Debate…

Leyendo a Jim Rohn*

«Una buena idea se refina con el debate. Por eso tenemos dos partidos principales en el Congreso. Hay alguien que dice, «Tengo una gran idea para el país”. Le decimos, «¡Estupendo! Póngala sobre la mesa y vamos a debatir”. Y comenzamos el debate interrogando al tipo que tiene esa idea tan extraordinaria. A la tercera pregunta dice, «Retiro mi gran idea. Se me habían olvidado esas tres preguntas”.

Habrá tiempo de sobra más adelante para discutir con las nuevas ideas. La clave está en tomar apuntes con cuidado primero, y después debatir.

Esté siempre dispuesto a considerar las dos partes de la discusión. Entender la otra parte es la mejor manera de fortalecer la suya.

Tenemos que enseñar a nuestros hijos a debatir los asuntos importantes de la vida. El debate fortalece sus convicciones y les permite defenderse contra las ideologías que van a cruzarse en su camino.»

*Jim Rohn, estadounidense, conferencista sobre desarrollo personal, gerencia y ventas.

Cortesía en las negociaciones

Recomendaciones relativas a la ritualización/solemnización…

  1. Utilice las formas, imponga la cortesía, el respeto al orden del día convenido, opóngase a que se interrumpa al que está en uso de la palabra. Sea estricto en esto; sin ser enfático, no ceda ni un ápice, esto evita que las pasiones adquieran demasiada ventaja.

2. No consienta que le pongan furioso: algunos harán todo lo posible por cogerle en falta en este punto. Relájese, respire…

3. No consienta ni insultos ni calumnias. Manténgase firme a ese respecto; si lo ve necesario, rompa. No se puede respetar a alguien que se deja insultar o calumniar. Tampoco se negocia con alguien a quien no se respeta; lo que se busca es aplastarle.

4. No ponga al otro en situación de inferioridad. No le humille. Déle siempre una oportunidad de salvar la cara.

5. Con mayor motivo, no acepte negociar en situación de inferioridad física o moral.

6. No deje de recordarse que una negociación ha tenido éxito cuando no hay ni vencedor ni vencido, sino interlocutores -aunque muy momentáneos– satisfechos de la solución que han encontrado… Lo que importa es que la negociación haya podido eludir el conflicto. El respeto de las formas colabora grandemente a este resultado…”

Leído en: “Las negociaciones…”, Louis Laurent, pag.36, Edit. Deusto-Planeta.

La conversación: algunas reglas

Desde el Archivo/2010…

“Para ser agradable en una conversación, débese, pues:

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1. Hablar poco y escuchar mucho: Dios nos ha dado una sola boca y dos oídos.

2. Hablar con tono moderado, gracioso y natural, sin acento defectuoso.

3. Evitar la grosería, la trivialidad, y todo cuanto pueda ofender un oído delicado.

4. Sin ser purista, velar por la corrección y la elegancia del lenguaje, respetando los fueros de nuestra hermosa lengua castellana.

5. Hablar a cada cual de lo que mejor conozca o de lo que más le agrade.

6. Hablar muy pocas veces de sí mismo, de su familia, de sus negocios propios: el yo es siempre odioso.

7. Saber guardar un secreto, y no hacer nunca preguntas indiscretas.

8. Mostrarse benévolo, sin adulación; sincero, sin rudeza; siempre amable.

9. Saber escuchar.”

Leído y copiado de: “Manual de Urbanidad”, por H.E.C., Nueva Edición Refundida, Librería de José Moly, Buenos Aires.

Modales urbanos (cortesía y etiqueta)

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De un viejo libro…
 
“La urbanidad de los modales tiene por objeto el conocimiento y la práctica de las reglas de la cortesía y de las leyes de la etiqueta.
 
La urbanidad (ars vívendi) consiste esencialmente en las formas exteriores; es el ceremonial de la gente bien educada. Si no infunde en todos los casos bondad, equidad, complacencia y gratitud, virtudes que supone la urbanidad del corazón, por lo menos reviste a los hombres con las apariencias de aquéllas y hace que parezcan exteriormente lo que son dentro de sí mismos, — o mejor dicho, lo que debieran ser.
 
Obligado a vivir en el mundo, no puede uno ignorar sus usos, sus costumbres, su lenguaje, todo cuanto nos exige en las diversas circunstancias de la vida, so pena de pasar por un hombre falto de educación. Los modales, que descuidamos como cosa de poca monta, son precisamente lo que hace que los hombres opinen bien o mal de nosotros (LA BRUYERE).
 
Para su deluda aplicación, requieren las reglas de cortesía muchísimo tino. So pretexto de urbanidad, no debe uno carecer de naturalidad, mostrarse obsequioso en demasía ni encogido; ha de hermanarse cierta dignidad con mucha soltura y despejo.
 
Sin la urbanidad del corazón, la de los modales no puede ser duradera. Esta se agotaría como esos arroyos efímeros originados por una tormenta, y que el primer viento o el primer rayo de sol hacen desaparecer.

La urbanidad del corazón

Sigue en: Archivo/2010:
https://acuarela.wordpress.com/2010/04/13/modales-urbanos/
(Fuente: “Manual de Urbanidad”, por H.E.C., Nueva Edición Refundida, Librería de José Moly, Buenos Aires. )

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