Libros prohibidos, libros que muerden

Libros2quemuerden

Librosquemuerden“Diversas investigaciones se dedicaron en los últimos años a rastrear los efectos de la censura a los libros bajo la dictadura militar. Ahora es el turno de un volumen de la Biblioteca Nacional, Libros que muerden, de Gabriela Pesclevi, que se enfoca en la literatura infantil y juvenil de la época. Con técnicas de collage, se repasa la historia de cada libro, se reflotan decretos, prohibiciones y quemas, se entrevista a autores y se recogen diversos testimonios de los chicos y adultos de entonces. Un oportuno puente entre la intimidad del acto de leer y los dilemas de la pedagogía y la educación en la esfera pública…

Libros que muerden es la síntesis de un exhaustivo trabajo arqueológico, lúdico y participativo. Las capas que lo componen son –a priori– dispositivos contradictorios que en el conjunto no desentonan. Incluye recuentos y versos de libros, biografías de autores infantiles, ilustraciones, recortes periodísticos, copias de los decretos oficiales, tapas de libros, análisis de obras, fotos de quemas masivas, glosarios, fragmentos de entrevistas hechas de primera mano y comentarios tanto de primeros lectores que hoy son adultos, como de chicos que permanecen en la primaria actual…

Libros que muerden es –sobre todo– un estudio de la censura, entendida como una parte fundamental de la historia de la cultura argentina. La función de la censura es contribuir –con tijera, fuego y sangre– a la creación de un orden nuevo. La última dictadura cívico-militar se propuso instalar valores cristianos, occidentales, con una marcada mirada biologicista sobre la sexualidad, la adolescencia, la juventud y el amor. Entre los –varios– frentes de ataque planteados, sus hacedores consideraron fundamental actuar sobre el ámbito cultural, articulando la desaparición de cuerpos con la supresión sistemática de símbolos, imaginarios, fantasías y tradiciones, …

El filo de la censura cayó tanto sobre prácticas individuales y colectivas (editoriales, bibliotecas, librerías, etc.), como en los lenguajes infantiles y juveniles, que debían ser uniformes, sin regionalismos ni connotaciones sociales. Según Pesclevi “se buscó silenciar distintos proyectos societarios, manifestaciones de la disidencia, expresiones libertarias, formas de emancipación alternativas a prácticas ortodoxas; en definitiva, la penetración ideológica. Había que silenciar a los infiltrados, militantes de organizaciones de base y trabajo barrial, unidades básicas. Había que clausurar la inmoralidad en el lenguaje, la inmoralidad sexual, los cabecitas negras, los jóvenes, los agitadores; los melenudos, los cuerpos deseantes”.

Para sistematizar la censura se crearon espacios para una política de control sobre los libros, dirigidos desde el Ministerio de Educación y desde otros órganos educativos…

… la “Colección Libros que Muerden”. En fila aparecen títulos de Alvaro Yunque, Enrique Medina, Javier Villafañe, Jacques Prévert, José Murillo, Beatriz Dourmerc, Elsa Bornemann, entre otros, muchos otros…

Libros que fueron olvidados, quemados, despojados de su potencialidad de sacudir la infancia de una generación de adultos. Libros que hoy vuelven a circular como preguntas, que están a disposición como juguetes. Libros que irrumpen con el peso de la memoria, que muerden con rabia, que recobran su fuerza al encontrarse con la parte que los completa, es decir los –nuevos y viejos nuevos– lectores.”

Por Damián Huergo

La nota completa en: Pagina12/Suplementos

Autor: AcuarelaDePalabras

Lecturas entre amigos...

3 comentarios en “Libros prohibidos, libros que muerden”

  1. Vía: Encuentro Nacional de la Palabra

    Canciones prohibidas, regreso con gloria

    “El 24 de marzo, en el marco del Encuentro Nacional de la Palabra, se presentó la lista de las canciones prohibidas por la dictadura, en las versiones de otros artistas. La propuesta fue doblemente atractiva por la elección de las canciones y quienes aceptaron interpretarlas.

    …bajo la superficialidad funcional, una maquinaria oscura se ponía en marcha. En su afán por controlar todo lo que pasaba en el país, los militares tomaron todos los medios de comunicación, canales, radios y diarios, que ahora funcionarían bajo su estricta supervisión. Designaron interventores en todos lados y comenzaron a circular las famosas “listas negras“ de artistas que pasaban a estar prohibidos.

    La relación entre la dictadura y el rock fue áspera. Aunque en otros géneros la cosa fue aun más brava. Folcloristas como Mercedes Sosa, Cesar Isella, Horacio Guarany, Ariel Ramírez fueron prohibidos. En el caso del rock, el flaco Spinetta, Charly García, León Gieco, Litto Nebbia, Miguel Cantilo y Piero encabezaron las listas. El criterio de censura abarcaba un amplio abanico donde se combinaban política, espiritualidad, sexo, amor libre y hasta la prohibición por contener en la letra una palabra inconveniente.

    Las listas de temas prohibidos incluyen clásicos como “Me gusta ese tajo“ de Spinetta, interpretado por Pescado Rabioso, por tener connotaciones sexuales; o “Ayer nomás¨” de Moris y Pipo Lernoud, por su melancólica crítica a la sociedad represora de los sesenta. Algunas prohibiciones son llamativas, como la del tema “La canción de los tontos“ del grupo bailable Katunga, solo por incluir la palabra “tontos“ o “Cara de tramposo, ojos de atorrante“ de Cacho Castaña, por la palabra “atorrante“ que remitía a personajes callejeros que deambulaban por la ciudad en busca de diversión y no de trabajo o estudio.

    Alguna vez se escuchó a Massera teorizando acerca de las perturbaciones que trae a la juventud el ejercicio de la libertad. En su preciso Rock y Dictadura, Sergio Pujol rescata un encendido discurso del almirante Cero: “El estremecimiento de la fe terrorista, derivación previsible de una escalada sensorial de nítido itinerario (…) continúa con el amor promiscuo, se prolonga en las drogas alucinógenas y en la ruptura de los últimos lazos con la realidad objetiva, común y desemboca al fin en la muerte, la ajena o en la propia, poco importa ya que la destrucción estará justificada por la redención social”.

    El estado de sitio imperante en el país cambio por completo la forma de vivir de las personas. La sola idea de agrupaciones de gente era un delito. Los músicos dejaron de tocar en vivo en los pueblos y ciudades chicas (no se podían realizar recitales a excepción de teatros céntricos) y los temas de los principales artistas dejaron de sonar en las radios. Como si fuera poco, a muchos de estos artistas los empezaron a perseguir y a hostigar para que dejen por completo la actividad y se dediquen a otra cosa.

    En muchos casos esa persecución derivó en el exilio, en otros casos como el de Charly García o Spinetta, la presión externa se tradujo en un repertorio donde los autores mediante sofisticados giros poéticos trataban de decir las cosas sin que los censores lo comprendieran.

    El disco “El fantasma de Canterville“ de León Gieco, editado justamente en 1976, fue censurado y el autor tuvo que cambiarle la letra a seis canciones y borrar del disco otras tres. Poco tiempo después Gieco se radicó en Los Ángeles, destino que atrajo a otros amigos como Gustavo Santaolalla, Aníbal Kerpel, Edelmiro Molinari y la cantante Gabriela, por mencionar algunos.

    Litto Nebbia , por su parte, dejó el país rumbo a México, con su compañera, la cantante y poeta Mirta Defilpo, donde compuso el clásico “Solo se trata de vivir”.

    La guerra de Malvinas en 1982, resultó un aventón inesperado para el alicaído rock argentino. La prohibición impuesta a los medios de reproducir música cantada en inglés derivó en el renacer del rock argentino. De un día para otro, todos los perseguidos empezaron a sonar en las radios. Se organizaron grandes festivales patrióticos solidarios y la mayoría de los artistas retornaron al país.

    El cantautor Cesar Isella, cuyo cancionero estuvo prohibido, regresó en 1983. Con él también viajó su pequeño hijo Fernando, que poco tiempo después se destacaría como músico y productor discográfico de talentos como Soledad Pastoruti, entre otros.

    “Cara de tramposo, ojos de atorrante” de Cacho Castaña, interpretada por Leo García; “Ayer Nomás“ de Moris y Pipo Lernoud, interpretada por Pablo Dacal y Pipo Lernoud; “Bésame amor” de John Lennon y Yoko Ono, por el grupo femenino Las Taradas; “La mujer que yo quiero”, de Serrat, por Lucio Mantel; “Te recuerdo Amanda”, de Victor Jara, por Gabo Ferro; “Adagio a mi país” de Alfredo Zitarrosa en la versión de Tonolec.

    Estas y otras tantas emocionantes versiones fueron parte de un concierto notable en Tecnopolis.”

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s