Kenzaburo Oé, Cuadernos de Hiroshima

Agosto 6 y 9, 1945. Bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki.

La conjura del silencio
Kenzaburo Oé, Premio Nobel de Literatura en 1994.

Kenzaburo-OeEn el libro de Oé se cruzan un par de veces las palabras Auschwitz e Hiroshima, dos símbolos de los horrores del siglo XX, pero que han tenido una lectura desigual. Esa diferente percepción tiene que ver con el hecho de que los agentes del genocidio judío fueron los malos (nazis), y los de la barbarie en Japón, los buenos (americanos) que además ganaron.

Oé disuelve ese mito al llevarnos de la mano por las ruinas de la ciudad y presentarnos una galería de personajes inolvidables. Aquella masacre fue, efectivamente, “absurda y horrenda”. Desde ese descubrimiento lanza su proclama moral, a saber, que las armas nucleares son siempre injustificables como injustificable son las centrales nucleares para fines industriales. Esa es la voz que viene de Hiroshima, una voz peligrosa porque la pronuncian herederos contemporáneos heridos por las enfermedades contraídas por los abuelos.

Esa es la gran diferencia con Auschwitz. Las víctimas del lager se disolvieron en humo y ya no están; las de Hiroshima siguen estando físicamente, por eso el silencio ha sido tan implacable con ellas.

Oé volvió a hablar de Hiroshima cuando el tsunami … puso a Japón al borde de la catástrofe nuclear. La naturaleza se encargó de demostrar la actualidad de la historia que aquí se cuenta.

Cuadernos de Hiroshima. Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés. Anagrama. Barcelona, 2011.

(via Tijerazos, El Arca Digital)

Tags: ,
Anuncios

2 Comments »

  1. 1
    Mariela Says:

    09 de Agosto – Se produce el bombardeo atómico sobre Nagasaki

    “Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques nucleares ordenados por Harry Truman, Presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio de Japón. Los ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, y pusieron el punto final a la Segunda Guerra Mundial. Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki. Hasta la fecha estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.

    Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 140.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki, aunque sólo la mitad había fallecido los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20% murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación. Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas. En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.

    Seis días después de la detonación sobre Nagasaki, el 15 de agosto, Japón anunció su rendición incondicional frente a los «Aliados», haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón concluyó la Guerra del Pacífico y por tanto, la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencias de la derrota, Japón fue ocupado por fuerzas aliadas lideradas por los Estados Unidos —con contribuciones de Australia, la India británica, el Reino Unido y Nueva Zelanda— y adoptó los «Tres principios antinucleares», que le prohibían poseer, fabricar e introducir armamento nuclear.”

  2. 2
    Lucera MRL Says:

    (vía plumapicante.wordpress.com)

    “Y es que Hiroshima más que una historia, es una experiencia. ……………………………………

    Hiroshima habla de la sombra de una ciudad, porque eso y un poco más fue lo que quedó después de que Little Boy, que ardió a 6000 grados, explotara en el centro de Hiroshima. “Seis kilómetros cuadrados de cicatriz entre rojiza y marrón donde casi todo había sido quemado o destruido: línea tras línea de manzanas destruidas con crudos letreros puestos aquí y allá, sobre pilas de ladrillo y cenizas («Hermana, ¿dónde estás?», o «Todos a salvo y viviendo en Toyosaka»); árboles desnudos y postes de teléfono inclinados; escasos edificios, de pie pero destripados”.

    En este escenario, la sombra de seis personajes oscilan y parpadean, a ratos a punto de extinguirse. Entre decenas de miles que no lo lograron, ellos sobrevivieron. Pequeños giros de suerte o voluntad —un paso dado a tiempo, la decisión de entrar o salir, haber tomado un tranvía en vez de otro—, salvaron su vida.

    En una ciudad con 200.000 heridos y muertos, un padre alemán, un reverendo japonés, una modista, un doctor, un cirujano y la empleada de una fábrica, tratan de sobrevivir mientras presencian la agonía de sus compatriotas. “Los heridos guardaban silencio; nadie lloraba, mucho menos gritaban de dolor; nadie se quejaba; de los muchos que murieron, ninguno murió ruidosamente”, (…) “la bomba parecía casi un desastre natural: un desastre que era simplemente consecuencia de la mala suerte, parte del destino”.

    John Hersey escribe a blanco y negro, pero no porque falten detalles, sino porque no hay adornos, ni eufemismos, simplemente deja que la historia hable por sí misma, como él siempre dijo. Esta historia parece contada —más que por la voz de un narrador—, por la voz de la realidad. El narrador se hace invisible a tal punto que Truman Capote llegó a calificarlo como mecanógrafo: alguien que tan solo pasaba datos, que describía, que no descubría nada.

    No obstante, “el estilo plano fue deliberado —escribió Hersey 40 años después de la publicación de Hiroshima—, y todavía pienso que fue correcto adoptar ese estilo. Una forma literaria demasiado pretenciosa o una muestra de pasión me habrían introducido en la historia como un mediador, (…) quería eludir aquella mediación”.

    Hiroshima, que fue leída en radio y que ocupó el número completo de The New Yorker el día que fue publicado, no es una crónica roja. Porque a pesar de las escenas, que son muy gráficas, no hay nada de más ni de menos. No se analiza ni se critica —en un acto sorprendente de objetividad— las razones —tal vez porque no las hay— para asesinar deliberadamente 100.000 personas. No es una reflexión, ni tampoco un ensayo, porque el autor no existe. Sobre todo —a pesar de que lo parezca—, no es ficción.

    Y es que Hiroshima más que una historia, es una experiencia. Hiroshima —tal como cayó la bomba—, cae sin ser notado en la mente del lector. Como Little Boy, lo peor no viene con el impacto, sino con las secuelas.

    Desde 1964, Hiroshima mantiene prendida la Llama de la Paz, con la promesa de apagarla el día en que el mundo se vea libre de las armas nucleares.”

    Por: Krieger (Colombia)
    plumapicante.wordpress.com


RSS Feed for this entry

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: