Poemas a las plantas, flores, árboles y demás Naturaleza

La idea es seguir buscando. Aquí algunos:

Cardos. Baldomero Fernández Moreno 

En el campo amarillento
donde ya no hay más que paja,
alzan los cardos valientes
su dura flor erizada.

Bajo el sol del mediodía
y cuando la ser abrasa
en sus copitas azules
ofrecen su trago de agua.

De: El hogar en el campo, 1923.
Leído en: https://historianatural.wordpress.com/2011/03/22/baldomero-fernandez-moreno-literatura-y-naturaleza/

El ceibo. Alberto V. Oitaven

Coágulo de sangre
labio irritado,
¿cuántos besos de fuego
has y te han dado?
Y todavía
entre las hojas verdes
cómo palpitas.

Tomado del libro: “El ceibo” de Alberto V. Oitaven, 1943
Leído en: https://historianatural.wordpress.com/2011/01/26/flor-de-seibo-poesia-de-baldomero-fernandez-moreno/

 

Rafael Obligado: Poesía sobre el seibo

Yo tengo mis recuerdos asidos a tus hojas,
yo te amo como se ama la sombra del hogar,
risueño compañero del alba de mi vida,
seibo esplendoroso del regio Paraná.

Las horas del estío pasadas a tu sombra,
pendiente de tus brazos mi hamaca guaraní,
eternas vibraciones dejaron en mi pecho,
tesoro de armonías que llevo al porvenir.

Y muchas veces, muchas, mi frente enardecida,
tostada por el rayo del sol meridional,
brumosa con la niebla de luz del pensamiento,
buscó bajo tu copa frescura y soledad.

Allí, bajo las ramas nerviosas y apartadas,
teniendo por doseles tus flores de carmín,
también su hogar aéreo suspenden los boyeros,
columpio predilecto del céfiro feliz.

Se arrojan en tus brazos, pidiéndoles apoyo,
mil suertes de lanas de múltiple color;
y abriendo victorioso tus flores carmesíes,
guirnalda de las islas, coronas su mansión.

Recuerdo aquellas ondas azules y risueñas
que en torno repetían las glorias de tu sien,
y aquellas que el pampero, sonoras y tendidas,
lanzaba cual un manto de espumas a tu pie.

Evoco aquellas tardes doradas y tranquilas,
cargadas de perfumes, de cantos y de amor,
en que los vagos sueños que duermen en el alma
despiertan en las notas de blanda vibración.

Entonces los rumores que viven en tus hojas,
confunden con las olas su música fugaz,
y se oyen de las aves los vuelos y los roces,
vagando entre las cintas del verde totoral.

¡Momentos deliciosos de olvido, de esperanza!
¡Destellos que iluminan la hermosa juventud!
¡Aquí es donde se sueña la virgen prometida
y es lumbre de sus ojos la ráfaga de luz!

Amigo de la infancia, te pido de rodillas
que el día en que a mi amada la sirvas de dosel,
me des una flor tuya, la flor mejor abierta,
para ceñir con ella la nieve de su sien.

¡Que nunca Dios me niegue tu sombra bienhechora,
seibo de mis islas, señor del Paraná!
¡Que pueda con mis versos dejar contigo el alma
viviendo de tu vida, gozando de tu paz!

¡Ah! ¡Cuando nada reste de tu cantor y seas
su solo monumento, su pompa funeral,
yo sé que en la corteza de tu musgoso tronco
alguna mano amiga mi nombre ha de grabar!

Rafael Obligado 1851-1920. Destacado escritor. Uno de los fundadores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Pasó su infancia cerca del río Paraná. Tanto el río como el paisaje lo que motivaron a escribir varias poesías. Su obra cumbre fue “El Santos Vega” que originariamente compuso dentro de su libro “Poesías” apareció en 1885. “El seibo” pertenece a ese libro. Obligado fallece en Mendoza, un 8 de marzo.

Leído en: https://historianatural.wordpress.com/2009/02/26/rafael-obligado-poesia-sobre-el-seibo/

 

El ombú. Luis L. Domínguez

Cada comarca en la Tierra
tiene un rasgo prominente
el Brasil, su sol ardiente;
minas de plata, el Perú;
Montevideo, su cerro;
Buenos Aires –patria hermosa-,
tiene su pampa grandiosa;
la pampa tiene el ombú.
Esa llanura extendida,
inmenso piélago verde,
donde la vista se pierde,
sin tener donde posar;
es la pampa misteriosa
todavía para el hombre,
que a una raza da su nombre,
que nadie pudo domar.
No tiene grandes raudales
que fecunden sus entrañas
pero lagos y espadañas
inundan toda su faz,
que dan paja para el rancho,
para el vestido dan pieles,
agua dan a los corceles,
y guarida a la torcaz.
Su gran manto de esmeralda
esmalta modestas flores
de aromáticos olores
y de risueño matiz.
El bibí, los macachines,
el trébol, la margarita,
mezclan su aroma exquisita
sobre el lucido tapiz.
No tiene bosques frondosos
ni hermosas aves en ellos;
pero sí pájaros bellos
hijos de la soledad,
que siendo únicos testigos
del que habita esas regiones,
adivinan sus pasiones
y acompañan su orfandad.
Así, nuncio de la muerte
es el cuervo o el carancho
-si la peste amaga el rancho
sobre el techo el buho está-,
y meciéndose en las nubes
y el desierto dominando,
las horas está cantando
el vigilante chajá.
No hay allí bosques frondosos
pero alguna vez asoma
en la cumbre de una loma
que se alcanza a divisar,

El ombú, solemne, aislado,
de gallarda, airosa planta,
que a las nubes se levanta
como faro de aquel mar.
¡El ombú!Ninguno sabe
en qué tiempo ni qué mano
en el centro de aquel llano
su semilla derramó.
Mas su tronco tan ñudoso,
su corteza tan roída
bien indican que su vida
cien inviernos resistió.
Al mirar cómo derrama
su raíz sobre la tierra,
y sus dientes allí entierra
y se afirma con afán.
parece que alguien le dijo
cuando se alzaba altanero:
ten cuidado del pampero
que es tremendo su huracán.
Puesto en medio del desierto,
el ombú, como un amigo,
presta a todos el abrigo
de sus ramas con amor;
hace techo de sus hojas
que no filtra el aguacero
y a su sombra el sol de enero
templa el rayo abrasador.
Cual museo de la pampa
muchas razas él cobija:
la rastrera lagartija
hace cuevas a su pie.
Todo pájaro hace nido
del gigante en la cabeza
y un enjambre en su corteza
de insectos varios se ve.
Y al teñir la aurora el cielo
de rubí, topacio y oro,
de allí sube a Dios el coro,
que le entona al despertar
esa pampa, misteriosa
todavía para el hombre,
que a una raza da su nombre
que nadie pudo domar.
Desde esa turba salvaje
que en las llanuras se oculta
hasta la porción más culta
de la humana sociedad,
como un linde está la pampa
sus dominios dividiendo
que va el bárbaro cediendo
palmo a palmo la ciudad.
Y el rasgo más prominente
de esa tierra donde mora
el salvaje que no adora
otro dios que el Valichú,
que en chamal y poncho envuelto
con los laques en la mano
va sembrando por el llano
mudo horror, es el ombú
¡Cuánta escena vio en silencio!
¡Cuántas voces ha escuchado
que en sus hojas ha guardado
con eterna lealtad!
El estrépito de guerra
a su pie se ha combatido
su quietud ha interrumpido
por amor y libertad.
¡En su tronco se leen cifras
grabadas con el cuchillo
quizá por algún caudillo
que a los indios venció allí:
por uno de esos valientes
dignos de fama y de gloria,
y que no dejan memoria
porque nacieron aquí!…
A su sombra melancólica
en una noche serena,
amorosa cantinela
tal vez un gaucho cantó;
y tan tierna su guitarra
acompañó sus congojas
que el ombú de entre sus hojas
tomó rocío y lloró.
Sobre su tronco sentado
el señor de aquella tierra
de su ganado la yerra
presencia alegre tal vez;
o tomando el matecito
bajo sus ramos frondosos
pone paz a dos esposos,
o en las carreras es juez.
A su pie trazan sus planes
haciendo círculo al fuego
los que van a salir luego
a correr el avestruz…
Y quizá para recuerdo
de que allí murió un cristiano,
levantó piadosa mano
bajo su copa una cruz.
Y si en pos de amarga ausencia
vuelve el gaucho a su partido,
echa penas al olvido
cuando alcanza a divisar
el ombú, solemne, aislado,
de gallarda, hermosa planta,
que a las nubes se levanta
como faro de aquel mar.

Luis L. Domínguez, poeta y prosista argentino. Nació en Buenos Aires el 15 de marzo de 1819 y murió en Londres el 20 de julio de 1839.

De: América Poética.

 

La selva triste. Leopoldo Lugones

Ya se ve la claridad del llanto
tras las pestañas del follaje. Azora
su insegura quietud un leve espanto.
Y en una soledad desgarradora,
advierte el alma errante que no es ella
la que padece más, sino la estrella
que junto a un sauce se despide y llora.

Leopoldo Lugones, Las horas doradas (1922)

Leído en: https://historianatural.wordpress.com/2009/05/23/la-selva-triste-por-leopoldo-lugones/

 

Para conservar talas (Celtis sp.) y talares. Juan Carlos Chevez

Porque crecí retorcido
y espinoso como el tala,
se me ha antojado que el árbol
me representa en sus ramas.
Algunos dirán seguro
que estorbamos en las pampas,
que la leña que brindamos,
no forma una buena brasa.
Que pa´ colmo en el invierno
parece que nos secaran,
porque se nos caen las hojas
y afeamos las barrancas.
Y otros más lamentarán,
por culpa de la alambrada,
que allí nos vamos salvando
de topadora y de hachas.
Pero olvidan los cretinos,
que nuestra sombra ocultaba
la casa de los yaguares,
del querandí su morada.
Y no saben o no quieren
saberlo por si se espantan,
que nos quedamos sin hojas
pa´que el sol llegue a otras plantas.
Que le dimos hasta nombres
para saber dónde estaban,
si en el Talar de Pacheco
o en el pueblo de Los Talas.
Pero ha querido la suerte,
más que suerte una desgracia,
que nuestro nombre del inca
coincida con el que tala.
Porque talan y destruyen,
cada vez con mayor saña,
y no es lo mismo el que tala
que dejar crecer un tala.
Tal vez un día recuerden
con algo de pena amarga,
que debajo del asfalto
hubo raíces de talas.
Que fuimos para las aves
abrigo, comida, casa,
y que en vez de criticarnos,
en el alba nos cantaban.
Y si queda alguna duda
que somos la misma raza,
prueben su fruto y verán
que era dulce nuestra alma.

De: Juan Carlos Chevez – Director del área de Biodiversidad y Coordinador del Grupo de Especies en Peligro y Áreas Protegidas. Fundación de Historia Natural Félix de Azara.

Fuente: Mérida, E. y J. Athor (editores). 2006. Talares bonaerenses y su conservación. Fundación de Historia Natural Félix de Azara. Buenos Aires. 260 pp.

Leído en: https://historianatural.wordpress.com/2011/05/15/conservar-talares-tala-celtis-tala/

Fechas: El día 28 de junio se conmemora el Día Mundial del Árbol, el cual fue instaurado por el Congreso Forestal Mundial realizado en la ciudad de Roma en el año 1969. Otra fecha vinculada es el Día Forestal Mundial o Día Internacional de los Bosques, establecido desde 1971 por la FAO, el 21 de marzo.” En Argentina, Día del árbol: el 29 de Agosto.

Más: Día del árbol: poemas y enlaces de interésPoema del árbol, Antonio Machado Arbol feliz, Enrique BanchsPoemas y canciones dedicados a los animales

Vivimos en la “sociedad de la seducción” pero el erotismo está en crisis – vía Infobae

… ¿cómo seducir más allá de la pantalla?

«Gustar y emocionar» es el último libro de Gilles Lipovetsky publicado en castellano. / Getty“

Por Luciano Lutereau – 14 de Junio de 2022

En los últimos años escuchamos diferentes calificaciones de nuestra sociedad. Se habla de “sociedad del espectáculo”, “sociedad del cansancio”, “sociedad del cuidado”, y así cada pocos meses surge una nueva denominación que demuestra que no sabemos muy bien en qué mundo vivimos.

Confieso que, por su reiterada variación, este tipo de caracterizaciones me resultan un poco aburridas, quizá porque van de la mano de una percepción algo nostálgica –el mundo ya no es como antes. Por momentos, incluso pienso que se trata más de plantear cómo ya no son las cosas. Sin embargo, también tengo que decir que sentí algo diferente cuando leí “sociedad de la seducción” en el último ensayo traducido y publicado del sociólogo francés Gilles Lipovetsky.

De Lipovetsky no hay mucho que decir, porque lo poco que puedo decir es bastante y se resume en afirmar que es uno de los intelectuales más importantes de este tiempo algo difuso y que implicó el pasaje de un siglo a otro. Es conocido por libros ya clásicos como El crepúsculo del deber o La felicidad paradójica y creo que su principal mérito, entre la veintena (o más) de sus ensayos, es haber anticipado en los ‘80 un mundo que hoy es realidad. En su momento quizá no fue tenido muy cuenta, lo mismo que otro gran teórico del presente como lo fue Jean Baudrillard. Si hoy tuviera que elegir a los mejores pensadores de esta época, ellos estarían en la lista.

Gustar y emocionar es el libro en que me voy a detener particularmente, pero antes diré que la seducción es un tópico que recorre muchísimos de los ensayos de Lipovetsky y encontramos una indicación precisa en La era del vacío (de 1983). Allí leemos:

“La vida de las sociedades contemporáneas está dirigida desde ahora por una nueva estrategia que desbanca la primacía de las relaciones de producción en beneficio de una apoteosis de las relaciones de seducción.”

Querido lector, ¿usted se da cuenta de que Lipovetsky dijo esto en un mundo en el que todavía no existía la Internet ni las redes sociales y ni siquiera soñábamos con la inteligencia del teléfono portátil –desde el que quizá lee esta nota– que nos permite estar en contacto permanentemente? Ya en ese entonces, Lipovetsky previó el advenimiento de una etapa histórica en que el individualismo iría ganando terreno, en culturas que ya no privilegiarían la prohibición o las leyes morales, sino el esteticismo, la proyección narcisista en los objetos de diseño y en la relación con los semejantes. Un ejemplo simple: en el mundo de nuestros abuelos, si alguien quería ir a comprar un destapador, iba a encontrar uno solo; hoy no hay útil que escape a la personalización. Este es el mundo de Narciso, en el que todo el entorno se puede “tunear” como si fuera un espejo en que nos reflejamos.

Jean Baudrillard es, junto con Lipovetsky, uno de los pensadores más importantes de la época, según el autor de la nota. (Photo by Rita Barros/Getty Images)


Ahora bien, antes de pasar al nuevo libro de Lipovetsky, ya que antes mencioné a Baudrillard, no puedo dejar de mencionar que en 1981 escribió un breve ensayo que se tituló De la seducción, en que la tensión entre producción y seducción es explícita y se lee una afirmación como la siguiente:

“Hoy no hay nada menos seguro que el sexo, tras la liberación de su discurso. Hoy no hay nada menos seguro que el deseo, tras la proliferación de sus figuras. […] La fase de la liberación sexual es también la de su indeterminación. Ya no hay carencia, ya no hay prohibición, ya no hay límite […]. El espectro del deseo obsesiona a la realidad difunta del sexo. El sexo está en todos lados, salvo en la sexualidad.”

El párrafo es un poco complejo, pero la idea es simple: en nuestras sociedades el sexo dejó de ser algo íntimo y eventualmente oculto; vemos sexo por todos lados y pareciera que vivimos hiperexcitados, pero estamos atravesando una crisis del erotismo. El costo de la revolución sexual de la década del ‘60 del siglo pasado fue una particular apatía que le quitó a la sexualidad su dinamismo y así es que proliferan los especialistas que nos dicen cómo estimular nuestras zonas erógenas –pareciera que nos volvimos en instrumentos de placer y la sexualidad se volvió una técnica. Hoy no hay más que entrar a YouTube y ver cómo puede estar disponible un video en que alguien nos enseñe cómo hay que masturbarse…

Una de mis canciones favoritas –Everybody Knows, de Leonard Cohen– lo dice claramente: “Todo el mundo sabe que un hombre y una mujer desnudos son un brillante artefacto del pasado”. En el siglo XIX murió Dios, según Nietzsche. En el siglo XX murió el sexo, según Baudrillard (“la realidad difunta del sexo” dice la cita que propuse más arriba).

Aquí alguien podría decir que murió el sexo heteronormado. Y es cierto, como lo es que la heteronorma –hoy tan criticada– fue la matriz en que se estableció un modo de entender la seducción que no se reduce a las relaciones heterosexuales. Por eso mejor es que comencemos a hablar de escena de seducción y no tanto de la condición (de género u orientación sexual) de los participantes. Además, es paradójico que Baudrillard diga que el sexo murió, en el mismo siglo en que se desarrolló el psicoanálisis. Sin embargo, este pensador es un buen lector de Freud y sabe que la acusación de pansexualismo (ver sexo en todos lados) no es lo propio del pensamiento freudiano. Freud quizás esté más cerca de Oscar Wilde cuando este dijera que “Todo tiene que ver con el sexo; menos el sexo, que tiene que ver con el poder”.

Este último punto nos lleva a una cuestión sumamente importante hoy, que es cómo muchas de las escenas habituales de seducción pasaron a interpretarse en términos de un poder ejercido. Sin duda nuestro código de seducción cambió y no es claro que nuestro erotismo se haya ampliado: las personas testimonian cada vez más de su dificultad para acercarse a los otros, del escarceo sin consecuencias, del deseo que apenas se muestra para confirmar a un deseante que, cuando obtiene su propósito (ya no la cama, sino que a veces alcanza con un like) huye y desaparece. Hoy tenemos un montón de términos en inglés (ghosting y compañía) como nuevo código amoroso. Hoy tenemos un código y todos somos un poco especialistas –psicólogos espontáneos, según los consejos que se dan y reciben en la virtualidad– en modalidades vinculares.

Para pensar este cambio de punto de vista en relación a la seducción, Lipovetsky dice lo siguiente:

“Tradicionalmente, la seducción se plantea como un instrumento destinado a hacer caer en la trampa al otro, un instrumento al servicio de un deseo malvado de poder y conquista. Seducir es engañar. Sin embargo, cómo ignorar el hecho de que antes de ser una estratagema, una técnica de engaño, la seducción es un estado emocional, una experiencia originaria y universal que se confunde con la sensación de atracción. […] La seducción es consustancial a lo vivo: antes de ser un artificio, un señuelo, una estrategia, es un dato inmediato de la experiencia sensitiva y afectiva.”

De este modo, la seducción perdió su condición de escena oculta y fue reemplazada por una codificación que permite interpretar los más diversos detalles. Ahora bien, ¿cuál es la erótica de la seducción? No necesariamente hay seducción cuando dos personas se ponen de acuerdo para mantener una relación sexual. La seducción, si es tal, está en otra parte –nunca es visible; o para recordar una frase de una conocida canción de Gustavo Cerati (que podría haber sido tomada del libro de Baudrillard): “Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa”:

Esta idea es importante: la seducción se manifiesta en diversos actos cotidianos. Por ejemplo, se confirma en uno muy habitual: esperar. Por eso cuesta tanto. Los varones suelen ser especialmente ansiosos con la espera. Las mujeres, aunque quizá tampoco les guste, la llevan mejor. Me permito estas generalizaciones triviales, porque cuento con que nadie se ofenda y por su propia cuenta recuerde las excepciones. En todo caso, diría que a nadie le gusta esperar, porque a nadie le gusta la posición pasiva en la seducción. Por eso es posible hacerse esperar, llegar con demora, llegar cuando el otro ya está ahí.

A veces se dice que los varones esperan con mejor ánimo a una mujer, porque no los pasiviza, pero no soportan esperar un turno en un banco o en el dentista. También está la situación de aquellas mujeres que esperan, muchas veces, incluso activamente; logran algo que un varón jamás podría: hacer de la espera algo activo. De eso habla el refrán que dice: “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”. No es que estas mujeres tengan más paciencia que los varones, sino que pueden vivir la espera de una forma más lúcida, salvo cuando sienten que se las hace esperar…

Esta breve disquisición sobre la espera muestra cómo la seducción implica roles en torno a la pasividad y la actividad antes que a la identidad y la orientación sexual. Que hablemos de varones y mujeres depende más de la forma histórica determinada, pero no es lo esencial.

De 1981 es otro antecedente del libro de Lipovetsky. Me refiero a Capitalismo de la seducción, de Michel Clouscard. En la sociedad capitalista contemporánea, el deseo hiperexcitado se muestra y se exhibe a expensas de los vínculos profundos. En la seducción el lazo con otro ya no está garantizado; sólo se trata de dos personas que quieren ser reconocidas como deseantes, en lugar de realizar un deseo. En efecto, hoy podríamos decir que todas las aplicaciones terminan siendo para citas, incluso en una red social ilusoriamente se nombra al otro en términos de amistad, cuando no se hace otra cosa que seducirse.

El capitalismo es la seducción generalizada y cada vez hay menos personas con quien hablar y compartir el peso de lo cotidiano. Hoy en día es más fácil tener sexo ocasional que pasar un buen rato en un café. Por eso Michel Foucault decía que lo que más incomoda a Occidente es la amistad, no el deseo. Y por cierto, ideas del estilo “recuperar la pasión” o “volver a encontrarse” en una pareja son propias de una sociedad que inventó el microondas. Cada sociedad ama según cómo elabora sus alimentos.

En otra época el pan se consumía fresco en el día, al día siguiente se lo hacía tostadas y luego budín de pan. El pan nunca se tiraba. Hoy en día se lo freeza y luego se lo recalienta en el microondas; así queda gomoso, y después se lo tira. Así son nuestros amores: recalentados y gomosos. Tal vez Netflix sea el microondas de las parejas del siglo XXI.

Ahora bien, llegados a este punto, cabe destacar que si la seducción no es vista solo como instancia de engaño es porque también colabora con la génesis de nuestros deseos, en este sentido, antes que una crítica de la sociedad de la seducción, la perspectiva sería más bien la de una reorientación. Lipovetsky lo dice de este modo:

“Concebir la seducción requiere pasar del punto de vista moral al punto de vista […] que utiliza Freud. […] Hay que repensar desde cero no solo las relaciones entre la seducción y el deseo, sino también la sociedad del gustar y emocionar. Esta, mal que le pese a sus detractores, no es el mal encarnado ni puede confundirse con una pura y simple empresa de manipulación de masas. [Es cierto que] la sociedad de la seducción, tal como funciona en la actualidad, no es un modelo sostenible ni un porvenir deseable. Son indispensables correcciones de mayor calado […] debe ser remediada, reorientada desarrollando contrapesos ambiciosos capaces de ofrecer seducciones más ricas que las que nos gobiernan en el día a día.”

De esta forma, se trataría de ir en contra de las seducciones anestésicas (de pantalla, consumistas, distractoras), pero no con el fin de criticar la seducción sino para recuperar su carácter constitutivo, ya que el arte de la atracción ocupa un lugar fundamental en los lazos sociales –profundamente en crisis en el mundo contemporáneo, como lo recuerda esa canción de Virus que decía: “Este mundo tan poco sensual que no pudo aliviarme”– y en los orígenes de la vida mental –por ejemplo, en las experiencias de cuidado del niño que pasa de la seducción de la caricia en el juego con su madre al placer de verse en la imagen en el espejo y reconocerse como uno e idéntico a sí mismo.

Este libro de Lipovetsky está recorrido por una tensión interna que, por un lado, es crítica de las formas mercantiles de la seducción que “emboba”, pero al mismo tiempo –por otro lado– insiste en la importancia de repropiar experiencias seductoras con fines creativos, porque en ellas se cuece nuestra sensibilidad y enriquecimiento personal.

En el mundo del siglo XXI proliferan las sensibilidades aplastadas, conformistas, sin espesor, porque la seducción solo fue pensada en términos morales y, en el pasaje a un nuevo código todo lo que viene de afuera es nocivo o malo, sin tener en cuenta que el ser humano necesita la afectación antes que el aislamiento. En este nuevo ensayo de Lipovetsky se discute también el futuro de nuestras sociedades, con una apuesta muy concreta:

“Incluso si la sociedad de seducción tal como funciona actualmente no nos da los medios para afrontar de forma satisfactoria los retos del porvenir y exige para ellos distintos contrapesos, no hay motivo para demonizar su reino. No se trata de construir un más allá radical de dicha sociedad, sino una sociedad de seducción que, liberada de la hegemonía de los valores materialistas y presentistas, sea compatible con el esfuerzo y el trabajo […]. Nuestra responsabilidad consiste en promover, en lugar de una seducción pasiva, una seducción aumentada, una seducción que impulse las pasiones ricas y buenas, aquellas que permiten el progreso de uno mismo, el enriquecimiento de las experiencias y las facultades humanas.”

Cerca de cumplir 80 años, Lipovetsky es de los críticos del presente que no deja de tener una visión esperanzadora y de confianza en el porvenir.

Leído en: infobae.com/leamos/2022/06/14/vivimos-en-la-sociedad-de-la-seduccion-pero-el-erotismo-esta-en-crisis-como-seducir-mas-alla-de-la-pantalla/

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