Archive for the ‘Literatura’ Category

Decálogo del alpinista. Club Alpino Francés

diciembre 6, 2017

Diciembre 11
En el Día Internacional de las Montañas…

El Club Alpino Francés ha resumido para sus afiliados varios consejos:

Alpinismo011. Comparado con la debilidad del hombre, el poder de la montaña es infinito. Para afrontarlo con seguridad, el alpinista tiene que poner en juego todos sus recursos materiales, físicos y morales.

2. Nunca hay que abordar la montaña desentrenado ni llegar al límite de las propias fuerzas.

3. La importancia del equipo es fundamental. Muchos accidentes se deben a material inadecuado.

4. El empleo de la cuerda es garantía de seguridad. Más vale abusar de ella que ignorarla.

5. Muchos accidentes mortales se deben a la práctica del montañismo en solitario. Nunca se debe quedar un montañero rezagado.

6. La habilidad técnica se adquiere progresivamente, con guías expertos.

7. La llegada del mal tiempo en la montaña se produce siempre de un modo rápido. Hay que reaccionar de inmediato.

8. Las condiciones de una misma montaña nunca son idénticas.

9. Peligro y dificultad difieren. Afrontar las dificultades en malas condiciones supone un peligro cierto.

10. La calidad de un alpinista se mide por su experiencia, conocimiento, serenidad y prudencia.

Leído en: Gran Fichero de los Deportes. Edit. Sarpe, 1983.

(Archivo blog Acuarela de Palabras/2011)

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Código del Montañés

diciembre 4, 2017

Cada actividad tiene sus propios códigos, pero de todos podemos aprender…

Codigo-montania

“1. Ser, más que parecer

Hacer montaña significa vencer dificultades. Es educativo, aumenta la confianza en sí mismo, pero no debe conducir a un sentimiento de superioridad. Los montañistas no son una élite privilegiada, sino simples seres humanos que tienen hacia sus familias y hacia la sociedad los mismos deberes que los no montañistas. El montañismo no debe perder su carácter de sana actividad de las horas libres. Además, la vida nos impone tareas incomparablemente más grandes y más importantes que las de la práctica del deporte.

La jactancia, el ruido que se hace alrededor de las figuras, la búsqueda del sensacionalismo y las especulaciones, perjudican al deporte montañés en la misma forma que a la mayor parte de las otras actividades. El hombre capaz, el buen amigo en el que se puede confiar, no se distingue por la fanfarronería sino por la reserva. En él, la veracidad es natural.

2. Ver, observar, aprender

Toda verdadera comprensión es consecuencia de la forma de ver y de captar. Esto exige interés, esfuerzo y experiencia. El que mira a su alrededor sin tomar conciencia de lo que le rodea, no hace más que descubrir superficialmente las cosas más esenciales; comprende poco y aprende también poco. Se puede por ejemplo considerar la vegetación de montaña bajo el aspecto de su color verde sembrado de manchas multicolores, las rocas bajo su aspecto grisáceo y matizado y los alrededores montañosos como una corona de picos anónimos, sin quedar por ello insensible a su belleza.

Pero la experiencia será mucho más rica y perdurable si se toma plena conciencia de ella y se comprende aunque no sea más que en sus aspectos más visibles. Bajo cualquier aspecto que se presente, será mucho más interesante si se conocen sus características y su origen. El que tiene algunos conocimientos sobre las variedades de las rocas y de las plantas, sobre los animales y sus costumbres, el que puede decir algo sobre los habitantes de una región montañosa y sobre su historia y su cultura, no cabe duda que experimentará una satisfacción mucho más rica. Si conoces las montañas que te rodean – puede ser que sus nombres evoquen en ti experiencias vividas, recuerdos y esperanzas – vivirás más intensamente la grande y embriagadora experiencia del montañismo.

3. Prepararse

El éxito de una prueba de montaña depende de su preparación. Las condiciones previas son: la habilidad técnica, el entrenamiento, el buen estado físico y la aclimatación, así como un equipo adecuado. A ellas hay que añadir además la capacidad de juzgar las condiciones del desarrollo y del tiempo. Preparate para la prueba en montaña física, espiritual y psicológicamente. Familiarízate con sus características y sus condiciones particulares (es muy importante fijar la ruta y el horario, anotar en caso de escaladas difíciles, los pasos más fatigosos y eventualmente, los lugares de detención o de vivac, las zonas particularmente peligrosas, las posibilidades de retroceso o de descenso) . No olvidar nunca comunicar vuestro objetivo y la ruta prevista a vuestros parientes más próximos, al guarda del refugio (eventualmente, al libro del refugio) o a vuestros amigos.

4. Realizar lo que somos capaces

Esto implica dos cosas:

a) No queremos reservarnos, sino ir hasta el límite de nuestras posibilidades. Una sana ambición es un elemento positivo. La satisfacción que nos produce la acción cumplida, por el valor de la acción en sí misma, da la verdadera medida. Presenciar las hazañas de un buen montañés, hábil y seguro, proporciona placer.

b) No exagerar. La capacidad es la medida de lo que nos está permitido, es decir, que si las condiciones físicas y psicológicas son malas, si la forma física en ese día nos es satisfactoria, hay que quedarse abajo. La insensatez no solamente pone en peligro a la persona que así actúa y a sus compañeros, sino también con frecuencia, a los que van a socorrerlos. No se puede asumir esta responsabilidad ni ante sí mismo, ni ante los padres o terceras personas que por esta causa se perjudican. Tomarse tiempo. Esta máxima es aplicable tanto antes de la prueba como, dentro de lo posible, durante la misma. Lo que no se ha podido hacer este año, puede hacerse más tarde.

5. Economizar medios artificiales

El que reseña una escalada en el libro de la cumbre, la anota para sí mismo o la cuenta a sus amigos y camaradas del club, reivindica el hecho de haber recorrido una determinada vía ya anteriormente realizada. Es evidente que una renovación no es una hazaña del mismo valor que la primera escalada. Pero, las dificultades características de la escalada de esta o aquella vía, deben permanecer invariables. Del que la realiza por primera vez se exige que sea razonable y del que la renueva que sea leal. No es razonable, ni tampoco admisible para los que vengan después , intentar una primera que represente un riesgo total. No es leal tampoco abrir una vía recurriendo a medios artificiales ilícitos. Esto no es renovar una ascensión, sino violentarla. Toda vía de escalada sembrada de seguros está desvalorizada, y por ello, las vías deben conservarse o volver a adquirir lo más posible su estado primitivo. La moral montañesa exige por tanto una verdadera competición disciplinada de fuerzas midiéndose en condiciones intactas, que uno no tiene el derecho de degradar. Aquel que no escala lealmente debe hacérsele reflexionar y debe educársele. Como toda libertad, la libertad de la montaña está también sometida a reglas morales que excluyen la arbitrariedad y la deslealtad.

6. Tener el valor de renunciar

El que intenta una prueba en montaña, con o sin esquís, debe estar también preparado para el regreso. El escalador debe conocer la técnica del descenso. (Así, por ejemplo, el que prefiere la escalada en roca puede tener que enfrentarse con ciertas dificultades durante sus pruebas combinadas sobre roca y sobre hielo). Debe conocer la vía teórica para juzgar, en caso dado, si es posible o sensato continuar la ascensión, utilizar un paso lateral o resolverse por el regreso. En caso de necesidad, todos los medios son buenos para salir de una pared o de una grave dificultad. Ciertas catástrofes se han producido porque la decisión de retroceder se ha tomado demasiado tarde. Por ello, la cuestión de la retirada debe ser incluida en primera línea en todas las consideraciones sobre la montaña.

Reconociendo a tiempo la necesidad de una retirada, no hacemos más que demostrar nuestro sentido de la responsabilidad. Vale más renunciar demasiado pronto, que demasiado tarde. Aunque no se haya conseguido alcanzar la cumbre, la prueba puede llegar a ser una aventura verdadera e inolvidable, porque en la mayor parte de los casos, la retirada implica la posibilidad del regreso y del éxito final.

7. Socorrer

En una región habitada, podemos ser socorridos, en caso necesario, en cualquier momento. Pero en montaña no es así. Existen desde luego, puestos de socorro, bases y patrullas de salvamento, pero éstas no cubren más que una región muy limitada. El que se encuentra en dificultades en montaña, se ve obligado a solicitar el socorro más próximo. Y es por esto que todo andinista, todo esquiador, debe estar siempre dispuesto a ser capaz de socorrer un forma eficaz. Un curso de salvamento o por lo menos de primeros auxilios, es una de las exigencias inexcusables de todo montañés activo.

El peligro de otros es la señal de socorro inmediato, desinteresado y voluntario. Nadie debe contar nunca sobre la eventualidad de que el auxilio sea prestado por terceros, guías, profesores de esquí o miembros del servicio de salvamento. Pero, el apresuramiento en disponerse a prestar socorro, no debe ser tampoco ciego. La falsa valoración de sus propias capacidades y medios ha tenido ya, a pesar de la mejor voluntad, muchas consecuencias mortales. Para que el socorro sea coronado por el éxito hace falta discernir rápidamente cuáles son los métodos más eficaces. Hay que intentar ante todo establecer contacto con las personas en peligro, para determinar la naturaleza de la ayuda solicitada.

Con frecuencia es también oportuno constatar la forma en que puede llegarse hasta ellas. La decisión sobre la forma de intervención depende de la comunicación establecida con las personas a socorrer. El que por sí mismo es capaz de prestar socorro, debe hacerlo inmediatamente. En caso dado, una tercera persona, de la cual sea posible prescindir, deberá partir en busca de otros socorristas. Si existen pocas probabilidades de socorrer eficazmente y por el contrario, es posible llamar a otros socorristas, conviene hacerlo en el plazo más breve.

Raramente la vida y la muerte dependen tan estrechamente de la decisión justa y de la acción inmediata, como en los casos de salvamento en montaña.

8. Cuidar los refugios

Debemos una gran parte de nuestras posibilidades de excursión a la existencia de los refugios. Nuestros antecesores los construyeron con gran amor y a costa de grandes sacrificios. A nosotros nos corresponde cuidarlos para nuestro uso y el de nuestros hijos, debiéndolos considerar como bases de nuestras excursiones.

Todo montañés sabe por propia experiencia qué agradable es la estancia en un refugio limpio y cuidado y lo desagradable que puede llegar a ser si el refugio está sucio o mal cuidado. Por tanto es natural que el deportista de montaña se sienta responsable del estado de los refugios, muy especialmente de aquellos que no están dotados de un servicio de mantenimiento regular y de los refugios de invierno.

Cuanto más contribuyamos al mantenimiento y limpieza de nuestros refugios más a gusto nos sentiremos en la montaña y menores serán los gastos de refugios que figuran en el presupuesto de las sociedades deportivas. El montañismo activo, la formación de los jóvenes, las expediciones y otras disciplinas útiles saldrán a su vez beneficiadas.

9. Proteger la naturaleza

Nos incumbe una seria responsabilidad en la protección de la naturaleza. Todo lo que en ella nos proporciona hoy goce y salud, no debemos dejarlo a nuestros hijos como si fuera un campo devastado. El paisaje montañés es una de las raras regiones donde la naturaleza se encuentra en estado primitivo. Esta “región inculta” debe ser protegida de una supervaloración excesiva bajo la forma de caminos, funiculares, trenes, casas, cercados, centrales eléctricas, industrias y otras muestras de civilización, generalmente con fines lucrativos. Nosotros los humanos, tenemos necesidad de disponer de algún espacio donde podamos estar solos frente a un mundo intacto y sano, para poder encontrarnos a nosotros mismos. La montaña representa este mundo intacto y así debe permanecer.

Esta convicción encuentra su expresión práctica en las leyes para la protección de la naturaleza que todo montañés debería conocer. Además de la protección de animales y plantas, es preciso que nos preocupemos también por el estado de las cumbres y de los caminos que en modo alguno, no deben convertirse en depósitos donde uno se desprende de las latas de conserva vacías, botellas, papeles grasientos y otros desperdicios. El que esto hace, se extiende un certificado deplorable de ignorancia. Es tan sencillo transportar “vacío” al regreso todo lo que se ha subido “lleno”, en caso de que no se prefiera enterrar todos los desperdicios bajo las piedras. Cuidad de que las montañas permanezcan limpias.

10. Ser tolerante

En la montaña somos ante todo hombre y no miembros de una raza, nacionalidad, pueblo, religión, partido, profesión o cualquier otro tipo de agrupación. Hay muchas formas de hacer montañismo. La expresión “montañés verdadero” o “auténtico” no es más que una frase pretenciosa por la que ciertas personas tratan de imponer sus propias ideas. A este respecto hay opiniones muy diferentes. Lo que distingue a los montañistas unos de otros no es tanto su calidad como su individualidad. Unos consagran todas sus horas libres a hacer excursiones por montañas. Otros no van a ellas más que ocasionalmente. Este realiza con el mismo placer tanto un paseo por la montaña, como un recorrido extremadamente difícil. A unos, las excursiones le hacen conquistar las cumbres, mientras que otros se dedican a no conocer de la montaña más que las paredes a escalar. Unos prefieren la roca, otros el hielo.

Hay otros para los que el colmo del placer son las excursiones que les proporcionan ejemplares de hierbas o piedras para coleccionar. Pero todos pueden ser montañistas y ninguno lo es más que el otro.

El que no concede valor al montañismo moderado se coloca en el mismo nivel que aquel otro que, en el extremo opuesto, no ve más que lo rudimentario desprovisto de comprensión y de sentido para el “mundo sublime de las montañas” reside precisamente en el hecho de que cada uno puede buscar en ellas el placer a su propia manera.”

Fuente: “Código del Montañés” editado en el año 1965 por la Federación Argentina de Montañismo y Afines, basado en las recomendaciones de la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA)

Leído en: MundoTrekking Allí dice que “En la Asamblea General de la Unión Internacional de Alpinismo (UIAA), celebrada en Munich, Alemania, entre el 18 y el 22 de junio de 1964, se recomendó la divulgación de la ponencia presentada por el Club Alpino Alemán, consistente en una serie de consejos prácticos y éticos destinados a los deportistas de montaña.”

(Archivo blog Acuarela de Palabras/2009)

Más poemas militantes…

octubre 5, 2017

(Vía Revista La Barraca*)

Poesía: Desaparición
por Ricardo L. Plaul

A Santiago Maldonado

Desaparecer el Amor, esas calles compartidas
Frente al horror, frente al rostro sin luz
De los monstruos que acechan con una sonrisa
Desde el rincón de su codicia sin fin.
Desaparecer los Derechos, la Palabra rebelde,
La Palabra justa y con ella el Pensamiento.
Desaparecer la protesta y esa Libertad que los ahoga,
la Memoria que los avergüenza, la Verdad que los desnuda.
Desaparecer la esperanza, la primavera que aspiramos,
El mundo que soñamos, la vida que amamos.
Dijimos Nunca Más y alguien perdió su sentido,
Dijimos ¡Presentes! y sus rostros desvaídos
Fueron una brújula perdida, voces que olvidamos.
Ahora resulta indispensable aparición con vida
Desde la entraña de la noche, desde el amanecer del Pueblo.

Leído en: *Revista La Barraca

https://www.revistalabarraca.com.ar/poesia-desaparicion/

Glorierías y Poema al No. Gloria Fuertes

septiembre 25, 2017

A través de BiblioAbrazo* conocí a esta poeta:

Me dijo un mendigo:
-Qué ganas tengo de que llegue la primavera
para pasar solo hambre.
~~~
Suerte lo que se dice suerte
es quien tiene alguien que te dice:
“Si tú me dices ven lo dejo todo”.
~~~
Las balas matan a los hombres,
no a sus ideas.
~~~
Hay que estar muy enfermo de alma
o muy muerto de cuerpo
para ir tirando sin amor.
~~~
Que no duerman los cabrones
que quieren usar la bomba de neutrones
~~~
Nunca nos morimos la víspera.
~~~
Entró,
pisó,
pasó
y dejó un poso en mi piso.
~~~
La luna manda en el mar
porque Dios sabe hasta geometría.
~~~
El soneto
es una masturbación literaria.
~~~
Al corazón lo he disciplinado
pero no superado.
~~~
El pesimista piensa en ayer
el optimista en mañana
el realista en hoy.
El poeta en ti.
~~~
El científico te da con una mano la penicilina
y con la otra mano la bomba atómica.
(¡Me quedo atónita!)
~~~
Cuando los límites rozo,
rezo.
~~~
El hombre crece
cuando se agacha
para jugar con un niño.
~~~
Yo, poeta con senos (para más señas).
~~~
Empleo la palabra imposible
con la mayor precaución.
~~~
Mientras estés a mi lado
nunca te faltará un filete de ternura
con patatas.
~~~
Sigo insistiendo en la difícil facilidad.
~~~

Leídas en: * http://biblioabrazo.wordpress.com/2017/06/18/glorierias-gloria-fuertes/

Poema al No. Gloria Fuertes. 

No a la tristeza.
No al dolor.
No a la pereza.
No a la usura.
No a la envidia.
No a la incultura.
No a la violencia.
No a la injusticia.
No a la guerra.
Sí a la paz.
Sí a la alegría.
Sí a la amistad.

Leído en: http://biblioabrazo.wordpress.com/2017/06/06/versos-con-sabor-a-gloria-homenaje-a-gloria-fuertes/
La imagen: en dicho sitio.

PD: Qué difícil viene siendo el llevarlo a cabo en la realidad! 

Seis poemas para celebrar la primavera

septiembre 19, 2017

(vía diarioLaNación/2016)

“… Grandes escritores argentinos, como Ricardo Molinari y Juan L. Ortiz, como Arnaldo Calveyra y Diana Bellessi, han escrito poemas sobre la primavera en los que introdujeron subversiones semánticas, delirio jovial y razonamientos amortiguados por el sonido de las palabras.

Elegimos seis poemas de poetas nacionales cuyas obras se encuentran en pleno desarrollo.

1. María Teresa Andruetto

Ahora que viene el tiempo de los pájaros
y de los brotes en las ramas y la blancura
del almendro,
ahora que salgo al aire por las tardes
y riego plantas y veo cómo la tierra bebe
el agua,
ahora que se agitan las polleras
al murmullo de la brisa,
ahora que los niños conquistan el baldío
y construyen refugios y saltan vallas,
ahora que en el barrio las mujeres se sientan
a la sombra de los fresnos y toman mate
y hablan,
yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia
tu casa.
Primavera de 1992.
In memoriam Clara Crimberg.

(María Teresa Andruetto, Pavese, Ediciones Argos, 1997).

2. Un ramillete de rocío. Valeria de Vito

Recostados sobre la hierba
el pasto nos llena la boca de rocío;
el rocío es esencial,
lo
elemental
es el chicle,
pasarte el chicle con la boca
es
sentimental,
pero no quiero mentir.
Ahora
no
nos
pasamos el chicle
y esto
es un cliché
al que le temo.
Temo
caer
en los reclamos
que
ahora nos pasamos
como nos pasábamos el chicle
mientras
todo el rocío hacía
de vos:
el pasto,
el chicle,
los clichés
suavidad,
amor,
cantos,
canciones sobre el pasto,
mi canción elemental.

(Valeria de Vito, Un ramillete de rocío, El Ojo de Mármol, 2016).

3. Razones para no hacer manualidades. Analía Giordanino

Hay infinidad de pájaros
y plantas y árboles
de los cuales no sé bien el nombre.
De uno de ellos sí lo sé.
Sé del ceibo que había en un patio
por el que yo corría.
La maestra nos enseñaba los viernes a desbrozar.
Yo quería ir a carpintería
y no hacer puntadas macramé
o anudar con hilo sisal.
Me gustaba el olor de la madera balsa
y los mimbres en el agua
amarillos, verdes,
hinchaditos para la trenzada.
Una vez entré en la sala de carpintería
y vi las manos de los niños
y las virutas reposando en la ventana.
Vi el olor de las máquinas, del aceite
y el calor del torno y los metales.
Me pareció que en la otra punta
las labores se callaban
para poder rodear tanta belleza.

(Analía Giordanino, Nocturna, Ediciones Diatriba, 2009).

4. Pantano. Cecilia Pavón

Mi casa se está poniendo antigua,
está envejeciendo,
las paredes se están descascarando y yo
no tengo plata para arreglarlas.
No importa, me gusta igual, paso la tarde
muy contenta, limpiándola,
las llavecitas de la luz, las manijas
de las puertas de la alacena, la
lámpara de piel.
Ayer me arrodillé ante el paraíso, pero
el paraíso no estaba en mi casa,
estaba en otra parte,
cuando caminé lo vi,
era una plaza.
Una tonta plaza con árboles secos y
adornos de navidad en las ramas,
llena de perros y ancianos, y niños de
muy baja estatura.
La primavera, que dio sus frutos, la había
llenado de pájaros silvestres.
Yo quería entrar, pero tenía rejas
(se las puso la municipalidad).
Rejas negras y filosas y mirándolas
les dije:
“Devuélvanme mi paraíso o tendré
que entrar a las patadas, aunque así
no se entra,
tendré que romper la puerta de cristal con mi cuerpo”.

(Cecilia Pavón, Un hotel con mi nombre, Mansalva, 2013).

5. Poema del arquero. Francisco Bitar

Detrás suyo está el gol
por eso sólo a la altura de la línea
el arco es su casa
El área grande representa el cerco
hacia adentro del cual
le es permitido usar las manos
pero lleva guantes
para perder sensibilidad;
lo del área chica sólo él lo entiende
Los partidos con lluvia
se los pasa tirado en el césped
como cartas llegadas
a una casa de campo
En momentos decisivos
-como le ocurre a cualquiera-
saca la estatua que lleva adentro
Espera la primavera para volar de palo a palo.

(Francisco Bitar, Negativos, En Niño Stanton, 2007)

6. Loreley El Jaber

El sol se cuela por mi ventana
se instala en mis pies
dibuja sombras
abraza mi cintura
y declara
lo que suelo olvidar:
ese calor que me acaricia
también
es parte de mi suerte.

(Loreley El Jaber, La espesura, Ediciones del Dock, 2016)

Leídos en: DiarioLaNación/2016

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