Lecturas de budismo II: Ajahn Chah

Por qué estamos aquí

Plática ofrecida a grupo de personas laicas que visitaron el monasterio Wat Tham Saeng Phet durante el retiro de la lluvias en 1981, un poco antes de que se haya deteriorado la salud del Ven. Ajahn Chan.

Por Ven Ajahn Chah

Este es el retiro de época de lluvia no tengo muchas fuerzas, no me siento bien, así que he subido a esta montaña para recibir un poco de aire fresco. La gente viene a visitarme pero realmente no puedo recibirla como acostumbraba porque mi voz está casi vencida, mi aliento casi ido. Podéis considerarlo una bendición él que aún este cuerpo esté sentado aquí, para que todos los podáis ver ahora. Esto es una bendición en sí mismo. Pronto no lo veréis. La respiración concluirá, la voz se habrá ido. Pasarán de acuerdo a los factores de soporte, como todas las cosas compuestas. El señor Buda lo llamó khaya vayam, la decadencia y disolución de todos los fenómenos condicionados.

¿Cómo decaen? Consideremos un trozo de hielo. Originariamente era simplemente agua… lo congelan y se vuelve hielo. Pero no tarda mucho en derretirse. Tomad un trozo grande de hielo, digamos tan grande como el grabador aquí, y dejadlo afuera al sol. Podéis ver como decae, muy similar al cuerpo. Se desintegrara gradualmente. En no muchas horas o minutos todo lo que quedará es un charco de agua. Esto es llamado khaya vayam, la decadencia y disolución de todas las cosas compuestas. Ha sido así por mucho tiempo, incluso desde los comienzos del tiempo. Cuando nacemos traemos al mundo esta naturaleza inherente con nosotros, no podemos evitarlo. En el nacimiento traemos vejez, enfermedad y muerte con nosotros.

Por eso es que el Buda dijo khaya vayam, la declinación y disolución de todas las cosas compuestas. Todos nosotros sentados aquí en la sala, monjes, novicios, hombres y mujeres laicos, somos sin excepción “trozos en deterioro”. Ahora el trozo es duro, igual que el trozo de hielo. Empieza como agua, se vuelve hielo por un momento y luego se vuelve a derretir. ¿Podéis ver esta decadencia en vosotros mismo? Mirad este cuerpo. Esta envejeciendo cada día… el cabello esta envejeciendo, las uñas están envejeciendo… ¡todo está envejeciendo!

No habéis sido así antes, ¿no es cierto? Probablemente habéis sido mucho más pequeños que ahora. Ahora habéis crecido y madurado. De ahora en adelante decaeréis, siguiendo el camino de la naturaleza. El cuerpo decae como el trozo de hielo. Pronto, así como el trozo de hielo, todo se habrá ido. Todos los cuerpos están compuestos por los cuatro elementos: tierra, agua, viento y fuego. Un cuerpo es la confluencia de tierra, agua, viento y fuego, que procedemos a llamar: una persona. Originariamente es difícil decir como lo llamaríais, pero ahora lo llamamos “una persona”. Nos cegamos con ello, diciendo que es masculino, femenino, dándole nombres, Sr., Sra., y demás, para identificar a cada uno más fácilmente. Pero en realidad no hay nadie ahí. Hay tierra, agua, viento y fuego. Cuando se unen en esta forma conocida llamamos al resultado una “persona”. Ahora bien, no os excitéis por ello. Si realmente miráis dentro de ello no hay nadie allí.

Aquello que es sólido en el cuerpo, la carne, piel, huesos y demás, es llamado el elemento tierra. Aquellos aspectos del cuerpo que son líquidos son el elemento agua. La facultad de calor en el cuerpo es elemento fuego, mientras que los vientos corriendo por el cuerpo son el elemento viento.

En Wat Ba Pong (el Monasterio fe Ba Pong) tenemos un cuerpo que no es ni masculino ni femenino. Es el esqueleto colgado en la sala principal. Mirándolo no os da la impresión de que sea un hombre o una mujer. Las personas se preguntan unas a otras si es un hombre o una mujer y todo lo que pueden hacer es mirarse sin comprender. Es solo un esqueleto, toda la piel y la carne se han ido.

La gente ignora estas cosas. Algunos van a Wat Ba Pong, entran a la sala principal, ven los esqueletos… ¡y salen corriendo de nuevo! No soportan verlos. Tienen miedo, miedo de los esqueletos. Supongo que esas personas nunca se han visto a ellas mismas antes. Miedo de los esqueletos… no reflexionan sobre el gran valor de un esqueleto. Para llegar al monasterio tuvieron que conducir un coche o caminar… si no tuvieran huesos ¿cómo serían? ¿Serían capaces de caminar así? Pero conducen sus coches a Wat Ba Pong, entran a la sala principal, ven los esqueletos ¡y salen corriendo enseguida! Nunca han visto una cosa así antes. Han nacido con ello y aún así nunca lo han visto. Es muy afortunado que tengan una oportunidad de verlo ahora. Incluso personas mayores ven los esqueletos y se asustan… ¿A qué viene tanto escándalo? Esto muestra que no están en absoluto en contacto con ellos mismos, no se conocen realmente a ellos mismos. Quizás vayan a sus casas y aun no puedan dormir por tres o cuatro días… ¡y aún así están durmiendo con un esqueleto! Se visten con él, comen con él, hacen todo con él… y aún así se asustan de él.

Esto muestra cuán fuera de contacto con sí misma esta la gente. ¡Qué lastimoso! Están siempre mirando hacia fuera, a los árboles, a otra gente, a objetos externos, diciendo “este es grande”, “eso es pequeño”, “eso es corto”, “eso es largo”. Están tan ocupados mirando otras cosas que nunca se ven a ellos mismos. Para ser honesto, la gente realmente da lástima. No tienen refugio.

En las ceremonias de ordenación, los novicios tienen que aprender los cinco temas básicos de meditación: kesa, cabello; loma, vello; nakha, uñas; danta, dientes; taco, piel. Algunos de los estudiantes y las personas educadas se ríen para sus adentros cuando escuchan esta parte de la ordenación…“¿Qué esta tratando de enseñarnos Ajan aquí? Enseñándonos acerca del cabello cuando lo hemos tenido siempre. No necesita enseñarnos esto, ya lo sabemos. ¿Por qué molestarse en enseñarnos algo que ya sabemos? “La gente lerda es así, piensa que ya puede ver el cabello. Yo les digo que cuando digo “ver el cabello” quiero decir verlo como realmente es. Ver el vello como realmente es, ver las uñas, los dientes y la piel como realmente son. Cabello, uñas, dientes, piel… ¿cómo son realmente? ¿Son bonitos? ¿Son limpios? ¿Tienen alguna sustancia real? No… no valen nada. No son bonitos pero imaginamos que lo son. No son sustanciales pero imaginamos que lo son.

Cabello, uñas, dientes, piel… la gente esta realmente enganchada con estas cosas. El Buda estableció estas cosas como los temas básicos para la meditación, el nos enseñó a conocer estas cosas. Son transitorias, imperfectas y Sin Dueño; no son “yo” o “ellos”. Nacemos y nos engañamos con estas cosas, pero en realidad son impuras. Supongamos que no nos bañamos por una semana, ¿podríamos aguantar estar cerca uno del otro? Realmente oleríamos mal. Cuando la gente suda mucho, como cuando mucha gente junta esta trabajando duro, el olor es espantoso. Volvemos a casa y nos frotamos con jabón y agua y el olor se reduce en cierto modo, la fragancia del jabón lo reemplaza. Frotar jabón en el cuerpo puede hacerlo parecer perfumado, pero en realidad el mal olor del cuerpo aun esta allí, temporalmente suprimido. Cuando el perfume del jabón se vaya el olor del cuerpo vuelve de nuevo.

Tendemos a considerar a estos cuerpos como bonitos, encantadores, duraderos y fuertes. Tendemos a pensar que nunca envejeceremos, nos enfermaremos o moriremos. Estamos encantados y engañados por el cuerpo, y así somos ignorantes de nuestro verdadero refugio interno. El verdadero lugar de refugio es la mente. La mente es nuestro verdadero refugio. Esta sala aquí quizás sea bastante grande pero no puede ser un verdadero refugio. Las palomas se refugian aquí, los geckos se refugian aquí, los lagartos se refugian aquí… podemos pensar que la sala nos pertenece pero no es así. Vivimos aquí junto con todo lo demás. Este es solo un refugio temporario, pronto debemos dejarlo. La gente toma a estos albergues como refugio.

Así que el Buda dijo que encontréis vuestro refugio. Eso significa encontrar vuestro verdadero corazón. Este corazón es muy importante. La gente no mira generalmente las cosas importantes, pasa la mayor parte de su tiempo mirando cosas insignificantes. Por ejemplo, cuando hacen la limpieza de la casa pueden estar dedicados a limpiar la casa, fregar los platos, etc., pero dejan de notar sus propios corazones. Sus corazones quizás estén podridos, quizás se sientan enojados, fregando los platos con una expresión agria en sus rostros. Que sus propios corazones no están muy limpios, eso no lo ven. Esto es lo que llamo “tomar un abrigo temporario como refugio”. Embellecen la casa y el hogar pero no piensan en embellecer sus propios corazones. No observan el sufrimiento. El corazón es lo importante. El Buda enseñó a encontrar un refugio dentro de vuestro propio corazón: Attahi attano natho – “Haceros un refugio en vosotros mismos”. ¿Quién más puede ser vuestro refugio? El verdadero refugio es el corazón, ninguna otra cosa lo es. Podéis intentar depender de otras cosas, pero no son algo seguro. Solo podéis depender realmente de otras cosas si tenéis ya un refugio dentro de vosotros. Debéis tener vuestro propio refugio primero antes de que podáis depender de otra cosa, sea un maestro, familia, amigos o parientes.

Así que vosotros, laicos y monjes que habéis venido a visitarme hoy, por favor considerad esta enseñanza. Preguntaos: “¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? Preguntaos: ¿Por qué he nacido? “Alguna gente no lo sabe. Quiere ser feliz pero el sufrimiento nunca concluye. Rico o pobre, joven o viejo, todos sufren lo mismo. Todo es sufrimiento. ¿Y por que? Porque no tienen sabiduría. Los pobres son infelices porque no tienen suficiente y los ricos son infelices porque tienen demasiado que cuidar. Leer más “Lecturas de budismo II: Ajahn Chah”