¡BIEN QUE LO PUEDES CREER!

Gracias Julie por tantos villancicos que has escrito a lo largo de los años! Éste es uno de los que más me gustan…

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Villancico
¡Y te lo puedes creer
el Niño y el Buey conversan
en el Portal de Belén!
Les han traído comida
los pastores de la Sierra;
son productos de la tierra
que florece agradecida…
Jamón, queso, mantequilla
y tarros de rica miel.


Bien te lo puedes creer
que el Niño y el Buey comparten
en el Portal de Belén.

Hay niños que nada ingieren
-Le dice Jesús al Buey-
No me parece de Ley
comer mientras otros mueren.
Si los pobres nada tienen
¿Quién les dará de comer?

¡Y te lo puedes creer
el Niño y el Buey ayunan
en el Portal de Belén!
María y José recogen
la esencia de la desgana;
y saben de dónde emana
si el Buey y el Niño no comen
ellos, a la vez, suponen
que tampoco han de comer.

¡Y es que… Lo puedes creer
el Niño y el Buey regalan
desde el…

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30 de diciembre de 2004, tragedia de Cromañón: la indiferencia ante la vida del otro

Un mal recuerdo…

Leo en Wikipedia: «La tragedia de Cromañón fue un incendio producido la noche del 30 de diciembre de 2004 en República Cromañón, establecimiento ubicado en el barrio de Once de la ciudad de Buenos Aires, durante un recital de la banda de rock Callejeros. Este incendio provocó la peor tragedia mundial en la historia de la música de rock y una de las mayores tragedias no naturales en Argentina dejando un saldo de 194 muertos y al menos 1432 heridos.

Esta tragedia causó, además, importantes cambios políticos y culturales. Los familiares de los jóvenes fallecidos y los sobrevivientes del incendio conformaron un gran colectivo de movilización pública y demanda de justicia, por las muertes y los daños sufridos…» 

 

Entrevista* a Silvia Bleichmar, lúcida analista de los fenómenos sociales, rescata un concepto de la filósofa Hanna Arendt, que influyó en el pensamiento social del siglo XX. Se trata de «la banalidad del mal», que es el acostumbramiento a cualquier barbarie cotidiana, sintiendo indiferencia aun por las atrocidades sobre las que se tiene responsabilidad.

-¿Es posible realizar una comparación metafórica entre República Cromañón y la Argentina?

-Por supuesto. Vivimos en un país en el cual los jóvenes se ven sometidos constantemente a riesgos mayores: la pérdida de futuro, la desprotección cotidiana, la muerte precoz. Pero también es una metáfora de la sensación catastrófica que todos padecemos, y no sólo por la corrupción y la subordinación de la vida a la voracidad económica, sino por la naturalización de la muerte.

-Para algunos de los sobrevivientes se trató de un crimen colectivo. ¿Comparte usted esa idea?

-En sentido amplio sí, pero lo que define la criminalidad de un acto no es sólo el resultado sino la intención. Y en este sentido veo este hecho más cerca del concepto de «banalidad del mal»: el daño producido a los seres humanos por la indiferencia. Es una criminalidad despojada de odio y racionalizada por los números. Qué conviene más: modificar un error en la producción de automóviles que podría propiciar accidentes o enfrentar las posibles demandas que este error pudiera producir en caso de provocar accidentes mortales. La indiferencia ante el sufrimiento ajeno en aras de la conservación de prebendas económicas es el modo como opera la banalidad del mal.

-¿Cómo se inscribe este hecho terrible en el imaginario colectivo?

-Como un aporte más al escepticismo y la desesperanza. La tragedia produjo y sigue produciendo dolor, pero no asombro, no la indignación suficiente, no la convicción de que «esto no puede ser». Nos hemos habituado a vivir sobre un trasfondo de horror, y esta naturalización es el mayor obstáculo para salir de ello. En un texto sobre los miedos de los argentinos, decía que la paz es el derecho a los miedos privados. En épocas de paz, uno puede tenerles miedo a los perros, a los vuelos en avión, a las tormentas… En épocas de riesgo se comparten y hasta uniforman los temores: miedo a los secuestros, a la pérdida del trabajo, a la muerte de los hijos…

-Frente al espectáculo de tantas muertes evitables, ¿cómo recomienda actuar ante los chicos?

-A partir de un episodio traumático, la gente vuelve una y otra vez a la cuestión. Se busca así la significación que sólo la palabra puede otorgar. Esa función cumplen las imágenes a las cuales nos quedamos pegados en el televisor: es como si tratáramos de desentrañar algo que no podemos significar, que no podemos metabolizar. Por eso, es recomendable regular el acceso a la imagen, y más aún en el caso de los niños. Vivimos con un exceso de imágenes y un déficit de simbolización de las mismas, vale decir, de capacidad de comprensión. Por eso son necesarias las explicaciones, y sobre todo escuchar al niño para saber qué es lo que ha producido en su psiquismo lo que está viendo.

Es notable cómo en estos días los chicos han introducido esta cuestión en sus juegos y observaciones: desde un grupito de chicos que tuve ocasión de ver, que había agregado a su club campestre -una mesita con banquitos bajo los árboles- una «salida de emergencia» que consistía en un claro entre las ramas, hasta una niña que entró en un local de hamburguesas y preguntó: «¿Dónde está el matafuegos?».

-De la tragedia, ¿podemos rescatar la existencia de un país solidario?

-Lo hubo ante la tragedia de Cromagnon, como lo hubo ante otras tragedias. Este país existe, y da pruebas periódicamente de que guarda las reservas morales que salieron a dar de comer en 2002 y que permitieron el apoyo mutuo en el período siguiente.

-¿Es posible pensar en que, además de exigir justicia y reclamar responsabilidad política, se comience a ejercer las propias responsabilidades? Pienso en chicos en un recital pidiéndo que no prendan bengalas…

-Sólo la conciencia compartida sobre el valor de la vida puede posibilitar esto. Deberemos debatir en los próximos años cómo las formas transgresivas de la cotidianidad son efecto y causa de un modo de representación en el cual la supervivencia es azarosa, y que da cuenta de la precariedad con la cual protagonizamos nuestras vidas. Además, gran parte de la sociedad se ha dado cuenta de que el reclamo a los gobernantes debe sostenerse en el marco de una asunción compartida de la protección a los jóvenes, ante el estado de devastación moral que padece nuestro país.

*Por Tesy De Biase – Para LA NACION.
Leído en: Silvia Bleichmar/Facebook

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