Archive for the ‘Cuentos – Historias’ Category

Jesús en el bar de La Estrella. Por Mempo Giardinelli

enero 10, 2018

Cuento corto acerca de cómo andamos por aquí

08 de enero de 2018

“–¿Ha visto? –pregunta Jesús, uno de los mozos del Bar La Estrella, con un diario local en la mano.

Es la hora más caliente del mediodía, justo cuando cierran los bancos, que en Resistencia y por el calor atienden al público de 7 a 11,30. Jesús está en cueros bajo la casaca blanca. Cincuentón, fue combatiente en Malvinas y es un buen hombre: decente, tres hijas en la Universidad y una Zanellita que está pagando con la que llega cada mañana desde no sé qué barrio periférico.

–¿Ha visto?

–¿Qué tenía que ver? –y lo miro fijo.

–Lo que están haciendo. Despidos a rolete, ahora en Azul, en Rosario, en Córdoba. No hay día que no despidan cien, doscientos trabajadores. Y los tarifazos, que no se pueden pagar. Yo no sé usted, pero a mí me van a cortar la luz y el agua. Y los jubilados, cómo los jodieron. Y encima sueltan asesinos, mire el coso ése de Mar del Plata. ¿Adónde vamos a ir a parar, eh?

Guardo silencio, bebo un sorbito de café, miro hacia la calle, el pavimento hierve. Algún genio municipal ha cortado unos lapachos tupidos y plantó dos palmeras ornamentales. Además de estúpido, quién sabe qué cometa recibió.

Jesús está de pie junto a mí. Hay algo de miedo en su actitud, y la ansiedad. Espera, le urge una respuesta. Entonces lo miro fijo a los ojos.

–Respóndalo usted, que los votó. ¿Qué me viene a decir a mí?

–Yo, la verdad, no sé si los voté… –lo dice en voz baja, rapidito.

–Vamos, Jesús, no se haga el gil. Si hasta me sobró, en diciembre del 15.

–Bueno, pero uno puede equivocarse. Y yo digo ahora, es ahora que están haciendo estas barbaridades. Todo para ellos, todo para los ricos. Y encima parece que están vendiendo la Patagonia y van a entregar las Malvinas, nomás.

Miro hacia la calle; el tráfico a esa hora es un infierno. Con cuarentipico de grados a la sombra todos parecen huir de un incendio. Vuelvo a Jesús: tiene los ojos húmedos, se le ve el miedo. Es un buen tipo, sólo que confundido, desolado, desierto. Capaz que en cualquier momento hace un puchero y llora. Siento pena pero voy directo a la mandíbula:

–¿Y entonces por qué mantiene la tele clavada las 24 horas en TN, y en este bar siguen comprando Clarín? ¿Todavía no se da cuenta de que envenenan todo?

–No, pare, que eso es orden del patrón. En todos los bares del país el sindicato lo tiene arreglado con las patronales.

–Entonces jódase, Jesús. Yo me siento de espaldas a esa basura pero a usted lo tengo visto mil veces mirando cómo le mienten y aprobando como los gatos chinos de vidriera.

–Yo los voté porque se robaron todo y quería un cambio. ¿Está mal, eso?

–No, pero primero debió pensar qué le robaron a usted. A usted Jesús, a ver, diga qué le robaron a usted. Que arregló su casa y le puso aire acondicionado, se compró la moto y sus tres pibas se inscribieron en una universidad gratuita. A usted nadie le robó nada, Jesús, pero se tragó el cuento envenenado. Y ojo que no niego que en el gobierno anterior hubo corrupción, y muchos la condenamos siempre, porque es una peste histórica de este país Nada la justifica, nunca. Y también por eso perdieron y allá ellos si no lo reconocen ni se autocritican. Pero a usted, Jesús, a usted qué le robaron, si como trabajador pudo tener un proyecto de vida mejor, de crecimiento, con seguridad social, y a millones como usted les iba fenómeno. ¿O me va a decir que no? Pero se tragaron el sapo y votaron esta mierda con la fantasía de ser clase media.

Me detengo y miro hacia la calle, fastidiado. Pero sé que Jesús me mira, como si con ese nombre estuviera viendo la traición de Judas. Giro y remato:

–Y ahora lo estamos pagando todos, porque estos tipos son peores porque encima son cínicos y desalmados. Ahí tiene al presidente que dice que no va a endeudar a hijos y nietos mientras nos endeuda minuto a minuto. Y deuda que no van a pagar ellos sino usted y yo y nosotros y los que vengan por cien años. Estos tipos son chorros de lo peor, y encima chorean para ricos, extranjeros y multinacionales, y todo gracias a su voto. Al de usted y muchos como usted, que se tragaron el cuento. Así que no me joda y por favor tráigame un vaso de agua helada y le pago y me voy.

Se retira en silencio, entre contrariado, furioso y triste. Vaya mezcla.

–¿Y entonces ahora qué hacemos? -dejando el agua y el ticket sobre la mesa.

–Primero aprender. Y ayudar a aprender que nunca más. Como hace 35 años, Jesús: nunca más. Y cultivar la memoria. Que ahí siempre está la verdad, que es el único camino hacia la justicia.

Más que pensativo, perplejo, mira fugazmente la tele, la calle, y vuelve a mí:

–Mi primo el Toto, que es municipal y peruca, dice que la buena gente muchas veces hace pelotudeces.

Estoy saliendo, tras saludarlo de cabeza y con una sonrisa, cuando escucho que murmura en voz bajita, a lo Mendieta:

–Qué lo parió.”

Leído en: Página12-Contratapa
https://www.pagina12.com.ar/87686-jesus-en-el-bar-de-la-estrella

Nota para no-argentinos: Inodoro Pereyra El Renegao y el Perro Mendieta son personajes del Negro Roberto Fontanarrosa humorista gráfico rosarino argentino. Clarín y TN son diario y canal de noticias del grupo de multimedios Clarín.

Anuncios

Creencias religiosas

agosto 31, 2017

Leyendo El canto del pájaro*…

EL DIABLO Y SU AMIGO

“En cierta ocasión salió el diablo a pasear con un amigo. De pronto vieron ante ellos a un hombre que estaba inclinado sobre el suelo tratando de recoger algo.

«¿Qué busca ese hombre?», le preguntó al diablo su amigo.

«Un trozo de Verdad», respondió el diablo.

«¿Y eso no te inquieta?», volvió a preguntar el amigo.

«Ni lo más mínimo», respondió el diablo. «Le permitiré que haga de ello una creencia religiosa».

#Una creencia religiosa es como un poste indicador que señala el camino hacia la Verdad. Pero las personas que se obstinan en adherirse al indicador se ven impedidas de avanzar hacia la Verdad, porque tienen la falsa sensación de que va la poseen.”

*Anthony De Mello

Archivo blog Acuarela de Palabras/2007

Creencias rígidas

agosto 28, 2017

Leyendo El Canto del Pájaro*…

HUESOS PARA PROBAR NUESTRA FE

“Un intelectual cristiano que consideraba que la Biblia es literalmente verdadera hasta en sus menores detalles, fue abordado en cierta ocasión por un colega que le dijo: «Según la Biblia, la tierra fue creada hace cinco mil años aproximadamente. Pero se han descubierto huesos que demuestran que la vida ha existido en este planeta durante centenares de miles de años».

La respuesta no se hizo esperar: «Cuando Dios creó la tierra, hace cinco mil años, puso a propósito esos huesos en la tierra para comprobar si daríamos más crédito a las afirmaciones de los científicos que a su sagrada Palabra».

#Una prueba más de que las creencias rígidas conducen a distorsionar la realidad.

*Anthony De Mello

Archivo blog Acuarela de Palabras/2007

Cuentos de Antón Chéjov

abril 7, 2017

Alguna vez fui al teatro a mirar “El jardín de los cerezos”, pero nunca había leído cuentos de este gran escritor ruso. Me gustaron todos, comparto uno breve y muy emotivo que encontré en la web, y del que Wikipedia nos dice:

Vanka. Antón Chejov

“Con este cuento Chéjov critica a la sociedad europea de la segunda mitad del siglo XIX, especialmente al maltrato y la marginalidad que sufrían muchos niños huérfanos en la época del autor.” (Wikipedia)

“Una nochebuena Vanka Chukov, un niño huérfano de 9 años, comienza a escribir una carta dirigida a su abuelo desde la casa del zapatero Alojin en Moscú. En ella, Vanka le va contando las penurias que está pasando (el maltrato del zapatero, la miseria en la que vive, la soledad que siente…) y finalmente le ruega poder ir a vivir con él a su aldea. ...”

Pero lo bello es lo que vamos sintiendo a medida que leemos: 

“Querido abuelo Constantino Makarich -escribió-: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti…

Vanka miró a la oscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba la bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecito enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Lo acompañaban dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.

Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando lo tenían ya por muerto.

En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.

-¿Quiere usted un polvito? -les preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.

Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.

Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.

El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la oscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve…

Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.

Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:

«Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos…  Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»

Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.

«Te seré todo lo útil que pueda -continuó momentos después-. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.

«Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.

«Abuelito: cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»

Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas; pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:

-¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!

Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos lo trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio…

«¡Ven, abuelito, ven! -continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho-. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo… Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdalo bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes que te quiere tu nieto

VANKA CHUKOV
Ven en seguida, abuelito.»

Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:

«En la aldea, a mi abuelo.»

Tras una nueva meditación, añadió:

«Constantino Makarich.»

Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie lo estorbase, se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.

El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.

Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo…

Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.

Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente se paseaba en torno de la estufa y meneaba el rabo…”

Leído en: http://ciudadseva.com/texto/vanka/
Info acerca del cuento:
http://es.wikipedia.org/wiki/Vanka
Algo más del autor en WordPress:
http://eldisparaletras.wordpress.com/2011/07/17/los-cuentos-de-chejov/

La imagen: es la portada del libro de la colección Clásicos de Bolsillo de Longseller adónde leí este cuento y otros más. En el Prólogo de dicha edición se nos dice que: “… El estilo conciso tiene en él –Chéjov– a su máximo representante… sabe exponer los problemas de la vida mediante el análisis profundo y sutil de situaciones aparentemente intrascendentes y cotidianas. Unas pocas pinceladas le bastan para mostrar tanto un suceso como a personajes comunes y corrientes…”

Cuentos crueles. Abelardo Castillo

marzo 2, 2017

Leí estos cuentos que me dejaron una fea sensación, reminiscencias del “clima” de una épocaque pasó… ¿pasó? 

cruelesabelardoEn el “Posfacio” el autor nos dice que: “… fue escrito entre 1962 y 1966, vale decir en la sonora década del 60, años que no fueron el tiempo dorado e irresponsable que algunos imaginan, sino el preludio de otros años atroces y violentos que siguieron y en los que aún vivimos.(1) Yo no sé de qué modo mis cuentos testimonian aquellos días, que también son éstos: sé que de algún modo los testimonian. Sé que corresponden no sólo en algún caso por su asunto, sino hasta por la exasperación de su tono, a ese período turbulento donde la violencia, el sexo, la política, la crueldad, el nacimiento y la casi simultánea muerte de las ilusiones fueron, para nuestra generación, no meros temas literarios, sino el ámbito donde unos hombres, que éramos nosotros, vivieron, amaron, creyeron, traicionaron, fueron traicionados y escribieron.”

(1) Escrito en 1981.
Leído en: Cuentos Crueles, pag.141-2, Abelardo Castillo, Edit. EMECÉ.

Entre otros, en la web, podemos leer el cuento “Patrón”: 
http://lenguayliteratura.fullblog.com.ar/patron-cuento-de-abelardo-castillo.html

Un análisis del mismo en:  Revista Topía:

Allí dice: “…Tanto el cuento Patrón de Abelardo Castillo, como el film homónimo de Jorge Rocca, son una lectura metafórica sobre el patriarcado, y donde su consecuente autoritarismo es llevado a extremos de crueldad.

Las tramas de ambas narraciones, permiten además, ser leídas en clave histórico-político-económico-social. La analogía entre el personaje del patrón de estancia y las figuras autoritarias de los regímenes dictatoriales del país, son más que evidentes.

Dentro de este contexto particular, y de su ubicación histórico-geográfica, el patriarcado podría definirse como la manifestación y la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños, y la aplicación de ese dominio en la sociedad en general…”

Leído en: Patrón: Un cuento y un film sobre la crueldad del patriarcado

A %d blogueros les gusta esto: