Preguntas de un obrero que lee – Bertolt Brecht – Preguntas de un obrero ante un libro (?)

Desde el archivo/2016 y vía soydondenopienso*

¿Quién construyó Tebas,
la de las Siete Puertas?
En los libros figuran
sólo los nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos
bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida,
¿quién la volvió a levantar otras tantas?
Quienes edificaron la dorada Lima,
¿en qué casas vivían?
¿Adónde fueron la noche
en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
Llena está de arcos triunfales
Roma la grande. Sus césares
¿sobre quienes triunfaron?
Bizancio tantas veces cantada,
para sus habitantes
¿sólo tenía palacios?
Hasta la legendaria
Atlántida, la noche en que el mar se la tragó,
los que se ahogaban
pedían, bramando, ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿El sólo?
César venció a los galos.
¿No llevaba siquiera a un cocinero?
Felipe II lloró al saber su flota hundida.
¿No lloró más que él?
Federico de Prusia
ganó la guerra de los Treinta Años.
¿Quién ganó también?
Un triunfo en cada página.
¿Quién preparaba los festines?
Un gran hombre cada diez años.
¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias,
tantas preguntas.

soydondenopienso.wordpress.com/2010/02/04/bertolt-brecht-preguntas-de-un-obrero-que-lee/

Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes del siglo XX, creador del teatro épico, también llamado teatro dialéctico. es.wikipedia.org/wiki/Bertolt_Brecht

Los hombres no son islas – Thomas Merton

Releyendo del archivo/2010…
Fragmento sobre el amor al prójimo, a sí mismo y a Dios.

Islas-donne“El hombre está dividido contra sí y contra Dios por su egoísmo que lo divide de sus hermanos. Esta división no puede ser sanada por un amor que se coloca solitario en uno de los dos lados de la hendidura; el amor debe alcanzar ambos lados para poder juntarlos.

No podemos amarnos a nosotros mismos si no amamos a los otros; y no podemos amar a otros si no nos amamos a nosotros mismos. Mas un amor egoísta de nosotros mismos nos vuelve incapaces de amar a otros. La dificultad de este mandamientoAmarás a tu prójimo como a ti mismo«) radica en la paradoja de que tendríamos que amarnos inegoístamente porque aun el amor a nosotros mismos es algo que debemos a otros.

Esta verdad nunca es clara mientras presumimos que cada uno de nosotros, individualmente considerado, es el centro del universo. No existimos sólo para nosotros, y únicamente cuando estamos plenamente convencidos de esta verdad comenzamos a amarnos adecuadamente y así también amamos a otros.

¿Qué quiere decir amarnos adecuadamente? Lo primero, desear vivir, aceptar la vida como un inmenso don y un gran bien, no por lo que ella nos da, sino porque nos capacita para dar a otros.

El mundo moderno empieza a descubrir cada vez más que la calidad y la vitalidad de la existencia del hombre dependen de su voluntad secreta de vivir. Existe dentro de nosotros una fuerza oscura de destrucción, que alguien ha llamado el «instinto de la muerte«. Es algo terriblemente poderoso esta fuerza engendrada por el amor propio frustrado que lucha consigo mismo. Es la fuerza del amor de sí mismo que se ha vuelto aborrecimiento de sí mismo, y que, al adorarse, adora el monstruo en que se consuma.

Es, pues, de importancia suprema que consintamos en vivir para otros y no para nosotros mismos. Cuando hagamos esto, podremos enfrentarnos a nuestras limitaciones y aceptarlas. Mientras nos adoremos en secreto, nuestras deficiencias seguirán torturándonos con una profanación ostensible. Pero si vivimos para otros, poco a poco descubriremos
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LAS ABARCAS DESIERTAS – Miguel Hernández

Este poema fue publicado por primera vez en Ayuda, Semanario de la solidaridad, núm. 36, Madrid, el 2 de enero de 1937.

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Leído en: Grupo Facebook – Miguel Hernández, Poeta – facebook.com/groups/18660741991/

No vengas Navidad – Alfonso Zúniga Alemán (médico hondureño)

No vengas, Navidad,
que es muy temprano todavía,
las madres están temblando
en el sol del mediodía
y los niños en las calles
vagan solos, sin comida
y el campesino, aunque quiera,
no puede deletrearte en las vitrinas.
No vengas, Navidad,
como insulto a la pobreza,
no llenes de caros licores
a los ricos de la empresa,
ni ufanes a sus señoras
con perlas y con diamantes.
No vengas, Navidad,
ten compasión, no vengas.
No queremos combinaciones
de contrastes humillantes
con sedas finas de china
y manta vieja y zurcida,
con pavos de muchas marcas
y sal en una tortilla.
No vengas, Navidad,
danos un tiempo todavía,
recuerda que existen muchos
que sufren con tu venida
sacando de sus pañuelos
monedas envejecidas
para comprarle al mundo
una parte de tu alegría.
Recuerda que somos tantos
sumidos en la miseria
y anhelamos saborearte
con bebidas y con torrejas,
con juguetes y conservas,
para que nuestros hijos sientan
el calor de Nochebuena
en la pólvora sonora
que los ricos siempre queman.
No te muestres, Navidad,
en pléyades de alegres venaditos
portando juguetes, campanillas y trineos
por las residencias de los niños ricos;
tu presencia entre los nuestros
todavía no concibe
que se afame en los estantes luminosos
a un San Nicolás de lanas revestido
y se margine de realezas al glorioso
desnudo Niño Dios con frío.
No vengas, Navidad,
no te entendemos todavía…

Leído en: Radio Borda del Centro Cultural/Facebook (Radio del Centro Cultural del Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda).

¿Cómo puede uno reconocer la voz de su alma? – Por Yosef Y. Jacobson

Hablar del «alma» parece que sólo es posible por medio de alegorías. Aquí dos muy bellas…

La historia cuenta sobre un rey que una vez decidió premiar a un campesino que le había brindado un gran servicio. «¿Debería darle una bolsa con monedas de oro? ¿Una bolsa con perlas?» pensó el rey. «Pero esto no significa nada para mi. Yo quiero, por primera vez, darle realmente algo que voy a extrañar, un regalo que constituya un sacrificio para mi»

Ahora, este rey tenía un ruiseñor que le cantaba las canciones más dulces que el oído humano haya oído. Él atesoraba a este ruiseñor por encima de todo, y literalmente encontraba su vida imposible sin él. Así que él convocó al campesino a su palacio, y le dio el pájaro. «Esto», dijo el rey, «es en aprecio a tu lealtad y devoción». «Gracias, Su Majestad», dijo el campesino, y llevó el regalo real a su humilde hogar.

Un tiempo después, el rey estaba pasando por el pueblo de este campesino y le ordenó a su chofer frenar frente a la puerta del campesino. «¿Cómo disfrutas de mi regalo?», le preguntó a su querido sujeto. «A decir verdad, Su Majestad», dijo el campesino, «la carne del ave estaba un poco dura, de hecho casi incomible. Pero la cociné con muchas papas, y le dio al guiso un sabor interesante»

Un sabio llora

La historia de Iosef revelándose a sus hermanos luego de décadas de amarga separación, es una de las más dramáticas de toda la Torá. Veintidós años antes, cuando Iosef tenía diecisiete años, sus hermanos lo raptaron, lo tiraron a un pozo, luego lo vendieron como esclavo a los mercaderes egipcios. En Egipto, estuvo doce años en prisión, desde donde se alzó para convertirse en virrey del país. Ahora, luego de más de dos décadas, el momento para la reconciliación había llegado.

«Iosef no pudo contener sus emociones», la Torá relata en la porción semanal. Echó a todos los asistentes egipcios de la recámara. «Y comenzó a llorar tan fuertemente que hasta los egipcios que se encontraban afuera podían escucharlo. Y Iosef le dijo a sus hermanos: «¡Yo soy Iosef! ¿Mi padre sigue vivo?. Sus hermanos quedaron tan atónitos, que no pudieron responder».

El Talmud relata, que cada vez que el gran sabio Rabí Elazar llegaba a este versículo, «Sus hermanos estaban tan atónitos que no pudieron responder», explotaba en llanto. Rabí Elazar solía decir,»Si la reprimenda de un hombre de carne y hueso (Iosef) es tan poderosa que causa tanta consternación, la reprimenda del Di-s (cuando llegue) será mucho mayor y causará mucha más vergüenza»

Pero, dos puntos en la declaración de Rabí Elazar, parecen estar errados. Para empezar, el versículo no dice que Iosef los reprimió. El versículo declara meramente que «Iosef le dijo a sus hermanos: ¡Yo soy Iosef! ¿Mi padre sigue vivo?». Esto no suena como una reprimenda.

Segundo, la comparación entre la reprimenda de Iosef a sus hermanos y la reprimenda de Di-s hacia la humanidad parece exagerada. Los hermanos en persona vendieron a Iosef a la esclavitud, subyugándolo al peor tipo de abuso. Por lo tanto, estaban completamente en shock cuando finalmente se enfrentaron a él. Ninguno de nosotros ha hecho algún enfrentamiento similar con Di-s, como para experimentar tal pavor hacia la reprimenda de Di-s.

El soñador inocente

Para entender esto, debemos recordar la idea establecida numerosas veces que todas las figuras representadas en la Torá no son sólo gente física que vivió en cierto período de tiempo. Ellas también personifican particulares fuerzas psicológicas y espirituales, que existen continuamente dentro del corazón humano.

Iosef es descrito en la Torá como un muchacho bello y elegante, «hermoso de figura y hermoso de aspecto» y como «el dueño de los sueños». De acuerdo a la Kabalá, Iosef simboliza la pura y sagrada alma del hombre, y las travesías y trayectos de Iosef, reflejan los caminos individuales del alma humana.

Por ende, para entender la historia de Iosef, debemos entender la naturaleza de nuestra propia alma.

Una imagen del alma
Aún así, a pesar de la enorme literatura que quiere desaprobar la existencia del alma, los humanos no nos sentimos satisfechos con la descripción de que somos meras máquinas sofisticadas. La»máquina» por alguna razón, se niega tercamente a aceptar que es una máquina y busca más.

¿Qué es lo que el hombre busca?
Experimentamos con muchos comportamientos para poder llenar ese vacío. Nos engranamos con auto gratificaciones, con hacer dinero, con ganar poder y respeto, pero nada de eso lo soluciona. Nos recorremos el mundo, literalmente y figurativamente, y nos damos cuenta que las localidades con las que nos encontramos, llamémoslas gente, cosas, eventos, circunstancias, situaciones, no son los puntos en los cuales podemos descubrir ese algo que pareciera que hemos perdido.

Estamos buscando a nuestras almas
Pero la verdad es que no es una masa de gente, hay algo más en esto, que es la razón por la cual no la llamamos «muchedumbre» sino, «ejército».

La ciencia puede articular el «cuerpo» del ejército, no su alma: su interna identidad, su razón de existir, ese hilo invisible que transforma a millones de personas en una cohesiva entidad.

La vida humana, también, precisa un alma. El alma humana constituye aquella dimensión dentro nuestro que experimenta el singular objetivo de la vida humana, sincronizando las dimensiones del organismo humano y los fragmentados componentes de nuestras vidas diarias con el todo integrado. La vida sin el reconocimiento del alma es como un músico tocando notas cualesquiera sin una visión y un mensaje integrándolas en una singular balada.

Y la «personalidad» y ambiciones del alma son bastante únicas. En el Tania, Rabí Shneur Zalman de Liadi define al alma como una llama que desea salir de su mecha y besar los cielos.»El alma», escribe, «constituye el interrogante del hombre de trascender los parámetros de su ego y estar absorto en la fuente de toda la existencia». El alma prevé el propósito de la vida de convertirse uno con lo Divino.

El Kabalista Rabí Elazar Azkari escribió una plegaria, que describe al alma con las siguientes palabras:«Mi alma está enferma de amor por tí; Oh Di-s, te suplico, por favor cúrala mostrándole la dulzura de Tu esplendor; luego será vigorizada y sanada, experimentando la alegría eterna».

El alma, en otras palabras, constituye esa dimensión de nuestro psiquis que no precisa el auto agrandamiento, dominancia y excesivo materialismo. Desprecia la política, manipulación y deshonra; y rechaza el comportamiento no ético y las falsas fachadas.

¿Cuales son sus aspiraciones? El alma anhela un solo deseo: seguir siendo lo que es, un «fragmento» de Di-s en la tierra, un reflejo de Su dignidad, integridad, misterio e infinidad.

Abuso
Aún así, ¿Cuántos somos concientes de la existencia de tal dimensión en nuestra personalidad? ¿Cuántos de nosotros han prestado atención a las necesidades de nuestra alma? En respuesta a los sueños que nunca terminan del alma y a los deseos que confunden nuestra agenda egocéntrica y disturben nuestros anhelos de un instante de gratificación, muy frecuentemente tomamos al «Iosef» dentro nuestro y lo tiramos a un pozo. Atentamos relegar sus sueños y pasiones a las bodegas subconscientes (el pozo) de nuestro psiquis.

Cuando eso no funciona, porque podemos todavía oír nuestras silenciosas súplicas de cambiar la dirección de la vida, vendemos a «Iosef» como esclavo a gente extraña, dejando que nuestras almas queden subyugadas a las fuerzas que nos conducen y que son forasteras a su propia identidad.

Exposición
Sin embargo, en cada una de nuestras vidas el momento llega cuando nuestro «Iosef» interno, quien ha sido forzado a ocultar su verdad por tantos años, emerge de lo oculto y nos revela su propia identidad. En ese momento, comenzamos a descubrir su belleza pura y profunda de nuestra alma y nuestros corazones se llenan de vergüenza.

La humillación que los hermanos experimentaron cuando Iosef se les reveló, no provenía del hecho que él los reprimió por haberlo vendido como esclavo. La mera apariencia de Iosef constituyó para ellos la amonestación más poderosa: Por primera vez se dieron cuenta quién era el que habían subyugado a tal horrible abuso y sus corazones se derritieron en vergüenza.

Similarmente, Rabí Elazar estaba diciendo, cuando llegue el día vamos a darnos cuenta la santidad espiritual y Divina de nuestras personalidades internas, vamos a estar completamente asombrados. Vamos a preguntarnos una y otra vez, ¿Cómo pudimos dejar que esta inocente y bella alma sea arrojada al oscuro y tenebroso pozo?

¿Cómo pudimos permitirnos agarrar a este profundo ruiseñor, capaz de producir la más bella de las músicas, y faenarlo como un pollo?

Por Yosef Y. Jacobson

El rabino Yosef Y Jacobson ha dictado cursos y conferencias sobre jasidismo a público judío y no judío en seis continentes y veinte estados es el autor de la serie “El cuento de dos Almas”.
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