Longevos? Ancianos? Abuelos? Viejos? Mayores?

Octubre 1, Día Internacional de la Tercera Edad.
Agosto 28, Día Nacional de los Derechos de la ancianidad – Establecido por Eva Perón.
Junio 15, Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez.

“Los Abuelos. Por Eva Giberti.

Cuando es necesario aludir o mencionar a gente de la tercera edad, los viejos y las viejas, una singular tendencia determina que tanto en los medios de comunicación como en expresiones barriales sean denominados “abuelos”. Si se trata de un accidente, un automóvil atropelló a una abuela y si se describe un asalto “los abuelos fueron maniatados…” Pero sucede que estos “abuelos” jamás lo fueron: no existen tales nietos y en oportunidades, tampoco hijos. No obstante, cualquier comentario del diario vivir nos introduce al dulce nombre de abuelo como identidad asignada.

La abuelidad adquirió su vigencia merced a Perrault que diseñó una abuela solitaria, viviendo en una casita dentro de un bosque umbrío (por eso tenía las ventanas abiertas), y a merced de un lobo, animal que reiteradamente Animal Planet se empeña en mostrarnos con perfiles perrunos y convivenciales. En el cuento para niños ella es deglutida por la bestia (que recordemos no la mastica porque cuando, al final, el cazador abre la panza del cuadrúpedo la rescata entera y sin digerir –en la versión de los hermanos Grimm–). Es una abuela que atravesó los avatares de quien es tragado para luego exponerse a un rescate por el coraje de un cazador que, escopeta al hombro y cuchillo de carnicero para abrir panzas mediante, salvará la vida de la niña y de la abuela.

¿La abuela sabría que su nietecita la visitaría? Esa es una pregunta que suelen hacerse las abuelas a menudo, pensando en hijos y nietos. Las abuelas de verdad, porque las otras y los otros llamados abuelos sin serlo saben que no habrá ni hijos ni nietos, aunque la sonrisa almibarada de algunas sociedades los bautiza con la prepotencia semántica de quien se siente dueño del idioma.

“Pero Eva… Esa crítica es una exageración… Se los llama de ese modo porque es cariñoso, para hacerlos sentir acompañados, considerados… ¿qué importa si son abuelos de verdad?

Por cierto, la verdad no es lo que más interesa ni averiguar cómo les resulta escuchar que se los llama “abuelos” a quienes no lo son. Identidad impuesta que al mismo tiempo crea una esencia, la abuelidad, en tiempos en los que las esencias se diluyen y las identidades se modifican de acuerdo a la voluntad de quien las transporta según los ritmos propios de la Modernidad tardía.

Identidad que en este caso excluye a los otros, a los viejos y viejas que no son abuelos, para colocarles en el oído la sonoridad de aquello que no les pertenece. Como toda identidad fulgurante (ésta es una de ellas por el modo y la oportunidad en la que se la utiliza) sirve para excluir a los otros, a los que no tuvieron ni tienen los nietos que la identidad impone.

Se adjudica y asigna esta abuelidad para dejar sentado que esos sujetos alguna vez han engendrado, han sido productivos; si se los menciona como ancianos, alguien puede darse cuenta de que no son sujetos que el mercado considere valiosos en cuanto a su capacidad productiva.

Otra historia y otro cantar con los viejos sabios de la tribu que aconsejaban a las nuevas generaciones sentados alrededor del fuego doméstico y que se consideraban modelos o ejemplos respetables; menos aun con el viejo Vizcacha, personaje poético y decidor de verdades: ahora es distinto. Tan distinto que resulta necesario –para todos los de la tercera edad– crearles una identidad “cariñosa” de modo que no aparezcan como sujetos solitarios, que apenas pueden caminar para salir de compras, que titubean con sus recuerdos o lo que es peor los usan para compararlos con la vida actual. ¿Ir de compras? Este es otro capítulo porque, como a la abuela de Caperucita, hay que surtirlos porque podrían perderse en el bosque (hoy en las avenidas) buscando el camino del supermercado.

Con cierta frecuencia la comunidad semantiza haciendo trampas, cuando algo inquieta su “buena conciencia”; por eso siempre la prostitución es “infantil” en lugar de hablar de niñas victimizadas por los adultos, el abuso sexual contra los niños también es caracterizado como infantil para disimular el delito parental y también los padres adoptantes, no son noble y sinceramente adoptantes, sino “padres del corazón”. La cuestión de fondo reside en enmascarar aquello que los hechos transparentan y empinan cuando quedan a la vista. Entonces se otorgan identidades que se organizan en cartografías que provean seguridad a quien se puede sentir sacudido por las palabras que aportan certezas quizás insoportables.

Las identidades, cada vez más cambiantes, avanzan en su movilidad a pesar de los intentos de buscar identidades fijas: “abuelo” es identidad fija desde tiempos bíblicos y ha sido elegida como garantía de permanencia.

Todavía sucede de este modo en épocas en las que la juventud, endiosada, constituye el paradigma de todas las esperanzas pero arrasa con la esperanza de aquellos que no esperan ver crecer a sus nietos. Pero a ellos también los bautizan mediante el rito de la palabra que pretende dulcificar aquello que el cuento había resuelto: el lobo se comió a la abuela pero se disfrazó de abuela para confundir a la niña. La tesis es impecable: hay que disfrazarse de abuela para esconder los hechos. Entonces llamemos “Abuelos” a todas esas personas que son ancianos, viejos, personas “mayores”, gente de la tercera edad.

Existen personas solteras, viudas, pero ¿cuál es el estatuto de quien es gente de la tercera edad y no tiene nietos? Parecería que el problema mayor reside en exceder los sesenta años ya que según la directora gerente del FMI, Cristina Lagarde, se corre el “riesgo de que la gente viva más de lo esperado” o sea “el “riesgo de la longevidad” sobre las finanzas públicas (abril 2012). Como sabemos, cuando se vive más de lo esperado el Estado debe comprometer los fondos públicos (!?) para jubilarlos… lo cual significa un alto costo nacional(!?).

Entonces, para ser cariñosos, por lo menos, concedámosles el título de Abuelos a todos, con o sin nietos, sin diferencias odiosas, sin advertir que la abuela vivía sola en una casita dentro de un bosque umbrío, con las ventanas abiertas y la puerta sin cerrojo, esperando que le llevasen algo para comer, enferma en la cama y a merced de un animal hambriento. Nunca sabremos si el lobo se la comió con el camisón y la cofia –según los dibujos que ilustran el cuento– o si la desvistió primero, para preservar la ropa del posterior disfraz. Pero que el disfraz del lobo, así como su diálogo con Caperucita intentando hacerse pasar por una abuela, constituyen una clave del cuento, no caben dudas.

De eso se trata: hacerse pasar por abuela/abuelo mediante el disfraz que la palabra “abuelo” aporta. Pero dejémoslo claro: así puede suceder cuando se llega a viejo, o sea, cuando se vive más de lo esperable.”

Leído en:  diario Página 12, Los abuelos, http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-297350-2016-04-20.html

6 Comments »

  1. 1

    “Personas de la tercera edad que no tienen nietos”… eso me suena muy familiar. Supe ser nieto postizo de varias personas así, maravillosas todas ellas. Siempre las recuerdo y extraño: mis tíos abuelos Leonor, Alfredo y Celia; las vecinas de barrio Graciana y Orfelia. ¡Larga vida a aquel viejo y querido Punta Carretas en donde vivimos aquellos años dorados!

    • 2

      Y me olvidaba de decir que mi tía Celia viajaba seguido a Buenos Aires, en aquel Vapor de la Carrera, y siempre me traía cosas lindas de allá; como mi primer paragüitas infantil, comprado en Gath & Chaves.

    • Gracias por compartir tus vivencias relacionadas con este tema! Yo también he conocido personas mayores que nunca se han casado o que no han tenido hijos o nietos… pero que han sabido ser abuelas y abuelos “postizos” maravillosos. Saludos!

    • Gracias por compartir tus vivencias relacionadas con este tema! Yo también he conocido personas mayores que nunca se han casado o que no han tenido hijos o nietos… pero que han sabido ser abuelas y abuelos “postizos” maravillosos. Saludos!

  2. Junio 15: Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez

    …busca reflexionar sobre la realidad que viven las personas adultas mayores en la sociedad y el camino para lograr un trato digno y respeto a su individualidad.

    ¡Busquemos juntos una sociedad más equitativa para todos!

    Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH):

    «Todos los seres humanos nacen con unos derechos iguales
    e inalienables y tienen derecho a envejecer con dignidad, gozando
    del respeto de sus familias y comunidades, y libres del abandono,
    el abuso y la violencia.»

    Ban Ki-moon
    Secretario General de Naciones Unidas
    2014

    La Asamblea General de las Naciones Unidas, en su resolución 66/127, designó el 15 de junio como Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez. Esta conmemoración representa el día del año, en el que todo el mundo expresa su oposición a los abusos y los sufrimientos infligidos a algunas de nuestras generaciones mayores.[1]

    La Declaración de Toronto define el concepto de abuso o maltrato de las personas que por razón de su edad se encuentran en situación de vulnerabilidad como la: “Acción única o repetida, o la falta de la respuesta apropiada, que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza y la cual produzca daño o angustia a una persona anciana.” [2] Esta definición subraya un hecho característico que lo diferencia de otro tipo de delitos: que quien lo perpetúa ocupa una posición de confianza en relación a la víctima.

    En el mundo hay personas de edad que sufren abuso psicológico, sexual, financiero y/o físico. La Organización de Naciones Unidas (ONU), estima que entre el 4% y el 5% de las personas de 60 años o más en el mundo, han sufrido alguna forma de abuso y maltrato, problema social de dimensiones mundiales que aumentará en razón del crecimiento de la población de adultos mayores.[3]

    Este abuso o maltrato puede tomar varias formas: físico, psicológico, emocional, sexual, financiero. También puede reflejar negligencia intencionada o no intencionada que vulnera la integridad física, psíquica, sexual y económica, el principio de autonomía, o algún derecho fundamental que sea percibido por la persona o constatable objetivamente, con independencia del medio donde ocurra (familiar, comunidad, instituciones, etc.).[4]

    La vulnerabilidad de las personas de la tercera edad se vincula con frecuencia a afecciones y enfermedades físicas y/o mentales, y a una creciente fragilidad física y mental debido a que el envejecimiento implica una mayor susceptibilidad y menor capacidad de respuesta a las agresiones externas. [5]

    Cabe mencionar, que los cambios demográficos de la población mundial han hecho necesario repensar el concepto de vejez, dirigiendo la mirada a los desafíos que plantea una sociedad envejecida. Esto supone realizar inversiones educativas, culturales, económicas, socio-sanitarias, legales pero sobre todo políticas para este grupo etario.

    Lo anterior, pone de manifiesto un nuevo paradigma, que enfatiza los derechos de las personas mayores, superando la visión simplificada de que vejez es igual a pérdida, que predominaba hasta hace poco.[6]

    La Comisión Nacional de los Derechos Humanos lleva a cabo de forma permanente la Campaña Nacional de Promoción y Difusión de los Derechos Humanos de las Personas Adultas Mayores; la cual tiene como objetivo promover y difundir entre la población de más de 60 años el conocimiento de los Derechos Humanos de las Personas Adultas Mayores. De esta manera favorece el respeto y ejercicio de sus derechos, a nivel federal, estatal y municipal y; pretende generar una cultura de conocimiento y reconocimiento de los derechos fundamentales de estas personas al hacer visible la importancia de este grupo social.[7]

    Además, este Organismo nacional desarrolla el eje temático: Derechos Humanos y Envejecimiento Exitoso, el cual promueve e informa a la sociedad sobre el conocimiento del hecho social del envejecimiento de la población, así como la participación y corresponsabilidad de la misma en el desarrollo del proyecto de vida del envejecimiento exitoso.[8]

    Referencias en: http://www.cndh.org.mx/node/914885


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