Los libros que nos hacen imaginar al otro son un antídoto contra el fanatismo y el odio. Amos Oz

Fragmento

“Los libros que nos hacen imaginar al otro son un antídoto contra el fanatismo y el odio. Así como es enormemente difícil definir la verdad, pero muy fácil detectar una mentira, a veces puede resultar difícil definir el bien, pero el mal desprende un olor inconfundible; cualquier niño sabe lo que es el dolor. Por consiguiente, cada vez que causamos dolor a otra persona de manera deliberada, sabemos lo que estamos haciendo. Estamos haciendo el mal. Sin embargo, los tiempos modernos han cambiado todo eso. Han difuminado la clara distinción que hacía la humanidad desde su más tierna infancia, desde el Edén. …

Todavía hoy, algunos especialistas en ciencias sociales, sencillamente, no hablan del bien ni del mal. … ambos quedaron abolidos por la idea de que las circunstancias son siempre las responsables de las decisiones humanas, las acciones humanas y, sobre todo, el sufrimiento humano. La culpa es de la sociedad. La culpa es de una niñez difícil. La culpa es de la política. El colonialismo. El imperialismo. El sionismo. La globalización. Así comenzó el gran campeonato mundial del victimismo. …

El siglo XX fue el peor escenario de maldad sanguinaria que ha visto la historia. Las ciencias sociales fueron incapaces de predecir, afrontar o incluso comprender ese mal moderno y tecnologizado. El mal del siglo XX se disfrazó, muchas veces …

Hoy, después de haber sobrevivido al mal del poder totalitario, tenemos profundo respeto por las culturas. Por las diversidades. Por el pluralismo. Conozco a algunas personas dispuestas a matar a cualquiera que no sea pluralista. El posmodernismo volvió a dar trabajo a Satán

El diablo es siempre el sistema. Esto es, en mi opinión, una horterada ética. … En el mundo hay buenas personas. En el mundo hay malas personas. …

A mi juicio, el mal supremo en el mundo no es la guerra, en sí, sino la agresividad. La agresividad es ‘la madre de todas las guerras’. …

El Fausto de Goethe nos recuerda de forma indeleble que el diablo no es impersonal, sino personal. Que el diablo pone a prueba a cada individuo, y cada uno puede aprobar o suspender. Que el mal es tentador y seductor. Que la agresividad puede abrirse un hueco en cada uno. … a veces podemos equivocarnos. Ahora bien, incluso cuando tomamos una decisión equivocada, sabemos lo que estamos haciendo. Sabemos cuál es la diferencia entre el bien y el mal, entre causar dolor y curarlo …

Crecí en la Jerusalén de los años cuarenta como un niño muy nacionalista, incluso chauvinista, y prometí no poner nunca el pie en suelo alemán e incluso no comprar nunca un producto alemán. Lo único a lo que no me sentí capaz de renunciar fue a los libros alemanes. … Después de leer a esos autores y a otros, ya no pude limitarme a seguir odiando todo lo alemán del pasado, el presente y el futuro.

En mi opinión, imaginar al otro es un potente antídoto contra el fanatismo y el odio. Creo que los libros que nos hacen imaginar al otro pueden hacernos más inmunes contra las estratagemas del mal, el Mefisto del corazón. …. Ellos, junto con una serie de amigos alemanes muy queridos, me obligaron a romper mis tabúes y abrir la mente y, al final, el corazón. Volvieron a mostrarme los poderes curativos de la literatura.

Imaginar al otro no es una mera herramienta estética. Es además, a mi juicio, un imperativo moral fundamental. Y, sobre todo, imaginar al otro es un placer humano profundo y muy sutil.”

Del discurso que el escritor AMOS OZ (israelí, n.1939) leyó en FRANCFORT en 2005, durante la recepción del PREMIO GOETHE.

Leído en: Revista http://www.elarcadigital.com.ar  /  Diciembre/2005

(Archivo BlogAcuarelaDePalabras/2006)

Anuncios

2 Comments »

  1. 1
    Mariela MRL Says:

    29 de diciembre de 2018

    A los 79 años murió el escritor israelí Amos Oz

    Una voz contra el fanatismo

    Autor de libros de cuentos, de novelas y ensayos traducidos a más de 30 idiomas, se rebeló contra su familia conservadora, se hizo socialista, vivió en un kibutz y alertó sobre los abusos del Estado de Israel contra el pueblo palestino.

    Por Silvina Friera

    Oz obtuvo múltiples premios. Hace tres años, Natalie Portman dirigió una película sobre su vida.

    El “traidor” –así era considerado por los fanáticos ultranacionalistas– cree que la ocupación por el Ejército israelí de los territorios palestinos corroe los cimientos del propio Estado judío. Quizá la primera traición o rebelión, según como se la vea, haya sido cambiar su apellido paterno Klausner, cuando dejó a su familia de inmigrantes judíos lituanos y ucranianos para ingresar al kibutz de Hulda a los 15 años. “Me reconozco en muchos actos de traición. A veces es un título de honor”, afirmaba el escritor israelí Amos Oz –que murió en Tel Aviv a los 79 años– en una entrevista por la publicación de su última novela, Judas (2015), que escribió precisamente por la cantidad de veces que lo señalaron con el dedo índice de la traición. La primera vez fue cuando tenía ocho años. “Mis amigos me acusaban de traición por hablar con un sargento inglés, por no secundar la Intifada judía contra los británicos. La última vez que me llamaron traidor fue en el verano de 2014, cuando critiqué la actuación de Israel en la guerra con Hamás en Gaza. A veces un traidor es alguien que está un poco por delante de su época. Alguien que cambia a los ojos de los que nunca cambian. A Lincoln lo llamaron así millones de estadounidenses porque liberó a los esclavos negros. O a Gorbachov, por los cambios que propició en el bloque soviético”.

    En Una historia de amor y oscuridad, su autobiografía novelada que fue llevada al cine hace tres años por Natalie Portman en su debut como directora, el escritor –que había nacido el 4 de mayo de 1939 en Jerusalén– cuenta que sus cultos y eruditos padres, que habían estudiado en Praga, como sus abuelos procedentes de Lituania, Ucrania y Rusia –su abuelo Shlomit inauguró el primer salón literario hebreo que hubo en Odessa– se definían como europeos, fieles a esa idea trasnacional de refinamiento moral y humanista de Europa. El padre de Oz hablaba siete idiomas y podía leer en diecisiete; su madre –que se suicidó cuando Oz tenía doce años– podía expresarse sin problemas en cinco lenguas. En 1953, cuando tenía catorce años y aún imaginaba que sería músico, se rebeló contra los valores burgueses y la atmósfera erudita de su familia, enfrentó a su padre y abandonó Jerusalén. “Decidí convertirme en todo lo que mi padre no era –recordó el escritor–. El era de derecha, yo decidí ser socialista. El era el erudito, yo decidí manejar un tractor. Él era el intelectual, yo decidí ser un granjero socialista. Y entre otras cosas, también decidí adoptar un nuevo apellido hebreo, Oz, que significa coraje, determinación, fuerza, cosas que necesitaba profundamente cuando dejé mi casa y me fui a vivir solo en un kibutz”. Salió de Hulda, donde vivió hasta 1986, para cursar la carrera de Filosofía y Literatura en la Universidad Hebrea de Jerusalén, para hacer el servicio militar (1961) y para combatir –“no por los lugares santos, sino por la vida”– en las guerras de los Seis Días (1967) y de Yom Kippur (1973). En los años 70, fue uno de los fundadores del movimiento israelí Paz Ahora (Shalom Ajshav), que promueve una solución del conflicto con los palestinos fundamentada en crear dos Estados.

    Autor de libros de cuentos, de novelas y ensayos traducidos a más de 30 idiomas, entre su obra se destacan Tierra de chacales (1965), Mi marido Mikhael (1968), Hasta la muerte (1971), Tocar el agua, tocar el viento (1973), La colina del mal consejo (1976), Soumchi (1978), Un descanso verdadero (1982), Una paz perfecta (1982), La caja negra (1987), Para conocer a una mujer (1989), La tercera condición (1991), No digas noche (1998), novela donde hay una alusión a Borges, de quien Oz ha dicho que “está sin duda cerca de mi corazón”; Una pantera en el sótano (1998), El mismo mar (2002), Una historia de amor y oscuridad (2002), La bicicleta de Sumji (2005), además de ensayos como Voces de Israel (1983) y Contra el fanatismo (2004), entre otros títulos.

    Oz ha recibido distinciones como el Premio Fémina a la mejor novela extranjera publicada en Francia por La caja negra (1988), el Premio de la Paz de los libreros alemanes (1992), el Premio Nacional de Literatura de Israel (1998), el Premio Goethe de Literatura (2005) por Una historia de amor y oscuridad, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2007) –por haber contribuido a hacer de la lengua hebrea “un brillante instrumento para el arte literario y para la revelación certera de las realidades más acuciantes y universales de nuestro tiempo”– y el Premio Franz Kafka (2013). “Yo ya he tenido mi cuota de premios literarios. Si no recibo el Nobel, no me voy a morir insatisfecho”, aclaró Oz hace tres años.

    Oz advertía que no todo aquel que critica a Israel es un antisemita. “Si se critica lo que hacen los judíos, se puede tener razón o no, pero es algo legítimo. Pero si se critica a los judíos por ser quienes son, existe antisemitismo. ¿Dónde está la línea roja? No lo sé, pero existe. Veamos la pintura del Renacimiento, empezando por Leonardo Da Vinci –ejemplificaba–. En La última cena se observa a Jesús presidiendo junto con los apóstoles, todos ellos con buen aspecto. Y al final de la mesa hay un pequeño y feo insecto, con grandes orejas y nariz puntiaguda, con los dientes podridos y una sonrisa desagradable. Esa imagen de Judas está en la mente de muchos cristianos. Cuando los nazis crearon las caricaturas antisemitas de los judíos, lo tomaron del arte tradicional cristiano”.

    Para Oz, una de las voces más reconocidas del pacifismo israelí, era imprescindible la creación de un Estado palestino. El principal error, para el escritor israelí, fueron los asentamientos en los territorios ocupados. “Yo los rechacé y los objeté desde el principio, en 1967, y todavía pienso que es el error más trágico que cometió Israel”.

    En Contra el fanatismo, postula que la literatura, que se entrega el ejercicio de imaginar a los otros, de ponerse incluso en el lugar del enemigo y comprenderlo, es el verdadero antídoto contra la intolerancia y la violencia. Los libros de OZ arrojan un poco de luz en medio de tanta ceguera.

    https://www.pagina12.com.ar/165004-una-voz-contra-el-fanatismo

    República Argentina | Todos los derechos reservados | Política de privacidad | Términos y Condiciones – © 2000-2018 http://www.pagina12.com.ar

  2. Contra el fanatismo, ensayos de Amos Oz
    Publicado el 8 de agosto de 2014 por Martín Cristal

    Contra los fanáticos de la muerte

    Este pequeño libro compila tres conferencias de Amos Oz, dictadas entre 2001 y 2002 en la ciudad alemana de Tubinga. No requiere que uno sea experto en política de Oriente Medio. Cualquiera puede abrirlo y entender sus ideas centrales. Es principalmente un ensayo, no un texto de Historia. En sólo 100 páginas, Oz ofrece su sencillez discursiva para ayudarnos a comprender uno de los problemas de fondo del complejísimo conflicto palestino-israelí, que desde julio suma otro episodio cruento, de violencia desproporcionada, y repudiable por donde se lo mire.

    Creo importante dar a conocer aquí algunos de los conceptos vertidos por Oz en este libro. Sugiero su lectura para completar la concatenación de las ideas centrales que trataré de sintetizar sin desconocer que todas las dificultades para una posible solución del conflicto se han agigantado en los doce años transcurridos tras estas conferencias, ni tampoco que las ideas de Oz se enmarcan en las de una izquierda en creciente desventaja en los últimos veinte años de elecciones en Israel.

    En su primera conferencia, Oz apunta a la identificación del fanático (del bando que sea). Lo pinta como aquel que cree que cualquier fin justifica los medios; alguien que suele carecer de imaginación y adoptar una actitud de superioridad moral, una traba de acero para todo acuerdo. Es también alguien que odia el cambio, que no puede concebirlo para sí —el fanático ve a quienes eligen el cambio como “traidores”—, pero que, al mismo tiempo, contradictoriamente, quiere obligarte a cambiar. Algo importante es que sus actos violentos no sólo buscan dañar a ese “otro” que es su enemigo; en simultáneo, apuntan a generar una atmósfera tal que los moderados de su propio bando se conviertan, también, en fanáticos. Oz considera el conflicto de la zona como una tragedia, un conflicto territorial “entre derecho y derecho”. “No es una guerra religiosa. Aunque los fanáticos de ambos bandos hagan lo imposible por convertirlo en una guerra religiosa”.

    En la segunda conferencia, el escritor —con sintaxis sencilla, sin mezquinar matices, con conocimiento del problema y con su habitual voluntad de accionar positivamente (Oz fue uno de los fundadores del movimiento Paz Ahora)— propone que sí es viable una solución. Para empezar, lo primero y principal es que ambas partes no se nieguen mutuamente. Sólo así podrán trabajar sobre un acuerdo, en el que cada uno tendrá que hacer importantes concesiones, sí o sí. “Va a doler de lo lindo”, dice Oz. A la imprescindible creación de dos estados independientes la compara con un divorcio rarísimo “porque las dos partes en litigio se quedarán definitivamente en el mismo departamento” al que, claro, habrá que hacerle serias reformas: Oz propone la creación de “dos Estados atendiendo aproximadamente a realidades demográficas, cuyo mapa debería asemejarse al anterior a 1967, con algunos cambios establecidos de mutuo acuerdo y disposiciones especiales para los santos lugares en disputa de Jerusalem como fórmula esencial”. Agrega que cualquier acuerdo debe contemplar una solución para el tema de los refugiados.

    En su tercera conferencia, Oz se refiere a la literatura como fuente de esa imaginación que al fanático le falta. La ficción, un mecanismo que nos pone constantemente en el lugar de otros, resulta un buen paliativo contra el gen maligno del fanatismo. Para explicar cómo resuelve él —en tanto escritor comprometido con una causa— la tensión siempre presente entre arte y política, Oz revisa momentos de su vida, empezando desde su niñez, durante el mandato británico, cuando él también era un pequeño fanático que gritaba “British, go home!”. “Imposible no desarrollar un sentido del relativismo”, dice Oz, “y cierta triste ironía sobre cómo el ocupado se convierte en ocupante, el oprimido en opresor, sobre cómo la víctima de ayer puede fácilmente convertirse en verdugo”.

    ¿Es Amos Oz —por recordarnos estos principios básicos, o por creer en una posible solución— un ingenuo, un tibio, un “traidor”? Eso es lo que diría de él cualquiera de los extremistas que hoy se multiplican por aquella parte del mundo, aunque en los hechos ninguno de ellos, hable el idioma que hable, haya logrado acercar la paz a su pueblo.
    _______

    Contra el fanatismo, de Amos Oz. Ensayos. Siruela (serie menor), 2003. 104 páginas. Recomendamos este libro en “Ciudad X”, La Voz (Córdoba, 7 de agosto de 2014).

    https://elpezvolador.wordpress.com/2014/08/08/contra-el-fanatismo-ensayos-de-amos-oz/


RSS Feed for this entry

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: