Archive for the ‘Codigos’ Category

Entre el civismo y las reglas de etiqueta

agosto 23, 2014

Semanas atrás, estaba leyendo sobre las expresiones de cortesía*, y tuve que esclarecerme algunos términos relacionados pero no sinónimos. Lo dejo aquí, por si a alguien más le sirve:

Según la Wikipedia, “La cortesía es un comportamiento humano de buena costumbre; en la mejor expresión es el uso práctico de las buenas costumbres o las normas de etiqueta. Es un fenómeno cultural definido y lo que se considera cortés en una cultura puede a menudo ser absolutamente grosero o simplemente extraño en otra…”

Etiqueta es “un aspecto del decoro, es un código que gobierna las expectativas del comportamiento social, de acuerdo a las normas convencionales dentro de una sociedad, clase social o grupo social.”

Si en la misma Wikipedia, buscamos urbanidad nos redirige a Civismo y nos dice que “El civismo (del latín civis, ciudadano y civitas, civitatis, ciudad) se refiere a las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad…

Se basa en el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; buena educación, urbanidad y cortesía.

El uso del término civismo tuvo su origen en la Revolución francesa e inicialmente, aparece unido a la secularización de la vida que ésta supuso.

Se puede entender como la capacidad de saber vivir en sociedad respetando y teniendo consideración al resto de individuos que componen la misma, siguiendo unas normas de conducta y de educación, que varían según la cultura del colectivo en cuestión.”.

De modo que el civismo es un concepto más amplio que incluye a los de respeto, urbanidad, cortesía.

Al momento, no hay, en la Wiki, una definición de “normas de convivencia”. La búsqueda sugiere “normas sociales” que son las “reglas que deben seguir las personas para una mejor convivencia, a las que se deben ajustar las conductas, tareas y actividades del ser humano. El sistema de normas, reglas o deberes que regula las acciones de los individuos entre sí es lo que llamamos moral.”.

Otros sitios sí definen las normas de convivencia. Uno de ellos, EcuRed, las define como “normas de cumplimiento obligatorio” -un marco legal– para los integrantes de una determinada comunidad, una escuela, por ejemplo. Y señala que “hay normas complejas y con sanciones (tránsito), y otras más simples”.

En un portal educativo de México (CONEVyT) las definen como “reglas de conducta que establecen obligaciones o deberes, así como prohibiciones; buscan propiciar comportamientos que favorezcan la vida en sociedad. Con el establecimiento de normas se pretende alcanzar valores de gran importancia en la vida social, como son la seguridad, justicia, igualdad, libertad y el bien común. Como las normas no siempre se respetan, es necesario aplicar sanciones a quienes dejan de cumplirlas”.

Otros utilizan la expresión “normas de comportamiento” (ver en Biblioteca Nacional de Chile: http://www.bcn.cl/ecivica/noconv).

El portal del Ministerio de Educación de Argentina propone una serie de actividades para el tema de la convivencia en el aula, en el barrio, en la diversidad.

Finalmente, hay reglas de protocolo y etiqueta por doquier.

Entradas relacionadas: * Expresiones de cortesía   Negociación y cortesía   Código de cortesía escolar   La cortesía: musa del término medio 

De los números y su historia. Isaac Asimov

junio 24, 2014

Lecturas…

“… Pero le llevó al hombre cerca de cinco mil años, a partir del comienzo de los símbolos numéricos, concebir un símbolo que representa la nada. No se sabe quién fue el hombre que lo logró, sin duda uno de los pensadores más creativos y originales de la historia. Sólo sabemos que fue un hindú que vivió no después del siglo noveno. Los hindúes denominaron a este símbolo sunya sunya, que quiere decir “vacío“. Este símbolo de la nada fue recogido por los árabes, quienes lo denominaron céfer céfer, que en su idioma quería decir “vacío”. Esta palabra dio origen en inglés: “cipher” y “zero“. (Esta última por intermedio de zefirum zefirum.) 6 Con mucha lentitud el nuevo sistema de números (denominados “arábigos” porque los europeos los aprendieron de los árabes) llegó a Occidente y reemplazó al sistema romano.

Debido a que los números arábigos provenían de países que no usaban el alfabeto romano, las formas de los números no se parecían en nada a las letras del alfabeto romano, y esto también era ventajoso. Terminó con la confusión entre las letras y los números, y redujo la gematría, ocupación cotidiana que podía practicar cualquiera que supiese leer, a una tontería molesta por la que muy pocos podrían preocuparse.  

Los números arábigos como los usamos ahora son, por supuesto, 1, 2,3,4,5,6,7,8,9 y el importantísimo 0. Tanta es nuestra confianza en estos números (que son aceptados internacionalmente) que ni siquiera somos conscientes del grado hasta el cual dependemos de ellos.

Por ejemplo, si este capítulo le ha parecido un tanto raro, tal vez se deba a que deliberadamente evité emplear números arábigos en todo su desarrollo. Todos sabemos la gran simplicidad que los números arábigos han traído al cálculo aritmético. La carga innecesaria de que han liberado a la mente humana, debido a la presencia del cero, es simplemente incalculable. Este hecho tampoco ha pasado inadvertido en el idioma.

La importancia del cero se refleja en el hecho de que una de las acepciones (si bien algo arcaica) de la palabra cifra es “suma y compendio” 7 . Y cuando interpretamos un código decimos que lo desciframos“.

Además de la mayor facilidad de cálculo que permiten los números arábigos, cuando se los compara con cualquier otro sistema que haya inventado el hombre, está su compactibilidad. Imaginen toda la información numérica de la tabla que damos aquí traducida a números romanos (o de cualquier otra clase). Resultaría una masa voluminosa que sólo tendría sentido para un experto.

Por ejemplo, nada más que por el número de cifras, es evidente que el número 12.000 es más grande que el 787. Esto no se puede hacer en ningún otro sistema de numeración.

Por ejemplo, de los dos números XVIII y XL, el que tiene dos símbolos es más de dos veces mayor que el que tiene cinco símbolos.  …”

De: De los números y su historia. Cap.: Los números y la numeración. La nada cuenta.  Isaac Asimov

Relacionado: Maneras de numerar: Huevos por docena, tantos por score.

Código de cortesía

marzo 15, 2014

Desde el sitio de una biblioteca escolar, he aquí uno posible:

Cortesia-codigo

Visto en: http://ceipgabrielygalan.blogspot.com.ar/ 

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Código del Montañés

agosto 6, 2011

A propósito de las festividades montañesas argentinas…

Código del Montañés Cada actividad tiene sus propios códigos, pero de todos podemos aprender… “1. Ser, más que parecer Hacer montaña significa vencer dificultades. Es educativo, aumenta la confianza en sí mismo, pero no debe conducir a un sentimiento de superioridad. Los montañistas no son una élite privilegiada, sino simples seres humanos que tienen hacia sus familias y hacia la sociedad los mismos deberes que los no montañistas. El montañismo no … Read More

via Acuarela de palabras

Código del Montañés

septiembre 13, 2009

Cada actividad tiene sus propios códigos, pero de todos podemos aprender…

Codigo-montania

“1. Ser, más que parecer

Hacer montaña significa vencer dificultades. Es educativo, aumenta la confianza en sí mismo, pero no debe conducir a un sentimiento de superioridad. Los montañistas no son una élite privilegiada, sino simples seres humanos que tienen hacia sus familias y hacia la sociedad los mismos deberes que los no montañistas. El montañismo no debe perder su carácter de sana actividad de las horas libres. Además, la vida nos impone tareas incomparablemente más grandes y más importantes que las de la práctica del deporte.

La jactancia, el ruido que se hace alrededor de las figuras, la búsqueda del sensacionalismo y las especulaciones, perjudican al deporte montañés en la misma forma que a la mayor parte de las otras actividades. El hombre capaz, el buen amigo en el que se puede confiar, no se distingue por la fanfarronería sino por la reserva. En él, la veracidad es natural.

2. Ver, observar, aprender

Toda verdadera comprensión es consecuencia de la forma de ver y de captar. Esto exige interés, esfuerzo y experiencia. El que mira a su alrededor sin tomar conciencia de lo que le rodea, no hace más que descubrir superficialmente las cosas más esenciales; comprende poco y aprende también poco. Se puede por ejemplo considerar la vegetación de montaña bajo el aspecto de su color verde sembrado de manchas multicolores, las rocas bajo su aspecto grisáceo y matizado y los alrededores montañosos como una corona de picos anónimos, sin quedar por ello insensible a su belleza.

Pero la experiencia será mucho más rica y perdurable si se toma plena conciencia de ella y se comprende aunque no sea más que en sus aspectos más visibles. Bajo cualquier aspecto que se presente, será mucho más interesante si se conocen sus características y su origen. El que tiene algunos conocimientos sobre las variedades de las rocas y de las plantas, sobre los animales y sus costumbres, el que puede decir algo sobre los habitantes de una región montañosa y sobre su historia y su cultura, no cabe duda que experimentará una satisfacción mucho más rica. Si conoces las montañas que te rodean – puede ser que sus nombres evoquen en ti experiencias vividas, recuerdos y esperanzas – vivirás más intensamente la grande y embriagadora experiencia del montañismo.

3. Prepararse

El éxito de una prueba de montaña depende de su preparación. Las condiciones previas son: la habilidad técnica, el entrenamiento, el buen estado físico y la aclimatación, así como un equipo adecuado. A ellas hay que añadir además la capacidad de juzgar las condiciones del desarrollo y del tiempo. Preparate para la prueba en montaña física, espiritual y psicológicamente. Familiarízate con sus características y sus condiciones particulares (es muy importante fijar la ruta y el horario, anotar en caso de escaladas difíciles, los pasos más fatigosos y eventualmente, los lugares de detención o de vivac, las zonas particularmente peligrosas, las posibilidades de retroceso o de descenso) . No olvidar nunca comunicar vuestro objetivo y la ruta prevista a vuestros parientes más próximos, al guarda del refugio (eventualmente, al libro del refugio) o a vuestros amigos.

4. Realizar lo que somos capaces

Esto implica dos cosas:

a) No queremos reservarnos, sino ir hasta el límite de nuestras posibilidades. Una sana ambición es un elemento positivo. La satisfacción que nos produce la acción cumplida, por el valor de la acción en sí misma, da la verdadera medida. Presenciar las hazañas de un buen montañés, hábil y seguro, proporciona placer.

b) No exagerar. La capacidad es la medida de lo que nos está permitido, es decir, que si las condiciones físicas y psicológicas son malas, si la forma física en ese día nos es satisfactoria, hay que quedarse abajo. La insensatez no solamente pone en peligro a la persona que así actúa y a sus compañeros, sino también con frecuencia, a los que van a socorrerlos. No se puede asumir esta responsabilidad ni ante sí mismo, ni ante los padres o terceras personas que por esta causa se perjudican. Tomarse tiempo. Esta máxima es aplicable tanto antes de la prueba como, dentro de lo posible, durante la misma. Lo que no se ha podido hacer este año, puede hacerse más tarde.

5. Economizar medios artificiales

El que reseña una escalada en el libro de la cumbre, la anota para sí mismo o la cuenta a sus amigos y camaradas del club, reivindica el hecho de haber recorrido una determinada vía ya anteriormente realizada. Es evidente que una renovación no es una hazaña del mismo valor que la primera escalada. Pero, las dificultades características de la escalada de esta o aquella vía, deben permanecer invariables. Del que la realiza por primera vez se exige que sea razonable y del que la renueva que sea leal. No es razonable, ni tampoco admisible para los que vengan después , intentar una primera que represente un riesgo total. No es leal tampoco abrir una vía recurriendo a medios artificiales ilícitos. Esto no es renovar una ascensión, sino violentarla. Toda vía de escalada sembrada de seguros está desvalorizada, y por ello, las vías deben conservarse o volver a adquirir lo más posible su estado primitivo. La moral montañesa exige por tanto una verdadera competición disciplinada de fuerzas midiéndose en condiciones intactas, que uno no tiene el derecho de degradar. Aquel que no escala lealmente debe hacérsele reflexionar y debe educársele. Como toda libertad, la libertad de la montaña está también sometida a reglas morales que excluyen la arbitrariedad y la deslealtad.

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