Creencias religiosas

Leyendo El canto del pájaro*…

EL DIABLO Y SU AMIGO

“En cierta ocasión salió el diablo a pasear con un amigo. De pronto vieron ante ellos a un hombre que estaba inclinado sobre el suelo tratando de recoger algo.

«¿Qué busca ese hombre?», le preguntó al diablo su amigo.

«Un trozo de Verdad», respondió el diablo.

«¿Y eso no te inquieta?», volvió a preguntar el amigo.

«Ni lo más mínimo», respondió el diablo. «Le permitiré que haga de ello una creencia religiosa».

#Una creencia religiosa es como un poste indicador que señala el camino hacia la Verdad. Pero las personas que se obstinan en adherirse al indicador se ven impedidas de avanzar hacia la Verdad, porque tienen la falsa sensación de que va la poseen.”

*Anthony De Mello

Archivo blog Acuarela de Palabras/2007

Creencias rígidas

Leyendo El Canto del Pájaro*…

HUESOS PARA PROBAR NUESTRA FE

“Un intelectual cristiano que consideraba que la Biblia es literalmente verdadera hasta en sus menores detalles, fue abordado en cierta ocasión por un colega que le dijo: «Según la Biblia, la tierra fue creada hace cinco mil años aproximadamente. Pero se han descubierto huesos que demuestran que la vida ha existido en este planeta durante centenares de miles de años».

La respuesta no se hizo esperar: «Cuando Dios creó la tierra, hace cinco mil años, puso a propósito esos huesos en la tierra para comprobar si daríamos más crédito a las afirmaciones de los científicos que a su sagrada Palabra».

#Una prueba más de que las creencias rígidas conducen a distorsionar la realidad.

*Anthony De Mello

Archivo blog Acuarela de Palabras/2007

Historia de la infancia

Por aquí fue el Día del Niño

por Teoría de la historia

«Ser niño en una sociedad occidental del siglo XX es gozar de un destino privilegiado, que a veces no calibramos debidamente. Es tener una garantía casi total de sobrevivir, de ser suficientemente alimentado, de no ser maltratado. Garantía inexistente en otras épocas históricas: si usted hubiera nacido en el siglo V, hubiera podido estar casi seguro de ser asesinado, abandonado o vendido por sus padres; si se hubiera criado en un monasterio de la Edad Media, le habrían pegado día y noche; si sus padres hubieran sido parisinos del XVIII, hubiera probablemente muerto sin verlos, en algún pueblo alejado, a manos de una nodriza exhausta, demasiado ocupada para prestarle atención.

Las dificultades de nuestra vida cotidiana han suscitado una tendencia romántica de idealización del pasado, en el que, supuestamente, la humanidad se hallaba más cerca de la naturaleza y de la naturalidad. Es evidente, sin embargo, que esta idealización se sustenta en un desconocimiento total de las formas de la vida social vigentes en otros siglos, y creo que debemos felicitarnos de que las ciencias sociales estén realizando una tarea de reconstrucción de estas formas, que nos permita restablecer la evolución real de la vida social.

Hay que recuperar este contenido perdido, francamente tenebroso, de la historia de la cotidianidad para juzgar con cierta equidad nuestro tiempo, y darnos cuenta del desastre individual y colectivo que supondría toda vuelta a las formas sociales del pasado.

El libro de Lloyd deMause se inscribe en esta línea de reconstrucción de una historia mal documentada. Los análisis sobre las relaciones entre padres e hijos y entre adultos y jóvenes han tenido ya cierta difusión, sobre todo a partir de la obra de Philippe Ariès, cuyas contundentes tesis han suscitado abundante polémica. A la luz de los trabajos posteriores, hay que admitir una cierta precipitación en las conclusiones de Ariès: la reconstrucción histórica de este tema es aún demasiado incipiente para que sea posible formular juicios rotundos sobre él.

Esta historia de la infancia que … se publica en español -y cuya edición americana está fechada en 1974- consta de una serie de monografías en las que se emprende la tarea de reconstrucción sistemática de los usos y costumbres que han presidido el nacimiento, la lactancia y la primera educación en distintas zonas y épocas, desde fines del período romano hasta la Europa del siglo XIX. Tarea difícil, puesto que hay que rastrear tales usos en obras literarias, memorias, ilustraciones, estelas funerarias, fábulas, es decir, en cualquier material cultural que, por azar, haya conservado la referencia a lo cotidiano, considerado demasiado obvio e intrascendente para ser digno de atención.

El resultado es un relato aún fragmentario, pero sumamente prometedor; para las épocas más recientes va surgiendo ya la osatura de las relaciones sociales, mientras que para las más antiguas emergen únicamente informaciones desligadas, signos de un paisaje aún por conocer. Menos convincente que tales monografías es el ensayo teórico que las precede, en el que se intenta una teorización de la evolución de la infancia. Como señalaba en relación a Ariès, esta teorización es aún prematura: los mismos materiales históricos presentados tienden a mostrar que sería falsa una lectura lineal, demasiado transparente, de la historia de la infancia. Habrá que acumular muchos materiales empíricos antes de poder lanzarse a esta síntesis con ciertas garantías de éxito.

Más allá de las limitaciones señaladas, sin embargo, esta historia de la infancia es un documento impresionante, una extraordinaria fuente de reflexión sobre las contradictorias relaciones entre naturaleza y sociedad, sobre la evolución de los valores y de las formas de la sensibilidad. La negación del cuerpo, y del cuerpo del niño, en concreto, ha sido constante a través de una serie de épocas aparentemente menos artificiales que la nuestra. El amor paterno y materno, que solemos considerar como un hecho natural e instintivo, se revela, como había ya señalado Élisabeth Badinter, como un sentimiento incierto y frágil, un auténtico lujo de ciertas sociedades. La indiferencia ante la muerte del niño ha sido la actitud más frecuente en el pasado, etcétera. He aquí pues un documento impresionante y francamente útil para hacer saltar una visión sentimental y demagógica de la historia de la humanidad.»

[Marina SUBIRATS. “Un tenebroso continente perdido”, in La Vanguardia (Barcelona), 15 de julio de 1982, p. 39]

Leído en: Blog TEORÍA DE LA HISTORIA – PROF. ANDRÉS G. FREIJOMIL

http://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2015/10/25/historia-de-la-infancia-1974/

Pensando. Emilce Muñoz

Leyendo poemas

Cuando sola y triste mi alma se siente
Mirando el vacio, tratando de hallar,
Algo que distraiga la mente aturdida
Con esos recuerdos que no se van más.

Que deseos locos de vagar sin rumbo
Agolpan mi sangre, y siento estallar!
Y quiero ser luna, y quiero ser viento
Siempre fugitiva, sin parar jamas

Se cruzan palomas, las quiero imitar
Quisiera seguirlas, con ellas volar.
No importa hacia donde ni a que lugar
Volar simplemente, sin parar jamás.

Entonces me hundo en falsas quimeras
Y es un dulce ensueño lo que era pensar,
Y siento ser barca, que no busca a nadie
Que va muy ligero sin parar jamás.

Y de pronto, mi ensueño fantasioso
Se diluye, y no sabe continuar,
Y me encuentro muy sola, divagando,
Mirando el vacío y… nada más.

Emilce Muñoz, argentina.  
Leído en el blog de la poeta:
http://emilcemunioz.blogspot.com/2017/08/pensando-naderias-sueltos_18.html

Más versos de la autora:   Arrebato   Caparazón   El Amor   Dolor

Momento de decisión: Regla 40-70

Acerca del momento adecuado

«… si el líder cree que tiene menos del 40% de probabilidades de tomar la decisión correcta con la cantidad de información con la que cuenta en un momento dado, debe seguir buscando más información.

Pero ¿cuánta más información debe buscar?

Si un líder militar decidiera esperar hasta contar con suficiente información para asegurarse un grado mayor al 70% de seguridad de poder tomar la decisión correcta, normalmente tomará una decisión equivocada, ya que esa decisión habrá sido tomada demasiado tarde y las condiciones del «campo de batalla» ya habrán cambiado.

Lo mismo se aplica a las decisiones de negocios. Cuando un líder insiste en estudiar un problema hasta contar con la suficiente información para estar «absolutamente seguro de poder tomar la decisión correcta», está aumentando la probabilidad de tomar una mala decisión. La decisión puede no ser mala en términos intelectuales, pero sí en cuanto a su aplicación práctica en un contexto competitivo de negocios. …

Asimismo, la espera por encontrar «el momento» adecuado para la toma de la decisión correcta, puede hacernos perder una efímera y maravillosa oportunidad que ofrece el mercado, y que terminará siendo aprovechada por algún competidor más rápido que nosotros.

Entonces, ¿cuál es la solución?

(Collin) Powell sugiere que cuando la información se encuentra en el rango de 40% a 70% usted debe seguir lo que dictan sus tripas. Por supuesto que usted necesita datos precisos. Por supuesto que usted necesita planear meticulosamente todos sus posibles movimientos y a la vez chequear sus implicaciones. Por supuesto que usted necesita hacer un análisis racional.

Usted necesita hacer TODO ESO HASTA el punto en el que considera que ya cuenta con una probabilidad de entre 40% a 70% de tomar una buena decisión. En ese punto usted debe YA tomar una decisión basada en sus instintos, apoyada en su experiencia profesional y conocimiento del mercado.

Obviamente, la regla 40/70 no aplica en el trabajo de personas cuyas actividades requieran de una precisión lo más cercana posible al 100%:  auditores, científicos, ingenieros, neurocirujanos…»

Leído en:  el Boletín de «Ganar Opciones«, y es del libro de Oren Harari «Regla 40-70 de Colin Powell»

 

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