Poema a la madre. Julie Sopetrán

Una palabra digo, la más dulce,
la más virgen, la más sabrosa y táctil
la que nunca envejece, la que aviva,
la que alumbra las cumbres y los valles,
las sombras y las noches y los mares.
La palabra que encera los espacios
y es candela de ricos y de pobres
y es ventana de azules y de tierras,
cerradura de sueños y enrejado
de flores, cual suspiros cultivados.

Una palabra digo, que es el Arte
El Norte el Sur, la dicha, lo presente,
la confluencia, el centro, lo cercano,
la grandeza, la anchura, los perfiles…
las espigas, los surcos, los renglones,
el camino, los puentes, la belleza.
Las haces de la unión y los montones
de nudos, y de enredos y de cuerdas
ataduras de una sola palabra
que lleva hilo de oro entre cadenas.
Palabra que es artesa, odre y estuche
taza y sagrario, baúl y laberinto
bandeja y tiempo y ritmo en permanencia.
La medida, la intensidad, lo exacto
lo oportuno, lo grave, lo concreto
es la palabra que se salva siempre:
bondad, caricia, alabanza, ingenio…
La persuasión sagrada que convence
la esclavitud divina en lo rebelde.
Y es sólo una palabra, un solo acierto
beso envuelto en fragancia, transparencia
seguridad, oficio, gran consuelo.
Es palabra de paz hecha plegaria
Es palabra de un dios que no se queja
nuestra primera y última palabra
la que lo sabe todo desde siempre
la que adivina todo y se lo calla.
Es el grial que eleva la andadura
¿elixir celestial? Relámpago en la noche
rayo que hiere y cura, melodía…
o flor que se abre
se abre
al viento entre cadencias…
y arde
arde en volcán de abismos y fragancias
quemando el dulce sueño de la vida:
y esa palabra que os digo
es: ¡MADRE!

©Julie Sopetrán (De mi libro: Madre América)
http://eltiempohabitado.wordpress.com/2014/05/04/mi-sola-palabra-2/

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5 Comments »

  1. Una gran poeta. Una gran persona. Conocer a Julie y su obra es una de las mejores cosas que me han pasado gracias al blog.

  2. 5
    Mariela MRl Says:

    Poesía el caballo Blanco – León Felipe

    Madre… no me riñas,
    que ya nunca vuelvo a ser malo…
    No me riñas, madre…
    que ya no vuelvo a llenarme de barro.
    Madre… no me riñas,
    que ya no vuelvo a manchar mi vestido blanco.

    Madre
    cógeme en tus brazos…
    acaríciame,
    ponme en tu regazo…
    Anda… Madre mía,
    que ya nunca vuelvo a ser malo.

    Así…
    Y arrúllame y cántame… y bésame…
    duérmeme… apriétame en tu pecho
    con la dulce caricia de tus manos…
    anda… madre mía
    que ya no vuelvo a llenarme de barro.

    Madre
    ¿verdad que si ya no soy malo
    me vas a comprar
    un caballo blanco
    y muy grande,
    como el de Santiago,
    y con alas de pluma,
    un caballo que corra y que vuele
    y me lleve muy lejos… muy alto… muy alto…

    donde nunca pueda
    mancharme de barro
    mi vestido nuevo,
    mi vestido blanco?…

    ¡Oh, sí madre mía…
    cómprame un caballo
    grande
    como el de Santiago
    y con alas de pluma…
    un caballo blanco
    que corra y que vuele
    y me lleve muy lejos… muy alto… muy alto…
    que yo no quiero otra vez en la tierra
    volver a mancharme de barro

    LEON FELIPE


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