¿Cómo puede uno reconocer la voz de su alma? – Por Yosef Y. Jacobson

Hablar del «alma» parece que sólo es posible por medio de alegorías. Aquí dos muy bellas…

La historia cuenta sobre un rey que una vez decidió premiar a un campesino que le había brindado un gran servicio. «¿Debería darle una bolsa con monedas de oro? ¿Una bolsa con perlas?» pensó el rey. «Pero esto no significa nada para mi. Yo quiero, por primera vez, darle realmente algo que voy a extrañar, un regalo que constituya un sacrificio para mi»

Ahora, este rey tenía un ruiseñor que le cantaba las canciones más dulces que el oído humano haya oído. Él atesoraba a este ruiseñor por encima de todo, y literalmente encontraba su vida imposible sin él. Así que él convocó al campesino a su palacio, y le dio el pájaro. «Esto», dijo el rey, «es en aprecio a tu lealtad y devoción». «Gracias, Su Majestad», dijo el campesino, y llevó el regalo real a su humilde hogar.

Un tiempo después, el rey estaba pasando por el pueblo de este campesino y le ordenó a su chofer frenar frente a la puerta del campesino. «¿Cómo disfrutas de mi regalo?», le preguntó a su querido sujeto. «A decir verdad, Su Majestad», dijo el campesino, «la carne del ave estaba un poco dura, de hecho casi incomible. Pero la cociné con muchas papas, y le dio al guiso un sabor interesante»

Un sabio llora

La historia de Iosef revelándose a sus hermanos luego de décadas de amarga separación, es una de las más dramáticas de toda la Torá. Veintidós años antes, cuando Iosef tenía diecisiete años, sus hermanos lo raptaron, lo tiraron a un pozo, luego lo vendieron como esclavo a los mercaderes egipcios. En Egipto, estuvo doce años en prisión, desde donde se alzó para convertirse en virrey del país. Ahora, luego de más de dos décadas, el momento para la reconciliación había llegado.

«Iosef no pudo contener sus emociones», la Torá relata en la porción semanal. Echó a todos los asistentes egipcios de la recámara. «Y comenzó a llorar tan fuertemente que hasta los egipcios que se encontraban afuera podían escucharlo. Y Iosef le dijo a sus hermanos: «¡Yo soy Iosef! ¿Mi padre sigue vivo?. Sus hermanos quedaron tan atónitos, que no pudieron responder».

El Talmud relata, que cada vez que el gran sabio Rabí Elazar llegaba a este versículo, «Sus hermanos estaban tan atónitos que no pudieron responder», explotaba en llanto. Rabí Elazar solía decir,»Si la reprimenda de un hombre de carne y hueso (Iosef) es tan poderosa que causa tanta consternación, la reprimenda del Di-s (cuando llegue) será mucho mayor y causará mucha más vergüenza»

Pero, dos puntos en la declaración de Rabí Elazar, parecen estar errados. Para empezar, el versículo no dice que Iosef los reprimió. El versículo declara meramente que «Iosef le dijo a sus hermanos: ¡Yo soy Iosef! ¿Mi padre sigue vivo?». Esto no suena como una reprimenda.

Segundo, la comparación entre la reprimenda de Iosef a sus hermanos y la reprimenda de Di-s hacia la humanidad parece exagerada. Los hermanos en persona vendieron a Iosef a la esclavitud, subyugándolo al peor tipo de abuso. Por lo tanto, estaban completamente en shock cuando finalmente se enfrentaron a él. Ninguno de nosotros ha hecho algún enfrentamiento similar con Di-s, como para experimentar tal pavor hacia la reprimenda de Di-s.

El soñador inocente

Para entender esto, debemos recordar la idea establecida numerosas veces que todas las figuras representadas en la Torá no son sólo gente física que vivió en cierto período de tiempo. Ellas también personifican particulares fuerzas psicológicas y espirituales, que existen continuamente dentro del corazón humano.

Iosef es descrito en la Torá como un muchacho bello y elegante, «hermoso de figura y hermoso de aspecto» y como «el dueño de los sueños». De acuerdo a la Kabalá, Iosef simboliza la pura y sagrada alma del hombre, y las travesías y trayectos de Iosef, reflejan los caminos individuales del alma humana.

Por ende, para entender la historia de Iosef, debemos entender la naturaleza de nuestra propia alma.

Una imagen del alma
Aún así, a pesar de la enorme literatura que quiere desaprobar la existencia del alma, los humanos no nos sentimos satisfechos con la descripción de que somos meras máquinas sofisticadas. La»máquina» por alguna razón, se niega tercamente a aceptar que es una máquina y busca más.

¿Qué es lo que el hombre busca?
Experimentamos con muchos comportamientos para poder llenar ese vacío. Nos engranamos con auto gratificaciones, con hacer dinero, con ganar poder y respeto, pero nada de eso lo soluciona. Nos recorremos el mundo, literalmente y figurativamente, y nos damos cuenta que las localidades con las que nos encontramos, llamémoslas gente, cosas, eventos, circunstancias, situaciones, no son los puntos en los cuales podemos descubrir ese algo que pareciera que hemos perdido.

Estamos buscando a nuestras almas
Pero la verdad es que no es una masa de gente, hay algo más en esto, que es la razón por la cual no la llamamos «muchedumbre» sino, «ejército».

La ciencia puede articular el «cuerpo» del ejército, no su alma: su interna identidad, su razón de existir, ese hilo invisible que transforma a millones de personas en una cohesiva entidad.

La vida humana, también, precisa un alma. El alma humana constituye aquella dimensión dentro nuestro que experimenta el singular objetivo de la vida humana, sincronizando las dimensiones del organismo humano y los fragmentados componentes de nuestras vidas diarias con el todo integrado. La vida sin el reconocimiento del alma es como un músico tocando notas cualesquiera sin una visión y un mensaje integrándolas en una singular balada.

Y la «personalidad» y ambiciones del alma son bastante únicas. En el Tania, Rabí Shneur Zalman de Liadi define al alma como una llama que desea salir de su mecha y besar los cielos.»El alma», escribe, «constituye el interrogante del hombre de trascender los parámetros de su ego y estar absorto en la fuente de toda la existencia». El alma prevé el propósito de la vida de convertirse uno con lo Divino.

El Kabalista Rabí Elazar Azkari escribió una plegaria, que describe al alma con las siguientes palabras:«Mi alma está enferma de amor por tí; Oh Di-s, te suplico, por favor cúrala mostrándole la dulzura de Tu esplendor; luego será vigorizada y sanada, experimentando la alegría eterna».

El alma, en otras palabras, constituye esa dimensión de nuestro psiquis que no precisa el auto agrandamiento, dominancia y excesivo materialismo. Desprecia la política, manipulación y deshonra; y rechaza el comportamiento no ético y las falsas fachadas.

¿Cuales son sus aspiraciones? El alma anhela un solo deseo: seguir siendo lo que es, un «fragmento» de Di-s en la tierra, un reflejo de Su dignidad, integridad, misterio e infinidad.

Abuso
Aún así, ¿Cuántos somos concientes de la existencia de tal dimensión en nuestra personalidad? ¿Cuántos de nosotros han prestado atención a las necesidades de nuestra alma? En respuesta a los sueños que nunca terminan del alma y a los deseos que confunden nuestra agenda egocéntrica y disturben nuestros anhelos de un instante de gratificación, muy frecuentemente tomamos al «Iosef» dentro nuestro y lo tiramos a un pozo. Atentamos relegar sus sueños y pasiones a las bodegas subconscientes (el pozo) de nuestro psiquis.

Cuando eso no funciona, porque podemos todavía oír nuestras silenciosas súplicas de cambiar la dirección de la vida, vendemos a «Iosef» como esclavo a gente extraña, dejando que nuestras almas queden subyugadas a las fuerzas que nos conducen y que son forasteras a su propia identidad.

Exposición
Sin embargo, en cada una de nuestras vidas el momento llega cuando nuestro «Iosef» interno, quien ha sido forzado a ocultar su verdad por tantos años, emerge de lo oculto y nos revela su propia identidad. En ese momento, comenzamos a descubrir su belleza pura y profunda de nuestra alma y nuestros corazones se llenan de vergüenza.

La humillación que los hermanos experimentaron cuando Iosef se les reveló, no provenía del hecho que él los reprimió por haberlo vendido como esclavo. La mera apariencia de Iosef constituyó para ellos la amonestación más poderosa: Por primera vez se dieron cuenta quién era el que habían subyugado a tal horrible abuso y sus corazones se derritieron en vergüenza.

Similarmente, Rabí Elazar estaba diciendo, cuando llegue el día vamos a darnos cuenta la santidad espiritual y Divina de nuestras personalidades internas, vamos a estar completamente asombrados. Vamos a preguntarnos una y otra vez, ¿Cómo pudimos dejar que esta inocente y bella alma sea arrojada al oscuro y tenebroso pozo?

¿Cómo pudimos permitirnos agarrar a este profundo ruiseñor, capaz de producir la más bella de las músicas, y faenarlo como un pollo?

Por Yosef Y. Jacobson

El rabino Yosef Y Jacobson ha dictado cursos y conferencias sobre jasidismo a público judío y no judío en seis continentes y veinte estados es el autor de la serie “El cuento de dos Almas”.
© Copyright, todos los derechos reservados. Si te ha gustado este artículo, te animamos a distribuirlo, siempre y cuando cumpla con la política de derechos de autor de Chabad.org.

Cuentos de Navidad (vía Purocuento)

No se pierdan de leer los cuentos, recopilados por Purocuento, en:

https://teecuento.wordpress.com/category/cuentos-de-navidad/

ALBRICIAS

Ahora, que Remigio Sol ha regresado a su blog, estoy siguiendo estos intrigantes capítulos de «Albricias». Se los recomiendo!

Remigio Sol

ALBRICIAS

CHÁPTER 1

El paso del tiempo convierte la leyenda en historia y la historia en leyenda.

No sabemos ya en nuestros días qué sucedió en la realidad del pasado. Hay muchos secretos escondidos en las casas abandonadas de las aldeas sin nombre que abundan en algunas regiones del mundo.

Después de doce años de ausencia, entró Mauricio a las ruinas de la choza que en su infancia había sido su hogar. Se sentó en una piedra a esperar a los escasos vecinos que aún quedaban y venían a darle la bienvenida.

Tus tíos que te criaron murieron al poco tiempo de que tus primos se fueron también al norte —le informó Don Sebastián, el herrero de la aldea—. Vengo a pedirte un favor muy grande, Mauricio.

Dígame en qué puedo ayudarlo, Don Sebastián.

¿Todavía te gustan los caballos?

Sí, Don Sebastián; me gustan aún más…

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¿Fiesta? — Estación de micros

bue-ní-si-mo, además me hizo reír…

Harta de rechazar invitaciones navideñas ese año probó una nueva estrategia. Accedió sin objeciones a todos los planes que le proponían. Simultáneamente, en el anochecer del 24, cada casa recibió envases térmicos con la siguiente indicación: Me ahorré la excusa pero no la comida. Prepara la vianda sin chistar. El niño Jesús te ama y […]

via ¿Fiesta? — Estación de micros

Jesús en el bar de La Estrella. Por Mempo Giardinelli

Cuento corto acerca de cómo andamos por aquí

08 de enero de 2018

«–¿Ha visto? –pregunta Jesús, uno de los mozos del Bar La Estrella, con un diario local en la mano.

Es la hora más caliente del mediodía, justo cuando cierran los bancos, que en Resistencia y por el calor atienden al público de 7 a 11,30. Jesús está en cueros bajo la casaca blanca. Cincuentón, fue combatiente en Malvinas y es un buen hombre: decente, tres hijas en la Universidad y una Zanellita que está pagando con la que llega cada mañana desde no sé qué barrio periférico.

–¿Ha visto?

–¿Qué tenía que ver? –y lo miro fijo.

–Lo que están haciendo. Despidos a rolete, ahora en Azul, en Rosario, en Córdoba. No hay día que no despidan cien, doscientos trabajadores. Y los tarifazos, que no se pueden pagar. Yo no sé usted, pero a mí me van a cortar la luz y el agua. Y los jubilados, cómo los jodieron. Y encima sueltan asesinos, mire el coso ése de Mar del Plata. ¿Adónde vamos a ir a parar, eh?

Guardo silencio, bebo un sorbito de café, miro hacia la calle, el pavimento hierve. Algún genio municipal ha cortado unos lapachos tupidos y plantó dos palmeras ornamentales. Además de estúpido, quién sabe qué cometa recibió.

Jesús está de pie junto a mí. Hay algo de miedo en su actitud, y la ansiedad. Espera, le urge una respuesta. Entonces lo miro fijo a los ojos.

–Respóndalo usted, que los votó. ¿Qué me viene a decir a mí?

–Yo, la verdad, no sé si los voté… –lo dice en voz baja, rapidito.

–Vamos, Jesús, no se haga el gil. Si hasta me sobró, en diciembre del 15.

–Bueno, pero uno puede equivocarse. Y yo digo ahora, es ahora que están haciendo estas barbaridades. Todo para ellos, todo para los ricos. Y encima parece que están vendiendo la Patagonia y van a entregar las Malvinas, nomás.

Miro hacia la calle; el tráfico a esa hora es un infierno. Con cuarentipico de grados a la sombra todos parecen huir de un incendio. Vuelvo a Jesús: tiene los ojos húmedos, se le ve el miedo. Es un buen tipo, sólo que confundido, desolado, desierto. Capaz que en cualquier momento hace un puchero y llora. Siento pena pero voy directo a la mandíbula:

–¿Y entonces por qué mantiene la tele clavada las 24 horas en TN, y en este bar siguen comprando Clarín? ¿Todavía no se da cuenta de que envenenan todo?

–No, pare, que eso es orden del patrón. En todos los bares del país el sindicato lo tiene arreglado con las patronales.

–Entonces jódase, Jesús. Yo me siento de espaldas a esa basura pero a usted lo tengo visto mil veces mirando cómo le mienten y aprobando como los gatos chinos de vidriera.

–Yo los voté porque se robaron todo y quería un cambio. ¿Está mal, eso?

–No, pero primero debió pensar qué le robaron a usted. A usted Jesús, a ver, diga qué le robaron a usted. Que arregló su casa y le puso aire acondicionado, se compró la moto y sus tres pibas se inscribieron en una universidad gratuita. A usted nadie le robó nada, Jesús, pero se tragó el cuento envenenado. Y ojo que no niego que en el gobierno anterior hubo corrupción, y muchos la condenamos siempre, porque es una peste histórica de este país Nada la justifica, nunca. Y también por eso perdieron y allá ellos si no lo reconocen ni se autocritican. Pero a usted, Jesús, a usted qué le robaron, si como trabajador pudo tener un proyecto de vida mejor, de crecimiento, con seguridad social, y a millones como usted les iba fenómeno. ¿O me va a decir que no? Pero se tragaron el sapo y votaron esta mierda con la fantasía de ser clase media.

Me detengo y miro hacia la calle, fastidiado. Pero sé que Jesús me mira, como si con ese nombre estuviera viendo la traición de Judas. Giro y remato:

–Y ahora lo estamos pagando todos, porque estos tipos son peores porque encima son cínicos y desalmados. Ahí tiene al presidente que dice que no va a endeudar a hijos y nietos mientras nos endeuda minuto a minuto. Y deuda que no van a pagar ellos sino usted y yo y nosotros y los que vengan por cien años. Estos tipos son chorros de lo peor, y encima chorean para ricos, extranjeros y multinacionales, y todo gracias a su voto. Al de usted y muchos como usted, que se tragaron el cuento. Así que no me joda y por favor tráigame un vaso de agua helada y le pago y me voy.

Se retira en silencio, entre contrariado, furioso y triste. Vaya mezcla.

–¿Y entonces ahora qué hacemos? -dejando el agua y el ticket sobre la mesa.

–Primero aprender. Y ayudar a aprender que nunca más. Como hace 35 años, Jesús: nunca más. Y cultivar la memoria. Que ahí siempre está la verdad, que es el único camino hacia la justicia.

Más que pensativo, perplejo, mira fugazmente la tele, la calle, y vuelve a mí:

–Mi primo el Toto, que es municipal y peruca, dice que la buena gente muchas veces hace pelotudeces.

Estoy saliendo, tras saludarlo de cabeza y con una sonrisa, cuando escucho que murmura en voz bajita, a lo Mendieta:

–Qué lo parió.»

Leído en: Página12-Contratapa
https://www.pagina12.com.ar/87686-jesus-en-el-bar-de-la-estrella

Nota para no-argentinos: Inodoro Pereyra El Renegao y el Perro Mendieta son personajes del Negro Roberto Fontanarrosa humorista gráfico rosarino argentino. Clarín y TN son diario y canal de noticias del grupo de multimedios Clarín.

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