevo, incoherente, y fatídico golpe de estado lo derrocó el 28 de junio de 1966.

    Durante su gestión debió hacer frente a múltiples presiones: no solo fue presionado desde sectores del sindicalismo, las F.F.A.A. o partidos políticos, también supo conocer el hostigamiento de la prensa en la persona de los periodistas Mariano Grondona y Bernardo Neustadt, quienes se burlaban del presidente utilizando el apodo La Tortuga, acusándolo de endeble y débil.

    Lejos de esa imagen burlona e incierta, el entonces Presidente Illia, era un denunciante de las políticas que consideraba perjudiciales de los intereses y necesidades nacionales Algunas de las más importantes leyes aprobadas durante su gestión fueron la ley 16.459, que sentó las bases del salario mínimo vital y móvil y la ley 16.462 sobre medicamentos (también conocida como ley Oñativia).

    Durante su breve gestión Illia impuso una política de redistribución del ingreso que benefició a los sectores más perjudicados de la sociedad e incrementó el porcentaje dentro del presupuesto nacional destinado a la educación. En este marco puso en práctica un plan destinado a disminuir el analfabetismo, alcanzando la cifra de 12.500 centros de alfabetización. La educación tuvo para el Dr. Illia un lugar de preponderancia, es por eso que el apoyo y aporte hecho a las universidades estatales permitieron cifras inéditas de graduados.

    Illia es considerado un político honesto y coherente. Despojado de bienes materiales, se retiró de la presidencia de la Nación con menos capital del que contaba al asumir el cargo. Nunca aceptó cobrar una jubilación de privilegio.

    Falleció en su tierra adoptiva, Córdoba, el 18 de enero de 1983, aquel lugar que lo vio luchar por sus dos pasiones, la medicina y la política; sosteniendo la coherencia de sus objetivos e ideales cívicos toda su vida.

    Sus restos fueron trasladados y sepultados en el cementerio de la Recoleta junto a dirigentes radicales y militantes caídos en la Revolución de 1890. Allí se encuentran los restos de Elpidio González, Hipólito Yrigoyen y Leandro N. Alem.”

    http://www.elhistoriador.com.ar/


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