Archive for the ‘Autores apreciados’ Category

El silencio, aproximaciones – David Le Breton

octubre 19, 2019

Buscando sobre el “silencio interior” di con un texto acerca del silencio interior/exterior

(vía sujetos del habla/facebook y rebelion.org)

“La disolución mediática del mundo genera un ruido ensordecedor, una equiparación generalizada de lo banal y lo dramático que anestesia las opiniones y blinda las sensibilidades. El discurso de los medios de comunicación posterga el juicio reflexivo a favor de una voz incontinente y sin contenido. Y, sin embargo, esta saturación lleva a la fascinación por el silencio. Kafka lo decía a su manera: “Ahora, las sirenas disponen de un arma todavía más fatídica que su canto: su silencio”.

Reivindicar el silencio en nuestros días se convierte así en algo provocador, contracultural, que contribuye a subvertir el vacuo conformismo y el efecto disolvente del ruido incesante. El silencio puede asumir entonces una función reparadora, eminente terapéutica, y venir a alimentar la palabra del discurso inteligente y la escucha atenta del mundo.

El único silencio que conoce la utopía de la comunicación es el de la avería, el del fallo de la máquina, el de la interrupción de la transmisión. Este silencio es más una suspensión de la técnica que la afloración de un mundo interior. El silencio se convierte entonces en un vestigio arqueológico, algo así como un resto todavía no asimilado. Anacrónico en su manifestación, produce malestar y un deseo inmediato de yugularlo, como si de un intruso se tratara. Señala el esfuerzo que aún queda por hacer para que el hombre acceda al fin a la gloriosa categoría del homo communicans.

Pero, al mismo tiempo, el silencio resuena como una nostalgia, estimula el deseo de una escucha pausada del murmullo del mundo. El turbión de palabras hace más apetecible aún el sosiego, el goce de poder reflexionar sobre lo que sea y hablar empleando el tiempo preciso para que la conversación avance al ritmo marcado por las propias personas, y se detenga, a la postre, en el rostro del interlocutor. Entonces el silencio, tan contenido como estaba, cobra un valor infinito. Surge entonces la gran tentación de oponer a la profusa “comunicación” de la modernidad, indiferente al mensaje, la “catarsis del silencio” (Kierkegaard), con la esperanza de poder restaurar así todo el valor de la palabra.

Cada vez resulta más difícil entender este mundo que la interminable proliferación de discursos intenta explicar. La palabra que difunde la multitud de medios de comunicación carece de relieve, diluida como está en su propia saturación. Impera a la postre una suerte de melancolía del comunicador, obligado a reiterar un mensaje inconducente, esperando que algún día algún mensaje llegue a tener alguna resonancia. Cuanto más se extiende la comunicación más intensa se hace la aspiración a callarse, aunque sea por un instante, a fin de escuchar el pálpito de las cosas o para reaccionar ante el dolor de un acontecimiento, antes que otro venga a relegarlo, y luego otro, y otro más… en una especie de anulación del pensamiento en un torrente de emociones familiares cuya insistente evanescencia aporta sin duda consuelo, pero acaba ensombreciendo el valor de una palabra que condena al olvido todo lo que enuncia. La saturación de la palabra lleva a la fascinación por el silencio. Kafka lo dice a su manera: “Ahora, las sirenas disponen de un arma todavía más fatídica que su canto: su silencio. Y aunque es difícil imaginar que alguien pueda romper el encanto de su voz, es seguro que el encanto de su silencio siempre pervivirá”.

El imperativo de comunicar cuestiona la legitimidad del silencio, al tiempo que erradica cualquier atisbo de interioridad. No deja tiempo para la reflexión ni permite divagar; se impone el deber de la palabra. El pensamiento exige calma, deliberación; la comunicación reclama urgencia, transforma al individuo en un medio de tránsito y lo despoja de todas las cualidades que no responden a sus exigencias. En la comunicación, en el sentido moderno del término, no hay lugar para el silencio: hay una urgencia por vomitar palabras, confesiones, ya que la “comunicación” se ofrece como la solución a todas las dificultades personales o sociales. En este contexto, el pecado está en comunicar “mal”; pero más reprobable aún, imperdonable, es callarse.

La ideología de la comunicación asimila el silencio al vacío, a un abismo en el discurso, y no comprende que, en ocasiones, la palabra es la laguna del silencio.

Más que el ruido, el enemigo declarado del homo communicans, el terreno que debe colonizar, es el silencio, con todo lo que éste implica: interioridad, meditación, distanciamiento respecto a la turbulencia de las cosas -en suma, una ontología que no llega a manifestarse si no se le presta atención.”

Basado en: el libro “El silencio, aproximaciones David Le Breton“. Su autor, David Le Breton es antropólogo, sociólogo y psicólogo, profesor de la Universidad de Estrasburgo…

Le Breton en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Philippe_Breton

Leído en: sujetos del habla/facebook – en rebelion.org hay un texto más extenso:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=38551

A continuación:  Para los que tienen tiempo/silencio 😉 desde rebelion.org, la Introducción/ Aspiración al silencio/ Obligación de decirlo “todo”/ El imposible silencio de la comunicación/ Elogio de la palabra/ No hay palabra sin silencio/

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Poema de Chen Chiju, antiguo poeta chino

octubre 11, 2019

Releyendo a Lin Yutang

“Lo pasado es historia solamente.

Lo futuro se resiste a los profetas.

Vivamos lo presente, pues, los vivos,

sin de dóndes, adóndes ni porqués.”

Chen Chiju – citado por Lin Yutang en el libro La Importancia de Comprender.

De duelo. Hola todos! Si notan que no estoy muy activa circulando por la comunidad-wordpress…

agosto 17, 2019

sólo contarles que ya volveré y nos seguiremos viendo en el Reader. Pero se me ha muerto alguien a quien yo quise mucho muchísimo y fueron tantísimos años… que ahora ando sintiéndome un poco como lo que cuenta el texto de más abajo, aunque el vínculo fue otro, pero me trae esa añoranza… Igualmente, el blog parece activo pues van saliendo algunos posts que había dejado en la Schedule… Saludos! Nos leemos! Norma Luz – la bloguera de aquí. 

El duelo por la muerte del padre – Jamil Abuchaen

(del archivo/AcuarelaDePalabras/año2006)

“Primero, me llorarán;
luego, me pensarán.
Después, me olvidarán.”

(de Nemer Ibn Barud – Monosílabos)

“… Por ahora me resulta tan difícil escribirte, que hasta he dilatado varias veces el momento de agradecerte de todo corazón las conmovedoras palabras que me has dirigido en tu carta. A través de alguna de esas rutas que corren tras la conciencia oficial, la muerte del viejo me ha afectado profundamente. Yo lo estimaba mucho y lo comprendía perfectamente; influyó a menudo en mi vida, con esa peculiar mezcla suya de profunda sabiduría y fantástica ligereza de ánimo. Cuando murió, hacía mucho que su vida había concluido, pero ante su muerte todo el pasado volvió a despertarse en mi intimidad. Ahora tengo la sensación de estar totalmente desarraigado.”

Lo que es llamativo es el uso de las palabras desarraigado y, desamparado.

La palabra desamparo implica los siguientes sinónimos: solo, indefenso abandonado, huérfano desvalido, desabrigado, descuidado; perdido, extraviado, inerme, etcétera.

No importa mucho examinar con detenimiento o mayor profundidad la preferencia de los traductores por una u otra palabra. Lo que deseo es hacer hincapié en el sentimiento que Freud expresa por la muerte de su padre: se sentía hondamente comprometido y no sólo con su presente sino y fundamentalmente con su pasado. Lo que llama la atención es la vivencia de orfandad que tanto una como otra de cualquiera de las dos palabras utilizadas en la traducción transmiten. …

El papel del padre

Examinemos el problema desde una perspectiva más general. Lo primero que llama la atención es que el duelo por la muerte del padre ha sido, en la literatura psicoanalítica, homologado con el de la muerte de la madre. Esto es tan así que cuando se estudia el fenómeno del duelo ningún autor hace la distinción de la estructura, dinámica y consecuencias entre uno y otro tipo.

Hay algunas pocas referencias de los efectos dañinos que la desaparición del padre o de la madre pueden llegar a provocar en el individuo si este es un hombre o una mujer.

Habitualmente se ha hecho hincapié en el duelo por la muerte de la madre y en algunas escuelas psicoanalíticas (como la kleiniana), las consecuencias de este duelo pueden referirse no sólo a la totalidad de la madre como persona sino a aspectos parciales de ésta. Es sumamente frecuente que se hable del duelo por el pecho de la madre durante el período de destete, del duelo del vientre materno durante y después del parto, etcétera.

El papel del padre no ha merecido una atención especial y para algunos analistas lo que marca las características fundamentales de una personalidad adulta son los duelos que ha sufrido por la pérdida de la figura materna o aspectos parciales de ésta.

En mi trabajo clínico como psicoanalista, hace más de treinta y cinco años, he observado un fenómeno que cuando lo vi por primera vez me causó suma extrañeza.

Este hecho clínico consiste en haber encontrado -reiteradamente que la muerte del padre, acaecida en cualquier edad, pero principalmente en las etapas tempranas del desarrollo y en la adolescencia, reviste particularidades inconfundibles y cuya repercusión en la vida del doliente, tanto para el hombre como para la mujer, son asombrosamente idénticas o muy semejantes en su dinámica.

Este hecho clínico me llamó la atención porque lo esperable era que la hija sufriera consecuencias distintas de aquellas referidas al varón. De acuerdo con mi experiencia clínica, los acontecimientos psicológicos, tanto en el hombre como en la mujer, obedecen a una misma dinámica anímica.

Me siento con derecho, a raíz de la observación de mis psicoanalizadas, a sostener que la muerte del padre -manifiesta o latentemente constituye el acontecimiento más fundamental que puede ocurrir en la vida de una persona, sea ésta del sexo masculino o del femenino.

Si volvemos a examinar la carta de Freud a Fliess, del 2 de noviembre de 1896, nos encontramos con una estremecedora confesión para un hombre que en la oportunidad, tenía apenas cuarenta años: … pero su muerte real ha hecho revivir en mi todos mis sentimientos más tempranos. Ahora me siento completamente desarraigado (o desamparado)”.

La genialidad de Freud le permitió recortar lo que yo considero el aspecto más esencial del duelo por la muerte del padre: el desamparo o desarraigo. Este desamparo atañe tanto a la mujer cuanto al hombre y se manifiesta con igual intensidad en cualquiera de los dos. …”

De: “El duelo por la muerte del padre.” – Dr. Jamil Abuchaen, psicoanalista y profesor.

PD: A los que les interese el tema, pueden leer el texto completo (con las etapas de un duelo) en:
El duelo por la muerte del padre

Tarjeta con frase: Tu inconsciente

mayo 10, 2019

…quiere hacerlo. Así que recuerda: él tendrá la razón a la larga.”

¿Freud, habrá dicho esto? O parecido, tal vez..?

Vía: Velos de Faltas… (Image may be subject to copyright).

¿Es posible ser libre? Krishnamurti

diciembre 14, 2017

“Nos preguntamos: ¿es posible ser libre? ¿Podemos nosotros, tal como somos –condicionados, moldeados por las influencias, la propaganda, los libros que leemos, las películas, las radios, las revistas, con el efecto que tienen estas cosas sobre nuestra mente– podemos vivir con total libertad? No solo la libertad consciente sino la libertad en la raíz misma de nuestro ser.

Pareciera que este es el reto, esa es la única cuestión, porque si no somos libres, no podemos amar, solo podemos tener celos, ansiedad, afán de dominar, de sentir placer, a través del sexo u otro. Si no somos libres, no podemos ver con claridad y captar ese sentido de la belleza.”

Charlas en Saanen, 1968.
Vía: Boletín Fund, Krishnamurti.

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