Sobre percibir la agresión en uno mismo. Krishnamurti

¿Es posible percibir la agresión?

¿Es posible percibir la agresión? No me refiero al recuerdo o a sus implicaciones, lo cual es un análisis constante, llegar a una conclusión y actuar en base a esa conclusión; eso no es percepción. Pero si tiene una percepción inmediata de ello, entonces rompe con todo el patrón de la agresión.

Así pues, ¿qué hará respecto a la forma en que vive: las continuas reuniones, las conversaciones con filósofos y con los últimos psicólogos? Uno nunca dice, “mire, soy así, déjeme descubrir por qué. ¿Por qué tiene uno heridas, moratones psicológicos? ¿Por qué vive uno con ellos?”

J. Krishnamurti, Krishnamurti Foundation Trust, Boletín 40.

Las siete leyes espirituales del éxito

… que prescribe el Doctor Deepak Chopra son:

La Ley de Potencialidad Pura

7leyeschopra

La Ley de Dar

La Ley del Karma

La Ley del Menor Esfuerzo

La Ley de la Intención y el Deseo

La Ley del Desapego y

La Ley del Dharma

“La Ley de Potencialidad Pura

Comenzaré mi día con esta declaración, “Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra”; y a través del día me recordaré del no juzgar.

La Ley de Dar

Hoy recibiré con agradecimiento todos los regalos que la vida tiene para ofrecerme. A dondequiera que vaya, y a quienquiera que encuentre, le daré un regalo.

La Ley del “KARMA” o Causa y Efecto

Hoy seré testigo de las decisiones que tome a cada momento.

Siempre que tome mis decisiones, me preguntaré dos cosas: “¿Cuáles son las consecuencias de esta decisión que estoy tomando?” y también si “¿Esta decisión traerá felicidad y satisfacción para mí y para aquéllos a los que les afecte esta decisión?”

La Ley del Menor Esfuerzo

“Este momento es como debe ser.” Habiendo aceptado las cosas como son, tomaré responsabilidad por mi situación y por todos aquellos eventos que yo perciba como problemas. Hoy mi conciencia se mantendrá establecida en la no defensa. Renunciaré a la necesidad de defender mi punto de vista.

La Ley de Intención y Deseo

Haré una lista de mis deseos. Llevaré esta lista conmigo a dondequiera que vaya. Leeré esta lista antes de hacer meditación y de entrar en silencio. La leeré cuando me despierte por las mañanas.

Liberaré esta lista de mis deseos y me rendiré al seno de la creación, creyendo que cuando las cosas no son como yo quisiera, hay una razón, y que el plan cósmico ha diseñado para mí más grandeza que aquélla que yo haya podido concebir.

La Ley del Desapego

Hoy, me comprometeré a no tener apego. Me permitiré y permitiré a aquellos alrededor mío la libertad de ser como son. No impondré con rigidez mi idea de cómo deben ser las cosas. No forzaré soluciones a los problemas, para no crear más problemas. Participaré en todo con total desapego. Hoy incluiré lo incierto como uno de los ingredientes esenciales de mi experiencia… Me sentiré más seguro entre más inciertas parezcan las cosas, porque lo incierto es mi camino hacia la libertad.

La Ley del “Dharma” o Propósito en la Vida

Haré una lista de mis talentos únicos. Luego haré una lista de todas las cosas que me gusta hacer mientras expreso mis talentos únicos. Cuando expreso mis talentos únicos y los utilizo para servir a la humanidad, pierdo el sentido del tiempo y creo abundancia en mi vida como en la vida de los demás. A diario preguntaré: “¿Cómo puedo servir?” y “¿Cómo puedo ayudar?” La respuesta a estas preguntas me permitirán ayudar y servir a mi prójimo con amor…”

Leído en: angelfire (Resumen preparado por Maridela, 1998©)
Texto ampliado en: elmistico/deepak_chopra

(Archivo blog Acuarela de Palabras/2011)

Las cuatro leyes de la espiritualidad

El siguiente texto puede leerse en varios sitios web.  Asimismo, he notado que según el credo hay variantes.  Aún no pude saber cuál es el “original” -si lo hubiere– o quién fue el primer autor en titularlo de esta manera -posiblemente los dos mencionados a continuación.

Al margen de este asunto de la “fuente”, las siguientes “leyes espirituales” me gustan como punto de partida para reflexionar…

Versión Sai Baba:

“La primera ley espiritual dice:

“La persona que llega es la persona correcta”,

es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

Saibaba

La segunda dice:

“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”.

Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: “si hubiera hecho tal cosa… hubiera sucedido tal otra…”. No.

Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice:

“En cualquier momento que comience es el momento correcto”.

Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última:

“Cuando algo termina, termina”.

Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. …”

Leído en: Sendero Espiritual

Versiones cristianas de “Las cuatro leyes espirituales”:  (en ellas se mira la vida como plan de dios, y todo pasa por el hombre conceptualizado como pecador y salvado por su fe en el cristo).

Primera Ley

Dios te AMA, y tiene un PLAN MARAVILLOSO para tu vida.

El amor de Dios

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

El propósito de Dios

(Cristo afirma) “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Una vida completa y con propósito). (Juan 10:10)

Segunda Ley

El hombre es PECADOR y esta SEPARADO de Dios; por lo tanto no puede conocer ni experimentar el amor y el plan de Dios para su vida.

El hombre es pecador

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23)

El hombre fue creado para tener relación perfecta con Dios, pero debido a su egocentrismo y desobediencia, escogió su propio camino y la relación con Dios se interrumpió. Esta acto de voluntad propia que se manifiesta por una actitud de rebelión activa o indiferencia pasiva, es una evidencia de lo que la Biblia llama pecado.

Está separado

“Porque la paga del pecado es muerte” [separación espiritual de Dios] (Romanos 6:23)

Dios es santo y el hombre pecador. Un gran abismo les separa. El hombre trata continuamente de encontrar a Dios y la vida abundante mediante su propio esfuerzo,”no haciendo mal a nadie“, con una vida recta, con filosofías, etc. pero todas sus tentativas son en vano

Tercera Ley

Jesucristo es la ÚNICA provisión de Dios para el pecador. Solo en él, puedes conocer el amor y el propósito de Dios para tu vida.

Él Murió en Lugar Nuestro

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Él Resucitó

“Cristo murió por nuestros pecados… Fue sepultado…, Resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;… Y apareció a Cefas… Y después a los doce… Después apareció a más de quinientos.” (1a Corintios 15:3-6).

Él es el Único Camino

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Dios ha salvado el abismo que nos mantenía separados de El, al enviar a Su Hijo, Jesucristo, para que muriera en la cruz en nuestro lugar.

Cuarta Ley

Debemos RECIBIR a Jesucristo como Señor y Salvador mediante una invitación personal; entonces podremos conocer y experimentar el amor y propósito de Dios para nuestras vidas.

Debemos Recibir a Cristo

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12)

Recibimos a Cristo Por Fe

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9)

Recibimos a Cristo Mediante Una Invitación Personal:

(Cristo afirma) “He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en él” (Apocalipsis 3:20).

El recibir a Cristo implica volvernos a Dios (arrepentimiento) confiando que Cristo viene a nuestros vidas, perdona nuestros pecados y hace de nosotros la persona que quiere que seamos. No es suficiente dar un asentimiento intelectual a sus pretensiones ni aún tener una experiencia emocional.”

Leído en: Sitio angelfire  Allí da como fuente: Las Cuatro Leyes Espirituales escrito por Dr. Bill Bright. ©1965.  Otro sitio: 4laws

(Archivo blog Acuarela de Palabras/2011)

Deseo y motivación. Jim Rohn

Lecturas

“Los seres humanos tienen una notable capacidad para conseguir exactamente lo que necesitan. Pero es distinto “necesitar” y “querer”.

La mejor motivación es la auto motivación. Este hombre dice, “Quisiera que alguien viniera y me despertara el interés”. Pero, ¿y si no viene nadie? En la vida hay que tener un plan mejor que ése.

Cuando uno sabe lo que quiere y lo quiere con suficiente afán, ya encontrará la forma de conseguirlo.

La motivación en sí, no es bastante. Si se toma a un idiota y se le motiva, el resultado es un idiota motivado.

Sin un sentido de urgencia, el deseo pierde su valor.”

Jim Rohn, estadounidense; conferencista sobre desarrollo personal, gerencia y ventas.

PD: Si bien me gustan muchas de las ideas que transmite Rohn… prácticas… motivadoras… se nota que hay algo que no maneja -como casi todos en el mundo de los motivadores: el inconsciente, el deseo inconsciente… que tiende a la repetición… y que ‘arruina’ las mejores intenciones y los mejores esfuerzos por motivar… Con la voluntad consciente no alcanza… o si?

Archivo blog Acuarela de Palabras/2007

¿Qué clase de persona es?

Por Carlos Martín Pérez*

“Todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.

Los Incautos: Podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción (es decisivo que sea él quién la inicie), cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto.

Los Inteligentes: Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente.

Una persona inteligente puede alguna vez comportarse como una incauta, como puede también alguna vez adoptar una actitud malvada. Pero, puesto que la persona en cuestión es fundamentalmente inteligente, la mayor parte de sus acciones tendrán la característica de la inteligencia.

En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.

Los Malvados: Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia causándonos perjuicio a nosotros: nos encontramos frente a un malvado.

Existen diversos tipos de malvados; el malvado perfecto es aquél que con sus acciones causa a otro pérdidas equivalentes a sus ganancias. Otro tipo de malvados son aquellos que obtienen para sí ganancias mayores que las pérdidas que ocasionan en los demás, esos son deshonestos y con un grado elevado de inteligencia, pero la mayoría de los malvados son individuos cuyas acciones les proporcionan beneficios inferiores a las pérdidas ocasionadas a los demás. Este individuo se situará muy cerca del límite de la estupidez pura.

Los Estúpidos: Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones.

Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad no existe explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.

La mayoría de las personas estúpidas son fundamentalmente y firmemente estúpidas, en otras palabras, insisten con perseverancia en causar daños o pérdidas a otras personas sin obtener ninguna ganancia para sí, sea esto positivo o negativo.

Pero aún hay más. Existen personas que con sus inverosímiles acciones, no solo causan daños a otras personas, sino también a sí mismos. Estas personas pertenecen al género de los superestúpidos

Sería un grave error creer que el número de estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.

Un país en ascenso tiene también un porcentaje insólitamente alto de individuos inteligentes que procuran tener controlada a la fracción de los estúpidos, y que, al mismo tiempo, producen para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.

En un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos.”

Leído en: El arte de la Estrategia, por Carlos Martín Pérez, su autor y blogger, aunque ese enlace ya no está vigente, capítulo El Poder De La Estupidez, basado a su vez en “Allegro ma non troppo” de Carlo M. Cipolla.

Archivo blog Acuarela de Palabras/2007